P. Valentín Aparicio (Cura de Toledo): “Recibo cada día varios correos conmovedores y de conversiones”

El Padre Valentín Aparicio Lara es sacerdote de la archidiócesis de Toledo. Nacido en el 1985 y natural de La Villa de don Fadrique (Toledo). Es profesor de Sagrada Escritua en el Instituto Superior de Estudios Teológicos S. Ildefonso (Toledo) y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas (Toledo).
Realizó sus estudios de Teología en el Seminario Mayor de Toledo. Licenciado en Teología Fundamental por la Universidad Eclesiástica de San Dámaso (Madrid) y en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico (Roma).
Divulga el conocimiento de la Biblia a través de sus clases, conferencias y colaboración con @MaterMundi, Hallow app., Religión en Libertad web., Radio María y la Televisión Diocesana de Toledo. Cada mañana ofrece una meditación al evangelio llamada “Desayuno espiritual". Desde que fuera ordenado sacerdote en el año 2009, ha ejercido su ministerio en la parroquia de Alía-La Calera (Cáceres) y San Juan de la Cruz (Toledo). Actualmente es Vicerrector del Seminario Mayor S. Ildefonso (Toledo).
¿Cómo se fue fraguando desde el año 2011 su canal en YouTube Cura de Toledo?
El canal está muy ligado a mi labor como profesor en el Seminario Mayor de Toledo. Sentía que era una pena que todo el conocimiento de Biblia que se impartía en las clases simplemente llegara a los seminaristas que estaban ahí delante. Por esta razón comencé a divulgar todo lo que había aprendido acerca de la Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.
El mundo es un desierto espiritual, con una inflación enorme de opiniones. Todo el mundo habla y debate. Pero jamás la palabra humana ha cambiado nada. Solo Dios puede crear. ¿Recuerdas lo que le dijo a Jesús el centurión? Una sola palabra tuya bastará para sanar a mi siervo. Así es. No quiero que la gente escuche mi opinión. Esta no cuenta nada. Deseo que escuchen Su Palabra. Si quieres, voy un poco más: las opiniones no dan paz. Fácilmente derivan en ideología. La verdadera sanación solo viene cuando te encuentras con la voz de Dios.
¿Cómo lo puede compaginar e integrar con su labor como formador en el Seminario y su ministerio sacerdotal?
¡Madrugando mucho! Todos los días, a las 6 de la mañana ya estoy con mi taza de café leyendo el evangelio y explicándolo delante de una cámara. Quince minutos después está subido a las redes y ya puedo bajar a la capilla del Seminario. Últimamente también subo a Internet las clases que imparto en nuestro Instituto Teológico.
Las redes están llenas de explicaciones bíblicas impartidas por protestantes o, lo que aún es peor, por agnósticos. Cantidad de gente descreída intenta convencerte de que los evangelios se escribieron muy tarde, sin apoyarse en el testimonio de testigos oculares o con poca fiabilidad histórica. Te vienen a decir que la imagen de Cristo que tenemos sería como una elaboración teológica (un invento, vamos) que se plasmó decenios después de la vida de Jesús. ¡Todo esto es rotundamente falso! Para rebatirlo no me baso únicamente en la enseñanza tradicional de la Iglesia, sino también en los estudios exegéticos más modernos.
¿Hasta qué punto en la pandemia se hizo popular su café espiritual, explicando el Evangelio en internet?
Te sorprendería conocer de cuántos lugares tan remotos me llegan mensajes. Sé que en muchos colegios también comienzan el día poniendo esta meditación del evangelio a los alumnos. Corren como la pólvora. Me alegro mucho, pero no porque se escuchen mis meditaciones, sino porque Dios sea conocido.
Lo que más me sorprende es la cantidad de personas alejadas o sin fe que se han enganchado a estos evangelios. Cada semana me entran emails de personas que confiesan que les llegó mi meditación a un grupo de whatssapp del trabajo o la empresa, empezaron a seguirlo… y, en unos pocos meses, han regresado a la Iglesia y a una vida cristiana intensa. Mi opinión no cambia vidas, es Su Palabra.
¿Por qué es importante para usted poder difundir sus conocimientos de la Sagrada Escritura en internet?
Hoy día vivimos en un auténtico cambio climático, pero de enfriamiento global del planeta. El mundo ha perdido a Dios y está desorientado. Desde los años 60 en adelante, algunos filósofos – arquitectos de nuestra cultura – proclamaron la famosa teoría del “gran rechazo”. Por ejemplo, para H. Marcuse, la humanidad debía entrar en una nueva fase de su historia rechazando los tres pilares que, hasta el momento, habían constituido la médula de su identidad: los conceptos de Dios, familia y moral. ¡Es terrible! El humanismo ateo proclama que el único origen, medio y fin de la religión es el propio hombre. Esta rebeldía es diabólica. Hoy día, ante nuestros ojos, tenemos el macabro desenlace del viejo mantra que la serpiente susurró al oído de nuestros padres: “seréis como dioses”. El único antídoto que puede librarnos del poder de este hechizo es la Palabra de Dios y los sacramentos. Es cuestión de vida o muerte.
¿Qué otro tipo de contenidos ofrece en el canal?
