(InfoCatólica) La liturgia en su forma tradicional no es una amenaza para la unidad de la Iglesia. El cardenal François-Xavier Bustillo, obispo de Ajaccio, lo ha afirmado con claridad en una entrevista concedida a Il Giornale durante el Consistorio Extraordinario que acaba de concluirse en Roma, en la que también se ha pronunciado sobre el posible cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) y sobre el futuro del catolicismo en Francia.
La misa «antigua» no es un «atentado a la unidad»
Preguntado por si la misa en latín (como vulgarmente se nombra a la misa vetus ordo, porque en latín puede ser también la novus ordo) puede constituir una amenaza para la unidad eclesial, el cardenal francoespañol ha sido rotundo: «No, no es un atentado a la unidad y a la Iglesia. Si existe esta sensibilidad particular por la forma de rezar o de celebrar, no creo que sea un problema». Bustillo ha recordado la pluralidad litúrgica existente en la propia Iglesia, citando el rito oriental, el ambrosiano y el mozárabe como ejemplos de diversidad legítima dentro de la comunión católica.
El purpurado ha matizado, no obstante, que el riesgo aparece «cuando la búsqueda de radicalidad se transforma en rigidez y el ideal en ideología», y ha subrayado la responsabilidad de los obispos: «La liturgia siempre ha sido un principio de unidad, por tanto no puede ser un argumento de división o de tensión. Los obispos debemos tener en cuenta todas estas realidades y aportar respuestas de unidad, no de ideología».
Continuidad entre pontificados
Sobre si, a la luz del probable cisma lefebvriano, ha llegado el momento de abrogar las limitaciones a la liturgia antigua introducidas por Traditionis Custodes, Bustillo ha mostrado cautela: «Sería peligroso dar el mensaje de que Francisco no tuvo razón y León resuelve los problemas». Sin embargo, ha apelado a la continuidad del magisterio: «En la tradición de la Iglesia y del magisterio hay una continuidad y también un perfeccionamiento. El Papa León XIV es muy consciente de estas dificultades reales que existen también en Francia y él dará una respuesta, según mi opinión, justa y ajustada».
Quizá sea la respuesta más incómoda, porque no ha explicado por qué Francisco sí puede romper y tener discontinuidad con Benedicto XVI con Traditionis Custodes y ahora no se puede tener discontinuidad con Francisco. Lo que muestra que todavía es pronto para la toma de algunas decisiones.
Una «fractura dolorosa» si se consuman las ordenaciones
El cardenal ha expresado con gravedad su visión sobre el cisma anunciado por la FSSPX. Tras recordar que Benedicto XVI «hizo un gesto muy potente levantando las excomuniones a los obispos de la Fraternidad», un signo que Bustillo calificó de «paternidad y maternidad de la Iglesia», ha advertido: «Si estas ordenaciones se producen a pesar de los esfuerzos realizados por el diálogo, serán una fractura dolorosa para la Iglesia». Y ha añadido que el dolor será «ulterior si se piensa que llegan poco más de un año después de un pontificado centrado en las palabras "paz" y "unidad"».
«Francia tiene sed de Dios»
Bustillo, que se encontraba en Roma también para presentar su último libro (La necessità di riparare, editado por San Paolo), se ha mostrado optimista sobre el futuro del catolicismo en su país: «Estamos asistiendo a un renacimiento del deseo de espiritualidad. No cantamos victoria, pero nos damos cuenta de que en la sociedad hay esta sed de Dios». Ha destacado que este fenómeno afecta especialmente a los jóvenes, a quienes los pastores deben ofrecer «palabras, tiempo y cercanía. Porque cuando hay cercanía, hay autoridad».
Sobre la visita de León XIV a Francia prevista para septiembre, el cardenal ha expresado su expectativa: «Lo esperamos con impaciencia porque Francia necesita también una palabra de autoridad. Y el Papa hoy encarna un liderazgo ético y espiritual único». Bustillo ha comparado el efecto del pontificado actual con el de Juan Pablo II: «León está despertando a Occidente, así como Juan Pablo II despertó a Oriente. Occidente parece haberse dado cuenta de que haber dejado a Dios de lado, sobre todo después del 68, no nos ha hecho mejores».







