La interpretación del Concilio y la renovación de Culto Divino: magistral conferencia de Mons. Ferrer Grenesche

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El sub-secretario de la Congregación para el Culto Divino, Mons. Juan Miguel Ferrer Grenesche, participó hace pocos días en una Conferencia sobre canto gregoriano, en la cual habló ampliamente de la interpretación del Concilio Vaticano II, de los verdaderos enemigos de dicha asamblea conciliar, de las causas de la crisis post-conciliar y la secularización intra-eclesial, así como también de los desafíos que su dicasterio tiene por delante luego del Motu proprio “Quaerit semper”, de Benedicto XVI, que ha pedido que la Congregación se dedique principalmente a la promoción de la Sagrada Liturgia. El sacerdote español ha afirmado que está en curso la renovación del dicasterio para poder ocuparse orgánicamente de las prioridades asignadas por el Santo Padre. Omitimos traducir la parte referida en particular al canto gregoriano, de la cual se ofrecen amplios pasajes en el sitio Chiesa, de Sandro Magister.

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Todos conocen la insistencia y la centralidad que el Santo Padre Benedicto XVI ha querido reservar durante todo su pontificado a la correcta y auténtica aplicación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.


¿Pero se trata realmente de una novedad? De hecho, no. Esta solicitud es, de hecho, manifestación de un natural y lógico interés por parte de los supremos pastores de la Iglesia, que se ha vuelto mucho más urgente cuando, transcurrido un lapso razonable de tiempo, se ha hecho posible hacer un balance de tal recepción, en cuyo surco Benedicto XVI prosigue el ejercicio de conducción del arado apostólico. Juan Pablo I, como es evidente por el nombre mismo por él elegido e inspirado en sus dos últimos predecesores – aquellos que habían convocado y concluido, respectivamente, el Concilio -, se había ya planteado tal objetivo, a pesar de que la brevedad de su pontificado no le haya concedido tiempo para proseguir ampliamente tal compromiso pastoral. Y Juan Pablo II no se ha limitado, de hecho, solamente a recoger el testimonio del nombre de su predecesor sino, sobre todo, a partir del Sínodo extraordinario de 1985, a 20 años del Concilio, ha asumido el objetivo prioritario de asegurar una recepción auténtica del Concilio Vaticano II.


El nombramiento por parte de Juan Pablo II del teólogo Cardenal Ratzinger a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene mucho que ver con tal desafío pastoral. Durante su acción como jefe de la Congregación, Ratzinger reveló y confirmó con los hechos hasta qué punto estaba convencido de que la interpretación y recepción auténtica del Concilio está estrechamente vinculada a la asunción de la continuidad respecto a todo el Magisterio anterior de la Iglesia, lo que él define “hermenéutica de la continuidad”, frente a una bastante frecuente “hermenéutica de la ruptura”, como clave hermenéutica de los documentos conciliares. Serán los documentos sobre la Teología de la libertación ("De theologia liberationis", del 6 agosto 1984: AAS 76 [1984], pp. 876-909) y la declaración “Dominus Iesus” del 6 de agosto de 2000 sobre la unicidad de la salvación ("Notitiae" 36 [2000], pp. 408-437) las piezas más explícitas para mostrar tal impostación. Corresponde, sin embargo, al Catecismo de la Iglesia Católica (1992 e 1997) el rol de documento-clave en este sentido, destinado a tener y a ejercer el mayor peso doctrinal y a suscitar las más amplias repercusiones.


En el libro-entrevista “Informe sobre la fe” (Ratzinger-Messori, 1985), el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al preparar el Sínodo extraordinario, ya tocaba los puntos focales, señalando cómo se hacía particularmente urgente la correcta, es decir, auténtica, relectura de la extraordinaria riqueza de la enseñanza conciliar.


Cada Concilio, en materia de definiciones o afirmaciones de fe, está sujeto a los límites de lo humano y lo contingente. No toda enseñanza del Vaticano II puede, por lo tanto, ni pretende, tener el mismo valor o la misma validez con el pasar de los años. Es, por lo tanto, absolutamente legítimo leer los textos con sentido crítico, siempre que la garantía de una correcta acción pastoral, más allá de cualquier lícito juicio personal o de debate académico, garantice su “obediencia pastoral” al Papa y al Colegio Episcopal reunido en comunión con él, es decir, a la Tradición viviente de la Iglesia. Y para ser más exactos, la enseñanza de los Papas del post-Concilio y el fruto de los trabajos de los diversos Sínodos celebrados en el curso de los últimos cincuenta años nos colocan frente a la certeza que el Magisterio del Concilio Vaticano II continua siendo, en su organicidad, válido, oportuno y necesario para la Iglesia actual.


¿Quiénes son, por lo tanto, los enemigos de la doctrina y de la renovación promovida en la Iglesia por el Concilio Vaticano II? De hecho, la respuesta más clara e inmediata parecería tener que decir: aquellos que, desde el principio, lo han rechazado, considerando su enseñanza inoportuna e imprudente y, todavía más, incongruente y contradictoria con la enseñanza y la disciplina siempre vigentes. Detrás de esta posición se insinúa, de hecho, un juicio – en mi opinión – extremadamente genérico y excesivamente rigorista, que no se puede admitir sin poner seriamente en peligro las verdades de la asistencia del Espíritu y de la promesa de la Providencia, así como aquellas de la autoridad y la infalibilidad de Pedro y sus sucesores.


