8.08.26

Prácticamente ciega encuentra en Dios la fuerza para seguir escribiendo y ser instrumento de esperanza

Ana Cachinero tiene 64 años. Nació en Andújar (Jaén) el 16 de febrero de 1962 y es escritora. Desde muy joven descubrió en la lectura un mundo lleno de posibilidades. Comenzó disfrutando de tebeos, cuentos y obras de grandes autores, hasta que un día encontró el material que despertó definitivamente su vocación por la escritura. Cursó estudios de EGB, Bachillerato y se diplomó en Magisterio, en la especialidad de Humanidades. A pesar de su discapacidad visual, nunca ha renunciado a sus sueños y ha procurado hacer de la escritura una forma de crecer, de compartir y de transmitir esperanza. En 2002 publicó su primer libro de relatos infantiles y juveniles: Las aventuras de Carol. En 2017 vio la luz Aventuras salvajes, una obra que tuvo una buena acogida en distintos medios de comunicación.

En 2021 publicó en formato digital En los ojos de un niño y Rous Rose. Dos años más tarde apareció su poemario A través de mi espacio y, en diciembre de 2024, publicó su primera novela corta: Sueños y raíces, un relato romántico que ha sido muy bien recibido por los lectores. Actualmente está disponible en la Biblioteca Municipal de Jaén, en el Centro de Apoyo de la ONCE de Jaén y también en formato digital. Se considera una escritora incansable, especialmente dedicada a la literatura infantil y juvenil, aunque también cultiva la poesía, el relato y la narrativa para adultos. Su mayor deseo es seguir escribiendo mientras Dios le conceda fuerzas, con la esperanza de que cada una de sus obras pueda dejar una huella de ilusión, valores y esperanza en quienes las lean.

¿Cómo fue aceptando la enfermedad de su vista desde niña?

No fue un camino fácil ni algo que pudiera aceptar de un día para otro. Desde muy pequeña tuve que convivir con una enfermedad visual que marcó mi infancia. Mientras otros niños descubrían el mundo con total naturalidad, yo tenía que adaptarme a unas limitaciones que, en muchas ocasiones, no comprendía del todo.

¿Cómo asumió haber perdido prácticamente toda la visión?

Perder prácticamente toda la visión fue, sin duda, uno de los mayores desafíos de mi vida. No fue un proceso fácil. Hubo momentos de incertidumbre, de miedo y de adaptación a una realidad completamente distinta de la que había conocido hasta entonces. Con el tiempo comprendí que podía seguir adelante. Aprendí a desenvolverme utilizando los recursos adecuados, como el braille y las tecnologías adaptadas, y descubrí que una limitación no tiene por qué impedir que una persona continúe creciendo, aprendiendo y persiguiendo sus sueños. La escritura se convirtió en una de mis mejores compañeras. A través de ella encontré una forma de expresar mis emociones, compartir experiencias y dar sentido a muchas vivencias. Escribir me ayudó a transformar las dificultades en aprendizaje y a mirar la vida con esperanza. Hoy no defino mi vida por la ceguera, sino por todo lo que he podido construir a pesar de ella. Sigo afrontando retos, como cualquier persona, pero también sigo ilusionándome con nuevos proyectos. He aprendido que la verdadera mirada nace del corazón, de la voluntad y del deseo de seguir adelante.

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7.08.26

Asociación Litúrgica Magnificat (Una Voce Chile), 60 años como bastión en defensa de la Tradición

Jaime Alcalde Silva es abogado y profesor universitario. Es casado y padre de dos hijos. Participa en la Asociación Magnificat desde hace más de 20 años. En esta entrevista dialogamos con él sobre la historia de la asociación.

¿Cómo nace la Asociación Litúrgica Magnificat en Chile, en qué contexto y con que finalidad?

La primera constitución aprobada por el Concilio Vaticano II fue Sacrosanctum Consilium sobre la sagrada liturgia. Comenzaron prontamente las innovaciones, mientras en la Santa Sede se iniciaba el trabajo de la comisión que prepararía una reforma de los ritos. Varios documentos fueron publicados en ese sentido y ya en 1965 se hizo público un nuevo ordo de transición. Era un tiempo de mucha experimentación e improvisación.

