La grieta en la Iglesia II

La grieta en la Iglesia II

Mons. Aguer disecciona la dimensión operativa de lo que denomina progresismo eclesial y su impacto en seminarios y la actividad pastoral, bajando a detalles como el «odio» a la sotana como antesala de otros comportamientos.

En la primera nota del mismo título, publicada en InfoCatólica, presenté algunos antecedentes bíblicos, las divisiones en las primeras comunidades cristianas, concretamente los sjísmata que asolaban a la Iglesia de Corinto, y que San Pablo combatió con energía. Asimismo, señalé el origen de la grieta actual en una interpretación del «espíritu del Concilio», corregida repetidamente por Pablo VI. Doctrinalmente, la grieta se abre a causa de la pretensión progresista de imponer «nuevos paradigmas», desdeñando la gran tradición eclesial.

Yo empleo espontáneamente el calificativo de progresista. Según la tercera acepción del término, registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, se llama así a «la persona, colectividad, etc. con ideas avanzadas, y a la actitud que esto entraña». En un sentido religioso el término comenzó a usarse ampliamente después del Concilio Vaticano II; hoy en día al movimiento o corriente se le puede atribuir la desacralización o secularización de la misión de la Iglesia, que es reformulada para orientarla, en diálogo con otras religiones y culturas, a hacerse levadura de la fraternidad universal, ya que todos somos hermanos, fratelli tutti. El planeta es la patria, y la humanidad su pueblo, empeñados en un proyecto común para rehacer la historia en una unidad pluriforme que engendre nueva vida. Las prioridades son el cuidado de la naturaleza, la defensa de los pobres y la construcción de redes de respeto y fraternidad. Se me ocurre que ante estos avances católicos –que constituyen una verdadera gnosis- la masonería ha quedado descolocada. Este es el lugar para introducir una breve digresión semántica: adelphós –hermano- se decía en la Grecia clásica de los miembros de la misma tribu o nación. En el Nuevo Testamento designa a los miembros de la comunidad cristiana, que comparten la gracia de la adopción filial recibida en el Bautismo. No he encontrado que en el Nuevo Testamento se llame adelphós a un no cristiano.

El Cardenal Robert Sarah, que ha sido inmediatamente «misericordiado» al igual que otros obispos considerados molestos, ha descrito en un libro magnífico la noche que se cierne sobre la Iglesia. En esa obra anota que en comparación con la situación actual, el modernismo de principios del siglo XX, al cual San Pío X destinó la Encíclica Pascendi dominici gregis fue «un simple resfrío». Prolongando esa imagen, podemos decir que ahora hemos pescado una terrible pulmonía (el covid 19 es inocente).

Me detengo un momento en la caracterización del progresismo eclesiástico, que asume implícitamente una filosofía del progreso y el pathos religioso intramundano que es una de sus notas. Hablo de él en términos absolutos, excluyendo versiones y matices. Me parece importante advertir que los mismos se verifican en la adhesión a los criterios progresistas, en las conclusiones pastorales que de ellos se derivan, y en las realizaciones que se producen en las diócesis, desde las más leves o desvaídas hasta las rigurosas. Al hablar del progresismo habría que tener en cuenta las gradaciones que se distinguen entre sí sin perder el nombre, es decir, una identidad fundante. Esta circunstancia ayuda a ser ponderados en el juicio de posiciones eclesiales y de personas, para evitar injusticias que engendran confusión.

La inspiración progresista estaba en pleno auge en los años 70 del siglo pasado; se presentaba como la realización legítima del «espíritu del Concilio», en ajenidad y aun en oposición a la gran Tradición de la Iglesia. El otro borde de la orilla de la grieta era despreciado como «tradicionalismo» –así se hablaba-, como una actitud «conservadora». El progresismo, que tenía sus mentores y un gran poder de difusión, era una verdadera ideología; su incomodidad con la tradición expresaba aquella heterogeneidad que San Vicente de Lerins, en el siglo V, consideraba deformación del auténtico desarrollo católico de la doctrina y las instituciones eclesiales. Ese «nuevo modelo de hablar» –sentenciaba- es más propio de los herejes que de los católicos. El progresismo abrió una grieta en la sólida estructura de la comunión eclesial, y tuvo derivaciones políticas asociadas con los movimientos subversivos que florecían en aquel tiempo.

