No privemos a un enfermo de la unción (con anécdota final)
Tengo la impresión de que es un sacramento medio en desuso. Rarísima vez me llaman para administrar la unción a un enfermo. No digamos eso de las urgencias nocturnas. Nada. Pienso que parte, sobre todo en grandes ciudades, se debe a que la gran mayoría de las defunciones se producen en centros hospitalarios y son los capellanes de hospital los que atienden a los enfermos en esos momentos. Pero también influye el rechazo de la familia para que el enfermo “no se asuste”. Seguimos con la idea de que si un enfermo grave ve a un sacerdote se llevará el susto de su vida.
Mi experiencia de años es otra. Vamos a ello.
Ante todo recordar lo que es este sacramento: “sacramento que alivia el alma y el cuerpo del cristiano gravemente enfermo” y sus efectos: “aumenta la gracia santificante; perdona los pecados veniales y aun los mortales, si el enfermo está arrepentido y no ha podido confesarse; le da fuerzas para resistir las tentaciones y soportar los sufrimientos de la enfermedad; y le concede la salud del cuerpo si le conviene”.

Cada vez están proliferando más. La imagen que mucha gente aún tiene de Cáritas es la de unos cuantos voluntarios de buena voluntad repartiendo bolsas de comida de forma gratuita a quien nada tiene. No ha quedado más remedio que hacerlo y cuando no hay, pues no hay.
Acabo de releer el documento “
No sé por qué a los curas la gente nos regala bolígrafos. Es igual. El caso es que cuando hay boda me llevo uno de esos bolis de regalo para que firmen los novios. Pues acabo una boda y veo que el padrino se lo lleva. Oiga… que ese bolígrafo no es suyo. Padre… un recuerdo para los novios. Y se lo llevó. Creí que era una anécdota aislada, pero a los pocos meses de nuevo la misma jugada y con otro boli que valía su dinero y que para estas cosas tenía. Desde entonces en esta parroquia las actas se firman con un BIC (1). Y el que quiera otra cosa, que lo traiga.