Gratitud por lo que se recibió
En cierta ocasión Jesús curó a diez leprosos, sólo uno de ellos regresó a darle gracias por tan insigne favor, y Cristo se quejó por la ingratitud de los curados, que sólo pensaron en su egoísmo.
La gratitud es una virtud muy querida por Dios, es una cualidad que todos los padres quisieran verla en sus hijos, y ciertamente es hermoso encontrarla en cualquier persona. Es un deleite encontrarla en nosotros mismos.
A lo largo de mi experiencia apostólica, sorpresivamente me he encontrado con personas que en un momento dado me expresaron su agradecimiento. Una de esas fue una mañana cerca de una escuela primaria, un joven desconocido se me acercó resueltamente, abordándome y preguntándome por los Pioneros del Sagrado Corazón de Abstinencia Total, enseguida me dijo: «yo fui Pionero juvenil en el colegio, y nunca había encontrado la oportunidad de agradecerle por eso. Si no hubiera sido Pionero, quizás ahora no estuviera en la Universidad», dejándome ciertamente sin palabras por ese acto de gratitud no esperado.

Los protagonistas nos son familiares. La Navidad tiene sus intérpretes, pero hay que presentarlos antes del drama, para que comprendamos la función peculiar de cada uno.
La persecución es parte de la vocación de la Iglesia, se persigue a los fieles cristianos, se persigue a los misioneros, porque se persiguió a su Fundador Cristo, y en ellos se perpetúa el odio contra Jesús y su doctrina. Se les persigue, porque su predicación y su testimonio de vida puede descubrir lacras de muchas personas, que no toleran les señalen sus miserias. Se les mata por su celo de la propia religión, que no permite el derecho natural de pensar religiosamente distinto y vivir con un culto distinto.









