Bodas de plata en el Hogar Nazaret: un aniversario convertido en familia

Paco Valle y Sonia Catalán, junto con sus tres hijas, celebraron sus bodas de plata en el Hogar Nazaret. Lo que inicialmente pensaban que sería una celebración familiar terminó convirtiéndose en una experiencia profundamente espiritual. Aquí comparten cómo ese viaje transformó su forma de mirar la vida, la familia y la fe.
¿Cómo celebraron sus bodas de plata en un contexto tan especial y qué significado tuvo para ustedes?
Fue una auténtica providencia de Dios. Nosotros teníamos en mente algo completamente distinto: celebrar nuestras bodas de plata con una comida o una fiesta con la familia y los amigos, para agradecer estos veinticinco años de matrimonio y todo lo que el Señor nos había regalado durante ese tiempo. Era lo que habíamos pensado desde hacía tiempo: estar rodeados de las personas que queremos, recordar lo vivido y dar gracias por todo lo recibido.
Sin embargo, el Señor tenía preparado algo mucho más grande para nosotros.
Los planes cambiaron y terminamos celebrándolo en el Hogar Nazaret. Allí, rodeados de los niños, de su alegría tan limpia y de su cariño tan sincero, nos dimos cuenta de que el mejor regalo que podíamos recibir no era una celebración, sino una familia nueva que Dios ponía en nuestra vida. Aquellos días fueron profundamente emocionantes. Los niños nos felicitaron con una sencillez y una ilusión que nos llegó al alma. No había grandes discursos ni formalidades, solo abrazos, sonrisas y ese cariño tan auténtico que ellos saben dar.
Comprendimos entonces que nuestras bodas de plata no eran solo un aniversario, sino también una renovación del sacramento del matrimonio en medio de una obra de Dios. Celebrar esos años de matrimonio allí fue como volver a decir sí delante del Señor, pero ahora con muchos más hijos espirituales a nuestro alrededor. Fue un regalo inmenso, inesperado y profundamente lleno de sentido que nunca olvidaremos.
Al adaptarse del primer mundo al tercer mundo, ¿qué lecciones de humildad y gratitud han aprendido?
Cuando uno llega allí, lo primero que experimenta es una especie de sacudida interior. Te das cuenta inmediatamente de lo privilegiados que somos por haber nacido donde hemos nacido. En nuestra vida cotidiana damos por hecho cosas tan básicas como abrir un grifo y que salga agua, encender una luz, tener una casa cómoda o poder acceder a una buena educación.
Allí todo eso adquiere otro valor. Son cosas que ya no parecen tan pequeñas ni tan evidentes. Empiezas a darte cuenta de cuántas cosas recibimos cada día sin apenas detenernos a dar gracias por ellas.
Pero lo que más impresiona no es solo la falta de comodidades, sino descubrir que la felicidad no depende de ellas. Los niños del Hogar Nazaret tienen muchísimo menos que cualquier niño en Europa y, sin embargo, poseen una alegría muy profunda. Una alegría auténtica, que nace de sentirse amados por Dios.
Te enseñan que la verdadera riqueza no está en lo que uno tiene, sino en el amor con el que se vive cada día. Allí se respira el amor de Dios de una manera muy concreta, en pequeños gestos, en la manera en que los niños se cuidan unos a otros, en su capacidad de agradecer cosas muy sencillas. La gracia de Dios se palpa en la vida cotidiana.
¿Cómo han vivido la transición cultural y la adaptación a un entorno diferente en su día a día?
La adaptación fue mucho más fácil de lo que imaginábamos. Cuando uno viaja a un lugar tan distinto piensa que habrá muchas dificultades culturales o que costará integrarse, pero en el Hogar Nazaret sucede algo muy especial.
Los niños te acogen desde el primer momento como si fueras uno más de la familia. No hay distancias ni barreras. Desde el primer día quieren compartir contigo su tiempo, enseñarte lo que hacen, jugar, hablar, reír. Esa naturalidad hace que todo sea muy sencillo.
Poco a poco te das cuenta de que lo importante no es el lugar ni las diferencias culturales, sino el cariño con el que te reciben. La vida allí gira en torno a cosas muy sencillas: convivir, rezar, estudiar, jugar, ayudarse unos a otros.
Y cuando entras en esa dinámica, de forma casi natural, dejas de sentirte un visitante. Empiezas a sentir que formas parte de algo mucho más grande que tú mismo, una verdadera familia donde el centro es Cristo y donde cada persona encuentra su lugar.
¿Cómo han influido estos cambios en la dinámica familiar y en la relación con sus hijas?
Para todos ha supuesto un proceso de crecimiento. Cada uno de nosotros ha tenido que salir un poco de su comodidad y aprender a mirar la vida desde otra perspectiva.
Para nuestras hijas ha sido una experiencia muy transformadora. Poder conocer de cerca la realidad de los niños, escuchar sus historias y entender de dónde vienen les ha ayudado mucho a desarrollar empatía y sensibilidad hacia los demás.
