6.02.21

Cine para pensar, un libro de Mª Ángeles Almacellas, con un trasfondo de valores católicos

Mª Ángeles Almacellas es doctora en Filosofía y CC. de la Educación (UCM), licenciada en Filología Hispánica y diplomada en Formación Teológica.Tambiém es experta en “Educación en Virtudes a través del Cine” y profesora de la Escuela de Pensamiento y Creatividad y responsable de “Cine y valores” de la Fundación López Quintás, a cuyo patronato pertenece. Igualmente es crítica de cine y colaboradora de Pantalla 90 y CinemaNet. Es miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) y vicepresidenta de SIGNIS-España (Asociación Católica Mundial para la Comunicación). Pertenece a los jurados de los premios cinematográficos Alfa y Omega; ¡Qué bello es vivir! y Personaje, de CinemaNet. Autora, entre otros títulos, de Educar con el cine (EIUNSA, 2004), Camino hacia la madurez personal (Desclée De Brouwer, 2009), Seguir educando con el cine (Digital Reasons, 2015) y, en colaboración con Ninfa Watt y Juan Orellana, Manual de crítica de cine (CEU Ediciones, 2019).

¿Por qué un libro titulado Cine para pensar?

Los buenos guiones cinematográficos expresan experiencias humanas muy hondas que nos llevan a la reflexión. Pero interpretarlo hasta sus últimos detalles requiere un referente antropológico bien articulado que nos permita llegar hasta la experiencia profunda que late bajo el argumento de una película.

El buen cine da que pensar, pero antes hay que saber “pensar el cine”.

Si aprendemos a pensar bien y a aplicar una mirada penetrante, nuestra visión trasciende lo superficial para llegar a lo más hondo, no nos quedamos solo en la trama argumental sino que profundizamos hasta la actitud vital de cada personaje y entendemos el sentido profundo de sus actos. Esto constituye una gran lección de sabiduría.

¿En qué medida el cine es un espejo de la vida?

Decía Julián Marías que puede haber una antropología cinematográfica porque el cine es con métodos propios un análisis del hombre una indagación de la vida humana. Y así es, efectivamente, el cine es un espejo de la vida, muestra la realidad del hombre:

a) En sus elecciones y relaciones – Personajes: Cada uno de los seres que figuran en la trama argumental actúan, deciden, se relacionan según un código ético determinado.

b) En su acontecer – Argumento: Sucesión de hechos, episodios, situaciones… que tienen lugar en la película.

c) Desvelando su misterio – Tema: La experiencia humana profunda que subyace bajo el argumento.

Aunque hay que reconocer que no pocos espectadores, cuando ven una película, se quedan solamente en la línea argumental. Ni saben, ni les interesa ir más allá de los hechos y las acciones superficiales. Sin embargo, si uno es capaz de penetrar el argumento para descubrir, a través de él, la historia humana que late en el fondo, gana una visión clara y amplia de aspectos esenciales de la vida misma e incluso descubre formas de orientar su propia existencia. De este modo el cine, como espejo de la vida, constituye toda una lección de sabiduría.

Una vez un joven le dijo a un sacerdote que era muy aburrida la contemplación y este le respondió: ¿qué te crees que haces cuando vas al cine? Un ejemplo que queda muy incompleto por su simplicidad, ya que son dos realidades que no se pueden extrapolar, ¿Qué opina?

Sinceramente pienso que ni ese joven tenía la más remota idea de lo que es la contemplación ni el sacerdote en cuestión tenía ni la más remota idea de lo que es el cine.

En palabras de Teresa de Jesús no es otra cosa oración mental sino tratar de amistad con quien sabemos nos ama. La oración de contemplación no es en absoluto una actitud pasiva irreflexiva y aburrida. Exige participación, actitud de apertura, dejarse impregnar de asombro y llenar de Dios. “No es otra cosa oración sino tratar de amistad con quien sabemos nos ama”, decía santa Teresa. Participar de un encuentro personal con el Dios que se revela en Jesucristo, contemplar a ese Dios en su humanidad, entregándose, confiándose a él, dejarse envolver con su amor…, decir que esto puede ser aburrido es no haberse enterado de nada.

Pero la respuesta del sacerdote no es menos absurda. Cuando sigo la trama argumental de una película, sigo sus peripecias, me involucro, vibro con los personajes, me identifico con ellos o me producen rechazo. Mejor habría hecho el sacerdote en involucrarse con el joven y enseñarle a orar.

El cine de mero entretenimiento, al no hacer pensar al espectador, parece que no aporta nada.

No forzosamente, todo tiene su espacio y su momento. Quizá por la noche, después de una jornada dura de trabajo, cuando la cabeza ya está muy espesa y llena de inquietudes que no acaban de dejar sosiego, sea más recomendable una película entretenida, que distraiga, que sea un regalo para la vista y un reposo para la mente.

Lo importante es que esté bien hecha técnicamente y que el contenido tenga lógica interna, aunque sea una película en cierto modo superficial.

Hay películas, como algunos musicales, por ejemplo, que son puro entretenimiento, pero que son muy agradables de ver. O películas cómicas, que nos hacen pasar dos horas de risas sin ninguna complicación.

¿En ese sentido, como diferenciar el buen cine del cine superficial?

No creo que pueda darse una respuesta genérica. Pienso que el único modo de juzgar es viendo la película. A veces, el nombre del director ya nos da una pista de lo que podemos esperar, pero no lo sabemos a ciencia cierta hasta que la vemos.

También es válido dejarse guiar por la opinión de un crítico que merezca nuestra confianza antes de decidir ir a un cierto cine.

El buen cine, ¿podríamos decir que es el cine para recrearse, para saborearlo?

El cine es considerado el séptimo arte y tiene una cosa muy curiosa y es que en sí encierra todas las artes. La relación del hombre con cualquiera de las artes es una relación participativa, lúdica en el mejor sentido de la palabra. El buen cine nos invita a adentrarnos en él, a participar de la historia fílmica y a saborear su belleza.

Pero incluso el llamado buen cine puede fomentar sutilmente estereotipos anti católicos.

El cine tiene una capacidad de influencia extraordinaria. Desde siempre ha influido en modas, ha influido en gustos, en costumbres, etc. Un cineasta hábil puede perfectamente hacer llegar su mensaje sin que el espectador apenas se aperciba de ello. La capacidad de influencia del cine, de las películas y de las series que ahora están de moda, es tremenda.

En general, en la vida, es muy importante enseñar a las personas, sobre todo a niños y jóvenes, a saber pensar bien, a saber descubrir las artimañas y las añagazas de los manipuladores. Solo una solida formación puede ser el antídoto contra la manipulación. Es un tema muy grave, porque la manipulación bien organizada puede destruir una sociedad.

Concretamente en el ámbito del cine, saber estar alerta ante los manipuladores implica ser espectadores críticos.

Algunos denuncian que hoy en día el cine está muy degradado y que es contracultura.

Yo no creo que el cine esté degradado ni que sea un instrumento de la contracultura. Hay buen cine, cine mediocre y mal cine.

Sin duda es un buen instrumento educativo, pero, por lo mismo, también puede ser un instrumento para la deformación humana.

Hay productos cinematográficos muy adecuados para iluminar páginas de la historia, conocer actitudes perversas de muchas personas o sociedades y recibir el testimonio de auténticos héroes en la defensa de los grandes valores. Pensemos por ejemplo en Sophie Scholl. Los últimos días, del director alemán Marc Rothemund (2005). Es una película actual, muy bien documentada y que refiere con fidelidad los hechos que sucedieron. Reflexionando bien el film, haciendo un análisis riguroso, podríamos enumerar algunos de los valores que destacan: verdad, bien, dignidad, patriotismo, familia, confianza en Dios, religiosidad, oración, libertad…

Y es solo un ejemplo. Hay muchas películas actuales llenas de valores. No subproductos, sino películas de una gran calidad.

Háblenos de la importancia de una sólida formación católica para poder discernir y tener criterio.

Bueno, supongo que los no católicos también deben aprender a discernir y a formarse criterios. Nada de lo humano es ajeno a lo cristiano.

Dios creó el mundo y vio que era bueno. No debemos tener miedo ni encerrarnos en una especie de “gueto” moral. Lo esencial de ser cristiano es la adhesión a Jesucristo y eso, evidentemente, da un fundamento a todas nuestras ideas y actitudes vitales. Y supone también la exigencia de “ser perfectos como nuestro Padre es perfecto”. Una exigencia, pero no la exclusividad.

También muchos se quejan de que en el cine actual hay una superficialidad e infantilización de los guiones, de los diálogos…¿está de acuerdo?

No estoy en absoluto de acuerdo. Y no hay más que repasar las películas estrenadas en el último año para comprobar que hemos tenido obras francamente muy buenas, nada superficiales y con personajes de una gran hondura.

Solo por citar algunos títulos estrenados en el 2020: Vida oculta, de Terrence Malick, estrenada en febrero; Entre la razón y la locura (Farhad Safinia), en mayo); El oficial y el espía (Roman Polanski), en enero; Un amigo extraordinario (Marielle Heller), en agosto. Por supuesto hay muchas más películas de calidad que han llegado a nuestras pantallas o a las plataformas en los últimos tiempos.

 

Por Javier Navascués

1 comentario

  
Manu
Un gran libro que puede hacer mucho bien
, al igual que la filosofía de D. Alfonso López Quintás.
06/02/21 9:08 PM

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4.02.21

Ramiro de Maeztu, del regeneracionismo a la tradición católica

José Alsina Calvés, nacido en Ripoll, es licenciado en Biología por la UB, y Master en Historia de las Ciencias y Doctor en Filosofía por la UAB. Catedrático de Instituto jubilado. Fundador y secretario general de la Asociación Sindical del Profesorado de Enseñanza Pública de Cataluña. Autor de diversos libros sobre historia de la ciencia, historia de las ideas y biografías políticas. Director de Nihil Obstat, revista de historia, metapolítica y filosofía. Hasta hace poco presidente de Somatemps, dirige en la actualidad la Catedra Eugeni D’Ors de Pensamiento Hispánico de esta asociación.

En esta entrevista nos habla de su nuevo libro Ramiro de Maeztu, del regeneracionismo a la contrarrevolución. El libro está prologado por el prestigioso intelectual Pedro Carlos González Cuevas.

¿Cuál puede ser, en su opinión el principal atractivo de la figura de Ramiro de Maeztu para el público español del siglo XXI? ¿Qué suscitó en usted el interés por su figura?