Sin embargo, la reivindicación de la facultad de ejecución de una lectura crítica sobre algunos puntos concretos de los documentos conciliares – como ya mencioné anteriormente – es plenamente compatible con la noción de obediente aceptación de la enseñanza conciliares, tal como es propuesto y proclamado por los legítimos Pastores de la Iglesia. Por lo tanto, sostengo con plena convicción que los auténticos y más concretos enemigos de la enseñanza del Vaticano II son aquellos que, teniéndolo siempre en los labios o en la mano como un arma pronta a ser lanzada – si bien refiriéndose más a su “espíritu” que a su efectiva y comprobada enseñanza y sin perder ocasión, probablemente para reforzar tal presunto “espíritu”, de reiterar que nos encontramos ya, de hecho, frente a la necesidad de un nuevo Concilio –, lo interpretan como antítesis o ruptura de la enseñanza y de la disciplina precedentes (tesis). Ellos afirman, además, la ilusoria pretensión, aunque astuta, de que tal manipulación o lectura “antitética” del Concilio permita volver a las fuentes de un cristianismo auténtico y primitivo, capaz de implicar mediante su comprensión genial de la realidad y no en virtud de los efectos de nuestra inserción, determinado por la obediencia de la fe, en la línea vital y vitalizante de la tradición eclesial. Son ellos, “neo-gnósticos” en ámbito doctrinal” y “neo-arqueologistas” en ámbito litúrgico, los más peligrosos enemigos del Concilio.


Volviendo, por lo tanto, a las preocupaciones del Magisterio post-conciliar, es necesario inevitablemente señalar la importancia dada al dramático fenómeno del ateísmo en masa, sobre todo práctico, pero en muchos sentidos teórico o doctrinal en su sutil laicismo militante cada vez más encendido.


Luego de las dos últimas guerras mundiales, en el preocupante clima de la así llamada guerra fría, se han afirmado en el mundo algunas poderosas tendencias de pensamiento: por un lado, un realismo materialista privado de esperanza, conocido como existencialismo ateo y centrado en la noción sartreana de “náusea”, y por el otro, la autoproyección consciente de una esperanza intra-mundana transmitida por utopías políticas, como el marxismo, o hedonistas, declinadas en las diversas modalidades del liberalismo radical ético y económico.


La conclusión del Concilio, y sobre todo su primera recepción y aplicación, tienen lugar en este específico clima cultural, prolongándose, con diversas modalidades, hasta nuestros días. Clave de comprensión de la lectura antitética del Concilio está en identificar hasta qué punto, para algunos, las ideologías dominantes, más que la tradición de la Iglesia, han constituido la clave hermenéutica para la interpretación de los documentos conciliares.


¿Cuál es la causa determinante de todo esto?


Probablemente, sobre algunos ha ejercido su peso, por falta de una seria y convicente formación, el deseo inquieto de novedades. Creo, sin embargo, que para la mayor parte se ha tratado de una búsqueda de respuestas a un problema real y urgente, si bien hecho – por decirlo en términos prestados de la medicina – a través de un diagnóstico equivocado y una terapia contraindicada. Ha sido sostenido con autoridad que entre los motivos del alejamiento respecto al cristianismo por parte del hombre contemporáneo están la división o el exceso de separacionismo con que se han explicado y vivido el orden natural y el sobrenatural. El remedio consistía en poner en evidencia la proximidad entre los dos planos y su “continuidad”. De este modo, el hombre contemporáneo habría visto la cercanía del mensaje cristiano y de su propuesta de vida con las propias aspiraciones y los propios proyectos. Pero la propuesta, en cambio, se ha traducido bien pronto en una “secularización” de la vida y de la enseñanza cristiana. Lo que buscaba, por lo tanto, evitar el avance del ateísmo de masa, ha terminado por alimentar el secularismo en la misma Iglesia; y lo que los adversarios consideraban poder introducir con lentitud y dificultad en el pueblo cristiano y frenar en las tierras de misión, ha terminado difundiéndose con inusitada rapidez, precisamente a través de la enseñanza teológica, la predicación, la catequesis, la misión e incluso la liturgia, secularizándolas. Una problemática aún persistente y cuyos nocivos efectos aún hoy sufrimos.


En este contexto debe enterse la llamada de Sínodo de 1985 para que la Iglesia viva de la Palabra de Dios y de la Liturgia y, partiendo de una teología de la Cruz, se esfuerce con dedicación, firmemente unida en la Comunión, en su esencial compromiso misionero. De aquí la insistencia en la importancia de recuperar en la Liturgia el sentido de lo sagrado, es decir, el primado de Dios y de su acción, y una catequesis mistagógica, es decir, inspirada y nutrida por la experiencia sobrenatural vivida en la Liturgia a través de la Palabra y los signos eficaces eclesialmente transmitidos, comprendidos y vitalizados.


En campo litúrgico, la Carta Apostólica “Vicesimus quintus annus” (diciembre de 1988) y la II parte del Catecismo de la Iglesia Católica (octubre de 1992 y agosto de 1997), titulada “La celebración del Misterio cristiano”, marcan la respuesta del Magisterio al respecto y la correcta recepción e interpretación del Concilio. La posibilidad concreta de afrontar y ofrecer una respuesta adecuada e inteligible al ser humano contemporáneo pasa exclusivamente a través de la reapropiación de una identidad cristiana clara y bien definida, que nazca y se alimente de la fuente de la Liturgia y que no ofrezca ni oro, ni plata, sino sólo lo que posee, la salvación de Jesucristo, único Redentor de la humanidad (cfr. Hechos 1, 6), don impredecible, pero que para quienquiera que lo reciba se vuelve respuesta imprescindible y suprema a todos sus angustias más profundas.


Como en el Concilio, tambien en el Magisterio post-conciliar, y en particular en el de Benedicto XVI, la Sagrada Liturgia – divina Liturgia, como se dice en Oriente – asume una importancia fundamental. La Liturgia, de hecho, “opus Dei”, estimula a los creyentes a una experiencia vital de Dios y de su acción a través de la experiencia de la Fe. La Liturgia es, además, operante en la Iglesia, en cuyo seno nacen los “testigos” (mártires) del Evangelio. En la perspectiva, además, de la nueva evangelización, la Liturgia muestra con claridad y fuerza cómo debe ser considerada fuente y culmen de la vida y de la acción de la Iglesia ("Sacrosanctum Concilium", n. 10). En cuanto culmen, está llamada a orientar y precisar el objetivo de la acción pastoral de la Iglesia, que es la santificación de la humanidad, la “gloria de Dios” y la vida eterna; en cuanto fuente, hace comprender la centralidad y el primado de la acción de Dios y el valor que la creación posee en la cooperación y participación en la acción divina, revelando de ese modo sus dimensiones cósmica, social y eclesial, juntamente con su valor apologético en vistas a la presentación de las “realidades” de los contenidos de la fe cristiana al hombre contemporáneo, tan dependiente de lo “concreto” en la línea del positivismo científico.