Han descubierto que muchas veces las personas que menos tienen son también las que más saben compartir.
También ha fortalecido mucho nuestra propia familia. Nos ha unido más y nos ha ayudado a valorar mejor lo que tenemos. Nuestras hijas han entendido que la familia no es solo la que nace contigo, sino también la que Dios pone en tu camino.
Y en el Hogar Nazaret han encontrado hermanos con los que compartir momentos, risas, juegos y, lo más importante, han crecido en la fe y en la conciencia de que todos somos hijos de un mismo Padre.
¿Qué momentos emotivos recuerdan al ver la integración de los niños en su hogar?
Son momentos muy sencillos, pero llenos de significado. Cosas que para nosotros siempre han sido normales, de repente se vuelven profundamente especiales cuando las compartes con ellos.
Por ejemplo, montar el árbol de Navidad en familia. Ver cómo lo viven, cómo miran cada adorno con ilusión, cómo quieren ayudar a colocarlo todo… pequeños gestos que para ellos tienen un valor enorme.
O ir al supermercado y comprarles algo que sabes que les gusta. Ver la alegría con la que lo reciben y cómo lo agradecen.
Celebrar sus cumpleaños también es algo muy emotivo. Para muchos de ellos es la primera vez que alguien celebra su día de una manera especial. Un pequeño detalle, una tarta, unas velas… y ves cómo se iluminan sus caras.
Y lo más bonito es ver cómo lo agradecen todo con una sinceridad que conmueve profundamente.
¿Cómo ha impactado en su fe y en su espiritualidad esta experiencia continua?
Nos sentimos profundamente bendecidos por haber podido conocer el Hogar Nazaret y vivir esta experiencia de cerca.
El centro de todo es Cristo. La oración, la confianza en la Providencia, el amor con el que se cuida a los niños… todo está impregnado de una fe muy viva.
Ver cómo los niños rezan, cómo dan gracias por cosas tan sencillas o cómo confían en Dios incluso después de haber vivido situaciones muy duras es algo que toca el corazón. Te recuerda que Dios actúa de maneras muy sencillas, pero profundamente reales, en la vida de las personas.
¿Qué contraste han notado entre su vida anterior y la realidad del Hogar Nazaret?
El contraste es muy grande cuando conoces la historia de muchos de los niños. La inmensa mayoría vienen de situaciones muy difíciles, marcadas por el abandono, la pobreza; realmente los niños crucificados de la tierra.
Pero en el Hogar Nazaret ocurre algo que impresiona profundamente: sientes la felicidad de Dios. “Lo que hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis”.
No solo reciben una educación académica, sino una formación integral en valores y en la fe. Allí encuentran algo que quizá nunca habían tenido: una familia.
Ser testigo de cómo Dios actúa en sus vidas, ver cómo recuperan la confianza y vuelven a sonreír, cómo empiezan a soñar con un futuro diferente, es algo que conmueve profundamente.
Los niños se quieren muchísimo entre ellos. Son realmente hermanos de una familia sobrenatural y ellos mismos lo explican de una manera muy sencilla: dicen que son de la misma sangre; la Sangre de Cristo. No solamente para esta vida, sino también para la vida eterna.
¿Qué impacto ha tenido la convivencia con los niños en su propia perspectiva de vida y en su matrimonio?
Esta experiencia ha enriquecido muchísimo nuestro matrimonio. Nos ha ayudado a recordar que el sacramento del matrimonio no es solo un camino para nosotros dos, sino también una vocación abierta a los demás.
Hacer familia es hacer Iglesia. Poder compartir nuestra vida con ellos, interesarnos por su crecimiento, acompañarlos y rezar por ellos es algo muy hermoso.
También nos ha ayudado a entender que el amor, cuando se entrega, siempre se multiplica.
¿Cómo describirían la evolución de su relación con los niños a lo largo del tiempo, tanto en lo emocional como en lo espiritual?
Con el paso del tiempo la relación se ha ido haciendo cada vez más profunda. Al principio es una relación de cercanía y cariño, pero poco a poco se convierte en algo mucho más familiar.
Celebramos sus cumpleaños, hablamos con ellos sobre sus estudios, nos interesamos por sus preocupaciones y por los sueños que tienen para el futuro. Nos alegramos con sus avances y también intentamos acompañarlos cuando atraviesan momentos difíciles.
Espiritualmente también se crea un vínculo muy bonito. Rezamos por ellos y sabemos que ellos también rezan por nosotros.
Se genera una comunión muy especial que va más allá de la distancia. Al final uno siente que ya no son simplemente niños a los que conociste en un viaje, sino que forman parte de tu vida y de tu familia para siempre.
Por Javier Navascués
94 comentarios
Bendiciones para cada uno de ellos y al Padre gnacio por su entrega
Seas por siempre alabado Señor Jesús.