Muchos católicos en el mundo estaban desconcertados de lo que estaba ocurriendo con la Misa, a la que el Concilio situaba como centro y culmen de la vida cristiana. En Chile, durante 1966, el joven historiador Julio Retamal Favereau (1933-2025) y otras personas intentaron establecer la celebración de una Misa tradicional en alguna iglesia, pero sus esfuerzos no dieron resultado.

Con algunas de ellas, entre las que destacaban Carlos José Larraín, Laurence Azaïs, Patricio Garreaud y otros, ensayaron la Misa de Angelis. Los contactos con la familia Valdés Subercaseaux fueron muy fructíferos, pues doña Margarita Valdés, mujer de don Alfonso Letelier, fue un apoyo decisivo y logró un permiso de parte de su hermano el Obispo de Osorno, monseñor Francisco Valdés Subercaseaux (1908-1982), quien era el encargado del canto sagrado en la Conferencia Episcopal chilena. Desde entonces, ese grupo de laicos comprometidos con preservar la antigua liturgia contó con una autorización oficial para celebrar Misas con cantos en latín.

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6.08.26

Elena Alonso: “Buscando comprender España, descubrí el amor de Dios”

Elena Alonso cuenta cómo la búsqueda de la verdad sobre España, a través de su historia, la condujo al encuentro con la Virgen María, al descubrimiento del amor de Dios y a un cambio radical de vida.

¿Cómo el estudio de la historia de España le fue acercando o predisponiendo para la fe?

Yo no tenía un anhelo de buscar a Dios, sino de comprender España. Fue Dios quien, pacientemente, se sirvió de esa búsqueda para salir a mi encuentro.

Entré joven en el mundo del teatro, un ambiente profundamente liberal y progre. Mi familia nunca me habló de Dios y me empecé a mover en círculos donde el cristianismo era visto con desconfianza o con abierto rechazo… Nunca me había planteado la cuestión de Dios y mucho menos la de la Iglesia, sin llegar a ser anticlerical, tenía la sensación de que la Iglesia era algo desconocido, lejano, que no tenía nada que ver conmigo.

En aquel momento vivía en Gerona y empecé a preguntarme qué era realmente España. La convivencia con una mujer peruana, que entonces era mi pareja, avivó aún más esa inquietud. Ella compartía la misma visión de la conquista que yo había aprendido en el colegio: una España cruel, injusta y violenta. Sin embargo, había algo en ese relato que no terminaba de convencerme. Si España solo había llevado destrucción, ¿cómo era posible que hoy compartiéramos una misma lengua y una cultura tan profundamente unidas? Esa pregunta despertó mi curiosidad y me llevó a empezar a estudiar nuestra historia. Un día encontré por casualidad un libro de Marcelo Gullo titulado Madre Patria. Me llamó la atención la portada y leí la contraportada. Recuerdo perfectamente que la parte en la que el autor hablaba de la religión católica me pareció fuera de lugar y me incomodó. Pensé que no tenía ningún sentido introducir la religión en un libro sobre historia. Hoy me hace sonreír recordarlo, porque demuestra hasta qué punto ignoraba que la historia de España es incomprensible sin el cristianismo.

Le hice una foto y se la enseñé a mi pareja. Me respondió que todo aquello era mentira. Cuando le dije que el autor era un profesor argentino, no cambió de opinión. Aquella reacción, despertó todavía más mi interés. Compré el libro y empecé a leerlo.

Desde las primeras páginas quedé fascinada. Descubrí la historia de la Leyenda Negra y, sobre todo, la de los primeros misioneros españoles en América. Aquellos hombres me impresionaron mucho. Empecé a leer diarios de franciscanos, dominicos, jesuitas… sin darme cuenta de que me estaban evangelizando

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5.08.26

Ángel Custodio, tras dormir en la calle y un intento de suicidio, ahora vive totalmente entregado a Dios

Ángel Custodio pasó de tenerlo todo a arruinarse estrepitosamente y sentir el rechazo de la gente que más quería. En su desesperación quiso quitarse la vida y planeó ahorcarse. Si todo hubiese salido según su desesperada decisión hubiese muerto ahorcado. Pero Dios sabe más y permitió que fallase en la ejecución. Quiso darle una segunda oportunidad. No solo le salvó la vida sino que le dio una vida nueva y plena.