A partir de esta perspectica, asume una gran importancia el cuidado de la participación en la Liturgia por parte de los fieles (cfr. "Sacrosanctum Concilium", n. 14, y para las implicancias prácticas nn. 15-20). Tal insistencia del Concilio es ampliamente propuesta en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1140, leído a la luz de la entera sección nn. 1136-1186, y en el contexto más amplio del capítulo II, nn. 1135-1206, de la I seccione de la II parte). Benedicto XVI vuelve a proponer el mismo tema fundamental en la expresión “ars celebrandi”, que aparece en la Exhortación Apostólica Post-sinodal “Sacramentum Caritatis”, en los nn. 38.42, que debe leerse en relación con los nn. 52-63 del mismo documento, poniendo en evidencia la extrema importancia e interés que el tema asume en la Iglesia actual.


En este contexto debe entender el Motu Proprio “Quaerit semper”, del pasado mes de agosto (2011), con el cual el Santo Padre Benedicto XVI ha querido ulteriormente concentrar el trabajo de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en sus competencias propiamente litúrgicas, afirmando:


“En las presentes circunstancias ha parecido conveniente que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se dedique principalmente a dar nuevo impulso a la promoción de la Sagrada Liturgia en la Iglesia, según la renovación querida por el Concilio Vaticano II a partir de la Constitución Sacrosanctum Concilium”.


Las palabras del Santo Padre son muy precisas:


1. Él se refiere a las “presentes circunstancias”, es decir, al amplio contexto cultural y eclesial al que hemos hecho referencia;


2. Dice “principalmente”, en cuanto la Congregación mantiene en sí todas las otras competencias, también de disciplina sacramental, si bien en este ámbito ha cedido amplio espacio al Tribunal de la Rota Romana;


3. Habla de “nuevo impulso” y cita expresamente al Concilio Vaticano II y la “Sacrosanctum Concilium”, poniendo en evidencia de ese modo cómo los nuevos objetivos de la Congregación no comportan ninguna dicotomía con la acción del Magisterio precedente, y en particular con las enseñanzas conciliares rectamente entendidas;


4. Usa el vocablo “renovación”, y no “reforma”, entendiéndolo según lo enseñado por el beato Juan Pablo II en la Carta Apostólica "Vicesimus quintus annus" (nn. 3-4, y en particular el n. 14), en la que afirmaba – citando “Dominicae Cenae”, n-9 – que “es muy conveniente y necesario que continúe poniéndose en práctica una nueva e intensa educación, para descubrir las riquezas de la liturgia” y que, al mismo tiempo, “no se puede seguir hablando de cambios como en el tiempo de la publicación del Documento [es decir, la ‘Sacrosanctum Concilium’] pero sí de una profundización cada vez más intensa de la Liturgia de la Iglesia, celebrada según los libros vigentes y vivida, ante todo, como un hecho de orden espiritual” ("Vicesimus quintus annus", n. 14).


En este sentido, el trabajo de la Congregación debe, en este momento, tener como su prioridad hacer que el pueblo de Dios que vive la liturgia en la forma ordinaria del Rito Romano integre cada vez más la propia plena y fructuosa participación en las celebraciones con una intensa educación y su con su naturaleza de un hecho de orden espiritual. Esto se traduce en una particular atención en asegurar en su interior un correcto cuidado del “ars celebrandi”.


Así también, deberán tenerse bien presentes los parágrafos reservados a este tema por el Santo Padre en la II parte de la “Sacramentum Caritatis”, allí donde se habla de “ars celebrandi” (nn. 38-42) y de "actuosa participatio" (nn. 52-63):


n. 39: El Obispo, liturgo por excelencia. Esto implica una atención particular a la formación, a la consulta y al apoyo por parte de la Congregación en relación al compromiso de cada Obispo y de las Conferencias de Obispos en materia litúrgica.


n. 40: El respeto de los libros litúrgicos y la riqueza de los signos. Esto comprende una primera fase de renovado empeño en el tratamiento de las “ediciones típicas” y, en un segundo momento, de garantía respecto a su correcta traducción y a su correcto uso, junto a un esfuerzo tendiente a poner adecuadamente en sentido, luz y valor, los signos litúrgicos según las rúbricas, las Praenotanda de los diversos libros litúrgicos y el “Caeremoniale Episcoporum” en su calidad de libro que, asumiendo la liturgia episcopal como modelo, constituye la expresión más completa de la Liturgia romana.


n. 41: El arte al servicio de la celebración. Esto exige que la Congregación se dedique con un empeño cada vez mayor a la definición y a la promoción de aquellos aspectos que deben ser entendidos como parte integrante de la Liturgia, como el lugar, el espacio, los utensilios y los ornamentos para la celebración.


n. 42: El canto litúrgico. Una necesaria y particular atención debe reservarse a la música y al canto para la liturgia, parte privilegiada del arte litúrgico, en la óptica de una recuperación de la especial atención que ella merece por parte de la Congregación.


nn. 52-63: La participacion activa. Esta sección del documento pontificio obliga a la Congregación, en acuerdo con los otros Dicasterios de la Curia Romana, a proveer de modo especial en garantizar una correcta formación del clero y de los fieles en campo litúrgico, como elemento fundamnetal para una verdadera vida de cristianos y al desarrollo de la propia vocación específica en la Iglesia. Al mismo tiempo, implica una consideración cada vez más profunda de los temas urgentes de la traducción y, en particular, de la inculturación, partiendo de la perspectiva teológica y pastoral de facilitar la participación en la liturgia, más que de cualquier consideración de naturaleza socio-política o fundamentalmente intelectual, como aquella del “derecho de los pueblos”. Al mismo tiempo, la prioridad asignada a la pastoral litúrgica induce, siempre en una pesrpectiva inter-dicasterial, a tener presentes los importantes desafíos tanto ecuménicos (n. 56), como en el campo de la pastoral y de la caridad (n. 56) y de las pastoral general (nn. 57 y 61-63).


