(InfoCatólica) León XIV ha recibido este lunes 22 de junio en el Vaticano a los miembros de la Fundación Jérôme Lejeune con ocasión del centenario del nacimiento del venerable genetista francés. En su discurso, pronunciado en la Sala del Consistorio, el Papa ha reivindicado la figura de quien descubrió la anomalía cromosómica responsable de la trisomía 21 y ha defendido la vida humana frente a las derivas de una medicina sometida a la lógica técnica o utilitarista. «¡Jamás la medicina podrá convertirse en servidora de la muerte programada!», ha advertido el Santo Padre.
El pionero de la genética que se hizo abogado de los más frágiles
Jérôme Lejeune, considerado uno de los padres de la genética moderna, dedicó su carrera a la investigación y al acompañamiento de las personas con síndrome de Down. «La medicina es el odio a la enfermedad y el amor al enfermo», solía afirmar, según recordó el Papa. Esta convicción guio toda su acción en favor de aquellos a quienes llamaba «los pobres entre los pobres».
El Santo Padre destacó la excelencia académica del profesor Lejeune y su dedicación a la Iglesia, cualidades por las que San Pablo VI lo nombró miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias. Asimismo, León XIV subrayó que «la profunda amistad forjada con San Juan Pablo II y su visión compartida en favor de la defensa de la vida estuvieron en el origen de la creación de la Academia Pontificia para la Vida», institución que Lejeune consideraba «necesaria ante la multiplicación de las amenazas contra la vida».
La denuncia del «racismo cromosómico»
El Papa señaló que Lejeune, «hombre de ciencia y de sabiduría», comprendió con rapidez que su descubrimiento científico «sería utilizado para erradicar a las personas portadoras de trisomía 21 antes de su nacimiento». Por esta razón, no dudó en convertirse en «su abogado», denunciando «la transgresión del juramento hipocrático y este nuevo eugenismo», que calificaba de «racismo cromosómico».
León XIV reconoció que «sus intervenciones proféticas lo llevaron a defender la vida de toda persona humana, haciendo referencia a la dignidad inviolable que tiene su origen en el acto creador de Dios», y que «interpeló y asesoró a instituciones y gobernantes de todo el mundo». «Esta lucha le valió ser objeto de ataques y críticas en ciertos ambientes científicos», añadió.
La técnica no debe suplantar a la ética
Según el Pontífice, el profesor Lejeune era consciente de que «si la técnica puede ayudar a la medicina, no puede, en cambio, sustituirla», y de que «la técnica puede ser utilizada contra la medicina, que por naturaleza está al servicio de la vida», como ocurre cuando «escapa a todo control ético indispensable y prevalecen los cálculos de eficacia, rentabilidad o utilidad».
El valor de una persona, recordó León XIV, nunca depende de su rendimiento, de su autonomía o de su utilidad social: «¡Jamás un médico debería permitirse, basándose en algoritmos de laboratorio, decidir sobre la vida de tal embrión o de tal persona anciana! ¡Jamás la medicina podrá convertirse en servidora de la muerte programada!».
Esta declaración se produce en la misma jornada en que el debate sobre la ayuda a morir ha regresado a la Asamblea Nacional francesa.
La Fundación Lejeune prosigue la obra del investigador
La Fundación prosigue la labor de Lejeune en torno a tres misiones: la investigación, la atención médica y la defensa incondicional de la persona humana. El Instituto Jérôme Lejeune atiende cada año a miles de pacientes con discapacidades intelectuales de origen genético, y la Fundación apoya numerosos programas científicos internacionales.
«Quiero expresarles mi aliento en su compromiso en favor de la vida y de la dignidad humana», afirmó el Papa, que también valoró la labor de formación de la Cátedra Internacional de Bioética, dedicada a profesionales de la salud, juristas y filósofos.
Llamamiento al bien común
León XIV se dirigió a las fundaciones y familias presentes, procedentes de España, Argentina, Estados Unidos, Portugal, Italia, Túnez, Costa de Marfil y Corea del Sur, entre otros países, y las animó a proseguir su compromiso. «Sean, como él, testigos comprometidos en la sociedad, al servicio de la búsqueda constante del bien común», exhortó.
El Papa recordó que el bien común, «primer gran principio de la enseñanza social de la Iglesia» y «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (cf. Magnifica humanitas, n. 59), no puede excluir a ninguna persona creada a imagen y semejanza de Dios, especialmente a las que viven en situación de fragilidad.
Al concluir, el Santo Padre expresó su deseo de que el mensaje del venerable Jérôme Lejeune pueda inspirar «el valor de la verdad en los numerosos jóvenes y profesionales deseosos de coherencia» y «ayudar a unir, sin rigidez, la razón y la fe, la palabra y los actos, la ausencia de juicio sobre las personas y el rechazo de la mentira». León XIV encomendó a todos los presentes a la intercesión de la Virgen e impartió la Bendición Apostólica.