Gestos así ensanchan el corazón de todos y nos recuerdan que la verdadera familia no se mide por la sangre, sino por la caridad. Por eso sois ya parte viva de esta gran familia sobrenatural. Gracias por vuestro testimonio.
Los de oro en el mismo lugar!!!❤️❤️❤️
Me encantaría poder vivirlo
Un abrazo fuerte, Páter!!
Víctor
Memorable lección de vida
Felicitaciones a esta hermosa familia y al padre Ignacio por el hogar Nazaret
Muchas gracias y felicidades por esas bodas de platas
Enhorabuena por esas bodas de plata y por el sitio escogido para celebrarlas.
Allí levantó Hogar Nazaret, una casa que no es solo un refugio. Es algo más difícil de construir: un hogar. Un lugar donde los niños abandonados, maltratados o perdidos encuentran comida, educación, cuidados… pero sobre todo algo que no aparece en los presupuestos: cariño.
Dicen que la bondad es silenciosa. Y es verdad. Mientras el ruido del mundo se ocupa de lo urgente, el padre Nacho se ocupa de lo importante. Allí, en medio del Amazonas, ha ido tejiendo una red de esperanza con paciencia franciscana, con la obstinación de quien cree que cada niño salvado cambia un poco el destino del mundo.
Porque al final todo se reduce a eso: a tender la mano. Y hay proyectos que merecen esa mano abierta. Hogar Nazaret es uno de ellos.
Si alguna vez pensó que su ayuda es pequeña, recuerde algo muy sencillo: para un niño que no tiene nada, cualquier gesto lo es todo.
Por eso, si pueden, miren hacia ese rincón de la Amazonía peruana donde un sacerdote español y un puñado de personas buenas siguen creyendo que el bien merece la pena.
Colaborar con Hogar Nazaret no es solo donar.
Es participar en algo profundamente humano: dar futuro donde antes solo había abandono.
Y créanme… pocas cosas reconcilian tanto con la vida como saber que, en algún lugar, un niño duerme tranquilo gracias a un gesto nuestro. 🌿🤍
Hogar Nazaret, la gran obra de Dios en favor de los más necesitados capitaneada por el pater Ignacio Doñoro.
Por muchos años más de matrimonio para la familia que formaron Sonia y Paco.Y aún muchos años más para el Hogar Nazaret.
Muchas gracias al Padre Doñoro por dedicar su vida a esta Misión y por tenernos siempre en sus oraciones.
Felicitaciones a esta hermosa familia
Qué bonito celebrar 25 años de amor en Hogar Nazaret, compartiendo la alegría con quienes más lo necesitan. Un verdadero testimonio de fe y de familia. Que Dios os siga bendiciendo.
Gloria a Dios.
Mi familia que es la suya en varias opciones. De la Benemérita, la que es su familia de verde y de la personal, al considerarle uno más de los Correa.
El Hogar Nazaret es el hogar de la Dignidad.
Viva Cristo Rey!!!!
¡Enhorabuena, Sonia y Paco! ¡Qué sana envidia me dais...!
Gracias por compartirlo, nos enriquece mucho
También a quienes os leemos
Abrazo enorme!!!
Está claro que el Hogar Nazaret es una inmensa obra de Dios de la que tenemos mucho que aprender.
Un abrazo enorme
Creo que este grupo de personas que conforman el Hogar, Nazaret son signos de admiración. Con sus declaraciones y su fe nos ayudan a aumentar la nuestra.
Ojalá todos fuéramos tan valientes para hacer lo mismo que ellos. Leer cada uno de estas respuestas, me llena de orgullo. Os tengo una gran admiración. Gracias por llegar a los lugares donde nosotros no podemos, y gracias por comentárnoslo en una entrevista tan bonita como esta.
Desde el inmenso agradecimiento de ser parte de este milagro, desde esa experiencia que compartimos con vosotros como familia, os mando un abrazo muy fuerte y nuestra más cordial enhorabuena.
Gracias familia
Y siiiii es un gran sitio para celebrarlo, rodeados de la alegría y el cariño de tantos niños/niñas. Los que estuvimos ahí lo sabemos
Compartir es la mejor manera de celebrar la vida
🌷🙏🎊
momento tan especial.
Su presencia fue una bendición para nosotros; ver una familia así, unida por Dios y por la oración, nos llena el corazón y nos demuestra que el amor verdadero siempre se multiplica cuando se entrega a los demás.
Muchísimas felicidades y que la Sagrada Familia os siga cuidando y fortaleciendo hasta el siguiente tramo: las Bodas de Oro. Un abrazo
“. . . mirad como se aman. . .”
Un gran abrazo Pater.
Gracias Padre Ignacio !!! Dios siempre le de energía y fortaleza para continuar adelante
Tuve el regalo y el privilegio de vivir varios años en el Peru en un trabajo que tiene mucho parecido con el de ustedes lo cual me permite valorar mucho más su entrega y su espíritu.
Que Dios les siga bendiciendo abundantemente
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