Mencionemos ahora la dimensión operativa. Cuando gente de ese estilo se apodera de una diócesis en la que todo discurría católica y pacíficamente, instaura una especie de imperialismo: el control despótico puede encubrirse con un rostro de simpatía y con buenos modales. Inclusive puede apelar a una devoción sentimental, como las que profesan algunos movimientos y sociedades apostólicas. La principal presa codiciada es el Seminario, inmediatamente comienzan con la coacción y los ardides para lograr que los candidatos cambien su visión de las cosas y adopten los nuevos planteos; esta actitud suele provocar la dispersión. Algunos se acomodarán a las nuevas circunstancias, otros dejarán el Seminario. El progresismo es esencialmente infecundo; en las diócesis que domina no surgen normalmente vocaciones (¿qué sólidas razones puede ofrecer para que un joven entregue su vida a Dios y a la Iglesia?). Me viene a la memoria al escribir esto la sentencia de Soeren Kierkegaard en su Ejercitación del cristianismo: «Lo absoluto consiste únicamente en escoger la eternidad».

El Vaticano II ha ofrecido en los Decretos Presbyterorum ordinis y Optatam totius Ecclesiae renovados criterios para el fomento de las vocaciones sacerdotales, fundados en una teología del ministerio presbiteral y en una espiritualidad que –en mi opinión- valen especialmente para los sacerdotes diocesanos; quienes no tendrán necesidad entonces de unirse a terceras órdenes, o adoptar la espiritualidad de sociedades y movimientos apostólicos. Si en una diócesis se adoptan esa teología y esa espiritualidad del ministerio, pueden florecer vocaciones. Los textos conciliares deben ser leídos, como enseñó reiteradamente Benedicto XVI, a la luz de la Gran Tradición de la Iglesia; en esa continuidad se destacan, a la vez, su arraigo y su novedad. La condición es asumir con fidelidad y coraje esos criterios en una diócesis, instrumentando una inteligente pastoral vocacional.

El vaciamiento de los Seminarios comienza con la decadencia de la formación humanística, que según los Padres Conciliares debe apoyarse en el «patrimonio filosófico de perenne validez» (Optatam totius, 15); incautamente se lo abandona sin advertir que la adhesión a sistemas filosóficos modernos no ofrece el fundamento adecuado para la reflexión teológica. El Vaticano II exhortaba a «profundizar en los misterios y descubrir su conexión por medio de la especulación, bajo el magisterio de Santo Tomás» (Optatam totius, 16). El desprecio de Santo Tomás, y el desconocimiento de la renovación tomista protagonizada por Cornelio Fabro, van unidos a un cierto biblicismo y el recurso exclusivo a la teología positiva. Se arruina así el pensamiento de la fe, que debe acompañar a la oración, tratándose de personas que han de ejercer un ministerio de predicación para hacer crecer a los fieles en el conocimiento y el amor a Jesucristo. Los problemas culturales de hoy, sobre todo en una sociedad descristianizada, exigen que el testimonio cristiano esté avalado por una formación que habilite para el diálogo, y si es necesario, para la discusión serena y profunda de aquellas cuestiones más urgentes sobre las cuales hay que contar con el influjo confusionista y superficial de los medios de comunicación.

En la Argentina, diócesis con ochocientos mil o un millón de habitantes cuentan apenas con un centenar de sacerdotes, y los seminaristas se cuentan con los dedos de una mano; ¡pero no les falta obispo auxiliar! Apunto a un rasgo curioso: la multiplicación de obispos auxiliares.

Un signo evidente de la destrucción se encuentra en la liturgia: ni respeto de las rúbricas, ni solemnidad, ni belleza. En la Constitución Sacrosanctum Concilium se recurre constantemente al adjetivo sagrado para designar a la liturgia y sus realidades. El capítulo VI está dedicado a la música sagrada; se dice: «Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la música sacra» y concretamente «foméntense diligentemente las scholae cantorum…» (n. 114). En cuanto a los Seminarios, se afirma: «Dése mucha importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los seminarios» (115). Más aún: «La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana…» y no se excluye la polifonía. Pero caído en manos progresistas se destruye tanto la scholae cuanto el coro polifónico, y se imponen ritmos sincopados y percusivos, los cantos populares carentes de todo valor artístico; se iguala siempre por lo bajo. Además, se prohíbe el latín, con lo que se eliminan aquellos cantos que habían llegado a ser ampliamente utilizados por el pueblo.

En otro artículo me he referido a la falsa oposición entre estudio y pastoral; el menosprecio de la aplicación al estudio comienza en el Seminario, la doctrina, entonces (la didajé o didaskalía), es postergada por una preferencia que se otorga a la hipertrofia de una pastoral, que no pasa muchas veces de devaneos insustanciales. Prematuramente se envía a los seminaristas a las parroquias. Es esta otra dimensión de la grieta que se manifiesta luego en la distribución de los cargos y en la elección de obispos. El progresismo presume de pastoralidad.

