«No hay definición de la sinodalidad ni historia de ella en la Iglesia»: Burke cuestiona la base teológica del proceso sinodal
Entrevista al Cardenal Burke, 28 de junio de 2026 | Screenshot The College of Cardinals Report

Advirtió contra el lenguaje del «cambio de paradigma»

«No hay definición de la sinodalidad ni historia de ella en la Iglesia»: Burke cuestiona la base teológica del proceso sinodal

«¿Dónde estamos hablando de la vida eterna, de las realidades últimas, en todo esto? Parece que estamos completamente concentrados en el momento, en la situación actual»

(InfoCatólica) El cardenal Raymond Burke ha lanzado una de las críticas más frontales al proceso sinodal desde que fue relanzado por el pontificado de Francisco. En una entrevista concedida a The College of Cardinals Report el 28 de junio, un día después de la clausura del consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV los días 26 y 27 de ese mes, Burke cuestionó la base teológica de la sinodalidad, denunció que el formato del consistorio impidió un debate real entre los cardenales y reclamó una intervención decidida del Papa para proteger la liturgia tradicional y frenar lo que considera una deriva doctrinal en materia de moral sexual.

Gratitud y reserva

Burke agradeció que León XIV haya retomado la práctica de convocar al Colegio Cardenalicio, algo que, según recordó, no se había producido durante años bajo el pontificado de Francisco. Reconoció como «un gran fruto» el mayor intercambio fraterno entre purpurados. Sin embargo, expresó una reserva de fondo sobre la metodología adoptada.

El consistorio, explicó, fue conformado al modelo sinodal: los cardenales fueron distribuidos en mesas pequeñas con preguntas prefijadas y un sistema de intervenciones individuales sucesivas. Los informes resultantes recogían exclusivamente lo acordado por unanimidad. «Los informes son solo informes de aquello en lo que todos los cardenales estuvieron de acuerdo», señaló, advirtiendo de que un cardenal que plantee algo que los demás no comparten, «por muy verdadero e importante que sea para que el Papa lo oiga, descubre que no se le traslada».

Burke añadió un detalle revelador sobre el control del proceso: el secretario y el presidente de su mesa le dijeron que «habían sido contactados» para ejercer esas funciones, sin precisar por quién. En sínodos anteriores, recordó, esos cargos se elegían entre los miembros del propio grupo. «Se tiene la impresión de que todo está muy controlado. Perdón: está muy controlado», afirmó.

La última sesión: el formato que funciona

Solo la sesión final se desarrolló en el formato tradicional de debate abierto, con intervenciones libres en presencia del Papa. Burke la consideró «la sesión más productiva del consistorio», aunque lamentó que apenas duró una hora y que las intervenciones estuvieron limitadas a tres minutos, tiempo insuficiente para abordar con seriedad las cuestiones planteadas. El propio Burke no pudo concluir su intervención antes de que se agotara el tiempo. Se ofreció a los cardenales la posibilidad de enviar sus textos completos por correo electrónico a dos direcciones: una dirigida al Papa y otra a una oficina organizadora cuya naturaleza institucional el propio Burke reconoció no tener clara, señalando que «parece formar parte del Sínodo de los Obispos, pero eso no es correcto».

«No hay definición ni historia de la sinodalidad»

El núcleo de la crítica de Burke se dirigió contra la noción misma de sinodalidad. «No hay definición de la sinodalidad, no hay historia de ella en la Iglesia», afirmó. Mientras que los sínodos existen como reuniones consultivas ocasionales, la sinodalidad como principio constitutivo de la vida eclesial carece, a su juicio, de fundamento teológico ni precedente en la Tradición.

Burke desarrolló su argumento en torno a la distinción entre lo «sincrónico» y lo «diacrónico», términos que otro cardenal había introducido en el debate general. Según esta lectura, todo el discurso sinodal se construye sobre lo sincrónico, es decir, la situación contemporánea, y prescinde por completo de la dimensión diacrónica: la continuidad histórica de la fe transmitida. «Como dice san Pablo sobre la Sagrada Eucaristía: "Os transmito lo que a mi vez recibí"», recordó Burke, subrayando que esa continuidad es esencial y está ausente de las formulaciones actuales de la sinodalidad.