Como son dos preguntas, voy a contestar por separado. El interés que pueda tener Maeztu para un lector del siglo XXI es vario. En primer lugar, conocer la propia historia del pensamiento español. En segundo lugar, y en relación con la anterior, el conocer esta historia le permite juzgar mejor los acontecimientos: así, el conocer la influencia del pensamiento de Maeztu en el franquismo nos ayuda a conocer mejor esta etapa de la historia, y dejar de verla como un bloque monolítico (y, desde luego, como una encarnación del mal absoluto). Pero, además, el pensamiento de Maeztu puede ser un punto de referencia importante para la elaboración de un pensamiento Hispanista, que se ofrezca como alternativa a la desmembración de España desde unas coordenadas intelectuales mucho más sólidas que el llamado “constitucionalismo”. Con respecto a la segunda pregunta, mi interés por Maeztu vino del estudio previo a la publicación de mi libro sobre Laín Entralgo, concretamente de la polémica entre Laín y Calvo Serer. Este último era discípulo de Maeztu.

En alguna ocasión Ramiro de Maeztu ha sido calificado como el “Maurras” español, el principal teórico del nacionalismo español moderno. Está usted de acuerdo?

Entre Maeztu y Maurras hay parecidos, pero también grandes diferencias. El último Maeztu, el de Acción Española, y Maurras defienden una monarquía tradicional y católica, pero a partir de cuerpos doctrinales distintos. Maurras era un “católico cultural”, pero agnóstico en materia religiosa. Partiendo de un método positivista, llega a la conclusión de que es el sistema mejor para regir las sociedades, o, al menos, a la francesa. Maeztu, desde su conversión (curiosamente en Inglaterra), es una persona profundamente religiosa, que apuesta por la monarquía católica, no por ser el “mejor” sistema, sino el único verdadero. Quizá el punto de máxima proximidad lo podemos encontrar en la obra de Maeztu La crisis del humanismo. Es cierto que el nombre de Acción Española para la revista que funda Maeztu está inspirado en el movimiento de la Acción Francesa de Maurras, pero la condena de la Iglesia al autor francés hará que Maeztu y sus seguidores tomen distancias.

Tuvo una faceta como periodista, durante su etapa como corresponsal en Londres, que marcó mucho su evolución intelectual. ¿Que puede decirnos al respecto?

Sí, la etapa inglesa es fundamental en la evolución ideológica de Maeztu. Cuando sale de España es un regeneracionista, un patriota español, un critico feroz de la Restauración, pero con ideas vagas, donde se mezcla una especie de darvinismo social con influencias nietchzeanas. En Inglaterra no solamente construye una solida formación intelectual, estudiando a los clásicos y a Kant, sino que se convierte al catolicismo y sienta las bases de lo que podríamos llamar el “clasicismo católico” que inspira una de sus obras más importantes, La crisis del humanismo.

Por cierto, su perspicacia está fuera de duda. A principios de 1915 pronosticó la victoria del bando aliado en la Primera Guerra Mundial, mediante un lento agotamiento de los recursos de Alemania. Incluso puso fecha; dijo que sería a principios de 1919. Acertó casi totalmente.

A pesar de su formación autodidacta (o quizá gracias a ella), Maeztu tiene una solida formación como economista. De hecho, hay un capítulo de mi libro dedicado a sus actividades como periodista económico. Esto le permite hacer predicciones muy acertadas sobre el desenlace de la I Guerra Mundial, y le permitirá también elaborar su teoría del “capitalismo católico”.

¿Como conjugó Maeztu en su pensamiento la defensa de la Hispanidad y su tradición, con la imprescindible adaptación al mundo moderno?

Maeztu nunca defiende una adaptación al mundo moderno. Toda su obra, especialmente La crisis del humanismo, es una crítica radical a la Modernidad y a sus ideológicas. Esto confiere a su obra un especial interés para el momento actual, en plena posmodernidad. Otra cosa es que apoye lo que autores como Alexandr Dugin han llamado “modernización defensiva”. Maeztu cree que España, y por extensión la Hispanidad, deben armarse con la economía, la técnica y la industrialización para combatir con éxito a sus enemigos seculares, pero siempre al servicio de los ideales Hispanos. En su obra Don Quijote, Don Juan y la Celestina, nos dice que Don Quijote (el caballero de la Hispanidad) debe volver al combate, pero no con armas viejas e inservibles, sino con aquellas que le proporciona el saber (la Celestina) para conquistar el Poder (Don Juan). Entonces dejará de ser una figura cómica, y pasará a infundir respeto.

¿Cree que Maeztu es uno de los intelectuales “malditos’ por excelencia, en la España actual?

Más que maldito es alguien olvidado. Maldito puede ser Heidegger, por su militancia temporal en el NSDAP. A Maeztu, como difícilmente se le puede clasificar como “fascista” lo mejor es olvidarlo. La figura de Maeztu es un autentico revulsivo contra la ideología de la “memoria democrática”, que pretende asimilar al franquismo con el nazismo alemán o al fascismo italiano (regímenes, por cierto, muy distintos entre sí). Ante una figura tan incómoda lo mejor es el olvido.

Siendo vasco de Álava defendió el absoluto hispanismo de las Provincias Vascongadas frente a la ruptura con la propia historia vasca que suponía el concepto de Euzkadi

Aunque de joven vivió en Bilbao, la identidad vasca nunca tuvo mucha importancia en su pensamiento. No olvidemos que su madre era inglesa. Se diferencia de otros vascos hispanistas, como Baroja o Unamuno, que vivieron su españolidad a través de su arraigo en la tierra vasca. En su primer libro, Hacia otra España, rechaza de forma categórica al nacionalismo vasco y al catalán, pero defiende que estas regiones, las mas industrializadas, deben volcarse hacia el resto de España y “colonizarlas” económicamente para mutuo beneficio.

Se ha dicho de Ramiro de Maeztu que su actitud vital ante la problemática del ser humano era profundamente pesimista. ¿Es cierto?

Si por pesimista entendemos el rechazo al panfilismo progresista, entonces podemos calificar a Maeztu de pesimista. En La crisis del humanismo hace suyas las afirmaciones medievales que definen al mundo como “un valle de lágrimas” y autodefinen al ser humano como “yo, pecador”. Pero partiendo de estas verdades, que surgen de la observación de la realidad, Maeztu cree posible el triunfo del bien y la construcción de sociedades mejores. El hecho de que diera la vida por sus ideas demuestra que creía en esta posibilidad.

¿Cree que figuras como él, Maurras o Spengler ejercieron una influencia intelectual tan importante como los teóricos marxistas, aunque hoy no se reconozca por ser políticamente incorrectos?

Cada uno de estos autores tuvieron su campo de influencia. En mi libro defiendo que cada una de las diversas etapas del régimen de Franco se puede referenciar con diversas etapas del pensamiento de Maeztu. La mística que emana de su obra Defensa de la Hispanidad fue el principal combustible ideológico y vivencia del bando nacional en la guerra civil, e inspiro la etapa nacional-católica del régimen (después del fracaso de la etapa filofascista de Serrano Suñer). La industrialización y la construcción del Estado del Bienestar de los años sesenta parece inspirada en El sentido reverencial del dinero, y la aproximación a Estados Unidos en Norteamérica desde dentro.

¿Cree que sería buena idea que los partidos y movimientos de tendencia patriótica e identitaria, deberían tener la valentía de reivindicar intelectualmente como referencias a figuras como Maeztu o Maurras?

En la obra de Maeztu, como es normal, hay elementos propios de su época y su momento, pero hay otros de validez permanente. Su crítica a la Modernidad, su defensa de una sociedad corporativa y su defensa de la Hispanidad podrían ser elementos a reivindicar por cualquier movimiento patriótico e Hispanista.

¿Cree que en cierto modo el auge actual de lo que el Sistema llama la “extrema derecha” en Europa, es en cierta medida, el triunfo de las ideas de intelectuales como Ramiro de Maeztu?

En estos movimientos las influencias de Maeztu son lejanas, aunque pueden apreciarse convergencias. Su núcleo intelectual hay que buscarlo en la revisión de los fascismos históricos, que se produce en Francia y en Italia a finales de la década de los sesenta, y que toma cuerpo en una serie de asociaciones, editoriales y revistas. Un autor muy representativo es el francés Alain de Benoist. Es curioso que en sus últimos escritos este autor aboga por el “principio de subsidiariedad” y la necesidad de “cuerpos intermedios”.

¿Qué puede decirnos de las principales novedades de la revista La Emboscadura?

El próximo número de La Emboscadura, ya en prensa, esta dedicado a la Globalización. Concretamente su dossier central lleva de título “La Globalización contra las patrias”. Incluye, entre otras, una entrevista con la diputada de Vox, Rocío de Meer, y otra con Paloma Hernández, animadora del canal hispanista de You Tube “Fortunata y Jacinta”.

1 comentario

  
Chico
Vamos a ver si vamos imponiendo en España una intelectualidad catolica recia, pues la necesitamos mas que el aire. El actual mundo intelectual español es inmanentistas cerrado y por eso huele mal a podrido. Tenemos que cristianizar la intelectualidsd española pues todo viene de la razon iluminada por la Fe catolica.
05/02/21 3:13 AM

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3.02.21

Campaña 40 días por la vida en Barcelona (iniciativa contra los más 50 millones de abortos en el mundo)

Miquel Blanc, informático de sistemas, adorador nocturno y uno de los pioneros de Emaús nos habla de la campaña que tendrá lugar del 17 de febrero al 28 de marzo en Barcelona y de la que es coordinador.

¿En qué consiste esencialmente la campaña?

La campaña de 40 días por la vida, consiste en 40 días de oración y ayuno delante de una clínica abortista, de 08:00h AM hasta las 20:00h PM, delante de la clínica EMECE, Carrer Anglí 39, 08017 Barcelona. (En EEUU las vigilias son de 24h)

Háblenos del origen mundial de la organización.

40 days of live, es una organización católica americana que se inició en 2004 por un grupo local en College Station, Texas.

¿Cuántas campañas se hacen al año?

Normalmente se hacen dos campañas al año, una en otoño, coincidiendo el final de campaña con el 28 de diciembre (Santos inocentes) y en primavera coincidiendo con Cuaresma (Inicio el miércoles de ceniza).

¿Qué ayuda reciben de la organización?

Desde 40 days for live, nos facilitan todo el soporte logístico. Esta es la 5ª campaña que se hace en Barcelona.

En Barcelona el apostolado próvida está aún por eclosionar.

Ahora hay varios grupos de rescatadores frente a las 7 clínicas que operan en Barcelona. Está el hogar de María, casa Guadalupe, Maternity y poco más.

Desde 40 días por la vida, quieren liderar una iniciativa próvida potente en Barcelona.