Ángel se define a sí mismo como un pobre desastre que ha recibido la inmensa misericordia del Señor. Muy vinculado a las personas sin hogar, a los retiros de Emaús y al servicio en donde pueda hacer apostolado y ayudar a los mas necesitados. 

¿Cómo pasó de tener una vida normal a perderlo todo y a quererse quitar la vida?

Bueno, pues yo estaba llevando una vida entre comillas de éxito hasta que me llegó un día un proyecto inmobiliario bastante grande, que, en teoría, me iba a dar la libertad financiera para jubilarme anticipadamente. Sin embargo desde el primer mes me dio muchos problemas todo lo subcontratado y en unos meses empecé a ver que me iba a costar mucho poder terminarlo sin pérdidas.

Varios contratiempos del proyecto me hicieron pedir ayuda económica a familiares y amigos. Como soy un tipo de fiar me echaron una mano. Aún así no logré terminar ese proyecto y me quedé totalmente arruinado y con muy mala reputación con amigos, familiares y empleados.

Hablé con mi novia, que llevaba 14 años conmigo, para contarle la situación que teníamos y me respondió que la tenía yo, pero no ella. Se desvinculó por completo de mí y se marchó de alquiler al centro de la ciudad. Me quedé solo y con una depresión tremenda y como no vi ninguna salida, decidí acabar con mi vida, ahorcándome, para dejar de sufrir.

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4.08.26

MerydeMaria: el proyecto empresarial de una joven de 22 años que quiere acercar a las personas a Dios

Meritxell Abadia de Barbarà Agell, es la fundadora de MerydeMaria, un proyecto empresarial católico que nació con el deseo de acercar a las personas a Dios. Lo que comenzó mientras cursaba su carrera universitaria de Relaciones Públicas, Marketing y Publicidad, en apenas un año se ha convertido en una iniciativa que está llegando al corazón de miles de personas, ayudándolas a reencontrarse con Cristo.

Usted entró con su madre y su abuela a una Iglesia, pero Dios le estaba esperando… ¿Cómo fue ese primer encuentro?

Siempre digo que aquel día no fui yo quien encontró a Dios, sino que fue Él quien me estaba esperando. Crecí en una familia católica; mi madre y mis abuelos siempre me habían hablado del Señor, de esa paz que solo Él podía dar. Yo creía en Dios, pero mi fe era muy superficial. No era practicante y, aunque conocía su existencia, todavía no había tenido un encuentro personal con Él.

En ese momento de mi vida estaba atravesando una etapa muy complicada. Vivía con mucha ansiedad, con un constante ruido interior, sobrepensando todo y sintiendo un vacío que nada conseguía llenar. Había buscado respuestas en muchos sitios, pero seguía sintiéndome igual.

Una mañana entré en la iglesia de mi pueblo junto a las dos mujeres más importantes de mi vida: mi madre y mi abuela. No podía ser de otra manera. Ellas siempre habían sido un ejemplo de humildad, de fortaleza y de amor incondicional. Esa iglesia, además, tenía un significado muy especial para mi: allí se habían casado mis abuelos maternos y siempre había sido un lugar muy querido para mi, donde pudo florecer el amor mas bonito que he conocido.

Nada más cruzar la puerta ocurrió algo que nunca olvidaré. Sentí una paz inmensa, una paz que no sabía que necesitaba hasta que la experimenté. Fue como si, por primera vez en mucho tiempo, todo el ruido que llevaba dentro desapareciera. Aquellos pensamientos que me atormentaban se silenciaron de golpe y pude respirar con tranquilidad. Era una sensación imposible de explicar con palabras, pero absolutamente real.

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