Iglesia escuchante y dialogante
A lo más que llegó un servidor era a eso de “iglesia militante, purgante y triunfante”. Prometo que, desde mi mejor buena voluntad entendí que con eso bastaba. Ignorante. Necio. Botarate. Memo. Mostrenco. Cavernícola. Infocatólico. Ya lo ven, aquí servidor anclado en que si la purgante… Pero hombre, que todo el mundo está en el cielo y purgante ya solo suena a ricino y eso para los mayores. Ahora lo que se lleva es eso de Iglesia escuchante y dialogante. Nada menos que ambas dos.
A un servidor en principio le parecen bien estas dos cosas. ¡Cómo no estar de acuerdo en escuchar los gritos del mundo, su necesidad de pan y sobre todo su necesidad de Dios! Escuchar el lamento del pobre, el grito de auxilio del pecador, las voces calladas de los que no encuentran sentido a su vida. Pobres de nosotros si no somos capaces de comprender, emocionarnos, dolernos de tanto sufrimiento ajeno.

Con mucha más claridad que algunos humanos. “Socio” tiene perfecto conocimiento de lo que puede y no puede hacer, de lo que está bien y lo que está mal. Pero… es perruno y en ocasiones es incapaz de vencer la tentación y cae.
No conozco a nadie que haya puesto en duda esta regla jugando a “la oca”, salvo algún niño especialmente caprichoso al que directamente se le mandaba a hacer gárgaras. Niños caprichosos de esos que tiene que hacer su voluntad y que si no ganan revuelven las reglas, patalean, chillan, te montan el número y se llevan el tablero que para eso es suyo.