Del cocido de Francisca al de Rafaela
Ya ves, se lamentaba Francisca, con lo que les gustaba el cocido que preparaba yo los sábados y ahora mis hijos y mis nietos no hacen más que poner excusas. Y mira que pongo todo mi interés…
Los garbanzos, los de siempre, aunque no me gusta poner muchos por la cosa de los gases de mi Juan. Quité el chorizo y el tocino, porque ya sabes que el novio de mi nieta es de Marruecos y estas cosas no les gustan. Ahora pongo uno que le dicen vegano y casi que es lo mismo. Pero es que tengo otra nieta vegana, pero vegana del todo, así que me da cosa poner morcillo y pollo. Pero bueno, entre el chorizo ese que me traen, los garbanzos nuestros, una patata -sin pasarme porque dicen que engorda, algo de repollo y una zanahoria no queda mal y todos contentos.
No te lo creerás, pero encima de querer dar gusto a todos, ahora ni vienen.

Si algo tiene este su seguro servidor es su rara costumbre de afeitarse la lengua de manera constante, a la que se une otra también constante de limpieza de cristales en su labor pastoral. Lo que hago, lo cuento. Lo que pienso, también.
La última. Según informa
De vez en cuando, y en prueba de mi irreversible conservadurismo, me gusta celebrar “coram Deo”, es decir, con el misal de Pablo VI, con el mismo que se suele utilizar en la inmensa mayoría de las celebraciones eucarísticas de todo el mundo, pero en lugar de hacerlo de cara al pueblo, lo hago cara a la divinidad. Ya saben, esto lo digo para los menos avezados, el sacerdote cara a Dios, y los fieles, el pueblo, con él, todos mirando a Cristo.
Hace unos días, estando de vacaciones, me hicieron llegar la noticia de que José Manuel Vidal, en Religión Digital, daba los nombres de los parece ser, para él, grandes conspiradores anti-Francisco.