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Fuente: Chiesa


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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15 comentarios

  
Francesco
En la conferencia, dedicada precisamente a la música sacra, el subsecretario de Culto Divino se refiere detalladamente a los proyectos del dicasterio en este ámbito. Sería sumamente interesante conocer cómo piensa trabajar en el dicasterio, según las indicaciones del Papa, en los otros ámbitos de su competencia.

Respecto a la estructura general del dicasterio, esto dice Mons. Ferrer en la parte de la conferencia que ofrece Sandro Magister en español:

"La primera consecuencia del motu proprio "Quaerit semper" ha sido la elaboración de un nuevo reglamento interno de la congregación, con el fin de adaptar la estructura a las prioridades indicadas por el Santo Padre, además de transferir parte de las competencias de disciplina sacramental – sobre los sacramentos de la sagrada Ordenación, es decir, los casos de nulidad de la ordenación y del matrimonio, es decir, los casos de matrimonio "rato e non consumato" – al tribunal de la Rota Romana, creando en su interior una "sección administrativa".

Nuestra congregación, nacida de la renovada fusión entre las congregaciones del culto divino (o para la liturgia) y de la disciplina de los sacramentos, estaba constituida por cuatro secciones u oficinas:
- la oficina litúrgica I;
- la oficina litúrgica II;
- la oficina matrimonial;
- la oficina sacerdotal.

Para no alterar el orgánico el nuevo reglamento, aunque subordinado a la confirmación de la secretaría de Estado, prevé el mantenimiento de cuatro secciones que, en principio, serán las siguientes:
- la oficina litúrgica I;
- la oficina litúrgica II;
- la oficina disciplinaria, en la cual se suman las competencias de disciplina litúrgica y todas las que conciernen a los sacramentales;
- la oficina para las artes y la música litúrgicas.

En todo caso, cualquiera que sea la configuración final de este departamento para las artes y la música, se prevé que en él se ocupen, con una cierta diferenciación de competencias, de temas de música y de arquitectura, pintura, escultura y de las artes denominadas menores.

A su vez, ello exigirá el nombramiento de una serie de colaboradores externos o consultores, con competencias específicas en estos sectores.

En el campo específico de la música sacra se volverán a establecer relaciones concretas a nivel institucional con el Pontificio Instituto de Música Sacra, como también con la Abadía de San Pedro de Solesmes y otras asociaciones e instituciones que trabajan en el campo de la música para la liturgia, ya sea desde el punto de vista científico o académico, o en perspectiva de la creación de nuevas músicas o de la pastoral."
23/05/12 9:23 PM
  
Manuel Zunín
Espero después de 30 años de decadencia en la sacralidad y solemnidad de la liturgia este nuevo impulso llegue efectivamente a las capilaridades de la Iglesia tan desamparadas.
23/05/12 9:49 PM
  
Hermenegildo
Todo muy bien, pero ¿se van a reformar las Praenotanda y los libros litúrgicos, para que se ciñan más a lo querido por la "Sacrosanctum Concilium"?
24/05/12 12:34 AM
  
Pedro Gimenez
Me parace que tratan de arreglar los daños producidos por el terremoto del postconcilio empezando por el tejado, en vez de por los cimientos. Sigue sin haber ningun control sobre la liturgia, de manera que en cada pueblo al que voy a Misa, me encuentro con una liturgia improvisada diferente. Todo esto tiene mal arreglo, pues entre las ambiguedades y las explicitudes de los textos del CVII se pueden extraer diferentes interpretaciones todas ellas licitas. La interpretaciòn que haga la Santa Sede serà una màs y habrà que acojerse a ella por razòn de obediencia debida a su autoridad, mientras que otros haràn sus propias interpretaciones dificilmente rebatibles esgrimiendo los textos, que no el espiritu, del CVII.
Como la Santa Sede no puede desautorizar al CVII, tiene que hacer verdaderos ejercicios de equilibrista para reconducir la situaciòn sin que le acusen de rupturista con el CVII. El ejemplo lo tenemos con el ecumenismo. Estoy seguro de que a estas alturas, casi nadie en la Iglesia Catòlica cree ya en un posible acercamiento con las otras confesiones (excepto casos aislados como los Anglicanos) pero no se puede abandonar esa linea sin ser acusados de desobediecia al Conciclio. No obstante, todavia espero encontrar a alguien que rebata con la doctrina tradicional de la Iglesia en la mano los argumentos de la FSSPX (aunque no estoy de acuerdo con su desobediencia al Santo Padre), ni de obras como Iotta Unum(Romano Amerio), el Rhin desemboca en el Tiber y otra que ha aparecido hace poco de Philip Throuser, por no hablar de Jean Ousset( para que El reine), etc.
24/05/12 8:50 AM
  
miguelangel
Vaya! por fin parece comprenderse el desastre litúrgico y la deriva marxistoide y de pérdida de valores que adoptó la Iglesia tras el CVII. La liturgia es lo primero, en efecto, que dan vergüenza ajena esos cánticos horribles, en sentido musical, en unas misas en donde nadie parece saber qué hacer. Los curas obreros, la maldita teología de la liberación, el apoyo en los seminarios a la ETA y a los nacionalistas, el P. Llanos, las canciones de los Beatles en misa; esperemos que se todo eso se vaya diluyendo, pero ¡cuanto mal nos hizo, pardiez!. La guerra fría y el desembarco de la Komintern en la Iglesia, se llevó por delante demasiadas cosas. Que se haya comprendido el problema es admirable. Veremos. NOTA PARA EL CENSOR: DEJENSE DE COÑAS, ESTO ES POR LO QUE USTEDES HAN CENSURADO MIS COMENTARIOS. MENOS MAL QUE EN EL VATICANO POR LO MENOS, LO COMPRENDEN. USTEDES VERAN LO QUE HACEN.
24/05/12 10:43 AM
  
vicente
el papa es quien dice cómo se han de hacer las cosas.
24/05/12 11:21 AM
  
Luis Fernando
El texto completo de la conferencia, que fue escrita originalmente en español:

http://infocatolica.com/?t=ic&cod=11925

¿Que cómo lo he conseguido?

