(InfoCatólica) Unos 18.000 voluntarios se reunieron en el Pabellón 3 de IFEMA a primera hora de la mañana del martes para despedir al Papa León XIV en el último acto de su estancia en Madrid. El encuentro combinó momentos de oración, testimonios, música y un discurso pontificio centrado en la gratuidad como signo del Reino de Dios. Antes de marcharse, el Papa bendijo las primeras piedras de dieciocho nuevas iglesias que se construirán en la capital y regaló un cáliz a la archidiócesis.
La jornada arrancó con el rezo de laudes. El cansancio acumulado tras varios días de servicio ininterrumpido no impidió que el pabellón se llenara de un ambiente festivo desde los primeros compases del himno María, mírame.
Testimonios, rap y claveles
El youtuber Abel de Jesús fue uno de los primeros en intervenir. Celebró la multitudinaria participación de los fieles en la visita papal y advirtió contra tres tentaciones: «Hay el riesgo de los que quieren convertir el cristianismo en una moda, y de los que quieren sacar rédito de la Iglesia, y el riesgo más sutil: convertirlo en una identidad de clase o en una ideología». Su conclusión fue directa: «Si alguien viene a poner la patria o a la familia por encima del Evangelio, nosotros, ¡alzamos la mirada!».
La tuna irrumpió después con pasodobles, y en las pantallas apareció un voluntario mostrando en su móvil un «Viva el Papa» repetido al infinito. El cantante Pablo López agradeció a los voluntarios su entrega; Bustamante envió un saludo grabado en vídeo; y Soraya, visiblemente emocionada, se acordó de su familia antes de exclamar «que viva el Papa». Un padre de ocho hijos, también voluntario, ofreció un testimonio breve que dejó un poso de autenticidad en el pabellón.
Cuando León XIV hizo su entrada, lo recibió un coro espontáneo de «gracias, gracias». La rapper Aisha Rua actuó ante el Pontífice mientras algunos voluntarios de mayor edad imitaban en las pantallas los pasos de hip hop. El himno La alegría de la fe cerró el bloque musical.
«La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana»
El Papa abrió su intervención con un agradecimiento «de todo corazón» a los voluntarios por haber ofrecido «corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas» y por haberlo hecho «por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa». Reconoció que la respuesta a la convocatoria había sido entusiasta: «En pocos días habéis superado las cifras solicitadas y así las necesidades han quedado ampliamente cubiertas».
El núcleo de su reflexión giró en torno a una idea: «Los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad». León XIV acudió a la parábola recogida por el evangelista Mateo: «El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13,33). Señaló que la experiencia de estos días era «un signo del Reino que viene» precisamente por su carácter gratuito.
Frente a la lógica del interés y el lucro, el Papa contrapuso la del «crecimiento humano integral», la lógica del Evangelio. «La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la "ciudad de Dios"», afirmó, antes de citar a Lucas: «Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis?» (Lc 6,33-34).
Dieciocho primeras piedras y un cáliz
León XIV aseguró que Madrid «está más cerca del Reino de Dios» gracias al servicio de los voluntarios, aunque matizó enseguida: «¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya!». Los animó a seguir adelante «con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio», y los encomendó a la Virgen María antes de despedirse con un «¡Gracias! ¡Nos vemos en Roma!».
A continuación bendijo las primeras piedras de dieciocho iglesias que se levantarán en Madrid y entregó un cáliz como regalo para la archidiócesis. Al hacerlo pronunció la frase que cerró el acto: «Que no nos olvidemos jamás de lo que celebramos en el memorial de Cristo que nos ha salvado».
El himno Alma misionera puso el punto final a una mañana que resumió el tono de toda la visita: oración, cercanía y una llamada constante a vivir la fe como entrega gratuita.






