José Gómez de Vargas, director de cine dominicano, habla de “Día ocho, el soplo del Espíritu”

José Gómez de Vargas es un director, editor y guionista dominicano. Ha desarrollado una filmografía que incluye títulos como Convivencia, A Ritmo de fe y Día Ocho: El Soplo del Espíritu, moviéndose entre el drama humano, el cine de valores y la búsqueda de un lenguaje cinematográfico con densidad emocional y visual. Su trabajo combina una mirada artística con un fuerte interés por las historias de transformación interior.

¿Por qué el título de la película es Día Ocho? ¿A qué se refiere?

El día 8 de cada mes se ha convertido en una fecha de memoria y oración vinculada al Padre Emiliano Tardif, especialmente en recuerdo de su partida, ya que fue el 8 de junio de 1999 cuando falleció. Dentro de la comunidad, ese día se dedica de manera especial a la adoración, la intercesión y la oración por los enfermos. Por eso, Día Ocho no es solo una fecha, sino un símbolo espiritual de continuidad, esperanza y encuentro con Dios a través del legado del Padre Emiliano. A partir de esa tradición, se decidió tomar Día Ocho como título de la película.

¿Por qué un sacerdote con tantos dones y carismas como el Padre Emiliano Tardif merecía una película?

Yo creo que una personalidad como la del Padre Emiliano merece no solo una película, merece toda una campaña de divulgación del mensaje que él profesaba. El Padre Emiliano no fue solamente un hombre con carismas extraordinarios; fue, sobre todo, un testimonio vivo de que la fe puede tocar el sufrimiento humano.

¿Por qué es tan importante dar a conocer su vida como instrumento de sanación en el mundo actual?

Su vida dejó una huella en muchísimas personas, especialmente en República Dominicana, y su ministerio trascendió fronteras. En un mundo como el nuestro, tan herido, tan escéptico, tan roto y necesitado de esperanza, dar a conocer su vida y su mensaje, no es mirar al pasado: es recordar que Jesús sigue actuando a través de personas sencillas y disponibles. Jesús está vivo.

Como director ¿qué quería transmitir del proceso vital de conversión de la influencer Yira Sandoval y su familia, en especial la enfermedad de su hermana?

Yo quería mostrar una conversión profundamente humana. No me interesaba una transformación forzada ni idealizada, sino el camino real de una persona que vive de la imagen, del ruido, de las apariencias, y que de pronto se ve desarmada por el dolor. La enfermedad de su hermana rompe todas sus seguridades y obliga a la familia entera a enfrentarse con preguntas que no pueden resolverse con likes ni con control. Yira empieza buscando una respuesta desesperada, y termina encontrándose con algo mucho más grande: con la fe, con la fragilidad propia y con la posibilidad de volver a mirar la vida desde otro lugar. No necesariamente un milagro inminente, sino una actitud de fe pura y entrega a la voluntad divina, sin importar el resultado.

¿Cómo quiso plasmar los milagros en la película? ¿Sirven para que las personas alejadas vuelvan su corazón a Él?

Yo quería que fuesen naturales, con respeto, sobriedad y verdad. Es un poco difícil describirlo pero, no quería que fuesen impositivos. No me interesaba convertirlos en espectáculo, sino en signo. Creo que una película así puede tocar corazones alejados, pero no porque imponga una respuesta, sino porque abre una pregunta. A veces el primer milagro no es una curación física: es que alguien vuelva a mirar hacia Jesús con sinceridad.

¿Cómo fue el ambiente de rodaje? ¿Cómo se prepararon?

El ambiente de rodaje fue muy especial. Desde el principio sabíamos que no estábamos contando una historia cualquiera, sino una historia que exigía delicadeza, interioridad y mucha verdad. Nos preparamos no solo en el plano técnico y actoral, sino también desde la comprensión espiritual y humana del universo que estábamos narrando. Había un sentido de responsabilidad muy grande, pero también de entrega.

¿Quiere ser la película un gran altavoz de un Dios que está vivo y actúa?

¡Claro que sí! Porque Jesús nos mira con buenos ojos y por su gracia somos salvos y eso hay que darlo a conocer, hay que recordarlo. Creo que hoy hace mucha falta recordar eso: que Dios no está ausente, que sigue soplando, sigue llamando y sigue obrando, muchas veces justo donde el mundo ya no espera nada.

¿Cuál es la principal enseñanza que quiere transmitir la película?

Que nadie está tan lejos como para no poder volver a Jesús, y que ninguna herida es demasiado profunda para Dios, que Jesús está vivo y por su gracia somos salvos.

¿Por qué merece la pena ir a verla?

Porque es una película que no solo busca entretener, sino conmover, interpelar, retar y dejar una huella. Creo que vale la pena verla porque habla de temas muy actuales, la superficialidad, el sufrimiento, la necesidad de sentido, la búsqueda de esperanza, desde una historia profundamente humana. Y porque, más allá de la fe de cada espectador, es una invitación a mirar de nuevo lo invisible, lo esencial y aquello que puede cambiar una vida.

Por Javier Navascués

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