Misterios insondables de la existencia, je je.
24/05/12 11:53 AM
  
Percival
LF tiene amigos en Toledo. Amiguísimos. Je, je.
De allí esta información privilegiada, que agradecemos.
Quiera Dios que la Iglesia asuma masivamente este esfuerzo de recentrar las cosas.
24/05/12 2:47 PM
  
Vicente Lopez

Pedro Gimenez,

La Dotrina Catolica Tradiciona no es la doctrina de SSPX. De hecho SSPX se APARTA PROFUDAMENTE DE LA BASE FUNDAMENTAL DE LA FE CATOLICA como decia el Cardenal Ratzinger pues de facto y hecho Lefebvre nagaba la Indefectibilidad de la Iglesia, ponia la Constitucion Divina de la Iglesia en el bater, arremetia contra Pastor Aeternus y el Primer Concilio Vaticano y rompia con la verdadera Tradicion. Asi nos lo dice el actual Papa Benedicto XVI, el Papa Juan Pablo II, el Papa Pablo VI, y muchos otros:


Decir que la Iglesia Catolica puede cambiar su doctrina y contradecirse a si misma es un error Gravisimo. Decir que un Concilio aprobado por el Papa con su Autoridad Apostolica puede tener herejia dogmatica o moral es un error Gravisimo, decir que podemos Pasar de Pastor Aeternus si creemos que el Papa no esta haciendo un buen trabajo, es un error catastrofico, y decir que el Espitiru Santo se puede ir de vacaciones por 4 decadas y dejar a la Iglesia (el Papa y la Curia Romana) esparcir error por todas partes es un error descomunal. Mas aun, no dejarse llevar por la interpretacion de la Biblia y la Tradicion que hace el Magisterio autentico y poner por encima el criterio personal de lo que uno “cree” es la tradicion es Luteranismo puro.

---Cardenal Ratzinger (carta al arzobispo Lefebvre, 28 julio 1987): “Divinamente instituida, la Iglesia tiene la promesa de asistencia de Cristo hasta el final de los tiempos. El romper su unidad con un acto de plena desobediencia de su parte causaría incalculable daño y destruiría el futuro mismo de su trabajo debido a que fuera de la unidad con Pedro no se puede tener futuro sino solo la ruina de todo lo que desea y aspira…Dandole su interpretación PERSONAL a los textos del Magisterio estaria usted cayendo en el MISMO LIBERALISMO que pretende combatir. De hecho es a Pedro quien el Señor le ha confiado el gobierno de Su Iglesia; por lo tanto es el Papa el principal artesano de su unidad. Asegurado en la promesa de Cristo, el Papa NUNCA será capaz de oponerse a la Santa Tradición ni al magisterio autentico. Exelencia, ¿considera mis palabras severas? Me gustaria expresarme de otra manera pero la GRAVEDAD del asunto no me permite otra eleccion.”



--Cardenal Ratzinger (Carta a Lefebvre, 1983): “...habla usted de "afirmaciones o expresiones del Concilio que son contrarias al Magisterio oficial de la Iglesia". Además usted enumera tres textos conciliares “incompatibles”, a su modo de ver, con el Magisterio pasado, añadiendo incluso "etc."... No puede afirmar la incompatibilidad de los textos conciliares - que son textos Magisteriales - con el Magisterio pasado y la Tradición. Le es posible decir que personalmente, no ve esta compatibilidad, y en consecuencia puede pedir a la Sede Apostólica explicaciones. Pero si afirma la imposibilidad de tales explicaciones, se OPONE PROFUNDAMENTE A LA BASE FUNDAMENTAL DE LA FE CATOLICA. Sólo es auténtica y tiene autoridad la interpretación del Magisterio, que es el intérprete de sus propios textos: ya que los textos conciliares no son los escritos de tal o cual experto; son documentos del Magisterio.”



--Papa Pablo VI (octubre 11 1976, carta al arzobispo Lefebvre) Nada de lo decretado en ese Concilio, como en las reformas que Nos hemos decidido llevar a cabo, se opone a lo que la Tradición Bi milenaria de la Iglesia considera fundamental e inmutable. De todo esto somos Nosotros garantes, en virtud, no de nuestra cualidades personales, sino por la tarea que el Señor nos ha confiado como sucesor legítimo de Pedro y de la asistencia especial que nos ha prometido, como a Pedro: “He rogado por ti con el fin de que tu fe no desfallezca” (Lc 22,32). Con Nosotros es garante de esto el episcopado universal. Nuevamente, usted no puede distinguir lo que es pastoral de lo que es dogmático para aceptar algunos textos del concilio y rechazar otros”.



---Cardenal Ratzinger (Discurso a la Conferencia Episcopal de Chile, 30 de julio de 1988): Defender el Concilio Vaticano II, en contra de Monseñor Lefebvre, como válido y vinculante en la Iglesia, es y va a seguir siendo una necesidad. ..La única manera para hacer creíble el Vaticano II es presentarlo claramente como lo que es: una parte de la entera y única Tradición de la Iglesia y de su fe…Dejando ahora aparte la cuestión litúrgica, los puntos centrales del conflicto son, actualmente, el ataque contra el decreto sobre la libertad religiosa y contra el pretendido espíritu de Asís. En ellos Lefebvre traza las fronteras entre su posición y la de la Iglesia Católica de hoy. No es necesario añadir expresamente que no se pueden aceptar sus afirmaciones en este terreno. Pero no vamos a ocuparnos aquí de sus ERRORES, sino que queremos preguntarnos dónde está la falta de claridad en nosotros mismos. Para Lefebvre, se trata de la lucha contra el liberalismo ideológico, contra la relativización de la verdad. Evidentemente, NO ESTAMOS DE ACUERDO CON EL en que el texto del Concilio sobre la libertad religiosa o la oración de Asís, según las intenciones queridas por el Papa, son relativizaciones. (Discurso a la Conferencia Episcopal de Chile, 30 de julio de 1988)