El cardenal rechazó también la defensa que otro purpurado, favorable al proceso, hizo del concepto con la fórmula «se conoce practicándolo». «Eso es irracional, y no es la fe católica», respondió Burke.

«La Iglesia no tiene cambios de paradigma»

Burke advirtió contra el lenguaje del «cambio de paradigma» que, según denunció, se invoca repetidamente en los documentos y debates sinodales. «La Iglesia no tiene cambios de paradigma. La Iglesia es "una, santa, católica y apostólica". Siempre lo ha sido y siempre lo será», afirmó.

El peligro, prosiguió, reside en que la Iglesia, al concentrarse en la situación del mundo contemporáneo, termine conformándose a un modo de pensar mundano en lugar de dirigirse al mundo desde su propia continuidad doctrinal e histórica. Trazó un paralelo con precedentes históricos: la herejía del modernismo, que a su juicio «seguimos combatiendo»; el Biglietto Speech del cardenal John Henry Newman, en el que este denunció el liberalismo; y la crisis arriana, que «amenazó realmente con apoderarse de toda la Iglesia» hasta que el Señor la protegió «de forma verdaderamente milagrosa a través de grandes santos como san Ambrosio y grandes maestros de la fe como san Atanasio».

«Estoy seguro de que nuestro Señor protegerá a la Iglesia, pero tenemos que hacer nuestra parte y decir: "No, este concepto de sinodalidad, aunque pueda tener un buen motivo en el sentido de querer dirigir la fe al tiempo contemporáneo, es fundamentalmente defectuoso"», concluyó. «Es defectuoso porque falta la parte diacrónica, la parte histórica: cómo ha abordado la Iglesia en el pasado el mundo y su situación».

Un cardenal, cuyo nombre Burke no reveló, planteó otra objeción de fondo: la ausencia de toda referencia a la vida eterna y a los novísimos en el discurso sinodal. «¿Dónde estamos hablando de la vida eterna, de las realidades últimas, en todo esto? Parece que estamos completamente concentrados en el momento, en la situación actual», recogió Burke.

El Grupo de Estudio 9 y el apostolado Courage

Una parte sustancial de la intervención de Burke en el debate libre se centró en el informe del Grupo de Estudio 9 de la Secretaría General del Sínodo, que aborda cuestiones de doctrina y moral, en particular la condición de las personas con atracción hacia el mismo sexo.

Burke acusó al informe de presentar, bajo la invocación de un «cambio de paradigma», una posición que pone en cuestión la enseñanza constante de la Iglesia sobre la moral sexual. «La verdad es sobre la naturaleza de las cosas y sus fines propios», afirmó. «No se trata de inclinaciones que yo tenga, o de deseos o proyectos que yo tenga, que son muy subjetivos, de modo que reconformo la enseñanza de la Iglesia para adaptarla a mis deseos o inclinaciones».

El cardenal denunció además que el informe calumnia al apostolado Courage, fundado por el cardenal Terence Cooke y dirigido en sus primeros años por el padre John F. Harvey, oblato de San Francisco de Sales. Burke, que conoce el apostolado desde los años ochenta, afirmó que el testimonio recogido en el informe contiene afirmaciones sobre Courage que son falsas. «¿Cómo es posible que la Iglesia, en un informe distribuido a toda la Iglesia, no comprobara si lo que ese testigo dijo sobre Courage era verdad? Pero no lo hicieron», denunció.

Según Burke, el resultado era previsible: algunos obispos e incluso arzobispos «están promoviendo la agenda LGBTQ, diciendo: "Mirad, la Iglesia está cambiando su enseñanza, ánimo, adelante"». Citó el caso de un arzobispo que escribió una carta afirmando que León XIV comparte esa posición porque «no habla de moral sexual». «Eso es completamente irresponsable: decir o escribir algo así», respondió Burke.