Un detalle que puede juzgarse sin mayor relieve, pero que es significativo: el odio de la sotana, cuyo uso suele ser prohibido a los seminaristas; por otra parte, no se cuida respetar la obligación de los clérigos de usar una vestimenta que los distinga. Se trata de secularizar todas las realidades eclesiales; he oído decir ya hace tiempo a algunos obispos que no existe distinción entre sagrado y profano. Un hombre primitivo se escandalizaría de semejante afirmación. Los estudios de fenomenología de la religión muestran claramente que aun en las culturas más antiguas existía un sentido de lo sagrado: era «lo otro», «lo distinto», lo perteneciente al mundo de los dioses. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, instituyó la nueva y definitiva sacralidad en su persona y en su sacrificio pascual, asumiendo y cumpliendo por superación el esbozo de las culturas primitivas y la ritualidad de la Antigua Alianza. Los seminaristas deben ser educados en el reconocimiento de estas realidades para que comprendan la centralidad que tiene en la Iglesia la celebración de los misterios del culto divino.

La cuestión que aquí he esbozado me parece de máxima actualidad, cuando muchos en la Iglesia, impulsados por ciertas declaraciones oficiales, subordinan el orden sobrenatural de los sacramentos a la cobertura de cuestiones culturales, sociales y políticas. No advierten que el principal aporte que puede hacer la comunidad eclesial es la gracia del Señor, capaz de renovar los corazones para que tiendan sinceramente a buscar la justicia tan deseada y a trabajar por ella. El peor servicio que la Iglesia puede hacerle al mundo es mundanizarse, y perder su originalidad para competir con las fuerzas políticas y sociales, consintiendo así con el vacío de Dios que afecta a la cultura actual. ¿Quién puede hacerlo presente, devolverlo al mundo, sino ella? En esto reside el error principal del progresismo.

Quedó explicada la dimensión operativa de la grieta, los casos repetidos en todo el mundo cuando una diócesis es atrapada por la dialéctica progresista. Resta una posible cuestión: puede ocurrir, milagrosamente casi, según las leyes de la inescrutable providencia de Dios, que a una diócesis devastada –pienso en situaciones extremas que se registran en tantos países, digamos por ejemplo Alemania o España-, o hundida en la inoperancia y confundida por la promoción insensata de un diálogo que ha ido corroyendo su sustancia, llega un obispo según la tradición, un hombre de recta doctrina y mucha oración, un caso que en estos últimos años pudo verificarse ut in paucioribus (con poca frecuencia). ¿Qué deberá hacer? Entregar su vida en un empeño pastoral de reconstrucción. Para ello, será prioridad formar sacerdotes: promover con inteligencia la pastoral vocacional, que articule la pastoral familiar y la educativa; si esta actividad tiene éxito, como es muy probable, podrá pensar en la formación de los seminaristas en la propia diócesis. Crear su seminario diocesano -¡si lo dejan!- para aplicar en él los criterios del Vaticano II, en lugar de enviar candidatos a una institución en la que están vigentes las deformaciones impuestas por el falso «espíritu del Concilio», o deficiencias en diversos aspectos. En estas cuestiones se juega el futuro de la Iglesia. Es de esperar una intervención providencial del Señor, y la intervención de su Madre y de San José. Como en el camino hacia Emaús, el Señor parece pasar de largo –autos prosepoiēsato porrōteron poreuesthai - los discípulos le dijeron con insistencia, casi forzándolo: «quédate con nosotros porque ya es tarde y el día se acaba» –Meinon meth’ hēmōn- (Lc 24, 28-30). ¡Sí, quédate con nosotros, Señor, porque se acabó el día, y ha caído la noche sobre la Iglesia!

 

+ Héctor Aguer

Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.
Académico de Número de la Academia de Ciencias y Artes de San Isidro.
Académico Honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma).

Buenos Aires, jueves 29 de abril de 2021.
Memoria de Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia.

38 comentarios

Rubén
Muy buen artículo. Opino que para entender la crisis vocacional, lo único que hace falta es una hoja Excel donde cotejar la evolución anual de los diferentes seminarios, en relación a su carácter progresista o tradicional. Ya está, un análisis que puede hacer un niño de secundaria con su móvil Android de gama baja. Si de verdad se quiere saber lo que funciona o lo que no funciona en los seminarios, me pregunto por qué las diócesis y congregaciones no hacen este tipo de análisis tan sencillo o, si lo hacen, porqué no lo publican. O si lo hacen, pero no lo quieren publicar, por qué no aplican las medidas lógicas que del análisis se derivan.
29/04/21 8:16 PM
Christus Vincit
Muchas gracias Mons. Aguer por traer un poco de luz dentro de tanta confusión. Me encuentro por ingresar al noviciado de una Orden respetuosa de la liturgia y de la solemnidad que revisten los sagrados misterios, y en donde los sacerdotes se visten de sacerdotes. Los seminarios diocesanos vienen en decadencia, y no hay nada allí que a uno lo atraiga a ir por ese camino si ni siquiera la liturgia es bien cuidada.