---Papa Pablo VI (carta a Lefebvre 15 de agosto de 1976): “…es expresado en este deseo fraternal y paternal …que usted cuidadosamente considere, delante del Señor y delante de la Iglesia, en el silencio y la responsabilidad de su conciencia como obispo, la insoportable irregularidad de su presente posición. No esta en conformidad con la VERDAD y la JUSTICIA. Se otorga así misma el derecho de declarar que Nuestro ministerio apostólico se desvía de la regla de la fe, y juzga como inaceptable la enseñanza de un Concilio Ecuménico celebrado en perfecta observancia de las normas eclesiásticas: esas son acusaciones extremadamente serias. Su posición no esta de acuerdo con el Evangelio ni con la Fe. El persistir en este curso le provocara GRAN daño a su persona consagrada y a ESOS QUIENES LO SIGUEN A USTED, en desobediencia al Derecho Canónico. En lugar de otorgar remedio a los abusos que hay corregir, usted añade otro de INCALCULABLE GRAVEDAD. Tenga la humildad, hermano, y el coraje de romper este camino ilógico que lo convierte a usted en un extraño, hostil a la Iglesia, la Iglesia a la que usted ha servido y todavía desea amar y edificar. ¡Cuantas almas mas están esperando de usted este ejemplo de heroico y simple fidelidad!”


-–Beato Juan Pablo II (Motu Propio Ecclesia Dei, 1988) La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter VIVO de la Tradición, que … arranca orginariamente de los Apóstolos, “va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian …cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad“.



-–Primer Concilio Vaticano, Constitución dogmática Pastor Aeternus (18 de julio de 1870): Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro SEIMPRE PERMANECE LIBRE DE ERROR ALGUNO según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos». Este carisma de una verdadera y NUNCA deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial.




Y asi le comenta sobre este parrafo de Pastor Aeternus el Cardenal Castrillon Hoyos al sucesor de Lefebvre, el obispo Fellay:




---Cardenal Castrillon Hoyos (Carta al Obispo Lefebvriano Fellay, 2003): La Divina Promesa que este párrafo expresa esta de acuerdo a que la silla del Apóstol Pedro por SIEMPRE permanecerá libre de error, y no permite que se acuse al Pontífice actual en nombre de un Concilio previo como sino hubiese continuidad entre Concilios y como si la Promesa de Nuestro Señor fuera INSIGNIFICANTE después del Segundo Concilio Vaticano.El Carisma Indefectible de Verdad y Fe (“Este don de verdad y NUNCA deficiente Fe le fue conferido divinamente a Pedro y sus sucesores en la Silla”- Pastor Aeternus) NO le ha sido concedido a en menor grado la persona de Juan Pablo II, cuya Fe es la Fe de la Iglesia DE TODOS LOS TIEMPOS. Si Su Excelencia seriamente considera esta declaración sobre la “NUNCA deficiente Fe” del Romano Pontífice, es necesario demostrar mayor consistencia Teológica…”



Todos los errores doctrinales de Lefebvre los puede ver y estudiar en un genial y santo libro, aprobado por la Congregacion del Culto, la Congregacion de la Doctrina de la Fe y alabado por el Cardenal Castrillon Hoyos, el Mgisterio vivo de la Iglesia por Su Exelencia Don Fernado Rifan que una vez compartio los mismos errores de Lefebvre:



http://eucharistiemisericor.free.fr/index.php?page=1202083_mgr_rifan1



Este brillante y providencial librito aclarara todas las dudas sobre los errores doctrinales de Lefebvre.
24/05/12 5:21 PM
  
R. Sandoval
Estimado Vicente Lopez, sí es tan así como Usted dice ¿Cuál será la razón para las discuciones doctrinales entre la santa Sede y la FSSP-X? Si todo es tan claro nos podríamos haber ahorrado un buen problema simplemente haciendo que el libro por Usted citado sea leido por la fraternidad, acatar esas conslusiones y de no hacerlo a la calle excomulgados. Me parece que las alabanzas prodigadas por Monseñor Castrillón Hoyos no son suficientes.

Saludos
24/05/12 11:43 PM
  
Luis Fernando
No conozco a nadie en Toledo. Literalmente a nadie. ;-)
25/05/12 12:32 AM
  
Gabriel Aunzurgaiz
Sólo se puede decir que " No toda enseñanza del Vaticano II puede, por lo tanto, ni pretende, tener el mismo valor o la misma validez con el pasar de los años." de un concilio no dogmático pues ninguna declaración dogmática está sujeta al tiempo. La caolicidad es para todos los vivos y los muertos así cono para los por venir.

Por ello, nada puede contradecir el dogma ayer, hoy ni mañana. Y como para ser dogmático debe estar en conformidad con lo declarado, nada que lo contradiga puede ser aceptado.
Este es el quid de Benedicto XVI queriendo convencernos y convencerse de la hermeneutica de la continuidad. Y es que el simple hecho de discutir la interpretación (hermeneútica) conforme o disconforme de los textos conciliares con la Tradición es un completo desatino en sí mismo.
Definir es eso: dejar clato sin dar lugar a dudas. El CVII es un galimatías q según q Papa se interpreta en continuidad y según cuál otro en discontinuidad...
Que Benedicyo XVI sea más teólogo q sus predecesores es lo q le hace más proclive a reconocer la Verdad y corregir los errores del bulle-bulle mediático-social-modernistofílico de los anteriores...
25/05/12 1:36 AM
  
Vicente Lopez
Para entender de una vez y sin complicaciones el Segundo Concilio Vaticano hay que entender que la Iglesia Catolica cuando predica lo hace con 3 diferentes grados de Autoridad o lo que es lo mismo 3 diferentes grados de ensenanza.

1. En el PRIMER grado estan las doctrinas de FIDE CREDENDA , que son las de la fe teologal que deben ser creídas con fe divina y católica. Estas verdades exigen de la parte del fiel una adhesión incondicional como a todas las verdades de fe reveladas por Dios. Quien niega una de estas Doctrinas cae en la Herejia.

2. En el SEGUNDO Grado estan las doctrinas de FIDE TENENDA verdades de fe o costumbres que, aún sin ser reveladas por Dios, son enseñadas por el Magisterio como definitivas y irreformables en virtud de la asistencia del Espíritu Santo prometida por Cristo su Iglesia porque, aún no perteneciendo formalmente al Depósito revelado, están a él necesariamente conexas. (Ad tuendam fidem).