El punto de partida son las campañas. Estamos hablando con cada uno de los agentes próvida de Barcelona para integrarlos (Rescatadores, Matérnity, con el Hogar de María, museo de la vida, parroquias, etc)

¿Cuál es el principal objetivo?

Como principal objetivo, perseguimos que el apostolado próvida sea una verdadera realidad en Barcelona y algún día podamos tener 7 campañas en marcha, una por cada clínica abortista que opera en Barcelona. Debemos organizarnos muy bien, sabiendo que nos enfrentamos directamente al demonio. Es claramente un problema espiritual.

El holocausto y genocidio del aborto, sin duda, la injusticia y la tragedia más difícil a la que la iglesia se ha enfrentado jamás. Si no la enfrentamos como se está haciendo en Usa, el aborto terminará con nuestra Civilización.

¿Por qué ahora en Cuaresma estamos unidos en más de 500 ciudades de todo el mundo, bajo la bandera de “40 days for life” (organización católica) con el Rosario y el ayuno?

Para implorar a nuestra Madre, la Santísima Virgen, por el fin de la mayor injusticia de toda la historia de la humanidad. Con 50 millones de no nacidos asesinados cada año en todo el mundo (OMS).

El cielo no nos asistirá si no nos ve esforzarnos y pelear (con las armas de los soldados de Cristo), si no nos ve clamar por el fin del aborto. No conocemos mejor arma que la que nos propone 40 días por la vida. Llevamos demasiado tiempo entretenidos, dormidos, adocenados. No hay ni tiempo ni margen.

40 días por la vida, es una propuesta capaz de unir a todos para que María interceda delante del único que puede mover los corazones, abrir los ojos, y despertar a tantos dormidos. Y así finalmente lo haga. Que será cuando Él quiera. Y el clamor por el fin del aborto será entonces imparable.

¿Nos podría dar la web y sus cuentas en las redes?

Desde Usa: https://www.40daysforlife.com

https://twitter.com/40diesperlavida

https://www.instagram.com/40diesperlavida/

https://www.facebook.com/40diesperlavida

[email protected]

¿Cómo se puede colaborar?

Apuntándose a una o más horas a la semana en:

https://www.40daysforlife.com/barcelona

¿Qué frutos esperan conseguir?

El fin de la mayor injusticia de todos los tiempos, un crimen que clama al cielo, más de 50 millones de no nacidos asesinados cada año en todo el mundo.

Javier Navascués

1 comentario

  
Chico
En mi subconsciente hay un rechazo que conscientemente no lo quiero. Y es..... Por que en Madrid se hace eso mismo en una fecha y en Barcelona en otra. Y es que inconcientemente me sale un rechazo a iglesia contaminada de ..... ya me entendeis. Cuando se mezclan cosas luego se crea mucho malestar y suspicacias. Pero como no voy a alegrarme por esto y por la Iglesia qye esta en Cataluñ asi como me alegro con la que esta en Aragon y en la India
04/02/21 4:48 AM

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2.02.21

La Basílica de la Merced y su importancia clave en la historia de Barcelona según su rector, el P. Fermín Delgado, O. de. M

Foto: Guillem Simón

El P. Fermín Delgado, O. de. M, es el rector de la Basílica de la Merced de Barcelona. En esta entrevista nos habla de su vocación mercedaria y de la importancia que ha tenido la Basílica en la historia de Barcelona.

¿Cómo nace su vocación sacerdotal y religiosa?

Nací en el seno de una familia cristiana en la que ya desde la más tierna infancia era algo natural asistir a Misa los domingos y rezar en casa. Cuando tenía 3 años y acababa de aprender a andar, solía “fugarme” del banco de la iglesia en el que estaban mis padres para correr por los pasillos del templo y acabar al lado de D. Teógenes, el cura, que estaba en el altar celebrando la Misa y me miraba sonriendo. ¡Quién iba a decir que años más tarde iba a ser yo quien hiciera lo que él!… Es posible que por aquel entonces esa actitud e imagen del bueno de D. Teógenes se me quedara grabada en algún rincón de mi alma y aflorara con el paso del tiempo. La semilla que Dios pone en el corazón tarde o temprano germina si es cuidada, y mi familia fue una buena tierra de cultivo. Eso sí, cuando mi padre me “echaba el guante” me llevaba algún cachete en el culo. Reconozco que era muy inquieto.

¿Qué es lo que más le atrajo de la Orden de la Merced?

Yo entré en el seminario mercedario a los 12 años, en Reus, que es la ciudad en donde vivía. Tuve un primo mayor que yo que lo visitó porque pensaba entrar en él, pero al final no lo hizo. No sé por qué, quedó el eco de este hecho dentro de mí y pedí a mis padres conocerlo. Salí tan contento de la visita y del ambiente que en él había, que quise ingresar el septiembre siguiente con el inicio del nuevo curso. Y hasta ahora…. Dios se vale a veces de causas indirectas para llegar a lo más íntimo. En mi caso, inicialmente, me encantó el ambiente de deporte y de estudio del centro que visité; más tarde comienzas a conocer mejor la Orden y valorar otras cosas que acaban seduciéndote más que las iniciales hasta dejar tu vida en ellas. La Orden de la Merced tiene 800 años de una historia riquísima, y su carisma es muy hermoso y actual pues se ocupa de los pobres y los marginados, tal vez del estrato más bajo de estos últimos que son aquellos que ni tienen libertad propia. Por eso me atrajo la Orden de la Merced, así como el ejemplo de muchos buenos frailes que se entregaron a Dios y a los más débiles en cuerpo y alma.

¿De qué manera redimen cautivos hoy en día?

De muchas maneras. Los cautivos siguen existiendo, pero sus grilletes ya no son de hierro colado. Las cadenas de hoy en día son más invisibles, pero posiblemente más sólidas y esclavizadoras que las de antaño: la miseria material y moral (que es la peor), las dependencias modernas, la falta de acceso a educación y a la cultura, la explotación a la que se ven sometidas las personas más débiles, la soledad,…

Los mercedarios intentamos ayudar a estas víctimas a encontrase consigo mismas y a encontrar a Dios, pues una cosa va de la mano de la otra. ¿Cómo lo hacemos?. En primer lugar procurando llevar una vida personal coherente con lo que deberíamos ser y con lo que Dios y la Iglesia esperan de nosotros, con el fin de poder darnos a los demás. Nadie puede ofrecer aquello que no tiene. Y en segundo lugar, intentando llevar la presencia de Cristo en nuestras misiones: países del tercer mundo, parroquias en barrios humildes de las ciudades, como capellanes de prisiones, en nuestros centros de reinserción, en la atención de las familias de los presos, en nuestro apoyo a quienes salen de la cárcel, en nuestros centros de acogida de mujeres explotadas sexualmente y víctimas de este repugnante tráfico humano,…

¿En qué destinos ha estado hasta ahora?

Tras mi ordenación sacerdotal, en 1992, fui destinado a nuestro monasterio de El Puig de Santa María (Valencia). En 1993 me enviaron a Zaragoza, donde me fue encomendada la responsabilidad de ser maestro de postulantes. En 1997 me enviaron a Barcelona donde fui vicario en nuestra parroquia de San Pedro Nolasco. En 1999 fui destinado a Reus como capellán del psiquiátrico de Villablanca, en Vilaseca, y como responsable de la pastoral juvenil y vocacional de mi provincia mercedaria de Aragón. En 2003 fui destinado al Hogar Mercedario situado en el barrio de Valle Hebrón (Barcelona). Aquí se me encomendó la parroquia de la Virgen de Nazaret y las tareas inherentes al Hogar, centro de referencia en la reinserción social de personas que cumplen pena de prisión. En este destino estuve durante 15 años, hasta el año 2018. Este año fui destinado nuevamente a nuestra comunidad de plaza Castilla y se me encomendó el cuidado pastoral de la Basílica de la Merced, hasta hoy…

¿Qué supuso ser nombrado Rector de la Basílica de la Merced?

En primer lugar, un gran honor dado que los mercedarios no regresábamos a nuestra Casa Madre desde 1836; y en segundo lugar una gran responsabilidad, dada la confianza que el Sr. Cardenal ha depositado en la Orden de la Merced y a la que tratamos de responder estando a la altura de lo que se espera de nosotros, y también porque se trata de una iglesia muy importante en esta diócesis al albergar a la Patrona de la ciudad y en la que se fijan muchas miradas, con retos continuos. A veces resulta una sensación algo pesada, pero gracias a la ayuda del Señor, de la Virgen, de mis compañeros mercedarios, de los voluntarios que están cada día ayudándome en esta labor y a la colaboración de la Hermandad de la Merced y de todos los que aman a la Mare de Déu, todo se hace más llevadero. El sostenimiento de la Basílica es mérito de muchas personas que dan lo mejor de sí mismas de manera silenciosa. Aquí no hay espacio para los individualismos.

¿Cuáles son los principales apostolados que se dan en la Basílica?

El primero y el más importante es el inherente a su realidad como Santuario. Ello comporta acoger a los visitantes y peregrinos, cuidar y divulgar la devoción a la Virgen de la Merced (estamos preparando una celebración dedicada a las “Mercès”), celebrar los sacramentos y estar a disposición de quienes los necesitan, mostrarse accesible para quienes deseen algún tipo de ayuda u orientación espiritual,… y preparar con esmero la celebración de las fiestas en honor de la Mare de Déu de la Mercè (el 24 de septiembre), así como otras del calendario mercedario. También podríamos incluir en este apostolado el cuidado de la Basílica como tesoro histórico-artístico, velando por la salud del propio edificio y de todas sus instalaciones. Tenemos como reto en este momento la renovación de todo su sistema eléctrico y la restauración de la cúpula del edificio, como elementos más urgentes.

El segundo, atender a la dimensión de la Basílica como parroquia, con sus horarios de despacho, celebraciones litúrgicas cuidadas, atención pastoral de los feligreses de nuestro barrio, cuidar nuestra relación con las parroquias del arciprestazgo asumiendo las responsabilidades que en este ámbito nos correspondan, …

En tercer lugar, la atención hacia las personas necesitadas de ayuda. La Basílica invierte unos 10.000€ al año en ayudas materiales a las personas y familias pobres. Ayudamos con alimentos dos veces al mes a más de 20 familias, hemos creado un ropero bastante completo, hemos construido una ducha con WC y lavabo para el aseo de las personas sin hogar. Nuestro voluntariado de Cáritas sale cada sábado por la tarde por las calles de la zona para atender a quienes duermen en la calle: charlamos con ellos, nos interesamos por sus problemas, les damos ropa y cena caliente, rezamos con ellos si son personas de fe,… Y ayudamos a algunas personas en sus gastos de farmacia, gas…

También colaboramos en la pastoral penitenciaria con nuestra fundación Obra Mercedaria, que atiende a las personas que cumplen pena de prisión, auxilia a sus familias, a los pobres,… También trata de prevenir la caída en la delincuencia y acompaña a quienes salen de la cárcel para encontrar su lugar en la sociedad y a reencontrase con Dios y consigo mismos. Cada año donamos a la fundación unos 1000€ y colaboramos con ella en la organización de eventos que ayuden a darse a conocer y recaudar fondos. También atendemos y ayudamos a personas que han pasado por el Hogar Mercedario y que siguen necesitando algo de apoyo y ayuda.