Ante la noticia de que el informe del Grupo 9 será enviado a las diócesis durante las fases de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad, Burke fue tajante: «Eso es inicuo. Eso no debería ocurrir». Y añadió, dirigiéndose a los cardenales: «El proceso tiene que detenerse. Lo que sea que resulte de él tiene que ser completamente fiel a lo que enseña la Iglesia y a la santidad de la vida de la Iglesia».

La FSSPX, el elefante en la sala

Burke criticó que el consistorio no abordara la crisis con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, a pesar de que la consagración ilícita de cuatro obispos era entonces inminente. «Es el proverbial elefante en la sala», afirmó. Un cardenal logró plantear la cuestión encontrando «un momento propicio», pero no hubo seguimiento alguno.

El cardenal advirtió de que la consagración constituiría un acto cismático que acarrea la excomunión latae sententiae, es decir, automática, y que el Papa estaría obligado a declarar esa situación. Recordó el precedente de 1988, cuando san Juan Pablo II ofreció un mecanismo para recibir en plena comunión a los miembros de la Fraternidad que no quisieran asociarse al acto cismático de monseñor Marcel Lefebvre. «Hay mucha gente buena que pertenece a esta Fraternidad, y necesitan ayuda para afrontar esta situación. Debería haber ayuda», afirmó.

Traditionis custodes y la liturgia tradicional

Burke calificó las restricciones impuestas por Traditionis custodes como «una persecución de la misa tradicional en latín» y señaló una consecuencia directa: la norma, al prohibir la celebración del usus antiquior en iglesias parroquiales, ha empujado a muchos fieles hacia la Fraternidad San Pío X, porque «no podían asistir de otro modo; tenían que recorrer kilómetros y kilómetros».

«No puede haber duda en la mente de nadie, y el Papa Benedicto XVI lo dejó muy claro: es un bien eterno en la Iglesia», afirmó sobre la forma extraordinaria del rito romano. «Es una forma del rito romano que se celebró durante más de quince siglos. Es sencillamente tan hermosa, y los fieles se han nutrido espiritualmente de esta forma del rito latino. Debería permitirse libremente».

El cardenal propuso como remedio el restablecimiento de un organismo vaticano dedicado a los fieles vinculados a la liturgia tradicional, similar a la antigua comisión Ecclesia Dei. «Necesitamos un dicasterio», afirmó, «para que los católicos que desean rendir culto según la forma extraordinaria puedan recibir todos los sacramentos» conforme a los libros litúrgicos anteriores a la reforma.

Sobre la viabilidad jurídica, recordó que un Papa puede modificar los motu proprio de sus predecesores, como Traditionis custodes modificó radicalmente Summorum Pontificum. Y citó como indicio favorable una carta que el cardenal Pietro Parolin envió hace meses a los obispos de Francia, cuyo espíritu, a juicio de Burke, apunta a que los obispos «deberían ser más acogedores y más generosos en su respuesta a los católicos que desean la forma más tradicional del rito romano». «No podemos seguir así. Se está imponiendo a los fieles un sufrimiento completamente innecesario», concluyó.

«Nuestro Señor es siempre cabeza de su Iglesia»

Burke describió a las comunidades vinculadas a la liturgia tradicional como familias numerosas, profundamente devotas, empeñadas en vivir su fe «al nivel más intenso posible y transmitirla» a sus hijos. «Para mí ha sido un gran enriquecimiento como sacerdote y como obispo», reconoció.

El cardenal concluyó con una nota de esperanza fundada en la Providencia: «Nuestro Señor es siempre cabeza de su Iglesia. Permanecemos con Él. No nos vamos en otras direcciones porque estemos descontentos con cómo están las cosas en la Iglesia. Tenemos que, ante todo, aplicar la sabiduría a la situación y luego tener el valor de hablar de estas cuestiones, y así llegaremos a la verdad».

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.