No queda otra que rezar para que la formación de los futuros sacerdotes sea acorde a la tradición de la Iglesia. ¡Qué lindo seria que en todos los seminarios se use sotana! ¡Qué distinto, y que testimonio sería! Entre otras cosas.
29/04/21 9:06 PM
Martin
Excelente artículo !

Lo que describe y pone el nombre de grieta es en realidad el CISMA que se vive hoy, que nadie se equivoque, esto es un cisma... no está (aun) declarado formalmente, pero lo es.

Ahora veremos que sucede con Alemania, con su rebeldía y el silencio de Roma, será la formalización del mismo ?

Ánimo! A seguir peleando en la trinchera por más que en derredor no quede nada en pie, el Señor de los ejercitos no nos abandona, ya nos dijo que el infierno no prevalecerá!
29/04/21 9:13 PM
Carsten Peter Thiede
Propongo que esta sección deje de titularse d "opinión" y pase a llamarse "pura doctrina", como este artículo
29/04/21 9:26 PM
Anibal
Si mal no entiendo el progresismo fue la bandera del positivismo que aspiraba precisamente a superar la etapa teologica de la sociedad. Las fuerzas progresistas son las que siguen ese camino. En cuanto a la sotana -que para los jóvenes actuales seria perfectamente "cool"- un querido sacerdote, pellizcando la suya bastante descolorida y raída decía: "donde esta no entra no entro yo"
29/04/21 9:37 PM
Vicente
Obedecer al Magisterio de la Iglesia.
29/04/21 9:41 PM
Eugenio Gallegos del Santo
Es tan clara la catequesis (si así podemos denominarla) del Obispo Emérito de La Plata (Buenos Aires), que no me permitiré hacer ningún comentario. Nada mas decir que su visión de los seminarios y de los seminaristas de estos tiempos es perfecta. Es lo que ocurre, verdaderamente. Es pasmosa la presencia muchas veces insustancial e innecesaria de los muchachos en esa etapa de su formación (muchas veces mal entrazados, pelilargos, desprolijos, chabacanos . . . . quizás a propósito), que muchas veces pensamos y sin decirlo, esperamos o no quisiéramos que lleguen a recibir las órdenes. . . Ya se nos dirá que el hábito no hace al monje, pero no solamente es cuestión de hábito. Muchas veces siquiera saben leer correctamente y de cualquier acto del culto, lo que más parece interesarles, es que al terminar estarán allí en el atrio de buena charla y besuqueos sin distinción de sexo, claro . . . (aunque hoy limitados por la "pandemia"). Atrás quedó el tiempo en el que los seminaristas transcurrían su formación en el seminario para eso: para formarse. Salían sí (los diocesanos), para ver a sus familias los domingos mediodía y solo recién después de recibir el diaconado, comenzaban a dar ayuda a los párrocos. Hoy, como dice Monseñor Aguer, se impone la pastoralidad, pero qué buen pastor ha de esperarse sin que haya recibido una formación doctrinal sólida y disciplinada. . . .
Humildemente suscribo todas y cada una de las palabras de Monseñor Aguer y estoy bien seguro que mucho
29/04/21 10:43 PM
Ricardo Cortez
Excelente artículo. Respecto a lo que dice mons. Agher de la formación sacerdotal y la persecución progresista, conozco el Seminario de San Rafael. Tengo 100 motivos para sugerir su continuidad. Ninguno para cerrarlo. Y sin embargo Francisco ordenó su clausura. Recemos mucho por la Iglesia y sus pastores. El daño es muy profundo.
30/04/21 1:13 AM
Pampeano
Si de tradición o hermenéutica de la continuidad se trata, habría que volver al lenguaje claro, ni tradicionalistas, ni conservadores o neocon ni progresistas: o católicos o herejes. Parece que ya no hay más herejías desde hace décadas, esos que salieron de "nosotros pero no eran de los nuestros" no aparecen por ningún lado. Ni los "misericordiados" hablan de herejías, como si no fuera un oximorón eso de "católico progresista". Los adjetivos calificativos son ciertamente nuevos en la historia. Y hay que comenzar por la liturgia, sin duda alguna, que eso es el comienzo de la búsqueda del Reino de Dios; lo demás es añadidura.
30/04/21 1:43 AM
Santiago Gonzalez
Magnifico articulo sin duda. Solo un "pero": se debe reconocer que la ambiguedad de muchos textos del concilio han desembocado en el desastre actual. Sin ese reconocimiento valiente no habra solucion ni a corto ni a largo plazo.
30/04/21 9:43 AM
Percival
Muy bueno. Admiro y agradezco esta lucidez creyente. Y ruego que Mons. Aguer no deje de hablar y escribir.
30/04/21 12:32 PM
angeles wernicke
Muchas gracias, Monseñor Aguer. Concuerdo con Percival, por favor no deje de hablar y escribir. Dios lo bendiga.
30/04/21 1:19 PM
Andrés Forastiero
Como argentino y católico, me siento orgulloso de tener un Obispo como Monseñor Aguer. Claro como el agua.Una verdadera descripción de la descomposición de la Iglesia de Nuestro Señor. Pero la última palabra la tiene Cristo y no dejará que las puertas del INFIERNO prevalezcan contra ella
30/04/21 1:39 PM
Jaime
No estoy de acuerdo. Es más, esta visión que expone Moseñor, es parte del problema.

