(InfoCatólica) Hay historias ejemplares, que sirven para describir una época entera porque, en el marco de una vida concreta, ilustran buena parte de los problemas de la Iglesia actual. Una de esas historias puede encontrarse en la interesante entrevista que ha realizado Katholisch.de, el portal oficioso de noticias de la Conferencia Episcopal Alemana, al P. Jörg Alt, SJ, un jesuita alemán dedicado durante años al activismo climático.
¿Cómo terminó dedicándose al cambio climático? Según parece, se hizo «sacerdote porque disfrutaba mucho el trabajo parroquial, incluso de adolescente, como monaguillo, como líder scout», pero después, «cuando fui a los jesuitas, se añadieron cuestiones sociales y políticas” y el resultado fue que pasó «40 años trabajando en el campo de la política y la justicia».
Durante décadas, el P. Alt acaparó titulares por su compromiso en la lucha contra el cambio climático y participó en todo tipo de encuentros, manifestaciones y actos de protesta por la causa climática, la inmigración y otras causas progresistas, hasta el punto de ser encarcelado en el marco de diez procesos penales.
Al cabo de los años, sin embargo, ha quedado un poco desencantado con el activismo climático: «he intentado mucho llamar la atención sobre el tema del clima y la justicia intergeneracional. En prisión, me di cuenta: en principio, nada de esto ayuda. Los métodos clásicos ya no logran nada contra el sistema neoliberal y sus grupos de presión. Nuestros parlamentos y gobiernos dependen del goteo de dinero y toman decisiones que benefician a la economía».
Poco a poco, se ha ido dando cuenta de que, asombrosamente, a nadie le importan en realidad las causas progresistas a las que ha dedicado su vida: «intenté dejar claro a la gente que el muro está delante de nosotros y que estamos corriendo directamente hacia él. Pero a casi nadie le importa. […] Si el precio de un litro de diésel es más importante para los alemanes que el inmenso daño que el cambio climático previsiblemente nos traerá, entonces tengo que aceptarlo, al igual que a Katherina Reiche [una política de centro-derecha] como ministra de Asuntos Económicos y Energía».
No es el único que se siente así. Preguntado por el caso de Greta Thunberg y otros activistas climáticos que han decidido dedicarse a otras cosas, responde que «se nota que la frustración es profunda. Muchas personas del movimiento climático han enfermado mentalmente. Algunos dicen que sus vidas ya están arruinadas por todas las sanciones y deudas y que han cumplido con su parte. Otros afirman que ya no sirve de nada seguir en estas condiciones y ahora cuidan de su propia felicidad en el ámbito privado. No puedo culparles por eso».
Según él mismo relata, durante su tiempo en prisión tuvo «mucho tiempo para pensar» y, cuando su provincial fue a visitarlo, aceptó la propuesta de sustituir a un sacerdote en la parroquia de San Blas, adjunta a un colegio jesuita de la Selva Negra alemana. El hecho de que siempre hubiera pasado sus vacaciones allí fue una ventaja añadida. Además, el encargo no debe de ser agotador, porque se trata de «un trabajo a media jornada como pastor y para la otra media jornada estoy probando suerte con un nuevo proyecto de libro».
A pesar de su experiencia de años y su desencanto con el activismo climático, el P. Alt no parece haber aprendido mucho. Por ejemplo, una de las «grandes sorpresas» que ha tenido en su nueva ocupación ha sido que, en la parroquia y el colegio de los jesuitas, «apenas hay niños católicos ya» y que «solo tenemos un niño de comunión, otro niño está en catequesis y la confirmación ha sido cancelada». ¿Tendrá algo que ver con jesuitas dedicados durante décadas al cambio climático, la política y cualquier cosa menos a predicar la fe católica? Es un misterio.
Con entusiasmo a pesar de sus sesenta y cinco años, el P. Alt está dando una serie de charlas sobre los orígenes de la liturgia de la Misa, que han despertado el interés del departamento turístico de la Selva Negra. Se le ocurrió hablar del tema al ver que «mucha gente dice que la Misa católica es muy aburrida y pregunta si no se podría hacer otra cosa», pero «esta oración forma parte de nuestra identidad». A fin de cuentas, dice el jesuita, «no siempre puedo predicar solo sobre el clima”, aunque “lo hago con bastante frecuencia».
Por otra parte, también puede enorgullecerse de otro éxito: cuando llegó a su nueva parroquia, solo había dos monaguillos y ahora está feliz de anunciar que ya tiene «once monaguillas y monaguillos».






