InfoCatólica / Blog de nuestros lectores / Categoría: Cartas al Director

19.05.14

Carta a Monseñor Galantino

Me ha llamado mucho la atención, diría más, enfadado y entristecido, lo que ha dicho en una entrevista hablando de la Iglesia sobre que en el pasado solo nos hemos centrado en el aborto y la eutanasia. Como me siento parte de la Iglesia universal, aunque quizá usted sólo se refiriera a la de Italia, me tomo la libertad de escribirle.

Desde luego todos nuestros Papas lo han hecho; obispos muchos menos y con mucha mayor timidez de la que se espera de los sucesores de nuestros mártires apóstoles. Y sacerdotes…, ¡unos pocos héroes! A veces se reza más en una parroquia o diócesis porque llueva o por que deje de llover que porque no se siga matando niños en el seno de sus madres.

Además, dice que no se identifica con los rostros inexpresivos de los que recitan el rosario fuera de las clínicas que practican el aborto, sino con los jóvenes que se oponen a esta práctica y se esfuerzan por la calidad de la gente, por su derecho a la salud, a trabajar.
Primero: no se a cuantas personas que rezan el rosario ha visto usted para generalizar hablando de sus rostros inexpresivos. A lo mejor habría que probar a rezarlo haciendo muecas. También hay que decir que a otras personas les pueden desagradar las sonrisas vacías. No se puede rezar al gusto de todos.

Segundo: opone el rezo del rosario con el trabajar por la calidad de vida de la gente. Me extraña tanto que un obispo que ostenta tan alto cargo, oponga el rezo del rosario con el trabajo social… ¿No conoce usted a ningún cristiano, viejo o joven de los que hacen eso que a usted no le agrada, que trabaje tanto en su vida laboral como en su acción de voluntariado por unas condiciones justas de vida?
Porque yo, que me avergüenzo de no trabajar en el campo de la defensa de la vida, conozco a unas cuantas personas admirables (demasiado pocas por desgracia dentro de la Iglesia) que trabajan por los derechos de la gente y además, mientras otros descansan, se quedan sin su merecido tiempo de ocio y descanso para rezar el rosario, buscar recursos y asistir a mujeres embarazadas abandonadas e incluso albergar a más de una en su casa mientras les encuentran una forma digna de vida. No sé si harían tanto de no rezar el rosario. ¿Esta realidad es desconocida para usted o es una omisión deliberada?

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13.05.14

La familia transmisora de la Fe

Don Fernando Sebastian ha estado en su diócesis de Pamplona (*) y nos ha hablado de la transmisión de la Fe en la familia. Como siempre, desde que lo conocí, ha estado lúcido, elocuente y contundente. Tanto que, por momentos, me imaginaba a mí mismo diciendo lo que estaba escuchando y, al instante, sintiéndome recriminado por diversos laicos y clérigos. Pero la autoridad con la que habla D. Fernando no tiene parangón. Es bueno y necesario que saquemos conclusiones y obremos en consecuencia.

Vivimos en una sociedad de misión. La familia no lo tiene fácil hoy día para transmitir la Fe, porque no tiene nada fácil ejercer su responsabilidad educadora. Y la Fe, si se contempla, es un aspecto más que los padres deben observar en la educación de los hijos. Cada vez más, la educación se les va de las manos a los padres. Cualquier elemento ajeno a la familia ejerce sobre los hijos una incidencia tan poderosa o más que la de los padres. Una incidencia configuradora de su personalidad, hábitos, formas de pensar y de entender la vida. Esto ocurre, incluso, en el mismo seno de la intimidad del hogar familiar (televisión, redes sociales, internet, whatsapp). Los padres, en su propia vida, tampoco lo tienen fácil. D. Fernando hizo una descripción muy elocuente de la realidad familiar española. Muchas de las parejas que hoy día viven juntos, son parejas de hecho, que no están casados de ninguna manera. De los que se casan, un número cada vez mayor lo hacen civilmente, al margen de la Iglesia. Muchos de los que se casan por la Iglesia, es decir, celebran el sacramento del matrimonio, terminan divorciados. Y, prácticamente todos, o casi todos, han cohabitado antes de celebrar su compromiso; en todo caso “temporal”. En ocasiones es precisamente éste el detonante para iniciar los trámites de divorcio. Esto ocurre entre familias católicas de toda la vida, que se han formado y han formado a sus hijos en colegios católicos. Bueno, mejor diremos que se han instruido.

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11.04.14

Los católicos no se enteran de qué va la LOMCE

Al escuchar las opiniones de ciertas personas, entidades educativas y medios de comunicación católicos en torno a la ley educativa del PP (LOMCE), uno no cae de su asombro. Parecería que, como demagógicamente acusan los partidos y sindicatos laicistas, esa ley hubiera salido de la mesa de la Comisión de Enseñanza de la Conferencia Episcopal. Porque no se hacen más que exaltar las bondades de la ley Wert.

Un ejemplo reciente lo tenemos en unas declaraciones del presidente de la CONCAPA. Estas opiniones contrastan con la realidad de esta ley. Ya desde el Preámbulo, queda patente la filosofía materialista en que se basa. Se enfatizan la economía, la competitividad y la empleabilidad, en detrimento de la persona y su trascendencia.

Por otra parte, la asignatura de Religión sufre recortes muy graves. Así, en Bachillerato deja de ser una asignatura fundamental. Ya no será de oferta obligatoria para los centros y de elección voluntaria para los alumnos, como dicen los Acuerdos Iglesia-Estado. Corresponderá a las Autonomías o a los centros educativos ofrecer o no la Religión. En Infantil, no se sabe si prevalecerá. En la Formación Profesional, hace años que no se da Religión y tampoco se recupera ahora con el PP. El número de horas destinadas a impartir Religión también queda al albur de cada Administración autonómica (la Junta de Andalucía ya ha anunciado su intención de reducirla a una hora a la semana).