De igual manera, tenemos muy presente a las misiones. Nuestra Orden está en los 5 continentes y, concretamente, nuestra provincia mercedaria de Aragón tiene misioneros en Mozambique, Venezuela, Guatemala, El Salvador y Panamá. Colaboramos económicamente con ellos y procuramos que se conozca su entregado trabajo para que quienes lo deseen, colaboren con ellos. Colaboramos con nuestro programa de apadrinamiento infantil gracias al cual muchos niños y jóvenes de Guatemala, Panamá, Mozambique y El Salvador pueden permanecer escolarizados, formarse culturalmente, dominar un oficio o incluso acceder a la universidad. A cambio, sus familias reciben una ayuda alimenticia para que les resulte rentable tener al niño/a en la escuela y no trabajando en la calle.

También desempeñamos un apostolado cultural que trata de abrir las puertas de la Basílica a todas las personas interesadas en el mundo de la cultura. Organizamos conciertos de órgano, de música clásica y coral, tenemos en proyecto un ciclo de conferencias con especialistas de diversos ámbitos. Estamos intentando que surja una coral propia de la Basílica…

Otro Apostolado es el de las peregrinaciones, que es muy importante porque nos permite llegar a muchas personas que tal vez no tengan una relación directa con la Basílica. Todos los años solemos organizar con la ayuda de nuestra agencia, Ruth Travel, dos Peregrinaciones (una de tipo mariano y otra a Tierra Santa o a algún otro santuario de interés) y un viaje al extranjero. Puedo asegurar que es una puerta que facilita mucho el contacto con personas que a veces viven de espaldas a la Iglesia por prejuicios que desaparecen cuando nos conocen más a fondo. Pienso que es algo que ninguna parroquia debería desestimar. En estos tiempos hay que aprovechar todas las vías a nuestro alcance para evangelizar y los viajes y las Peregrinaciones son un medio sorprendente. Incluso el mismo sacerdote es evangelizado por las personas que le acompañan y que con frecuencia le sorprenden positivamente. El mundo de los viajes permite incluso originar amistades que duran toda la vida y propician auténticas conversiones.

La Basílica, aunque importante queda fuera a veces de las rutas turísticas….

Efectivamente, la Basílica de la Mercè quedaba en las rutas turísticas de la ciudad como un elemento de segunda fila; como algo que se visitaba si sobraba tiempo o como último elemento de la ruta del gótico dada su situación en la ciudad, algo alejada de lo más céntrico de la ciudad.

Queremos que esto cambie y por ello hemos invertido medios y esfuerzos para adecentar la Basílica por dentro, de manera que pueda mostrar todo su esplendor. Hemos impreso nuevos folletos turísticos en diferentes lenguas. Hemos llegado a un acuerdo con una empresa turística para ofrecer visitas guiadas por profesionales perfectamente formados, algunas de las cuales son nocturnas y culminan con una audición de órgano.

También hemos mejorado nuestros cauces de comunicación y llegan a más personas las noticias de los eventos culturales celebrados en la Basílica, que procura abrir sus puertas a todos los barceloneses.

Por desgracia, muchos de estos planes están en situación de “pausa” hasta que termine la pandemia. Esperamos que entre todos podamos superar esta situación de crisis y volver a dar vida a la ciudad y nuestra basilica con nuestra oferta turística, que es de calidad.

Por Javier Navascués

9 comentarios

  
Mercedario
Muchas gracias por visibilizar a nuestra Orden, y gracias al P. Fermín por haberlo presentado tan bien. Que vivamos fielmente la vocación recibida de Dios a través de Nuestra Madre de la Merced y transmitida por nuestros Santos y antepasados.
02/02/21 1:00 PM
  
GLORIA CASACUBERTA
excelente reportaje ,una entrevista real y autentica

Claro que acabaremos llenando la Basilica¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
02/02/21 8:59 PM
  
Gonçal Pellicena
Muchas gracias por el reportaje. Una gran persona y un gran sacerdote el Padre Fermín!
02/02/21 10:27 PM
  
Joan Luque
Las siglas de la Orden de la Merced son OdM. OM es de la Orden de los Minimos
02/02/21 10:31 PM
  
Claudio
Así debieran ser nuestros obispos diocesanos y cardenales.
Gracias, padre Fermín, por su testimonio.
02/02/21 11:15 PM
  
David
Hay que reconocer que con la llegada del P. Fermín, la Basílica está esplendorosa: limpieza, iluminación, amplio horario de apertura, seguridad... Da gusto visitar a nuestra Patrona. Es sorprendente la cantidad de iniciativas pastorales (en cada visita descubres una nueva!). Profundamente agradecido, reciba mi más sentida enhorabuena y mi oración
03/02/21 12:13 AM
  
Scintilla
Digno ejemplo de su orden, que aquí en Mallorca también es un primor por su cuidado del culto a Dios y el de los más necesitados en el cuerpo y el espíritu.
03/02/21 8:51 AM
  
etherland

Pues si ya no es metal lo que atenaza manos y tobillos, ya no son cautivos ...

En lugar del ejercicio de la "neolengua" que consistía en destruir palabras para aminorar lenguajes, pensamientos y conceptos, ahora habrá que hacer todo lo contrario; crear otras para nuevas realidades.

En el mismo párrafo, hay cuestiones que serán más o menos discutibles, pero yo no me creo NADA lo que comenta del difícil acceso a la cultura y educación. Desconfío siempre de novedades pero hay cosas que sí han pasado al sumidero de la historia y ese discurso lo es.

Y es que en la era de la democracia de la cultura, donde cualquier libro o partitura (clásica, moderna) está al alcance de un click; en el tiempo de la universalidad de las comunicaciones, cuando ya existen más smartphones que personas, esa afirmación es del todo incorrecta.

Más aún, solo hace falta darse una vuelta por el mundo (ya real, ya virtual) para darse cuenta que en la actualidad la ignorancia ya no es un pecado, sino que muchas veces es deseada y hasta glosada. Hoy quien es ignorante los es por propia voluntad.

Que la ignorancia se convierta en fuerza si sería otro peligro,
03/02/21 2:10 PM
  
Padre Carlos Yepes
Una basilica muy linda y con mucha historia para visityar en Barcelona , por suerte tuve la suerte de visitarle y quedarme un rato a orar.



padrecarlosyepes.com
07/02/21 10:42 PM

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30.01.21

El arte sacro del Museo del Prado correspondiente al nefasto Siglo de las Luces y la Ilustracción

De nuevo regresamos al Museo del Prado, en este viaje virtual pero sumamente interesante, conducidos de la mano de Fernando Álvarez Maruri. Imaginariamente, retrocedemos en el calendario hasta al siglo XVIII, el llamado Siglo de las Luces, el tiempo de la Ilustración, un siglo ciertamente nefasto, pero pero vamos a hablar del arte sacro de esa época.

¿Qué características tiene este período artístico en España?

A esta tercera entrega sobre el arte sacro del Museo del Prado he decidido darle un enfoque algo diferente; además de obras españolas, incluiré también otras de escuela italiana, francesa y alemana. Tras la guerra de sucesión, una nueva dinastía ocupa el trono español. Junto a los primeros reyes borbones, llegará a nuestro país un nutrido grupo de arquitectos, pintores y escultores, originarios de Francia, Italia o incluso de Bohemia. En la España del siglo XVIII, la pintura de temática religiosa pierde protagonismo, pasa a un segundo plano. Aunque encontramos algunos trabajos meritorios, los artistas españoles de este período no consiguieron alcanzar las cotas de perfección y de originalidad de los pintores del siglo anterior; las míticas figuras de Velázquez, Murillo, Zurbarán, Ribera o Alonso Cano, pesaban demasiado, les hacían sombra, de ahí que la crítica valoró más sus trabajos profanos. En el ambiente cortesano, un tanto afrancesado tras la instauración de la dinastía borbónica, la nobleza y la realeza contratan los servicios de los retratistas más prestigiosos para ser efigiados y pasar así a la posteridad.

El género del retrato adquirió una gran importancia, al igual que la pintura de bodegón; el pintor más famoso de naturalezas muertas fue Luis Egidio Meléndez, de quien el Prado posee una numerosísima colección de óleos. También son dignas de mención las escenas costumbristas, como las que pintara Antonio Carnicero o Luis Paret y Alcázar; a este último se le considera el maestro por excelencia del estilo rococó, que lleva la sofisticada estética barroca hasta sus últimas consecuencias. En esta relación de pintores no debemos olvidar los nombres de Mariano Salvador Maella, Miguel Jacinto Meléndez, Acisclo Antonio Palomino, Antonio González Velázquez, José del Castillo o los hermanos Francisco y Ramón Bayeu, cuñados de Goya, y de los que la pinacoteca conserva numerosos bocetos que les sirvieron de modelillo para ejecutar pinturas al fresco. José Camarón destacó por sus obras de carácter galante, que nos transportan a un mundo irreal, con delicadas damas y espléndidos jardines. De gran interés documental para conocer el Madrid dieciochesco son los trabajos de Ginés Andrés de Aguirre; algunos de estos lienzos se encuentran en depósito en el Museo de Historia de Madrid.

Francisco de Goya es, junto con Velázquez y Murillo, uno de nuestros pintores más universales, cuya fama ha traspasado fronteras. Fue un artista polifacético y tocó los más diversos temas, sin olvidar su faceta de grabador. Me gustaría que comentase alguna de sus obras de temática religiosa.