Este obispo, como tantos otros, expone el problema con dos limitaciones muy graves.

La primera es que se ha quedado anclado en la visión de los años 70. Una visión binaria, donde por un lado están los progres, los herejes, y por otro están los conservadores. Buenos y malos. Desde hace muchos años la Iglesia es más bien un inmenso reino de taifas donde cada uno dice y hace lo que quiere. Eso se ve en cualquier parroquia, pero de manera mucho más palpable en internet, donde hay tantas interpretaciones como webs y blogueros católicos. Bueno, hay bastantes más, porque incluso los blogueros, como muchos obispos, van cambiando de opinión según les vaya dictando el "espíritu" o la opinión de otros.

Dice, pero no dice, porque su denuncia es impersonal. Presenta a la herejía, los "progres", como algo etéreo, sin rostro, sin nombre. Un mal que contaminó a los "buenos" sin darse cuenta. Una grieta imparable.
30/04/21 5:23 PM
Jaime
La segunda es presentar, otra vez más, la decadencia solo desde el punto de vista sacerdotal y religioso. Otra vez más centrarse en las vocaciones y los seminarios. Otra vez como un tema concerniente en los despachos curiales.

La influencia de la familia es muchísimo mayor. Harto estoy de ver como la inmensa mayoría de matrimonios católicos no han sabido transmitir la fe a sus hijos, o lo hacían de una forma tan débil, que solo había que esperar a sus nietos para ver todo perdido.

Pero nadie habla de eso. Porque hablar de eso implica reconocer que el problema no es solo de los "progres". Que cuando un hijo sale de casa pagano práctico, algo habrá tenido que ver ese hogar.

Este tipo de opiniones, tan en boga en los 80 y 90, son un lastre. Presentan una realidad muy parcial. La mayoría de los autoconsiderados conservadores y fieles no tienen nada de qué presumir. Sus familias con problemas de fe y moral como muchas otras, y las vocaciones con cuentagotas.

Lo mismo hay que estar contentos porque en el reino de los ciegos el tuerto es el rey.

