León XIV autoriza la beatificación de 80 mártires de la Guerra Civil española asesinados en Santander
Barco prisión Alfonso Pérez | © Ecclesia/COPE

Mártires del barco prisión y del mar Cantábrico

León XIV autoriza la beatificación de 80 mártires de la Guerra Civil española asesinados en Santander

Sacerdotes fusilados, arrojados al mar o desaparecidos en un barco prisión: el Papa reconoce el martirio de Francisco González de Córdova y 79 compañeros asesinados en la contienda española.

(InfoCatólica) León XIV autoriza la beatificación de 80 mártires asesinados durante la Guerra Civil en Santander, a pocos días de iniciar su viaje apostólico a España. Los futuros beatos, en su mayoría sacerdotes, fueron ejecutados por mantenerse fieles a su fe en los meses más sangrientos de la contienda.

El Papa aprobó el pasado 22 de mayo la promulgación de seis decretos del Dicasterio para las Causas de los Santos, tras una audiencia concedida a su prefecto, el cardenal Marcello Semeraro. Entre ellos figura el reconocimiento del martirio de Francisco González de Córdova y 79 compañeros: 67 sacerdotes, tres carmelitas, tres seminaristas y siete laicos, todos ellos asesinados en la provincia de Santander durante la Guerra Civil.

Mártires del barco prisión y del mar Cantábrico

Santander fue la única capital castellana que quedó en manos del bando republicano tras la sublevación nacional de julio de 1936. A partir de ese momento se desencadenó en la ciudad y su provincia una espiral de violencia contra la Iglesia que se prolongó hasta agosto de 1937.

Según relata la Diócesis de Santander, los mártires murieron sin renunciar a su fe y perdonando a sus agresores. Algunos fueron arrojados al mar Cantábrico atados de pies y manos, otros ejecutados o desaparecidos en el barco Alfonso Pérez, convertido en prisión por las autoridades del Frente Popular.

Francisco González de Córdova, párroco en Santoña, se negó a abandonar su parroquia y continuó celebrando misa y administrando los sacramentos de forma clandestina hasta su detención. Recluido en el Alfonso Pérez, siguió confesando a sus compañeros de cautiverio. Cuando comenzaron las ejecuciones, pidió ser el último en morir para poder bendecir a todos los que serían asesinados antes que él. Fue ejecutado en la bodega del barco.

Entre los 80 mártires se encuentra también Felipe Sobrado Fernández, párroco de Pontejos, de 51 años en el momento de su muerte, cuyo cadáver fue hallado con 16 impactos de bala. Las ejecuciones comenzaron en agosto de 1936, cuando siete sacerdotes fueron arrancados de sus parroquias y fusilados, y no cesaron hasta un año después.

El patriarca Elías Hoyek, «padre del Gran Líbano»

En la misma audiencia, León XIV aprobó el milagro atribuido a la intercesión del venerable Elías Hoyek, patriarca de Antioquía de los Maronitas, lo que abre la puerta a su beatificación.

Nacido el 4 de diciembre de 1843 en Helta (Líbano), Hoyek fundó en Ebrine la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia, el primer instituto religioso femenino de vida apostólica en la Iglesia maronita. Elegido patriarca en 1899, ejerció el cargo durante más de treinta años «con gran dedicación y sensibilidad pastoral, cuidando constantemente la formación del clero y la catequesis de los fieles», según precisa el Dicasterio para las Causas de los Santos.

Durante la Primera Guerra Mundial, el futuro beato puso conventos y monasterios a disposición del pueblo libanés, un gesto que le valió una condena a la deportación de la que finalmente se libró gracias a la intervención del Papa Benedicto XV. Posteriormente reclamó en el Congreso de Versalles la independencia de su tierra, logrando el 1 de septiembre de 1920 la proclamación del nuevo Estado del Gran Líbano, lo que le valió el título de «Padre del Gran Líbano».

Cuatro nuevos venerables

El Papa autorizó también las virtudes heroicas de cuatro siervos de Dios:

El siervo de Dios Constantino Vendrame, misionero salesiano italiano conocido como el «Apóstol de Shillong» por su labor evangelizadora en la India.

El siervo de Dios Nazareno da Pula (1911-1992), hermano laico capuchino.

La sierva de Dios María Ana Alberdi Echezarreta (1912-1998), bautizada como María de la Concepción Cruz, abadesa del Monasterio de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas.

El siervo de Dios Jean-Thierry de Jesús Niño y de la Pasión (1982-2006), religioso profeso de la Orden de los Carmelitas Descalzos, originario de Camerún.

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