El Museo del Prado conserva más de ciento treinta cuadros de este aragonés universal. Se trata de uno de los artistas mejor representados en la pinacoteca y de los que más atraen la atención del publico; encontramos sus lienzos distribuidos entre la planta baja, principal y segunda. Sin embargo, las obras de temática religiosa no llegan ni siquiera a diez. Algunos de estos cuadros han sido adquiridos por el museo recientemente, para que el visitante conozca también esta faceta de Goya, intentando así rellenar las lagunas existentes. De entre sus pinturas sacras escojo, sin ningún género de dudas, su célebre Cristo Crucificado, fechado en 1780; inicialmente, el óleo fue destinado al Convento de San Francisco el Grande. En este templo madrileño, cuya decoración contó con el mecenazgo del rey Carlos III, también dejaron su huella Francisco Bayeu, Mariano Salvador Maella, José del Castillo y Gregorio Ferro. El propio Goya se encargó de decorar una de las capillas laterales dedicada a la advocación de San Bernardino de Siena. El artista aragonés presentó su Cristo Crucificado a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid; consiguió así su propósito: convertirse en académico de mérito, gracias a lo cual se dio a conocer en la alta sociedad madrileña y obtuvo un mayor número de encargos. A este Crucificado, salido de los pinceles del genial aragonés, se le ha comparado inevitablemente con el Cristo de Velázquez, que comenté en la anterior entrega dedicada al barroco español. Al igual que el maestro sevillano, Goya recurre a un fondo oscuro y neutro para conseguir que destaque la figura del Salvador, intensamente iluminada.

También, como Velázquez, sigue la tradición de presentar al Señor clavado con cuatro clavos y con los pies apoyados en un supedáneo. Igualmente se reproduce el letrero, escrito en tres lenguas, en el que de forma burlesca se identifica al Nazareno con el Rey de los judíos. Sin embargo, en el tratamiento de la figura cristífera sigue a pie juntillas los principios del neoclasicismo; para poder ser admitido en la Real Academia debía seguir las normas imperantes en aquel momento. Es evidente que el aspirante a académico se inspiro en los trabajos del mismo tema que pintaron Anton Raphael Meng y su cuñado Francisco Bayeu. Al aragonés no le interesa presentarnos un Cristo doliente, sanguinolento, en el que queden patentes las huellas de la tortura y los ultrajes que sufrió durante la pasión; apenas aparecen unas gotas de sangre en la zona de la corona de espinas, en las manos clavadas al travesaño de la cruz y en los pies. Se nos muestra un cuerpo resplandeciente, con una anatomía de formas suaves y difuminadas, un desnudo masculino equilibrado, siguiendo los cánones del academicismo que defiende la búsqueda de la belleza como fin último del arte. Mientras que el Cristo de Velázquez es un cadáver silencioso y sobrecogedor, Goya representa al Señor en sus últimos instantes de agonía, elevando la mirada al cielo y dirigiéndose al Padre, aceptando su destino con mansedumbre. La cabeza del Cristo goyesco está ejecutada con una pincelada suelta y de trazos vibrantes; en ella se concentra todo el dramatismo de la escena. El cuerpo del Nazareno describe una ligera inclinación, con la cadera ladeada y la pierna derecha adelantada, evitándose así la frontalidad y la rigidez. El aragonés renuncia expresamente a los recursos del barroco, al movimiento forzado y al dramatismo escénico. Desde el punto de vista técnico, Goya muestra su destreza a la hora de utilizar veladuras, transparencias y la gradación de las sombras. En definitiva, nos encontramos ante una obra maestra de la pintura neoclásica.

¿Podría comentarnos la obra de algún otro pintor español del siglo XVIII que sea digna de mención?

Hacia 1781, Mariano Salvador Maella pintó un espléndido boceto en el que se representaba a la Inmaculada Concepción. Le sirvió de modelo para realizar un lienzo de grandes dimensiones que preside la capilla de San Antonio de Padua, también conocida como de la Inmaculada, en la madrileña iglesia de San Francisco el Grande. Este pintor, de origen valenciano, evolucionó en su lenguaje artístico. Inicialmente se inspiró en los trabajos del barroco tardío, tan del gusto italiano, para posteriormente beber de las fuentes del neoclasicismo, cuyo máximo representante en España fue el pintor bohemio Anton Raphael Meng. En la composición de este lienzo, Maella sigue los esquemas tradicionales del barroco español. Las figuras sacras describen complejos movimientos, empleándose con profusión la línea diagonal. Se pretende asombrar al espectador, utilizándose para ello toda clase de recursos efectistas. Se entremezclan con gran acierto los tonos cálidos y las gamas frías, recurriendo a una rica paleta de color, con sutiles matices cromáticos. Un abigarrado conjunto de ángeles flotan en el espacio, envueltos en una luz celestial, rodeados de nubes. En este modelillo, de marcada verticalidad, el pintor ha establecido tres zonas, interrelacionadas entre sí.

En las alturas celestiales, con una iluminación intensa, envolvente y dorada, se nos presenta la figura de Dios Padre, transportado por ángeles de formas estilizadas, marcando un atrevido escorzo. La Primera Persona de la Santísima Trinidad dirige su amorosa mirada hacia María, a la que ha librado de la pesada carga que supone el pecado original; ha sido elegida para albergar en su seno al Hijo de Dios. En la zona central de la composición, surge la figura de la Virgen, que eleva su mirada hacia los cielos y cruza sus delicadas manos junto al corazón, aceptando la voluntad de su Creador; viste túnica blanca y un vaporoso manto azul, movido por el viento, signo de su eterna pureza. En la parte baja, una legión de ángeles, adoptan posturas zigzagueantes y portan los símbolos relacionados con la Inmaculada Concepción: la palma, el ramo de lirios, las rosas… Debajo de los cielos se representa una parte de la esfera terráquea, sobre la que repta una serpiente, describiendo movimientos sinuosos, sujetando entre sus dientes el fruto del pecado. El Mal ha sido vencido y el Mesías redimirá a la humanidad, encarnándose en el vientre de María. Sería muy aconsejable que el lector complementase su visita al Museo del Prado con otra a la Basílica de San Francisco el Grande; de esta forma podría admirar, en la capilla de San Antonio, la obra terminada y definitiva. En este lienzo de grandes dimensiones las figuras fueron diseñadas con una gran perfección y detallismo, como lo ordenaban los presupuestos del neoclasicismo; en el boceto, por el contrario, la factura es mucho más suelta.

El rococó, anterior al neoclasicismo, también fue un estilo muy representativo del siglo XVIII; pensemos en aquellas damas y caballeros con pelucas empolvadas y vestidos con trajes ricamente bordados. ¿Encontramos en el Museo del Prado alguna obra rococó, de temática religiosa, digna de ser comentada?

Mencionaré dos lienzos del italiano Jacopo Amigoni, que en realidad forman parte de la misma serie de pintura. En estos óleos, fechados hacia 1749, el pintor reproduce dos escenas de la vida del Patriarca José, recogida en el Génesis. Motivo de orgullo para el Museo del Prado son sus magníficas y numerosas series de pintura; en diferentes cuadros se representan distintos pasajes de una historia. Amigoni formó parte de la escuela veneciana del siglo XVIII, convirtiéndose en un embajador del estilo rococó. Ejerció como pintor en Baviera e Inglaterra y terminó sus días en Madrid; fue pintor de cámara en la corte de Fernando VI y trabajó en los reales sitios. José en el Palacio del Faraón y La copa en el saco de Benjamín, son dos pinturas destinadas a decorar la Sala de Conversación del Palacio de Aranjuez; desde 1748, en esta estancia se instaló el Comedor de Gala. Posiblemente Amigoni, al pintar estos lienzos de temática bíblica, pretendía referirse a las virtudes que deben adornar la vida de todo gobernante. Este relato de Antiguo Testamento es realmente conmovedor, toca nuestra fibra más sensible porque en él se nos alecciona sobre el amor fraterno y el perdón. José fue uno de los doce hijos del patriarca Jacob. En el lienzo titulado José en el Palacio del Faraón, Amigoni, reproduce el pasaje bíblico en el que el Faraón reviste de poderes al joven hebreo. En la lejanía, contemplamos una población envuelta en brumas, de formas difusas; la presencia de palmeras añade al paisaje un toque de exotismo. Las arquitecturas que aparecen en la composición, por el contrario, son de inspiración clásica. El autor demuestra un total desconocimiento de cómo eran las construcciones egipcias en los tiempos bíblicos; debemos tener en cuenta que los descubrimientos arqueológicos sobre el antiguo Egipto no comenzaron hasta finales del siglo XVIII.

Los numerosos personajes de la escena aparecen vestidos como lo hacían los mandatarios venecianos del Siglo de las Luces; evidentemente, los antiguos egipcios utilizaban una indumentaria confeccionada con tejidos y hechuras completamente diferentes. El faraón, uno de los indiscutibles protagonistas de la escena, luce una esplendida capa bordada, rematada con un cuello de armiño, símbolo de la realeza. Cubre su cabeza con un turbante, adornado con perlas y piedras preciosas; también porta una corona de oro. Aparece colocándole un medallón al joven hebreo, de rubia y ondulada cabellera; éste le mira respetuosamente, expresando así el agradecimiento por la confianza que ha depositado en él. El resto de personajes nos recuerdan a los figurantes de una representación teatral; adoptan posturas un tanto forzadas y grandilocuentes. En La copa en el saco de Benjamín, Amigoni recurre a un esquema compositivo muy similar. En el plano medio encontramos una gran arcada, con columnas y pilastras de gusto neoclásico. Al fondo contemplamos un puente de piedra, de formas abocetadas y un cielo plagado de nubes. Presidiendo la escena, vemos la imagen de Benjamín, llorando amargamente; misteriosamente ha aparecido una copa de plata en su saco de trigo. El más pequeño de la estirpe no había sustraído aquel objeto y sin embargo todas las pruebas apuntan en su contra. A la derecha se distribuyen los funcionarios, con turbantes y llamativas vestiduras; uno de ellos sostiene la copa, objeto de la polémica. En la zona izquierda, los hermanos de Benjamín se muestran profundamente afligidos; dos de ellos se arrodillan implorando perdón; no pueden aceptar que su anciano padre pierda a otro de sus hijos. Finalmente, José les da a conocer su verdadera identidad. Tan solo intentó ponerlos a prueba para comprobar si su arrepentimiento era sincero. Se trata de un cuadro inacabado; la muerte le sorprendió al artista cuando lo estaba ejecutando. Este es el motivo por el que los rostros de algunos personajes aparezcan inconclusos. En ambos lienzos, el pintor italiano muestra sus excepcionales dotes para reproducir escenarios suntuosos, con espléndidas arquitecturas y lujosas vestimentas. Las escenas aparecen intensamente iluminadas. Amigoni emplea una pincelada suelta y alargada. Escoge la gama de colores fríos, los tonos pastel, tan del gusto del rococó.

Durante el siglo XVIII, Italia va a seguir siendo un lugar de peregrinación para los artistas. ¿Podría usted citar la obra de algún otro pintor del barroco italiano tardío?