30/04/21 5:42 PM
Cristian Camacho
una reflexión muy acertdada, soy seminarista y muchas veces morderse la lengua es necesario. orar y orar es lo que nos puede sostener.
30/04/21 6:03 PM
Rexjhs
Muchas gracias, Mons. Aguer, por recordar esto. Ahora, precisamente, es cuando se está rompiendo con más fuerza con las enseñanzas del CVII y con las Encíclicas que lo desarrollaron (Familiaris Consortio, Veriatis Splendor, Ecclesia de Eucharistia, Mysterium Fidei, .Sacerdotalis Caelibatus, etc.). Dios le bendiga.
30/04/21 6:50 PM
Julio
Que es lo que impide el volver al rito romano tradicional ´reimplantar el latin junto a ala musica sacra ,uso de la sotana y aceptar la filosofia del Aquinate para formar los noveles sacerdotes, ademas de excluir a los homosexuales activos infiltrados en los diferentes estamentos de la Iglesia
Los fieles se estan dispersando aceleradamente y hay que volver a las fuentes rapidamente
Pidamos por un Papa Santo , Ortodoxo y Tradicionalista
Basta de charlatanes de doble vida,modernistas, masones y neo marxistas
El mayor impedimento es simplemente satanas, con minuscula, el principe del mal, generalmente disfrazado de oveja o de buen pastor.
La Iglesia desde sus inicios siempre estuvo jaqueada por inumerables
adulteraciones cismaticas y salio airosa siempre
30/04/21 11:50 PM
Octavio Tapia
Añoramos la reverencia, el misterio, el sentido de lo sagrado. Vamos a la Iglesia a comunicarnos con Dios no a un templete. Muchas gracias. Este artículo debieran leerlo todos los Obispos y cardenales.
30/04/21 11:50 PM
mercedes
Clarísimo ¡¡¡¡me llama la atención que algunos comentaristas habitués,no reconozcan la claridad de este artículo.Muy bueno¡¡Gracias.
1/05/21 3:25 AM
Sergio Raúl Fernández
Excelente pensamiento, creo que la liturgia debe adoptar la historia presente, su cultura cristiana actual, ejemplo de ello es ma música sagrada con nuestros ritmos e instrumentos. La secularización de la Iglesia no reside en este punto reside en una teología de base marxista, de un reemplazo de la Dirección Espiritual por la psicología moderna, del mal desempeño de los obispos en general que fruto de sus inseguridades no pastorea su diocesis y Sacerdotes. En fin las consecuencias del secularismo de vida están a la vista.
1/05/21 5:57 AM
Carmen L
Aunque no le dejaren crear un seminario, si podría poner en los candidatos los cimientos adecuados, darles aquello que un seminario de los tomados por la impostura, les va a negar, y prepararlos para el combate, un par de años de "preseminario diocesano". Además de habilitar Betanias, para los candidatos, oasis donde puedan reclinar la cabeza, beber del agua de Cristo. Obviamente, esos tales, serían como infiltrados, por dentro tendrían la recta doctrina pero para los exámenes, deben parecer de la impostura, tremendo trabajo, hombres recios serán necesarios,
1/05/21 6:14 AM
Benito Salvia
Sigo pensando que estas reflexiones están a mitad del camino porque no es coherente incluso en el mismo artículo. Criticar el Concilio sin sus documentos es algo que, gracias a Dios, los pocos sacerdotes más jóvenes que Aguer pueden comenzar a ver sin tapujos. Aguer como el Papa emérito piensan que el problema es la aplicación de esos documentos. No es así. Hay que profundizar en la línea Gherardini - De Mattei. Allí hay que profundizar.
1/05/21 7:46 AM
Rubén
No comparto la reflexión de Jaime, pues me parece que no ha entendido bien el sentido de las palabras de mons. Aguer. Cuando monseñor menciona a la "Iglesia" no se refiere únicamente al clero, sino a todos nosotros, familias incluidas. El clero, como pastores de los laicos, tienen una responsabilidad más visible y su división es la manifestación más evidente del cisma dogmático, por eso son citados como ejemplo o más bien, como prueba de la mundanización de la Iglesia, la cual nos afecta a todos. Esto no hace falta mencionarlo, pues se supone ya que no puede ser de otro modo. En cuanto a la visión binaria del obispo, tampoco creo que sea una visión errónea, es lo que hay: Dios vs Satanás, bien vs mal, Evangelio vs mundo,... Lo vemos en política, lo vemos en los medios y también lo vemos en la Iglesia. Hay que ser claros y valientes para denunciar el mal.
2/05/21 3:12 PM
Recuperar a fe en dos dias
Hace falta un libro que le dé la vuelta a las dos herejías actuales: el evolucionismo, que muchos admiten, la Iglesia por supuesto, y la crítica de los Evangelios, que llega a negar la Resurrección de Jesús. La batalla se libra en los dominios de la razón. Si se niegan los orígenes, se niegan los novísimos. La Iglesia no es un club de amigos. Para eso me apunto a la Pesca o al Ajedrez..
Y fomentar los seminarios ONLINE.
2/05/21 11:34 PM
mercedes
Jaime,tu última frase no le va en absoluto a Aguer.Es una frase que cualquier persona mínimamente razonable no la puede compartir.
3/05/21 12:13 AM
Jorge Cantu
Jaime:

"...se ha quedado anclado en la visión de los años 70. Una visión binaria, donde por un lado están los progres, los herejes, y por otro están los conservadores. Buenos y malos."

Lo que tu percibes como un problema casual y accidental no atribuible más que al aire que pasaba, tiene una causalidad muy clara y que Mons. Aguer expone de manera esquemática pero con características muy específicas y con actores muy reales, si no quieres reconocerlos tú sabrás.

"Desde hace muchos años la Iglesia es más bien un inmenso reino de taifas donde cada uno dice y hace lo que quiere."

Fruto precisamente de la desintegración y descristianización sembrada por los afiliados a la visión "progresista".

"Dice, pero no dice, porque su denuncia es impersonal. Presenta a la herejía, los "progres", como algo etéreo, sin rostro, sin nombre. Un mal que contaminó a los "buenos" sin darse cuenta. Una grieta imparable."