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23.03.14

Construyendo los apoyos a la cultura de la vida

Fácilmente nos encontramos con discursos saciados de contaminación ideológica desde la que se pretende defender a la mujer, situándose como protagonistas de su utilización como objeto al que se le puede manipular, exhibir y después abandonar con los problemas físicos, biológicos y, sobre todo, psicológicos que se le hayan ocasionado por haber sido sujeto del aberrante concepto de la vida que pretenden defender.

Es verdad que ante las agresiones y la falta de respeto protagonizadas por las actitudes machistas y feministas radicales, una de las cosas que se han de cambiar es el modelo de educación que necesitamos en nuestra sociedad, pero lo que antes se ha de definir y establecer es el tipo de vida que deseamos tener y en qué la fundamentamos. ¿Pretendemos fundamentarla en la muerte? ¿Pretendemos establecer nuestra cultura eliminando seres humanos y considerar que es un derecho fundamental el poder hacerlo? Realmente hemos llegado al zénit de la incoherencia y de la falacia tergiversando el sentido de las palabras y prostituyendo el mismo lenguaje que acaba siendo perverso hacia los individuos y la propia colectividad al corromper el significado transmitido, el sentido de las ideas y las actuaciones resultantes. La perversidad nos lleva a trastornar la finalidad misma del existir y el respeto que la vida de todo ser humano merece.

El aborto no es un derecho de nadie, por lo contrario, dependiendo del grado de conocimiento de las personas implicadas en su ejecución y de su estado de conciencia, no es otra cosa que un asesinato. Es curioso observar cómo en el derecho francés se ha incorporado el término abortofobia para tipificar como delito cualquier acción que suponga el ir en contra del aborto. ¿A dónde va nuestra sociedad, cómo puede estar tan perturbada como para defender el aplastamiento de los más débiles y con ellos, en este caso, el futuro puramente físico (demográfico) de su existencia? ¿Quién puede, desde el discurso de la pura razón, considerar que un estado socialmente avanzado puede basarse en este tipo de ideas practicadas sin límites durante los años treinta y cuarenta en el centro de Europa? ¿Cómo se puede decir así si no es engañando con la intención de alterar el pensamiento de la gente, haciéndole creer que perderá un derecho que no existe?

Hablar así no es defender derechos y menos promover la igualdad entre los seres humanos. Lo que se hace asumiendo estos postulados es estructurar una mentalidad y manera de vivir contraria a la propia vida sobre la cual nadie tiene derecho a actuar oprimiendo su libertad y aún menos destruyéndola bajo el pretexto de tener derecho a ello.

Así nos encontramos con disertaciones que no son más que reacciones contra la propia esencia de la humanidad que es la vida y la convivencia, convirtiendo a los que lo practican en los llamados grupos progresistas que basan su progresismo en la muerte, en lugar de hacerlo en la defensa del más débil y de sus derechos, buscando estrategias que le puedan ayudar a salir del hundimiento, las lacras y otras dificultades que la agresión de la sociedad le ocasionará.

Defender el aborto y tenerlo como un derecho es, en primer lugar, defender la posibilidad de matar y ejecutar un crimen. En segundo lugar es manipular a las mujeres, en muchos casos mujeres muy jóvenes, llevándolas a situaciones de dolor y desequilibrios psicológicos en los que son abandonadas por las personas que les indujeron o forzaron a abortar; esta situación es una realidad que se repite con una incidencia y porcentajes muy altos. Por último, se aprecia una inmensa incoherencia a la hora de establecer la línea de actuación ya que nos llenamos la boca hablando de la defensa de la paz y la no violencia, reclamamos el derecho a la vida de los oprimidos, estamos en contra de la pena de muerte (por fusilamientos, lapidaciones, sillas eléctricas, inyecciones letales,…), y, paradójicamente, actuamos en defensa del derecho a matar a las criaturas más indefensas del género humano: los no nacidos.

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16.03.14

La máscara digital

Este sábado (*), con la caída del servidor de WhatsApp a nivel mundial, en mi casa hubo una colapso a nivel familiar. ¿Qué ha pasado?. ¡Papa! Otra vez no hay cobertura….

El pasillo de mi casa parecía el andén del metro de Puerta del Sol en Madrid en hora punta. Idas y venidas constantes buscando un sitio en el que el móvil pudiera captar un atisbo de “luz” que iluminara otra vez su pantalla. Yo, que para esto de la alta tecnología soy más bien nula, les miraba y me preguntaba si sabrían sobrevivir en un mundo no-digital.

Hoy en día, todo el mundo en sus casas posee al menos un ordenador, varias televisiones y prácticamente un teléfono móvil para cada uno de los miembros que componen la familia. Todo gira en torno a la red. Si en los años 70, la familia se reunía en el salón, para ver el “Un, Dos, Tres” o “La Casa de la Pradera", hoy en la segunda década del siglo XXI, el salón ha quedado obsoleto, y cada uno se encierra en su propia habitación, donde ha creado su propio espacio interactivo. Un espacio en el que puede combinar sin moverse de la silla: ocio, relaciones sociales, estudio, información… y que conlleva riegos no solo a nivel familiar, sino también a nivel personal.

Si una de las tareas de los padres como educadores es la de formar a sus hijos para que se desarrollen como personas, y sepan integrarse en la sociedad ¿hasta qué punto es bueno y válido que pasen la mayor parte de su tiempo encerrados en su propio mundo interactivo? ¿Cómo podemos entrar en él, e interactuar con ellos, sin que se sientan coaccionados?

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