(InfoCatólica) El Superior General de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), el P. Davide Pagliarani, ha respondido a la carta que León XIV le dirigió esta mañana con una misiva de tono filial que, sin embargo, no anuncia la suspensión de las consagraciones episcopales previstas para mañana, 1 de julio, en Écône.
La respuesta, fechada en Écône el mismo 30 de junio, agradece al Papa su «solicitud paternal» y asegura que la Fraternidad no desea separarse de la Iglesia. Pero en ningún momento accede a la petición pontificia de «dar marcha atrás», lo que confirma de facto que las consagraciones se celebrarán según lo previsto, con las excomuniones que llevan aparejadas.
Una carta cortés que no concede
Pagliarani abre su misiva expresando gratitud y afirmando que le ha «conmovido profundamente» la solicitud del Papa. Manifiesta un deseo largamente albergado de reunirse personalmente con León XIV «para expresarle personalmente nuestro sincero deseo de servir a la Iglesia», un encuentro que, lamenta, «no se ha presentado».
A continuación, el Superior General invierte la imagen de la túnica inconsútil empleada por el Pontífice. Donde León XIV advertía de que las consagraciones rasgarían esa túnica, Pagliarani sostiene que es «un deber preciso hacer todo lo posible por recomponer la túnica de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu auténticamente católico». La inversión es significativa: la misma imagen bíblica sirve a conclusiones opuestas. Para el Papa, la Fraternidad rasga; para la Fraternidad, son otros quienes han rasgado y ella recompone.
«Lejos de nosotros la idea de separarnos de la Iglesia Romana», escribe Pagliarani, quien pide al Santo Padre que se tome «el tiempo necesario para este discernimiento» antes de actuar contra la Fraternidad. La frase es sincera en la intención según proclama, pero contradictoria en el acto, porque lo que su autor anuncia para mañana consiste precisamente en consagrar obispos contra la voluntad explícita del Romano Pontífice, manifestada por carta personal el mismo día en que se escribe la respuesta. Profesar la unión mientras se ejecuta el acto que la rompe constituye lo que en filosofía se denomina contradicción performativa.
El argumento de 1988: retórica y lógica
El razonamiento más ambicioso de la carta descansa en lo que Pagliarani llama «dos hechos muy sencillos». Primero: en 1988 la Fraternidad fue declarada cismática «por razones y en circunstancias absolutamente análogas a las actuales» y, sin embargo, treinta y ocho años después, el Papa se dirige a ella como un padre a su hijo. Segundo: dos obispos enviados por Roma, Mons. Vitus Huonder (fallecido) y Mons. Athanasius Schneider, «reconocieron el espíritu profundamente católico de la Fraternidad y dieron testimonio de ello públicamente». Es un débil argumento que repiten muchos lefebvrianos que la calificación de 1988 fue errónea y la de 2026 lo sería igualmente.
Aunque el argumento parezca tener fuerza retórica carece de ella a la luz de los hechos. Por un lado el hecho de que la Santa Sede haya mantenido durante casi cuatro décadas un trato pastoral con la Fraternidad (levantamiento de excomuniones en 2009, concesión de jurisdicción para confesiones, reconocimiento de la validez de matrimonios celebrados en sus capillas) puede parecer una anomalía. Sin embargo, que la Santa Sede haya optado por la misericordia pastoral no equivale a una retractación de la calificación canónica.
La tolerancia pastoral y la inexistencia del delito son cosas distintas: la diferencia es la que media entre un juez que suspende la ejecución de una pena y un juez que declara inocente al reo. Benedicto XVI lo dijo explícitamente cuando levantó las excomuniones en 2009. La posición del Magisterio en este punto ha sido invariable desde Ecclesia Dei de Juan Pablo II hasta la carta de hoy de León XIV.
Nadie diría que los ortodoxos no están en cisma porque Pablo VI levantase la excomunión a Atenágoras y el trato con los ortodoxos sea ahora pacífico.
Una cronología que contradice la carta
Pagliarani lamenta que no se haya presentado la ocasión de encontrarse con el Papa y, tres párrafos después, invoca los diálogos con Huonder y Schneider como prueba de la apertura de la Fraternidad. Las dos afirmaciones resultan difícilmente compatibles: no se puede lamentar la falta de diálogo mientras se exhiben los frutos de los diálogos que sí existieron.
El pasado 12 de febrero, el propio Pagliarani fue recibido por el Cardenal Fernández en el Palacio del Santo Oficio, con el beneplácito explícito de León XIV. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe le propuso un camino de diálogo específicamente teológico, orientado a identificar los requisitos mínimos para la plena comunión y delinear un estatuto canónico para la Fraternidad. La condición era una sola: suspender las consagraciones mientras durase el proceso.
Una semana después, el 18 de febrero, la Fraternidad rechazó la propuesta por escrito, con la firma de los cinco miembros del Consejo General. Alegó la imposibilidad de «un diálogo doctrinal demasiado forzado y sin suficiente serenidad» y mantuvo intacto el calendario del 1 de julio. La propuesta romana incluía precisamente lo que la Fraternidad lleva décadas reclamando: un diálogo teológico de fondo sobre las cuestiones conciliares y fueron los lefebvrianos quienes lo rechazaron.