Si dice, si te tomas la molestia de leer con detenimiento y sin prejuicios: "Hablo de él en términos absolutos, excluyendo versiones y matices. Me parece importante advertir que los mismos se verifican en la adhesión a los criterios progresistas, en las conclusiones pastorales que de ellos se derivan, y en las realizaciones que se producen en las diócesis, desde las más leves o desvaídas hasta las rigurosas. Al hablar del progresismo habría que tener en cuenta las gradaciones que se distinguen entre sí sin perder el nombre, es decir, una identidad fundante. Esta cir
3/05/21 3:29 AM
maru
Qué razón tiene Mons. Aguer!!!! Desde la primera línea hasta la última, es la triste realidad, nos guste o no, pero es lo que hay. También es alucinante el artículo de María Virginia, para que luego digan más de cuatro que en la Iglesia está todo guay. Claro que todo ésto sucede porque no hay autoridad y cada uno hace lo que le da la gana, pero ahora la situación es alarmante.
3/05/21 9:36 AM
Néstor
Clarito, Monseñor. Por agregar nada más que una mínima frutilla a la torta, el "Agnus Dei", es decir, "Cordero de Dios", se canta a veces en un ritmo "beat" que no permite sospechar que se trata de un llamado al perdón y la misericordia de Dios, sino que podría ser el tema de fondo de un alegre "picnic", que en realidad pide el meneo rítmico en el que uno incurre si no está atento. Por supuesto, seguimos cantando que ha llegado el momento de arreglar la mesa con el vino y con el pan que consagraremos, aunque sabemos, espero, que el que consagra es el sacerdote y que los laicos no consagramos la Eucaristía ni un poquito.

Es cierto que todo eso es teratología menuda comparada con las grandes causas que Ud. bien señala.

Saludos cordiales.
3/05/21 2:33 PM
Francisco
Nada nuevo en el planteo que hace monseñor Aguer sobre nuestra realidad eclesial. Discrepo en su rechazo "encubierto" al Santo Padre. ¿No es el Vicario de Cristo? Con todo respeto a monseñor, me parece que hay que ser más "tradicional" en ésto. ¡Unidad en el Amor!
3/05/21 3:16 PM
Jorge Cantu
Francisco:

"Discrepo en su rechazo "encubierto" al Santo Padre. ¿No es el Vicario de Cristo? Con todo respeto a monseñor, me parece que hay que ser más "tradicional" en ésto. ¡Unidad en el Amor!"

Si aplicamos tu criterio a los abusos sexuales o a los políticos católicos abortistas, por ejemplo, estamos acabados. No se trata de encubrir sino de hablar y actuar con firmeza y claridad cuando las cosas no corresponden a la Verdad de Cristo. Caridad no significa palmear con cariño al pecador alentándolo a seguir su camino al abismo. Con mayor razón el Santo Padre que tiene la misión de confirmar en la Fe a sus hermanos. Corregir con caridad es indispensable.
3/05/21 10:48 PM
Francisco
Me parece que Jorge no entendió mi comentario. No tiene nada que ver el ejemplo que puso. Monseñor Aguer no necesita defensores. ¿Quién dijo que hay que tapar situaciones aberrantes como abusos y el aborto? Cuidemos más los comentarios para no ofendernos entre nosotros.
4/05/21 3:18 PM
Sergio
A los cristianos nos enseña la Palabra de Dios.

LA ARMADURA DE DIOS CONTRA EL ENEMIGO INVISIBLE

POR LO DEMÁS, HERMANOS MÍOS, FORTALECEOS EN EL SEÑOR, Y EN EL PODER DE SU FUERZA.
VESTÍOS DE TODA LA ARMADURA DE DIOS, PARA QUE PODÁIS ESTAR FIRMES CONTRA LAS ASECHANZAS DEL DIABLO.

PORQUE NO TENEMOS LUCHA CONTRA SANGRE Y CARNE, SINO CONTRA PRINCIPADOS, CONTRA POTESTADES, CONTRA LOS GOBERNADORES DE LAS TINIEBLAS DE ESTE SIGLO, CONTRA HUESTES ESPIRITUALES DE MALDAD EN LAS REGIONES CELESTES. EFESIOS 6:10-12

La Biblia nos enseña claramente que la vida cristiana no es solo un caminar, sino también una guerra.
Muchos creyentes no se dan cuenta de esto.
Debemos ser continuamente fortalecidos “En el Señor y en el poder de su fuerza”
No podemos ganar la batalla a menos que permitamos a Cristo librar la batalla por nosotros por medio del poder de Su Espíritu Santo que nos habita.

