Usted nos habló del purgatorio
Nos creemos que por no hablar de ciertas cosas dejan de existir.
Los novísimos, ya saben (o se sabía antes) son cuatro: muerte, juicio, infierno y gloria. Mejor, eran cuatro, porque me apuesto un agua del Carmen y unos chocolates de las clarisas a que la inmensa mayoría de ms lectores hace meses o años o lustros, si me apuran, que no han oído predicar del juicio y del infierno. Ni tampoco, evidentemente, del purgatorio.
De la muerte sí, porque la gente tiene la curiosa manía de morirse, caprichos de la condición humana. Y de la muerte, derechitos al cielo. ¿Todos? Todos. ¿Incluso Hitler y el destripador de Boston? Hombre padre, tanto como Hitler… ¿Y Stalin? ¿Y Lenin? Porque, curiosamente, todos los partidarios del “infierno cero” se negan en rotundo a que Hitler vaya al cielo. Habida cuenta de que en el purgatorio no creen y en el limbo menos, a ver dónde mandan a ese señor. En fin, que nos liamos.

No hay cosa más entretenida ni curiosa que un archivo parroquial. En Braojos se conserva íntegro desde el siglo XVI y es una gozada perderte entre libros viejos para toparte con las cosas más curiosas.
La verdad es que uno se aburre porque quiere. Jamás hemos tenido más posibilidades de cursos, cursillos, encuentros, encuentrillos, jornadas, experiencias, paradigmas, talleres, conferencias y mesas redondas como hoy. Mucha vulgaridad, aunque todavía uno puede llegar a asombrarse ante ciertas cosas.
Hay cosas que a todos nos están preocupando. Las hay más llevaderas, que podríamos colocar aparentemente dentro de lo folklórico, y digo aparentemente porque eso de que el Vaticano nos invite a conmemorar el día de la deuda ecológica puede resultar una gracieta, como podría parecerlo el conato de encuesta sobre buenas prácticas ecológicas en las parroquias de Madrid. Pero no. De gracieta folklórica nada. En el fondo es ir retirando a Dios de nuestras vidas para sustituirlo por la Pacha Mama o como leches se escriba.
En los años setenta y ochenta, cuando alguien quería ridiculizar una praxis pastoral caduca y destinada al fracaso, amén de burlarse de curas poco actualizados o anclados en un pasado a superar, se decían estas cuatro cosas: bah, todo se reduce a misa, sermón, rosario y exposición.