La «Latin Mass Society» rechaza las consagraciones episcopales de la FSSPX
© The Catholic Herald/FSSPX

Dentro de la Iglesia, no al margen

La «Latin Mass Society» rechaza las consagraciones episcopales de la FSSPX

Su presdidente, Joseph Shaw, defiende que la causa de la misa tradicional debe librarse dentro de las estructuras de la Iglesia y cuestiona que la situación actual justifique las consagraciones episcopales anunciadas por la Fraternidad San Pío X.

(InfoCatólica) La Latin Mass Society (LMS), principal organización laical británica dedicada a la promoción de la liturgia tradicional, ha expresado públicamente su rechazo a las consagraciones episcopales que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) tiene previstas para el 1 de julio. La posición fue expuesta por su presidente, Joseph Shaw, ante la asamblea general anual de la organización, en respuesta a las preguntas que, según reconoció, se multiplican en redes sociales.

Shaw, filósofo de la Universidad de Oxford y presidente de la LMS, expone en The Catholic Herald un análisis de las razones por las que su organización no respalda la decisión del superior general de la FSSPX, el P. Davide Pagliarani, y defiende una vía distinta para la causa tradicionalista: permanecer dentro de las estructuras de la Iglesia.

Dos condiciones para un equilibrio delicado

El argumento central de Shaw descansa sobre lo que describe como las dos condiciones que hacen posible el trabajo de la LMS. La primera es no formar parte del establishment eclesial, lo que permite a la organización no quedar atrapada en lo que denomina «modas pasajeras del oficialismo». Shaw señala que ya no resulta controvertido afirmar que entre 1964 y 1990 se causó un daño considerable al patrimonio arquitectónico eclesiástico sin beneficio real, y que la prohibición de las celebraciones públicas de la misa tradicional entre 1971 y 1984 (fuera de Inglaterra y Gales) fue perjudicial para las almas, una prohibición que revirtió el Papa San Juan Pablo II.

Para ilustrar el valor de quienes disienten de las modas intelectuales dominantes, Shaw evoca la figura del poeta John Betjeman, cuya oposición a la demolición de edificios victorianos en la posguerra británica le valió una estatua en la estación de St Pancras. De modo análogo, sostiene que Michael Davies, histórico defensor de la misa tradicional, ha sido vindicado en su posición fundamental: «que la prohibición y persecución de la misa tradicional fue dañina para las almas, y que este edificio sagrado, esta construcción de acción simbólica y formas sacramentales, debería seguir existiendo en la Iglesia para el bien de las almas».

Dentro de la Iglesia, no al margen

La segunda condición, argumenta Shaw, es precisamente la contraria: permanecer dentro de las estructuras eclesiales, sujetos al derecho canónico y a la jerarquía. El presidente de la LMS subraya que la misión de su organización no consiste en crear una institución paralela, sino en mejorar lo que ocurre dentro de la corriente principal de la Iglesia, haciendo accesible la misa tradicional al mayor número posible de fieles.

Es en este punto donde Shaw marca la distancia con la FSSPX. El P. Pagliarani justifica su decisión de consagrar nuevos obispos invocando un «estado de necesidad». En una entrevista ampliamente difundida, el superior general de la Fraternidad afirma:

«Es triste reconocerlo, pero es un hecho que, en una parroquia ordinaria, los fieles ya no encuentran los medios necesarios para asegurar su salvación eterna. Faltan, en particular, tanto la predicación íntegra de la verdad y la moral católicas como la administración digna de los sacramentos tal como la Iglesia siempre lo ha hecho. Esta privación es lo que constituye el estado de necesidad. En este contexto crítico, nuestros obispos envejecen y, a medida que el apostolado se expande, ya no son suficientes para atender las demandas de los fieles en todo el mundo».

Disección del argumento de la FSSPX

Shaw analiza la argumentación del P. Pagliarani distinguiendo dos planos. Respecto a la predicación, reconoce que constituye un medio de salvación, pero advierte de que resulta difícil precisar cuán deficiente debe ser la predicación para que los fieles queden privados de los medios de salvación. En cuanto a los sacramentos, el presidente de la LMS observa que el P. Pagliarani no niega que el bautismo y la confesión estén disponibles en las parroquias ordinarias, ni afirma que los nuevos ritos sean inválidos. Lo que reclama, según interpreta Shaw, es que se administren de forma «digna» y «como la Iglesia siempre lo ha hecho», es decir, en la forma anterior al Concilio Vaticano II.

Siendo ambas cosas excelentes, argumenta Shaw, el estado de necesidad que describe la FSSPX no equivale a una ausencia estricta de los medios sacramentales para liberarse del pecado original y del pecado mortal, sino a la carencia de las formas litúrgicas tradicionales y de una predicación plenamente ortodoxa.

Shaw plantea además una pregunta incómoda para la posición de la Fraternidad: si la FSSPX aceptase una reconciliación con la Santa Sede, incluso mediante una declaración genérica sobre la legitimidad de la misa reformada y la validez del Vaticano II, ¿se le impediría seguir atendiendo a sus fieles como hasta ahora? Su respuesta es negativa, y recuerda que otros institutos y comunidades religiosas reconciliados desde 1988 han podido obtener de forma consistente el uso del Pontifical Romano antiguo para sus ordenaciones y confirmaciones.

Una cuestión de confianza mutua

El analista reconoce el contraargumento habitual de los partidarios de la FSSPX: que es precisamente la existencia de la Fraternidad fuera de las estructuras lo que garantiza un espacio de relativa paz para los institutos tradicionales que operan dentro de ellas. Shaw discrepa de esta lectura, pero admite que no pretende ofrecer un argumento definitivo. Su conclusión es que el problema de la situación canónica de la FSSPX es, en el fondo, un problema de confianza y respeto mutuos entre la Fraternidad y la Santa Sede, y que su solución, si llega, requerirá tiempo y esfuerzo sostenido por ambas partes.

Con todo, Shaw concede que los partidarios de la FSSPX observan inevitablemente el trato que reciben los tradicionalistas que sí aceptan la autoridad de sus obispos, y que lo que han podido ver en los últimos años ha sido «bastante desigual». Shaw concluye expresando su esperanza de que el Papa León sea consciente del valor y la urgencia de transmitir a los católicos apegados a las tradiciones de la Iglesia su solicitud pastoral.

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