Cantidad de meditaciones y ejercicios espirituales. La gente sufre una barbaridad. Busca paz y alegría interior. Si no se encuentra con una palabra que arroje luz y sentido a las situaciones por las que atraviesan, se volverán hacia falsas promesas de felicidad que, como espejismos, brillan por doquier. Me refiero a las pseudoterapias de sanación que desde el mundo de la New Age no paran de llegar. La publicidad es invasiva: retiros, reiki, yoga, círculos de mindfulness.
Cuando falta Dios, el alma se bebe lo que haga falta. Como podrás intuir, el remedio es peor que la enfermedad. La única salida para el misterio del sufrimiento es el encuentro con Jesucristo, fuente de una paz y una alegría de origen sobrenatural. En el Apocalipsis, San Juan dice que el demonio busca proponer a los hombres una falsa religión o mesianismo que pretende salvar sin recurrir a Dios. Es el delirio diabólico de la autorredención. La filosofía, la política o todo este tipo de pseudoterapias se presentan como un mesianismo capaz de liberar al hombre al margen de Dios. Las consecuencias son funestas.
¿Qué tal acogida ha tenido el canal durante todo este tiempo y qué frutos ha dado?
Conozco gente que ha venido a hablar conmigo y me ha comentado que escuchar el evangelio de cada día fue el detonante de su conversión. Conozco familias que, desayunando juntos todos los días, lo primero que hacen es escuchar este evangelio. Padres que llevan a sus niños al cole y en el coche van siguiendo estos vídeos. También conventos de clausura que no tienen fácil el acceso a la formación y usan mis clases de Biblia como formación permanente. A veces pienso en aquel niño que le ofreció a Jesús cinco panes y Él los multiplicó. Algo así sucede con los vídeos. Además, he dado el salto a la publicación de libros. El año pasado publiqué uno con un título bastante provocador: “Manual de supervivencia para los últimos tiempos”. Ahora estoy a punto de enviar a la editorial el segundo.
¿Se podría decir que se ha formado una especie de comunidad virtual e incluso real?
Lo que es virtual es la pantomima ideológica que el mal nos ofrece. ¡El Evangelio es real! Sin embargo, no me gusta la idea de “comunidad virtual”. Me explico. No hay vida cristiana sin sacramentos. Dios no es una idea, es real. Me encuentro con Él a través de la Santa Misa y la adoración Eucarística. Recibo su perdón por medio del sacramento de la penitencia. Tenemos necesidad de Dios y solo hay una manera de encontrarlo: participando en la liturgia de la Iglesia.
Lo demás, son espejismos. No se puede ser cristiano sin frecuentar la Iglesia. Es más, ¡sin hacer de ella el centro de tu vida y convertirla en tu hogar! El mundo contemporáneo es desarraigado, no tiene hogar. Somos como huérfanos. El hijo menor de la parábola estaba dominado por un sentimiento de nostalgia que le hacía pensar en su casa. Si escarbas en tu corazón encontrarás que sólo en Dios nos sentimos como en casa. Y esto únicamente pasa en la Iglesia.
¿Podría citarnos algunos testimonios de conversión a través del canal?
Recibo emails todos los días con historias conmovedoras, contadas por sus propios protagonistas. Por ejemplo, solo la semana pasada me escribieron tres pastores protestantes diciendo que están siguiendo mi curso de Biblia. Que les parece interesantísimo el enfoque que presento (dicho sea de paso, ahora que estamos leyendo el evangelio de san Juan en Misa, todo lo que digo lo copio del comentario de Santo Tomás de Aquino a este evangelio).
También esta misma semana me han comentado el caso de una persona anciana y un enfermo terminal que hacían años que habían abandonado la fe. Murieron reconciliados con Dios gracias a que alguien, bajo cuerda, les iba enviando cada día el evangelio. Otra chica me dijo anteayer que ha dado el paso a ser profesora de religión y no de otra materia porque comenzó a seguir mis cursos de Biblia y vibraba con las explicaciones. ¡Gloria a Dios! Estoy muy feliz de todo ello.
¿Por qué mucha gente se encuentra con Dios y las respuestas a sus inquietudes más profundas a través de internet?
Te respondo con una pregunta: ¿Por qué tal vez no las encuentran a su alrededor? La ideología que nos rodea es una máquina de producción masiva de desencanto. Sólo en Dios encontramos la verdad plena. Los señuelos no nos satisfacen. La sociedad del bienestar nos narcotiza para adormecer ese instinto de búsqueda espiritual que todos llevamos. De vez en cuando salta ese clic que te impulsa a buscar algo más.
¿Dónde preguntas? Al teléfono, que siempre te acompaña. Por otro lado, es triste pensar que en muchas iglesias la gente se topa con un cristianismo descafeinado, que ha perdido su fuerza porque se ha mundanizado. Esto tampoco les satisface. Cuando se presenta un cristianismo sin cruz, sin vida moral auténtica, sin pasión por la santidad, desanclado de la tradición, sin una rica liturgia que te transporte al cielo… entonces no te queda más remedio que buscar. Hoy, esto es fácil.
Por Javier Navascués
1 comentario
O sea, lo habitual hoy en día.
Bien está que haya sacerdotes como el P. Valentín que son fieles a su ministerio. Hacen falta obreros para la mies, que es mucha.
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