Los frutos no otorgan jurisdicción
Pagliarani dedica la parte central de su carta a invocar a los miles de fieles que «han redescubierto la fe católica y la práctica religiosa» gracias al apostolado de la Fraternidad. Que la FSSPX produce frutos apostólicos es un dato que negarlo sería absurdo. Pero la cuestión canónica que está sobre la mesa no es esa, sino si un cuerpo eclesial puede consagrar obispos contra la voluntad expresa del Romano Pontífice invocando esos frutos como justificación. Los frutos apostólicos no otorgan jurisdicción. La causa material (los resultados visibles del apostolado) no sustituye a la causa formal (la estructura jerárquica de la Iglesia y el mandato pontificio).
«Nunca es demasiado tarde»
La carta concluye encomendando la situación a Santa Rita de Casia, patrona de las causas imposibles y, como León XIV, agustina. Pagliarani escribe: «Vi en la elección de un Papa agustino un signo de esperanza.» Y cierra con una frase que funciona como un eco involuntario: «Nunca es demasiado tarde.»
Es exactamente lo que también podría decirse de la suspensión de las consagraciones. El 30 de junio de 1988, Mons. Lefebvre consagró cuatro obispos en Écône tras desatender una carta en la que Juan Pablo II le pedía, «por las llagas de Cristo», que no lo hiciera. Mañana, 1 de julio de 2026, la Fraternidad se dispone a repetir el gesto. Pagliarani ha firmado su respuesta en el mismo lugar. Queda por ver si, como dice su carta, nunca es demasiado tarde.
Carta del Superior General en respuesta a Su Santidad el Papa León XIV
30 Junio 2026
El Superior General
A Su Santidad
el Papa León XIV
Ecône, 30 de junio de 2026
Beatísimo Padre:
Le agradezco muy sinceramente la carta que ha tenido a bien dirigirme.
Me ha conmovido profundamente su solicitud paternal.
Desde hace mucho tiempo deseaba tener la oportunidad de encontrarme con Vuestra Santidad para expresarle personalmente nuestro sincero deseo de servir a la Iglesia. Desgraciadamente, esa ocasión no se ha presentado.
Sólo le pido que considere la autenticidad de esta intención, que no tiene nada de ficticia. Paradójicamente, en las circunstancias actuales, nos parece un deber preciso hacer todo lo posible por recomponer la túnica de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu auténticamente católico. Sólo le pido que considere la autenticidad de esta intención antes de tomar una decisión sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Aún no es demasiado tarde.
Lejos de nosotros la idea de separarnos de la Iglesia Romana; al contrario, deseamos servirla mediante medios extraordinarios, como se ayuda a una madre que atraviesa una grave dificultad y necesita una ayuda particular que no todos comprenden. Pero estoy seguro de que el Santo Padre podría comprenderlo.
La Santa Sede ha demostrado ya que sabe comprender situaciones muy complejas y que sabe conceder el tiempo necesario.
Me permito pedirle filialmente que se tome el tiempo necesario para este discernimiento.
Si mis palabras no bastaran, le pediría que reflexionara sobre dos hechos muy sencillos. En primer lugar, la Fraternidad ya fue declarada cismática en 1988, por razones y en circunstancias absolutamente análogas a las actuales; y, sin embargo, después de tantos años, estamos hablando como un padre con su hijo. Su Santidad me exhorta paternalmente a evitar un cisma que, teóricamente, ya habría tenido lugar. ¿No cree Vuestra Santidad que esa misma actitud suya, cuya solicitud tanto agradezco, constituye precisamente una prueba de que la Fraternidad no es cismática ni hostil a la Iglesia?
En segundo lugar, hace algunos años, la Santa Sede confió a dos obispos de la Iglesia la misión de dialogar con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: Mons. Vitus Huonder, entonces Obispo de Coira, hoy fallecido, y Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astaná. Ambos, después de tomarse el tiempo necesario para discernir, reconocieron el espíritu profundamente católico de la Fraternidad y dieron testimonio de ello públicamente.
Pero, sobre todo, me permito dirigirme a Vuestra Santidad en nombre de los miles de almas que han redescubierto la fe católica y la práctica religiosa gracias al apostolado de la Fraternidad. Es un hecho del que tomaron nota sus predecesores. Estas almas no tienen más deseo que alcanzar la salvación por medio de este instrumento que la Providencia ha puesto a su disposición. Han sufrido y son sinceras. Estoy seguro de que su corazón paterno de Pastor universal será sensible a esta situación tan particular. Un día, todas las dificultades entre la Santa Sede y la Fraternidad quedarán resueltas. Un gesto de comprensión por parte de Vuestra Santidad, lejos de perjudicar la unidad, sólo podrá manifestar ante el mundo y ante todos los cristianos su preocupación por la unidad y su bondad de padre.
Dejo todo esto a su consideración. Renuevo mi oración por Vuestra Santidad.
Desde hace mucho tiempo, incluso antes de su elección, vengo encomendando la situación actual a Santa Rita. Vi en la elección de un Papa agustino un signo de esperanza. Estoy seguro de que la Santa intercederá. Nunca es demasiado tarde.
Le suplico que nos conceda su bendición.
Aprovecho gustoso esta ocasión para reiterarme de Vuestra Santidad, devotísimo en el Señor.
Don Davide Pagliarani