EL ENEMIGO INVISIBLE

6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne.
No estamos luchando contra seres humanos. Estamos en una guerra contra aquellas fuerzas que transforman a la gente en víctimas y la destruyen. Nuestro enemigo no es otra persona. Si fracasamos en la vida cristiana, no será por el ataque de un individuo o un grupo. Fracasamos porque nuestra propia fortaleza interior ha sido quebrada por el poder del mal.
Siempre debemos recordar esto: es imposible luchar contra los poderes espirituales tan sólo con nuestra fuerza humana; la batalla es de Dios. Si tratamos de hacerlo co
4/05/21 5:46 PM
Néstor
Arreglados estamos si por señalar los evidentes gravísimos males que afectan hoy día a la Iglesia y sus igualmente evidentes causas estamos rechazando al Papa.

Saludos cordiales.
5/05/21 1:37 AM
Jaime
Mercedes:

En ningún momento critico a la persona de Mons. Aguer, al que no conozco de nada. Critico la idea expuesta en este artículo, que es la justificación homologada de la decadencia religiosa y que lleva vigente de manera oficial desde tiempo inmemorial.

Esa idea, es perniciosa. Es una arma de manipulación utilizada por muchos lobos o coyotes de medio pelo para presentarse como salvadores de la Iglesia. Por ejemplo, ¡Cuántas aberraciones se han dicho y escrito de San Pablo VI y Mons. Romero!, puestos durante décadas como ejemplo de progresismo y por lo tanto, responsables de infinidad de males y herejías. ¿Cuántos millones de personas juzgaron y pusieron en duda incluso la salvación de San Pablo VI por la propagación de tales teorías?

Esa idea provoca en quién la asume, una autojustificación personal y un desprecio irracional, sin criterio, de todo lo que no sea exactamente como él cree que debería ser. Así, el paganismo evidente de los propios hijos lo achaca al progre del cura, o del obispo o del propio Papa (San Pablo VI entonces y Francisco ahora), pero jamás a una responsabilidad personal como padres. Y eso si se quiere ver ese paganismo, porque la mayoría tiene el extraño don de detectar el más mínimo hereje, pero el concubinato o el adulterio de sus hijos, no es tan malo del todo.

¿Y los sacerdotes?, los "progres" han sido vestidos, alimentados y alojados con el dinero de la Iglesia. Han sido nombrados obispos y hasta cardenales por ¿quién?. Si uno si
5/05/21 1:22 PM
Jaime
¿Y los sacerdotes?, los "progres" han sido vestidos, alimentados y alojados con el dinero de la Iglesia. Han sido nombrados obispos y hasta cardenales por ¿quién?. Si uno sigue la senda que le marca esa idea al final llega a la misma habitación que reune a los cismáticos de toda la Historia.

Allá cada uno con lo que quiera creerse. La realidad impepinable es que la pérdida de la fe se ha producido y se sigue produciendo en el ámbito familiar. En todas.
5/05/21 2:07 PM
Fernando
Es muy bien Monseñor Aguer, y le reconozco su valentía al hablar, sus vastos conocimientos y su bella prosa.
Pero no deja de ser un hijo fiel del NEFASTO CONCILIO VATICANO II.
El problema no es como usted dice, Monseñor "el espíritu del concilio". El problema ES EL CONCILIO.
Finalmente, el San Atanasio de nuestros tiempos, Monseñor Marcel Lefebvre (y su FSSPX), va a ser reconocido como el gran campeón y defensor de la verdadera Fe Católica. Algunos, como Monseñor Carlo Viganó ya lo están intuyendo. Espero que otros, como usted o el cardenal Sarah, tengan la valentía y la honestidad intelectual de seguir ese camino.
Christus Vincit!
5/05/21 6:50 PM
Roberto
Con todos mis respetos.
Estas catalogaciones y etiquetas tan simples como tradicionalista como progresista me parecen un tanto patéticas y desacertadas.
La mayoría de los creyentes pasan de estas "comeduras de tarro" (!gracias a Dios!) y intentamos ir a lo esencial de la fe. Bastante tienen muchos con sus preocupaciones cotidianas para llegar a fin de mes como para comerse la cabeza con estas cosas.
Recuerdo que en los años 80 no bastaba con decir que eras católico; también a qué "tribu eclesial pertenecías"; que si del Opus, la Acción Católica, carismático, neocatecumenal, focolar...........¿tan difícil es ser CATOLICO A SECAS? Discípulo, seguidor de Cristo;y ya está. Y con los demás hermanos en la fe.

Digo yo que habrá cosas que conservar y en otras habrá que cambiar y desarrollar.
Puestos a inventarnos denominaciones ; ahí va la mía; "Católico adventista", para todos aquellos que amamos , esperamos y preparamos la segunda venida de Cristo, que a fin de cuentas es lo importante, ¿no? ¿quién se apunta a esta denominación? Bueno, perdonadme la ironía; no deberíamos tener ninguna denominación que acabara en "ista"; aunque sí diferentes carismas, pero esto es otra cosa.
6/05/21 8:39 PM

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