Sebastiano Conca es uno de los más sobresalientes artistas del barroco dieciochesco italiano. El museo del Prado apenas cuenta con cuatro obras de su autoría, una de ellas atribuida. Fue discípulo de Francesco de Solimena; ejerció su actividad artística en Roma, en donde adquirió merecida fama. Para esta ocasión he escogido un lienzo titulado La idolatría de Salomón, fechado hacia 1750 y que procede el Palacio Real de Aranjuez. En realidad, se trata de un boceto muy elaborado para realizar a posteriori una obra de mayores dimensiones. En el Primer Libro de los Reyes del Antiguo Testamento se nos narra la historia de Salomón, hijo del rey David, que a la muerte de su padre heredó el reino de Israel. El Señor le concedió el don de la sabiduría para que gobernara a su pueblo con rectitud y justicia. Fue este soberano quien construyó el primer templo de Jerusalén, que asombraba a cuantos lo visitaban por su belleza y grandiosidad arquitectónica. Contrajo matrimonio con una de las hijas del faraón de Egipto y también se casó con diversas mujeres extranjeras. Vivió rodeado de lujos y se entregó a las pasiones mundanas; paulatinamente, se fue alejando de Dios y cayó en la idolatría. Tras su muerte, el país se dividió en los reinos de Israel y Judá. En la obra que nos ocupa, se representan dos escenas distintas pero complementarias; en ellas se hace alusión al gravísimo pecado de idolatría cometido por el soberano de Israel. En este cuadro, Conca construye una perspectiva monumental, diseñando un marco arquitectónico grandioso. Al fondo contemplamos un elegante ábside, de líneas clásicas. En este escenario tan solemne se distribuyen columnas de diversos estilos, estatuas de gusto clásico y espléndidos cortinones de color verde.

Carecemos de la información suficiente para poder conocer los detalles descriptivos de la composición; nos movemos en el terreno de la especulación. Algunos autores han supuesto que al fondo de la escena se representa una ceremonia de ofrenda a Minerva, diosa de la sabiduría; junto a la estatua dorada de la deidad pagana se distribuyen, formando un círculo, las sacerdotisas que participan en este ritual pagano. En primer plano, en la zona central y junto al altar de las ofrendas, surge la monumental figura del rey Salomón, protagonista indiscutible de esta historia bíblica. Se le representa como un hombre maduro, de poblada barba, coronado y elegantemente vestido; se cubre con una capa de armiño, una de las pieles más caras que existen. Utiliza un incensario para rendir pleitesía a una estatua de mármol que tal vez represente a la diosa Diana. Aparece rodeado de siete mujeres que también participan en la ceremonia; tres de ellas tocan instrumentos musicales. Los personajes de la escena, como si fueran actores encima de un escenario, comunican sus sentimientos y emociones por medio del lenguaje gestual, moviendo sus manos y a través de sus miradas. El artista emplea un colorido intenso y luminoso, dentro de una composición de marcado dinamismo.

De entre los pintores italianos que trabajaron para la corte española, siento una especial predilección por la figura de Corrado Giaquinto, que decoró algunos de los techos del nuevo Palacio Real de Madrid; me viene a la memoria la espléndida cúpula de la Capilla Real. ¿Conserva el Prado alguna pintura de su autoría?

El Museo del Prado tiene registrados en su inventario veinticinco cuadros de este insigne pintor. Predominan las obras de temática religiosa, aunque también encontramos algún ejemplo de pintura alegórica y mitológica, además de un par de paisajes. He escogido un lienzo titulado La Flagelación de Cristo, fechado hacia 1754. Forma parte de un conjunto de ocho óleos en los que se escenifica la Pasión del Señor. En esta serie pictórica se representan también La Oración en el Huerto, La Coronación de espinas, Cristo ante Pilatos en el pretorio, Cristo camino del Calvario, El Descendimiento, La Santa Faz y La Santísima Trinidad. Su destino final iba a ser decorar el Oratorio del Rey, en el madrileño Palacio del Buen Retiro. Este complejo palaciego, mandado construir para Felipe IV en el siglo XVII por su valido el Conde Duque de Olivares, fue parcialmente destruido por las tropas napoleónicas; tan solo han llegado hasta nuestros días el Salón de Reinos, en el que estuvo instalado el Museo del Ejército, y el Casón del Buen Retiro. Ambas construcciones forman parte de lo que ha sido bautizado como el Campus del Prado. El Casón, que hasta su última remodelación albergó la colección de pintura del siglo XIX, se ha convertido en el centro de estudios de esta institución.

El antiguo Salón de Reinos va a ser remodelado para exponer una parte de los fondos del Prado, que por falta de espacio se custodian en los almacenes. Tras fallecer Jacopo Amigoni, Giaquinto se desplazó desde Italia a Madrid para continuar con el proyecto decorativo de los Reales Sitios. Está considerado como la figura más señera del rococó romano de la primera mitad del siglo XVIII. La fama que le precedía le facilitó el acceso a altos cargos, convirtiéndose en el director general de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y pintor de cámara. Cuando visitamos el Palacio Real de Oriente, quedamos fascinados al admirar las espléndidas bóvedas de Giaquinto, decoradas con la técnica de la pintura al fresco. En el lienzo que vamos a comentar se reproduce uno de los episodios más cruentos de la Pasión del Señor. Poncio Pilato no consiguió aplacar la ira del populacho, que exigían la crucifixión del Mesías. Aquella chusma cruel prefirió que se liberara a Barrabás, un criminal convicto y confeso, antes que se amnistiara al Nazareno. El gobernador tomó entonces una decisión drástica con el fin de acallar a la multitud: lo mandó azotar, con la intención de que se considerase un castigo lo suficientemente severo y conmover así a sus acusadores; por ese motivo, la sentencia se ejecutó dentro de las dependencias del tribunal. La arquitectura que aparece en la escena se nos antoja de una austeridad extrema. Como decorado de fondo, el pintor diseña una inmensa estancia revestida de piedra gris, posiblemente se trate de un patio; se prescinde de cualquier elemento ornamental para crear una atmósfera inquietante y claustrofóbica.

La luz cenital incide sobre las oquedades de las rocas, produciendo marcados contrastes lumínicos y sombras alargadas que recorren las frías paredes. Sobre una plataforma pétrea descansa la pequeña columna en la que se ató a Cristo. En un segundo plano y en penumbra, aparecen dos soldados de brillantes armaduras y un tercer personaje vestido con una túnica. El artista concentra la iluminación en la figura de Cristo y los dos sayones. Los verdugos, de piel oscura, adoptan posturas un tanto forzadas; sus fornidos cuerpos describen atrevidos escorzos. Las prendas con las que se cubren son la única nota de color de la escena, flotan en el aire, al igual que sus cabellos, y forman pliegues muy marcados. Los sayones mueven violentamente las ramas que les sirven de instrumentos de tortura. En el centro de la composición, contemplamos a Jesús derrumbándose, maniatado, apoyando una de sus rodillas sobre un peldaño; inclina mansamente la cabeza, iluminada por un nimbo de luz, mientras baja la mirada, aceptando de buen grado el sufrimiento que le estaban infligiendo. El tono de piel de nuestro Salvador es de una blancura intensa, sobrecogedora, apenas se distingue del paño de pureza. El cuerpo del Nazareno ilumina aquella sombría estancia. A pesar de las crueles vejaciones que soportaba, en estas circunstancias tan dramáticas, Cristo se nos presenta como la Luz del Mundo. Para poder contemplar esta magnífica composición, debemos acudir a la madrileña iglesia de San Ginés, sita en la calle Arenal, donde se custodia en calidad de depósito del Museo del Prado.

-Entre las casi ocho mil pinturas que atesora el Museo del Prado, seguramente encontraremos tesoros ocultos, cuadros que no se exponen por falta de espacio. ¿Podría usted hacer alusión a alguna de estas obras maestras que el gran público desconoce?

De extraordinaria belleza es el único lienzo que el Museo del Prado conserva de Giovanni Bettino Cignaroli, fechado entre 1759 y 1762. En él se representa a La Virgen con el Niño Jesús y varios santos. Este magnífico pintor ejerció su actividad artística principalmente en su Verona natal, aunque también viajó a Venecia. Su fama traspasó fronteras y comenzó a recibir encargos de distintas cortes europeas. Tampoco debemos olvidar su faceta como tratadista de arte. Fue un firme defensor de los presupuestos del neoclasicismo: se pretendía crear nuevas formas de expresión, en un intento por superar los excesos del barroco, aunque para ello se tuviese que volver la mirada al mundo clásico. Cignaroli apuesta abiertamente por una composición equilibrada y serena, anteponiendo la búsqueda de la belleza a cualquier otro ideal artístico. En el lienzo que nos ocupa, de formato vertical y grandes dimensiones, el artista empleó toda su maestría. Fue un encargo de la reina Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, para la capilla del palacio de Riofrío. La composición se presenta enmarcada dentro de un arco de medio punto, elemento relacionado con las construcciones clásicas. En la lejanía se dibuja el cielo, de un azul intenso, adornado de nubes blancas; con este artificio se crea en el espectador la ilusión de profundidad. En un plano intermedio, encontramos un decorado arquitectónico, elegante y sobrio, diseñado con gran economía de medios. En el fondo surge un suntuoso cortinón de terciopelo verde, que al caer forma pliegues sobre los que incide la luz, creándose así diversos matices tonales.

Como una reminiscencia del barroco, aparece una columna salomónica de orden gigante, de complejas formas helicoidales, que se apoya sobre un alto pedestal, lugar escogido por el autor para estampar su firma. Por último, encontramos un trono, de forma rectangular con una placa de jaspe y ornamentado con una guirnalda pétrea, sobre el que se elevan la Virgen y el Niño. Los personajes de la escena se distribuyen en torno a María y Jesús. Santa Lucía es una bella joven de dorados cabellos, piel nacarada y dulce mirada que porta la palma de su martirio y una bandeja de plata con sus ojos; se recrea en la contemplación mística de la Madre y el Niño. San Lorenzo lleva lujosas vestiduras eclesiásticas, espléndidamente bordadas; con una de sus manos sujeta la palma del martirio, mientras que con la otra señala a un querubín en el que ha fijado su mirada. Los ropajes de Santa Bárbara están confeccionados con espléndidos tejidos, adornados con primorosos bordados; a sus pies encontramos una fortaleza a escala reducida, símbolo que representa a esta santa; establece un diálogo visual con el espectador, para hacerle partícipe de esta experiencia mística, mientras señala al ángel que aparece en la composición. San Antonio, vestido con hábito marrón, concentra su atención en la contemplación del Niño Dios, que le mira con ternura, sujetado por las delicadas manos de la Virgen. En el suelo, tumbado y describiendo una diagonal, encontramos la estilizada figura del ángel, de una belleza sublime; sujeta entres sus brazos a un tierno querubín mientras cruza su mirada con la Madre de Dios. La Virgen, de delicado rostro y resplandeciente hermosura, aparece ataviada con una túnica de un rosa intenso y cubierta con un manto azul ultramar; sostiene en su regazo al Niño Jesús que nos embelesa con su candor infantil.

