De las canteras a Melquiades
Tengo hecho el propósito de coleccionar pequeñas meteduras de pata en las lecturas de las misas dominicales. El problema es que tengo que ir a carreras de pueblo en pueblo y cuando quiero hacerlo ya se me ha olvidado.
Para que me entiendan. Hoy mismo. Un lector proclama el salmo responsorial, evidentemente diciendo, antes de nada, y solemnemente, eso de “salmo responsorial”, a pesar de que no sé las veces que tengo dicho que eso no se dice. Vana ilusión. Pues bien, la persona que lo proclama ha decidido que el pueblo de Dios estaba tan contento, pero tan contento, que la lengua, en lugar de cantares, se les llenaba de canteras, cosa curiosa realmente donde las haya.

No es la primera vez que escribo de esto. En cuanto alguien, especialmente un compañero sacerdote, me suelta por activa, pasiva, reflexiva, pensativa y obsesiva vez que hay que estar con los pobres, y que lo que primero es estar con los pobres, directamente me echo a temblar y lanzo sobre él todas las sospechas.
“El dinero público no es de nadie”. La frase la pronunció en su momento Carmen Calvo, que fue ministra de cultura y secretaria de igualdad con el PSOE. También eso nos lo debemos pensar en la Iglesia, que el dinero no es de nadie y por tanto los administradores podemos hacer con él básicamente lo que nos dé la gana.
Somos país de misión le pese a quien le pese. Tan de misión que en España, nuestra España, no se bautizan ni la mitad de los niños nacidos. Tan de misión que los mismos católicos no conocen prácticamente nada de la doctrina, reducida en muchiiiiiiisimos casos a que Jesucristo era un revolucionario, que hay que compartir y que lo del sexo ya no es pecado.
Lo mejor y más peculiar de este blog consiste en el hecho de que se va constituyendo en algo así como parroquia virtual, de modo que los lectores no solo leen y comentan, que es su función principal, sino que, especialmente desde que comencé mi ministerio pastoral en estos tres pueblitos de la sierra madrileña, se han convertido en feligreses a distancia que conocen, sienten y aman las tres parroquias, participan de su vida espiritual desde una entrañable comunión de los santos a la que aportan sus oraciones y sacrificios, y hasta de cuando en cuando se pasan por los pueblos para vivir en vivo y en directo la fe con estas buenas gentes.





