Iglesia adjetivada. Ahora, en salida
La Iglesia católica, hasta donde uno llega, tiene notas, que no adjetivos. Es, o era al menos hasta ahora, una, santa, católica y apostólica. Con eso nos basta y nos sobra. No voy a andar explicando cada nota porque doctores tiene la santa madre Iglesia y catecismo al uso que lo harán mejor que un servidor.
Lo malo del asunto es cuando prescindimos de las notas y nos metemos en un berenjenal de adjetivos para hacer que la Iglesia sea lo que nunca fue, convertirla en lo que jamás soñó y manipular la eclesiología hasta extremos que harían palidecer a cualquier niño de primera comunión con catequesis de la de antes.

Cosas mías, pero casi que las doy por perdidas. La enseñanza menos porque el estado no tiene dinero para asumir hoy la concertada. Lo de la crucecita lo veo con bastante menos futuro. No. No me preocupa en absoluto. A veces pienso incluso que hasta nos estarían haciendo un favor.
Ya saben que a uno lo que le va es ir contracorriente, por eso no me tomen demasiado en serio en según qué cosas.
Me preguntan algunos lectores que cómo es posible que encuentre temas para escribir un post cada dos o tres días. Tengo que responder que el problema es otro, es cómo limitarme a escribir algo solo cada dos o tres días, porque la multitud de temas y de asuntos que uno se encuentra sin necesidad de buscarlos es algo que roza el infinito.
Y dale y dale con la monserga de las misas franquistas. Mañana es veinte de noviembre, aniversario de la muerte de Francisco Franco, y con ese motivo parece que familiares y amigos han decidido algo tan común en el catolicismo como encargar una misa por su alma. Piadosa y benemérita decisión que honra a quienes la toman.