Otro de los pintores italianos del siglo XVIII que alcanzó gran renombre y fama fue Giambattista Tiepolo. Se le considera el más insigne representante de una saga de artistas; sus hijos Lorenzo y Giovanni Domenico siguieron sus pasos. ¿Podría usted comentarnos alguna de sus obras más respresentativas?

Giambattista Tiepolo fue otro de los artistas venecianos que terminó su carrera en Madrid, al servicio de Corona española. Se especializó en la pintura al fresco, consiguiendo alcanzar las más altas cotas de perfección. Era tan grande su fama, que Carlos III realizó todo tipo de gestiones para que el veneciano, ya de avanzada edad, pintara el fresco del Salón del Trono en el Palacio Real de Madrid; el trabajo que realizó en esta estancia se puede considerar su obra cumbre. Mientras que en los reales sitios encontramos una espléndida muestra de su arte, en el Museo del Prado apenas están inventariados ocho cuadros de este magnífico artista. El óleo seleccionado para ser comentado se titula Estigmatización de San Francisco, datado entre 1767 y 1769. Estaba destinado a formar parte de la decoración del Convento de San Pascual en Aranjuez. Un 14 de septiembre de 1224, en la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, Francisco de Asís se retiró a orar. Era tan grande su fe que vivió una experiencia mística; se le apareció un serafín que le otorgó un don divino: los estigmas o heridas que sufrió Cristo durante su Pasión. De esta forma, aquel humilde monje se identifico plenamente con su Salvador. Al fondo del lienzo se representa un celaje azul, con la presencia de nubes cenicientas que se entremezclan con un paisaje brumoso, en el que predominan los tonos ocres.

A la derecha de la composición encontramos algunos árboles, uno de ellos inclinado en la misma dirección del cuerpo del santo, describiéndose así una diagonal trágica. Tiépolo utiliza los recursos efectistas del barroco veneciano para crear un ambiente dramático. Los personajes principales son el propio San Francisco y el ángel que sostiene su cuerpo. El fundador de la Orden Franciscana aparece sentado sobre una esterilla de esparto. Viste un hábito de tono parduzco, remendado y viejo. En su rostro, de facciones demacradas, iluminado por una luz cenital, se refleja el estado de arrobamiento en que se encuentra, ensimismado con la visión sobrenatural. Sus brazos abiertos son un signo de obediencia, de total entrega a la voluntad del Señor. En lo más elevado del cielo, surge un círculo de luz dorada, dentro del cual contemplamos la cabeza de un pequeño serafín y las alas del mismo. El ángel envía tres haces de luz blanca, apenas perceptibles, que van a taladrar las palmas de las manos y el costado de Francisco; se trata de las mismas heridas que soportó Cristo al ser clavado en la cruz. El ángel, que sujeta el cuerpo del santo para evitar que éste se desplome, es de espléndida factura y gran belleza. Luce una rubia y ondulada cabellera y nos muestra su torso hercúleo. Se viste con un lienzo de tono salmón que flota en el aire, añadiéndose así un mayor dinamismo a la escena. En la zona baja del cuadro, sobre un suelo terroso, encontramos la calavera, símbolo de la fugacidad de la vida, una tosca cruz de madera y un libro piadoso. Tanto el colorido como la distribución de las figuras en el espacio se nos antojan un tanto artificiosos, alejados del naturalismo. Sin embargo, debemos pensar que se está representando una visión de carácter sobrenatural, algo muy distinto a la realidad tangible.

Los hijos de Giambattista Tiepolo también están presentes en el Prado. ¿Podría referirse a alguna de sus obras más importantes?

Como ya ha comentado usted antes, dos de sus hijos, Lorenzo y Giovanni Domenico, continuaron los pasos de su padre, ayudándole en su taller y colaborando estrechamente con el maestro. De Lorenzo Tiepolo, el Prado posee una espléndida colección de retratos, realizados con la técnica del pastel. En cuanto a Giovanni Domenico Tiepolo se refiere, la pinacoteca atesora una espléndida serie de ocho lienzos en los que se representa la Pasión del Señor, fechados en 1772. Al igual que a su padre, podemos encuadrarlo dentro de la escuela barroca veneciana. Estos ocho cuadros se destinaron a decorar el desaparecido convento de San Felipe Neri, que se levantaba en la confluencia entre calle Mayor y la Puerta del Sol de Madrid. Tras la desamortización de Mendizábal, se procedió al derribo de esta construcción religiosa en 1838. Todas las obras de arte que habían sido expropiadas a los templos de Madrid y a las monasterios de las provincias limítrofes pasaron a formar parte del Museo Nacional de Pintura y Escultura, popularmente conocido como Museo de la Trinidad. Finalmente, en 1872, esta institución desapareció y sus fondos se integraron en el Museo Nacional del Prado.

En la serie pictórica que nos ocupa, se reproducen las siguientes escenas de la Pasión: La Oración en el Huerto, Cristo atado a la columna, La Coronación de espinas, Caída en el camino del Calvario, El Expolio, La Crucifixión, El Descendimiento y El Entierro de Cristo. Todos estos lienzos presentan unas características compositivas muy similares. Al parecer, se iban a distribuir en una zona elevada de la iglesia, lo que explicaría que el artista recurriese a un punto de vista tan bajo; el espectador tendría que levantar la mirada para observar la escena en cuestión. Uno de los momentos de mayor carga dramática de la Pasión de Cristo fue sin duda lo que conocemos como la Coronación de Espinas. Se hace mención a este episodio tan cruento en los evangelios de San Mateo, San Marcos y San Juan. Después de sufrir la tortura de la flagelación, con el cuerpo completamente llagado y las heridas abiertas, Jesús fue conducido al pretorio, donde se reunió toda la cohorte en torno a Él. Aquellos rudos soldados, bestias deshumanizadas, carentes de compasión por su prójimo, se burlaron con una crueldad inusitada de nuestro Señor. Tras desvestirlo, le colocaron un manto púrpura sobre sus hombros, color que se asociaba con la majestad y el poder. En su mano derecha le pusieron una caña, a la manera de un cetro real. Por último, tejieron una corona de espinas y se la incrustaron en la cabeza, produciéndole multitud de heridas sangrantes en el cuero cabelludo. Doblaban sus rodillas ante Él y se mofaban saludándole como rey de los judíos. Como telón de fondo, Tiepolo pinta un celaje de un azul intenso, con vaporosas nubes blancas.

También contemplamos una balaustrada pétrea y un busto del emperador romano Tiberio. A la izquierda y a contraluz, el autor reproduce, de forma parcial, un arco de medio punto. Al fondo se arremolina una multitud de fisgones, vestidos a la moda oriental, algunos de ellos tocados con exóticos turbantes; observan con malsana curiosidad la actuación de los verdugos. El estandarte de Roma, en un tono ocre muy del gusto veneciano, describe una diagonal que confiere dinamismo a la representación. Dos romanos, con trajes de llamativos colores, supervisan la actuación de los sayones. Un par de sicarios, de piel oscura y potente musculatura, encajan violentamente la corona de espinas en la cabeza de Cristo, ayudándose con una larga caña. El Señor, sentado en un escalón de piedra, se nos presenta con el cuerpo inclinado, cubierto con el paño de pureza y luciendo un manto de tono coral con multitud de pliegues. Con una mano sujeta el improvisado cetro, motivo de escarnio. La intensa blancura de su piel, de un tono marfileño, provoca que todas las miradas se centren en el Mesías, como si fuera un foco que irradiase luz. Nuestro Señor, con el rostro desencajado por el dolor y los pómulos hinchados, es un modelo de resignación ante la adversidad. Las heridas infligidas por la corona de espinas, producen regueros de sangre que bajan por sus cabellos, manchando incluso su sagrado torso. Giandomenico representa en este óleo una escena trágica, de tintes truculentos. Para ello recurre a un colorido agrio, con pronunciados contrastes y una iluminación irreal y artificiosa.

Dentro de la escuela francesa, la cuarta mejor representada en las colecciones del Prado, ¿qué obra del siglo XVIII, de temática religiosa, nos va a comentar?

La escuela francesa de los siglos XVII y XVIII está magníficamente representada en nuestra primera pinacoteca nacional. Sin embargo, los artistas galos del Siglo de las Luces destacan por sus solemnes retratos, bucólicos paisajes y temas mitológicos; la pintura sacra se consideraba un tema secundario. Para esta ocasión he escogido al pintor Michel-Ange Houasse, de cuyos pinceles salió esta delicada y elegante Sangrada Familia, datada entre 1720 y 1726. Trabajó para Felipe V, el primer Borbón que reinó en España y que añoraba los ambientes versallescos; de hecho, el Palacio de la Granja de San Ildefonso lo convirtió en su Versalles particular. Houasse trabajo con tenacidad para decorar con sus lienzos las salas de este real sitio, enclavado en un paraje natural de incomparable belleza. En la composición del cuadro en cuestión queda patente la formación academicista del pintor; el artista francés hace suyos los ideales del clasicismo dieciochesco como la búsqueda de la belleza y el equilibrio de las formas.

El pintor diseña un fondo oscuro, de una negrura intensa; tan solo un muro de piedra, apenas iluminado, se adivina en la sección izquierda de la composición. Housse suprime los detalles decorativos, renuncia a lo accesorio para que los sagrados personajes adquieran todo el protagonismo. En el lado izquierdo y en un plano posterior, encontramos la figura de San José, en la penumbra, con una iluminación muy tenue. Permanece sentado en un trono de piedra. Prefiere pasar desapercibido y meditar, posiblemente, sobre el misterio que envolvió el nacimiento de Jesús. El tono gris de su túnica y el ocre de su manto son los colores con los que se le representa habitualmente. Tampoco falta la vara de azucenas en su mano, apenas perceptible, símbolo de su castidad perpetua. La figura de la Virgen recibe una luz directa e intensa, al igual que el Niño Dios. Su piel nacarada, sus mejillas sonrosadas y su dulce mirada cautivan al fiel. Viste una espléndida túnica carmesí y se cubre con un manto azul; estos tonos tradicionalmente se asocian con la imagen de la Madre del Salvador. Aparece sentada y ligeramente inclinada, con el Niño Dios a su derecha, al que sujeta con una mano. Mantiene una sacra conversación con San Juanito, mientras levanta su mano izquierda con gran suavidad y extraordinaria delicadeza. El Niño Jesús, de piel blanca y rollizo, con su cabello rubio y ensortijado, duerme plácidamente, apoyándose en el pecho de su madre. San Juanito, es un infante algo mayor que su primo, viste de piel de camello y porta una vara terminada en cruz. Le acompaña un cordero, símbolo del sacrificio de Cristo, el Agnus Dei.

