Me atrevo a decir alguna cosa sobre coros parroquiales
Parto del hecho de que tenemos en las parroquias unos coros abnegados, trabajadores, disponibles, esforzados. Todo lo que quieran. Pero mucho me temo que, a la vez, unos coros sin formación, sin más criterio que lo que se hacen otros sitios, y sin más bagaje que su buena voluntad. El resultado acaba dejando mucho que desear.
Podría decir muchas cosas del canto litúrgico, pero me voy a limitar a unas cuantas ideas que dejo ahí por si a algún coro le sirven. Unas cuantas. Como me han salido.

Llevan los rumores algún tiempo. Se dice, se cuenta, parece ser, llegan informaciones… según las cuales los Heraldos del Evangelio podrían estar en el punto de mira vaticano y esperando no se sabe muy bien si una intervención o quizá, más probable, algún tipo de comisario pontificio que acuda a echar una mano, no sabemos si al cuello.
La señora Carmena dirá lo que quiera, pero cuando alguien se refiere a una situación diciendo que “esto es el despatarre”, no se está refiriendo a mayor o menor abertura de piernas de varón o de mujer, que no se me tache de discriminador a estas alturas, sino a una situación esperpéntica, absurda, rocambolesca: “es que esto ya es el despatarre”.
No soy licenciado en derecho, pero de papeles entiendo algo, y me parece que en esto de las inmatriculaciones de bienes a favor de la iglesia católica hay mucha desinformación, mucha manipulación y ganas de confundir al personal haciéndole creer que matricular un bien a favor de alguien es estafa pura y dura, especialmente si quien inscribe el susodicho bien a su favor es la iglesia católica. Es decir, la iglesia está robando los bienes al pueblo.
Si es que no tienen costumbre. Llevan años constatando que sacudir a la Iglesia es gratis y se nos han envalentonado. Se pueden profanar capillas, nada. Se puede insultar y agredir a obispos, sacerdotes, religiosos. Nada. Calumnias, difamación, poner en solfa a cualquiera. Gratis. Hasta que un día una religiosa, que se ha sentido calumniada por una señora, posible caso de bebé robado, en lugar de callar, llorar y limitarse a rezar por su perseguidora, que posiblemente también lo haya hecho, se fue con la toca “mu bien artornillá” al juzgado y puso una querella por injurias y calumnias contra aquella que la acusó de un delito con nombre y apellidos.





