(InfoCatólica) Organizaciones laicistas, masones de alto grado, sindicatos de izquierda, formaciones independentistas y asociaciones de ateos han encontrado por fin algo en lo que están todos de acuerdo: no quieren al Papa en Barcelona. Para los católicos habría sido preocupante lo contrario.
La campaña se llama «Yo no te espero», tiene web propia y prepara una concentración para el 9 de junio en el Paseo del Born, a las 19 horas, justo una hora después de que León XIV inaugure su agenda barcelonesa en el Estadio Olímpico de Montjuïc. El timing, al menos, está cuidado.
Según informa El Confidencial, la iniciativa parte de Ateos de Cataluña, Europa Laica y la Fundació Ferrer i Guàrdia, que han elaborado un manifiesto y lo han difundido por foros digitales en busca de adhesiones. El texto expresa preocupación por que «esta visita de carácter religioso sea tratada por las instituciones como una visita de Estado, con el despliegue de recursos públicos que esto implica», y considera que ello «debilita la neutralidad institucional y perpetúa un trato privilegiado que contradice el principio de aconfesionalidad reconocido constitucionalmente».
Se les echaba de menos.
Un manifiesto con todas las causas
El documento no se deja nada en el tintero. Denuncia los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede, «heredados del contexto de la Transición», y acusa a la Iglesia de vulnerar derechos civiles por su oposición al aborto y la eutanasia, de no haber pedido perdón por su papel durante el golpe de Estado de Franco, de haber ocultado casos de pederastia y de relegar a la mujer a «un papel secundario y subalterno».
Las demandas son igualmente exhaustivas: ni recursos públicos para actos papales, ni representantes institucionales en ceremonias litúrgicas, derogación de los acuerdos con la Santa Sede, revisión de privilegios fiscales e inmatriculaciones, y una cobertura de los medios públicos que «asegure el pluralismo y evite tratos de favor». En resumen: que el Papa venga si quiere, pero que no se note.
El masón de grado 33 que dirige la operación
La Fundació Ferrer i Guàrdia no es una asociación de vecinos cualquiera. Al frente figura Joan Francesc Pont Clemente, catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Barcelona, miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y, detalle no menor, masón de grado 33, el máximo del escalafón. Pont fue gran maestre adjunto de la Gran Logia Simbólica de España y entre 2010 y 2017 ejerció como gran comendador del Supremo Consejo Masónico de España, la más alta institución de la masonería de rama inglesa en el país. Lleva en la orden desde 1984, cuando tenía 27 años. Que un masón de semejante rango encabece una protesta contra el Papa no carece de cierta coherencia histórica, pero añade al asunto un punto de exotismo que sus promotores probablemente no buscaban.
La vicepresidencia de la Fundació la ocupa Vicenç Molina Ferer, profesor de Ética Empresarial en la Universidad de Barcelona y venerable maestro de la logia Minerva-Libertad. Entre los vocales del patronato aparece Santiago Castellà, primer secretario del PSC de Tarragona, presidente del Puerto de Tarragona, exsenador socialista y hombre de confianza del president Salvador Illa. Castellà también es miembro del Supremo Consejo Masónico. Es decir: el primer secretario socialista de Tarragona protesta contra la visita del Papa mientras su jefe político, Illa, es católico practicante. Pero la cosa no acaba ahí.
La paradoja de los católicos que protestan contra el Papa (o casi)
Otro vocal del patronato de la Fundació es Lluís Pérez Lozano, que resulta ser codirector de la Fundació Josep Irla, nada menos que la fundación oficial de Esquerra Republicana de Catalunya. La entidad que compró varias de las sedes del partido. La misma ERC cuyo presidente, Oriol Junqueras, hizo una estancia de seis meses en el Vaticano y es conocido por su catolicismo practicante. Así que mientras Junqueras comulga en misa, la fundación de su partido contribuye a organizar protestas contra esa misma misa. Nadie dijo que la política catalana fuese fácil de entender.
Una sede para gobernarlos a todos
A la campaña se han ido sumando organizaciones de lo más diverso: los sindicatos CGT y USTEC, Esquerra Unida i Alternativa (rama catalana del PCE), Comunistes de Catalunya, la CUP, la Alianza Atea Internacional, Esplais Catalans y Acció Escolta de Catalunya. Las dos últimas, dedicadas a la educación juvenil, comparten sede con la Fundació Ferrer i Guàrdia, lo que sugiere menos espontaneidad y más dirección de orquesta de la que el formato «campaña ciudadana» pretende transmitir. Esplais Catalans, vinculada al independentismo, gestiona una red de monitores que trabaja con unos 8.000 niños. Acció Escolta se presenta como una entidad educativa para jóvenes de 6 a 20 años, con valores «asamblearios, catalanistas, ecologistas, feministas, laicos y anticapitalistas». Nada que ver con los boy scouts de toda la vida.
Lo más tronchante, el argumento «españolizador»
El independentismo, por su parte, aporta su propio agravio al cóctel: acusan a los «poderes fácticos del Estado» de instrumentalizar al Papa para «españolizar» iconos que consideran exclusivamente catalanes. La Sagrada Familia, donde León XIV celebrará una misa, la abadía de Montserrat, que también visitará, e incluso el Estadio Olímpico, que lleva el nombre de Lluís Companys, son, a juicio de estos sectores, patrimonio catalán que el Estado pretende apropiarse con ayuda del Pontífice. Que la Sagrada Familia sea una basílica católica consagrada por un Papa no parece alterar el argumento.