Respecto a estas doctrinas del SEGUNDO grado o de FIDE TENENDA “Todo creyente es obligado, por lo tanto, a dar la esas verdades su asentimiento firme y definitivo” (Ad tuendam fidem, Nota Doctrinal, 6) y por lo tanto “Quién las negara, asumiría una actitud de rechazo de verdad de la doctrina católica y, por lo tanto, ya no estaría en plena comunión con La Iglesia Católica”(Ad tuendam fidem Nota Doctrinal, 6)
Estas verdades del SEGUNDO grado o de FIDE TENENDA son por ejemplo:

- la canonización de los santos (hechos dogmáticos)
- la declaración de León XIII en la Carta Apostólica “Apostolicae Curae” sobre la invalidad de las ordenaciones anglicanas.
- la doctrina de la ordenación sacerdotal exclusivamente reservada a los hombres.
- la ilicitud de la eutanasia (Evangelium Vitae n. 65).
- la ilicitud de la prostitución (Catecismo de la Iglesia Católica N. 2355).


3. En el TERCER grado estan las verdades enunciadas por el Magisterio Ordinario, propuestas de un modo no definitivo. Están incluidas aquí “todas aquellas enseñanzas – en cuestión de fe o moral – presentadas como verdaderas o, al menos, como seguras, aunque no hayan sido definidas con un juicio solemne ni propuestas como definitivas por el Magisterio ordinario y universal” (Nota Doctrinal, 10).
Estas verdades deben ser recibidas con religiosa sumisión de la voluntad y de la inteligencia. “...Esta religiosa sumisión de la voluntad y de la inteligencia debe de modo particular ser prestada con relación al auténtico Magisterio del Romano Pontífice, aún cuando no habla “ex-cátedra” (Constitución Dogmática “Lumen Gentium”, n. 25) y ademas “estas enseñanzas son expresión auténtica del Magisterio ordinario del Romano Pontífice o del Colegio episcopal y demandan, por tanto, el religioso asentimiento de voluntad y entendimiento” (Nota doctrinal 10)

“Cabe a la Iglesia no sólo proponer la verdad revelada, sino también mostrar lo que – directa o indirectamente - a ella lleva o de ella aleja. Ni basta acoger esta enseñanza con un silencio respetuoso; se impone una adhesión intelectual (Papa Clemente XI D-S 2390 – Papa San Pio X D-S 3407)”

El catolico que niega alguna de estas doctrinas del TERCER grado “…puede calificarse, respectivamente, de errónea o, tratándose de enseñanzas de carácter prudencial, de temeraria o peligrosa y, así pues , ‘tuto doceri non potest’ (seguramente no puede ser enseñada)” (Nota Doctrinal, 10 y canon 752). El que rechaza adherirse a esas verdades expresa un mal espíritu de desobediencia, que se aproxima de la herejía y al cisma (D-S 3045), y debe ser penado con las penas canónicas previstas en el canon 1371.
Se pueden citar como ejemplo las enseñanzas del magisterio auténtico ordinario, como las que está contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica, que no están en las dos primeras categorías de verdades como la Justicia Social.

4. Aunque no es unos de los Grados de Verdades, tambien la Iglesia decreta sobre asuntos unicamente Disciplinares. Asi lo describe el canon 754: “Todos los fieles están obligados a observar las constituciones y decretos promulgados por la legítimo autoridad de la Iglesia para proponer la doctrina y rechazar las opiniones erróneas, y de manera especial las que promulga el Romano Pontífice o el Colegio de los Obispos.”

Estas son los mandatos del Magisterio respecto a disciplina (que se cambie la fecha en el Calendario Liturgico de un dia de precepto, o que los Curas se vistan asi o de la otra manera, o que los seminarios se pinten de verde o azul, etc, etc,) y tambien las OPINIONES del magisterio respecto a temas que NO estan ligados al Dogma y la Moral (arquiologia, astronomia, metodos educativos, mejor uso de la prensa escrita, etc, etc)

Respecto al Segundo Concilio Vaticano hay que tener primero que nada en cuenta que TODOS los Concilios estan protegidos por el Espiritu Santo de error en DOGMA Y MORAL, y por lo tanto este y todos lo concilios estan LIBRES DE y NO CONTIENEN herejia o error dogmatico o moral alguno. Para que un Concilio este protegido de error dogmatico y moral por el Espiritu Santo NO es necesario como dicen las leyendas que este Concilio defina un nuevo Dogma, pues Concilio puede tratar temas dogmatios o pastorales independientemente, lo que SI es necesario es que a) sea llamado por el Papa, b) Presidido por el Papa c) Aprobado por el Papa por su Autoridad Apostolica.

--Papa Pablo VI (octubre 11 1976, carta al arzobispo Lefebvre) Nada de lo decretado en ese Concilio, como en las reformas que Nos hemos decidido llevar a cabo, se opone a lo que la Tradición Bi milenaria de la Iglesia considera fundamental e inmutable. De todo esto somos Nosotros garantes, en virtud, no de nuestra cualidades personales, sino por la tarea que el Señor nos ha confiado como sucesor legítimo de Pedro y de la asistencia especial que nos ha prometido, como a Pedro: “He rogado por ti con el fin de que tu fe no desfallezca” (Lc 22,32). Con Nosotros es garante de esto el episcopado universal. Nuevamente, usted no puede distinguir lo que es pastoral de lo que es dogmático para aceptar algunos textos del concilio y rechazar otros”.


----Beato Juan Pablo II (8 Abril 1988): “En todos los tiempos y en todo momento, la Iglesia ha estado guiada por la fe en las palabras de su Maestro y Señor, en la certeza de que, con la ayuda y la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia siempre permanecerá en la verdad divina, manteniendo la sucesión apostólica con los Obispos en comunión con el sucesor de Pedro. La Iglesia también ha expresado esta convicción de fe en el último Concilio que se reunió para confirmar y reforzar la enseñanza que la Iglesia heredó de la Tradición existente desde hace casi veinte siglos como una realidad viva que va avanzando en relación con problemas y necesidades de cada época, y profundiza nuestra comprensión de lo que ya esta contenido en la fe transmitida de una vez y por todas (cf.Judas 3).