Anteriormente usted ha citado al pintor bohemio Anton Raphael Mengs, considerado uno de los más ilustres representantes del neoclasicismo. ¿Posee el Prado alguna obra de este artista, de temática religiosa, que sea digna de mención?

En el inventario del Museo del Prado figuran cerca de una treintena de obras firmadas por Anton Raphael Mengs. La mayoría de estos lienzos son espléndidos retratos regios, de un detallismo, minuciosidad y delicadeza que dejan prendado al espectador que los contempla. Sin embargo, también encontramos alguna obra de temática religiosa, destacando entre todas su célebre Adoración de los pastores, fechada en 1770. A este artista se le encuadra dentro de la escuela alemana. Su visita a Roma le permitió entrar en contacto con la Antigüedad clásica y con las obras de Miguel Ángel y Rafael. De tal manera le influyó esa devoción que sentía por el arte sacro que afectó incluso a su sistema de creencias religiosas: tras abjurar del luteranismo, se convirtió al catolicismo. Aquí tenemos un ejemplo de cómo a través de la contemplación de una obra de arte se puede acceder a la realidad trascendente; las imágenes sagradas son para el fiel un apoyo de valor inestimable en su vida de piedad. Mengs también destacó como tratadista de arte y fiel defensor del concepto de “belleza ideal”, un principio irrenunciable para los teóricos del neoclasicismo. En Nápoles conoció a quien sería después proclamado como Carlos III de España. Realizó un retrato de su hijo Fernando IV de Nápoles que se conserva en el Prado. Desde 1761 hasta su muerte, el pintor bohemio estuvo al servicio del nuevo soberano hispano. Influyó de manera decisiva en los artistas españoles de mayor renombre como Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu y el propio Goya. De su Adoración de los pastores existieron hasta tres versiones en los reales sitios; además de la tabla del Prado, se conserva otro lienzo en el Palacio de Aranjuez. Para los técnicos del museo ha supuesto un verdadero desafío iluminar acertadamente esta tabla de considerables dimensiones, evitando los antiestéticos reflejos.

El bohemio se inspiró en una obra de Correggio del mismo tema, conocida con el sobrenombre de “la notte”. Como ocurría en los cuadros de algunos maestros del renacimiento, como El Greco, distinguimos dos realidades: el portal de Belén, en la zona baja, y el mundo celestial, en la parte alta de la composición. El efecto de perspectiva y profundidad se logra a través de un complejo juego de luces y sombras; el claroscuro es un recurso artístico que dota a la escena de una mayor fuerza dramática. El Niño Dios se nos presenta como el foco de luz resplandeciente que ilumina a quienes lo contemplan. El recién nacido se convierte en el centro de atención de la composición. Nos mira con una ternura infinita, mientras esboza una sonrisa. La Virgen sujeta amorosamente a su hijo, con sus delicadas manos de color marfileño, y se recrea en la contemplación del Niño con candor maternal. María aparece ataviada con el tradicional vestido rosa y manto azul, colores asociados a la pureza. Los pastores se distribuyen en la composición describiendo un semicírculo en torno a la Madre y en Niño.

Las figuras de estos hombres rudos fueron dotadas de una gran rotundidad monumental; sus cuerpos musculosos presentan formas volumétricas, casi escultóricas. Adoptan diferentes actitudes y posturas en el momento de adorar al Mesías, reciben un tratamiento individualizado. Se maravillan y hacen aspavientos al contemplar al Hijo de Dios hecho hombre.San José permanece en un primer plano pero a contraluz, como si quisiera pasar desapercibido ante la grandeza del milagro acaecido, adoptando una actitud reflexiva. El artista recurre a los tonos tradicionales a la hora de representar al padre putativo de Jesús: el morado para la túnica y el siena para la capa. Detrás, en un costado y en la penumbra, se autorretrata el propio pintor con la mano levantada, queriendo hacernos partícipes del misterio de la Natividad. Al fondo, apenas perceptible, se representa el establo con la mula y el buey. En la zona alta flotan unos ángeles de belleza idealizada que sobrevuelan armónicamente en el espacio celestial. En este óleo el pintor demuestra toda su maestría a la hora de seguir los preceptos academicistas y neoclásicos.

 

Por Javier Navascués

13 comentarios

  
Caballero Tradicionalista
El siglo XVIII fue un período en el que se entronizó a la razón, en detrimento de la fe. Pensemos en que la primera gran logia masónica se constituyó en junio de 1717. A partir de ahí, comenzó un ataque, más o menos solapado, contra el pensamiento católico. Todo esto culminó con la Revolución Francesa, uno de los episodios más trágicos y sangrientos en la historia la humanidad. Sin embargo, las obras de arte que se comentan aquí, además de su calidad estética, tienen un valor espiritual, que pueden ayudar al fiel a reforzar su fe.
30/01/21 4:54 PM
  
Roberto Murguía
Me parece muy acertada la selección que ha realizado el autor sobre la pintura del siglo XVIII presente en las colecciones del Prado. He pensado en imprimirme este texto y llevarlo en mi próxima visita al museo. De esta manera, mientras contemplo las obras en cuestión, podré fijarme en los detalles de las mismas. Aquí se nos habla a fondo de la técnica que utilizaron los diferentes artistas. También se aporta información para poder distinguir el rococó del estilo neoclásico. Espero que continúe esta serie de entrevistas sobre nuestro querido Museo del Prado.
30/01/21 9:41 PM
  
Edgar O Mora
Muchas gracias Javier, un excelente trabajo, una magnifica descripción de los autores y sus cuadros, es la belleza, la armonía, el esfuerzo del hombre por plasmar la realidad según la observa, es acción creadora del hombre que lo asemeja al Padre con su trabajo.
31/01/21 4:41 AM
  
Valerian
Cuadros muy bellos y un gran artículo.
Felicitaciones.
En el cuadro de Salomón, la diosa que adora será la oriental Astarté, que los romanos identificaron con su Diana, y los griegos con Artemisa.
Es una precisión, porque Salomón en su época no pudo conocer la cultura romana (de hecho Roma ni se había fundado ).
31/01/21 1:31 PM
  
Fernando Álvarez
Agradezco sinceramente los comentarios realizados por los lectores de Infocatólica. También me gustaría hacer una precisión respecto al comentario de Valerian. A mediados del siglo XVIII los conocimientos de tipo arqueológico e histórico que tenían los pintores eran muy escasos. De hecho, representaban a personajes de la antigüedad vestidos de la misma manera que lo hacían sus contemporáneos. No creo que Conca estuviera muy al tanto de las divinidades conocidas en tiempos de Salomón. Por otra parte, he dejado bien claro que nos movemos en el terreno de la mera especulación. Hasta el siglo XIX no existió mucho rigor a la hora de tratar los temas históricos. El autor tan solo pretende transmitir un mensaje: Salomón, un verdadero pozo de sabiduría, cayó en la idolatría, lo cual tuvo nefastas consecuencias para el Reino de Israel.
31/01/21 2:11 PM
  
Valerian
Por supuesto, Fernando Álvarez. Solamente era una puntualización. En el arte importa más el mensaje que la precisión arqueológica.
Pero no sólo en la pintura del XVIII, si vemos las películas de principios del s.XX como "Intolerancia" de Griffith, nos presentan una Babilonia fantástica pero el filme se disfruta igual.
31/01/21 9:29 PM
  
Guillermo PF
Personalmente Murillo me parece un moñas de parroquia pija, las santas de Zurbarán cortesanas de los tres mosqueteros y Velázquez un enorme pintor profano.
31/01/21 11:24 PM
  
Colgunter
Hola, por qué habéis borrado la entrada sobre la Agenda 2030?

Gracias
01/02/21 1:10 AM
  
Padre Miguel de Chile
Estimado Javier: Le pregunto lo mismo que Colgunter. Ese artículo me pareció extraordinariamente interesante. Le ruego nos avise si había algún defecto grave en él, a fin de tomar las precauciones debidas. Dios retribuya muy abundantemente su lucha por los principios católicos.
01/02/21 3:30 PM
  
Colgunter

Guillermo pf
"... Personalmente Murillo me parece un moñas..... (...)"

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Le dijo la sartén al cazo. Si en lo teológico ya cojea, en lo artístico tiene usted el discernimiento de un pangolín chino. Pero bueno, no se puede tener todo, y como de soberbia va sobrado, pues ahí va una cosa por la otra.
01/02/21 4:25 PM
  
Colgunter
Padre Miguel de Chile:

Si quiere ver de nuevo la entrevista busque en El correo de España "El doctor Antonio Peña explica a fondo que hay realmente detrás de la agenda 2030. Por Javier Navascués"

No obstante, me gustaría saber porqué se ha eliminado esta entrevista en Infocatolica.

Gracias
01/02/21 8:47 PM
  
Padre Miguel
Gracias, Colgunter, pero la guardé porque consideré que era un documento de extraordinario interés en su ámbito. Por lo mismo me sorprende que Javier la haya suprimido sin señalar motivos. Me gustaría conocer esos motivos porque la difundí entre un buen número de fieles, uno de los cuales me hizo saber que la entrevista ha sido retirada.

Javier: Está en revisión algún aspecto, probablemente se vuelva a colgar...
01/02/21 9:14 PM
  
Juan Miguel Andrade
Esta semana estuve en Madrid para, entre otras cosas, acudir nuevamente al Museo del Prado. Enredando en Internet descubrí está página que me permitió preparar la visita, acudí con los deberes hechos. Algunas de las obras que se comentaban en esta entrevista habían sido retiradas de las salas; los vigilantes de sala no supieron explicarme el motivo. No sé si nos han privado de su contemplación debido a una restauración o a que se encuentran en alguna exposición temporal, vaya usted a saber donde. Una de mis frustraciones fue no poder contemplar ni el Cignaroli, que se comenta aquí con tanto acierto ni la "Adoración de los pastores" de Mengs. Una verdadera lástima. Espero tener la suerte de poder admirar obras de esta categoría artística en mi próxima visita.
11/03/22 4:52 PM

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