«El pasado no condena el futuro»: el mensaje de León XIV a los presos de Barcelona
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«Dios te ama como eres, pero te sueña mejor»

«El pasado no condena el futuro»: el mensaje de León XIV a los presos de Barcelona

Dos internas compartieron ante el Papa caminos opuestos hacia la misma fe. León XIV respondió con un mensaje sobre la dignidad incondicional y la capacidad de empezar de nuevo que ninguna barrera física puede impedir.

(InfoCatólica) El Papa León XIV visitó este martes el Centro Penitenciario Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), donde se reunió con unos 80 reclusos en el auditorio de la prisión y les dirigió un mensaje centrado en la dignidad incondicional de toda persona y en la posibilidad de empezar de nuevo. «El pasado no condena el futuro», les dijo, apoyándose en la figura de san Agustín y en su reciente encíclica Magnifica humanitas.

El encuentro, de aproximadamente media hora, reunió a internos del propio Brians 1 y de los centros Brians 2 y Wad Ras, junto a capellanes y voluntarios de la pastoral penitenciaria diocesana de Sant Feliu de Llobregat. El centro, ubicado en el municipio barcelonés de Sant Esteve Sesrovires, alberga actualmente a cerca de mil hombres y 150 mujeres en situación de detención preventiva.

Antes de tomar la palabra, el Pontífice escuchó los testimonios de Montse y Josefina, dos mujeres internas, así como la intervención del padre Jesús Bel Gaudó, de la Orden de la Merced, delegado diocesano para la pastoral penitenciaria.

«Me siento edificado»

León XIV comenzó su intervención con un saludo en catalán y agradeció la acogida recibida. «Me siento edificado por el testimonio que nos han compartido Montse y Josefina», confesó el Papa, antes de desarrollar el núcleo de su mensaje: la dignidad que ninguna circunstancia puede arrebatar.

Citando Magnifica humanitas (n. 52), el Pontífice recordó que todo ser humano es «digno» por el mero hecho «de haber sido querido, creado y amado por Dios», y que «no existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada». «Su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho», subrayó.

Dirigiéndose directamente a los internos, reconoció el peso de estar lejos de sus seres queridos y los invitó a resistir la tentación del desánimo: «Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, "alzad vuestra mirada" hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía».

San Agustín y la posibilidad de empezar de nuevo

Uno de los momentos centrales de la intervención fue la referencia a san Agustín y sus Confesiones como ejemplo de que los errores no determinan la identidad de una persona. «Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones», afirmó el Papa.

León XIV pidió a los reclusos que hicieran espacio al Señor en su corazón y cerró con la frase que condensó el sentido de toda la visita: «A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar».

Dos testimonios, un mismo camino

Los relatos de Montse y Josefina, distintos en su punto de partida pero convergentes en lo esencial, marcaron el tono del encuentro. Montse, barcelonesa, habló de una fe que tardó en llegar. La pérdida de su hijo la enfrentó al silencio de Dios: «He peleado mucho con él, y me ha costado la vida entender que Dios no es el culpable». Fue paradójicamente en la cárcel donde encontró lo que buscaba fuera. Incluso recuperó el sueño, tras un insomnio que ni la medicación ni la hospitalización habían podido aliviar: «Una noche, sosteniendo una cruz en la mano, logré dormir. Sé que fue Jesús quien me ayudó». Tras su testimonio, el Papa le dio no uno, sino dos abrazos.

Josefina, por su parte, creció dentro de la Iglesia, pero el accidente de su hijo sacudió sus certezas. A diferencia de Montse, no llegó a perder la fe, aunque la vio temblar. Su hijo sobrevivió y ella lo vive como un milagro: «Siempre es Dios; de lo contrario, no sé cómo habría podido resistir».

La labor de la pastoral penitenciaria

El padre Bel Gaudó explicó al Papa en qué consiste el acompañamiento que realizan: la celebración semanal de la Eucaristía, la preparación y administración de los sacramentos, encuentros para profundizar en la Biblia o simplemente «para hablar de nuestras inquietudes y deseos». «Gracias por mirarnos con ojos misericordiosos y por decirle al mundo que existimos, que sufrimos y que queremos levantarnos y seguir adelante», le dijo al Pontífice.

El encuentro concluyó con el rezo del Padrenuestro y la bendición apostólica. El Papa encomendó a los presentes a la intercesión de Nuestra Señora de la Merced, patrona de los presos, recibió unos presentes de los internos, les regaló una imagen de la Virgen y recorrió el pasillo central saludando con calma antes de partir hacia Montserrat.

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