Estamos profundamente convencidos de que "el Espíritu de verdad que le habla a la Iglesia" (cf. Ap 2, 7, 11, 17, et. al.) habló – de una manera particularmente solemne y autoritativa – en el Segundo Concilio Vaticano, preparando a la Iglesia para entrar en el tercer milenio después de Cristo. Ya que el trabajo del Concilio en su conjunto es una confirmación de la misma verdad, vivida por la Iglesia desde el principio, es también una "renovación" de esa misma verdad (un "aggiornamento", como dice la famosa frase del Papa Juan XXIII)”


---Catecismo Iglesia Catolica (892): 892 La ASISTENCIA DIVINA es también concedida a los sucesores de los apóstoles, cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro (y, de una manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia), aunque, SIN LLEGAR A UN DEFINICION INFALIBLE y SIN pronunciarse de una "manera definitiva", proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres. A esta enseñanza ordinaria, los fieles deben "adherirse con espíritu de obediencia religiosa" que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.


Lo cierto del Segundo Concilio Vaticano es que contiene documentos que son Verdades del PRIMER grado (FIDE CREDENDA) como sus Constitucions DOGMATICAS como Dei Verbum y Lumen Gentium, Decretos que son Verdades del SEGUNDO grado (FIDE TENENDA) y muchos otros documentos que son del TERCER GRADO y incluso puramente disciplinares y de Opion.
En otras Palabras el Concilio Vaticano II tiene de todo: tiene documentos del Primer Grado, del Segundo, del Tercer grado e incluso documentos Disciplinares y de opinión concreta sobre hechos y situaciones especificas a la decada de los Sesenta cuando acontecio.

Los documentos del PRIMER grado y del SEGUNDO grado son los que terminan de manera Solemne aprobados por la Autoridad Apostolica del Papa y el Concilio:
“Todas y cada una de las cosas de este (Documento) fueron del agrado a los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, con la APOSTOLICA AUTORIDAD conferida por Cristo, juntamente con los Venerables Padres, EN EL ESPIRITU SANTO, las APROBAMOS, DECRETAMOS y ESTABLECEMOS y mandamos que, decretadas sinodalmente, sean promulgadas para gloria de Dios. Roma, en San Pedro, día 7 de diciembre del año 1965.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia Católica”
Muchos otros documentos como la declaración INTER MIRIFICA sobre los medios de Comunicación Social, o ORIENTALIUM ECCLESIARUM sobre las Iglesias orientales, o los muchos otros sobre temas puramente Disciplinares, caen en el TERCER grado o de por si contienen muchisimos puntos del llamado Cuarto Grado (diciplinares y opinable)

Sobre estos documentos y sobre esas enseñanzas del Tercer grado o que son puramente Disciplinares y para la epoca es que SI se puede debatir o discutir con sus justos limites. Pero lo que no se puede hacer nunca jamas es decir que el Concilio no conto con la Proteccion del Espiritu Santo para asuntos de DOGMA Y MORAL (el Espiritu Santo NO protege en otros temas como la disciplina, o la mejor manera que recaudar fondos para el Banco Vaticano) o que el Concilio Vaticano II “contradice” la Tradicion o doctrinas anteriores:

---Cardenal Ratzinger (20 de enero de 1986): “Por su puesto que se puede expresar ansiedad sobre ciertas interpretaciones que se le ha dado a varios textos del Concilio; también se puede legítimamente criticar esas interpretaciones. Pero no es posible llamar a la pregunta respecto a la AUTENTICA DOCTRINA del Segundo Concilio Ecuménico del Vaticano, en los textos que son del Magisterio y tienen la mas ALTA AUTORIDAD DOCTRINAL.”

—Cardenal Ratzinger (carta a Lefebvre, 29 mayo 1985): "Ud. puede expresar el deseo de una declaración o de una explicación sobre este o aquel punto, pero no puede afirmar la incompatibilidad de los textos conciliares, que son textos magisteriales, con el magisterio y la tradición".
25/05/12 1:23 PM
  
Martin Ellingham
Dos años de conversaciones doctrinales con cientos de páginas presentadas por ambas partes, conversación oral, intercambio por correo electrónico, sesiones filmadas, varios peritos, todo en el marco de la Congregación para la doctrina de la fe.

Cuatro libros de Mons. Brunero Gherardini sobre los puntos teológicos centrales en debate. La monografía del P. Bernard Lucien. Varias tesis de doctorado en teología. Cientos de artículos de diversa extensión.

Todo lo anterior ha sido una gran pérdida de tiempo. Porque la solución pasa por copiar y pegar una antología de fragmentos tan recortados, descontextualizados y mal entendidos, como obsesivo se muestra el comentarista que copia y pega una mil veces en cuanto blog tiene a su alcance.

¡La cuestión es tan simple! ¿O tan simplista e incongruente es la respuesta? ¡Ay los ultramontanos del Vaticano II!
25/05/12 5:45 PM
Sandoval dice: "Estimado Vicente Lopez, sí es tan así como Usted dice ¿Cuál será la razón para las discuciones doctrinales entre la santa Sede y la FSSP-X? Si todo es tan claro nos podríamos haber ahorrado un buen problema simplemente haciendo que el libro por Usted citado sea leido por la fraternidad, acatar esas conslusiones y de no hacerlo a la calle excomulgados".

El mismo argumento podría utilizarse con ortodoxos, luteranos y anglicanos. Con todos la Iglesia dialoga en busca de restaurar la unidad de los cristianos, y unos están más cerca de la comunión plena que otros, pero el hecho que haya este diálogo no quiere decir que las cosas estén más o menos claras. A todos se les podría remitir ir al Catecismo de la Iglesia Católica, pero evidentemente la Iglesia no busca restaurar la unidad entre cristianos de esa manera, ni con los lefebvrianos ni con nadie.
25/05/12 7:16 PM

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