Mons. Colombo se victimiza y desmiente una sanción vaticana que nadie afirmó
Screenshot YT Diócesis de Mendoza

Elude responder sobre conversaciones con el Dicasterio de Culto Divino

Mons. Colombo se victimiza y desmiente una sanción vaticana que nadie afirmó

El arzobispo de Mendoza publica una circular desmintiendo una «sanción vaticana» que nadie había afirmado. La información original hablaba de conversaciones informales del Dicasterio de Culto Divino, algo que ni Colombo ni la CEA han negado expresamente.

(InfoCatólica) El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y arzobispo de Mendoza, Mons. Marcelo Colombo, publicó el pasado 18 de mayo una circular titulada «Ante tanta mentira y fake news» en la que se victimiza y desmiente haber recibido una «sanción vaticana» por motivos litúrgicos.

El problema es que nadie había afirmado tal cosa: la información original, publicada por el blog argentino Wanderer una semana antes, hablaba de «conversaciones» informales de oficiales del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos con el propio Colombo y con el obispo de San Luis, Mons. Gabriel Barba, a propósito de las restricciones al modo de recibir la comunión impuestas en ambas diócesis. En ningún momento se mencionó una sanción canónica formal o informal. 

Lo que se publicó y lo que se desmintió

El 11 de mayo, Wanderer informó de que, según «fuentes inobjetables», oficiales del Dicasterio de Culto Divino habrían mantenido conversaciones con Colombo y Barba «en las cuales los habrían reconvenido por las legislaciones restrictivas que aplicaron en sus diócesis con respecto al modo de recibir la comunión». El precisaban, además, que se trató de contactos «de tono más bien amigable» en los que se habría recordado a ambos obispos que los fieles tienen plena libertad para elegir el modo de recibir la Eucaristía.

La información fue recogida días después por medios solventes de todo el mundo, como Tribune Chretienne o Religión en Libertad, que también incluyó posteriormente la reacción del director de la Oficina de Comunicación de la CEA, Máximo Jurcinovic, quien declaró que la información «es totalmente falsa, no se ha recibido corrección alguna y tampoco se ha tenido un diálogo a partir de la situación que se plantea».

La circular de Mons. Colombo, publicada el 18 de mayo a través de sus redes sociales y de la Pastoral de Comunicadores de Mendoza, y difundida también mediante una entrevista en Radio María y una nota en el diario Los Andes, arranca afirmando que ha «recibido consultas sobre una supuesta sanción vaticana que me habría sido impuesta por motivos litúrgicos».

Como señala el autor de Wanderer en su respuesta del 21 de mayo, la distancia entre lo publicado (conversaciones informales) y lo desmentido (una sanción vaticana) es sustancial: «Una conversación con autoridades vaticanas es algo muy distinto a una sanción vaticana. Una reconvención o corrección informal por parte de oficiales de un dicasterio no es una sanción canónica formal».

Lo que la circular no niega

Tanto la declaración de Jurcinovic como la circular de Colombo niegan, respectivamente, una «corrección» y una «sanción». Ninguna de las dos fuentes oficiales niega de forma explícita que se hayan producido conversaciones o contactos del Dicasterio con los obispos mencionados. Wanderer lo subraya en su respuesta: «En ningún momento afirma que las conversaciones con el Dicasterio de Culto Divino no ocurrieron. Solo niega la "sanción" y la existencia de "comunicaciones oficiales". Si las conversaciones nunca ocurrieron, sería muy sencillo decirlo directamente».

La cuestión de fondo, por tanto, permanece abierta: si el Dicasterio mantuvo o no algún tipo de contacto, formal o informal, con los dos obispos sobre sus disposiciones relativas a la forma de recibir la comunión.

El tono de la circular: más descalificación que desmentido

Buena parte de la circular de Colombo no se dedica a rebatir los hechos publicados, sino a descalificar al autor del blog, al que califica de «anónimo», «cobarde», «difamador», «obsesionado» y «patológico». Le acusa de actuar «desde la oscuridad» y de no permitir el derecho a réplica en su espacio, e incluye una velada amenaza tanto hacia el bloguero como hacia quienes difundan sus publicaciones, al advertir de posibles «responsabilidades legales» y señalar que «sus números de contacto quedan registrados». El arzobispo afirma además haber «informado a mis superiores de Roma de la situación».

Llama la atención la concepción eclesiológica del «presidente de los obispos argentinos», ¿un obispo tiene superiores?, ¿es un delegado territorial?, ¿quiénes son sus superiores?, ¿qué tipo de rendición de cuentas practica?

El bloguero, en su respuesta, califica la circular de ejercicio de «clericalismo» y sostiene que Colombo recurre a la falacia ad hominem «cuando no se puede refutar el contenido». Le reprocha además la contradicción de acusarle de impedir el debate cuando el propio arzobispo tiene desactivados los comentarios en sus cuentas de X e Instagram, y le invita públicamente a enviar una réplica al blog para su publicación íntegra.

La cuestión litúrgica de fondo

Más allá de la polémica personal, el caso remite a un debate litúrgico que sigue abierto en la Iglesia argentina. La controversia se desencadenó después de que Colombo afirmara públicamente en 2025 que «en Argentina, la comunión se recibe de pie», apelando a las normas aprobadas por la conferencia episcopal.

En Mendoza se produjo un episodio especialmente polémico cuando, según diversas informaciones, un fraile habría reprendido a fieles que intentaban arrodillarse para comulgar en la Basílica de San Francisco, llegando a negar la comunión a una persona hasta que aceptara recibirla de pie y en la mano. En la diócesis de San Luis, Mons. Barba impulsó orientaciones similares para favorecer la comunión en la mano entre los ministros extraordinarios de la Eucaristía, en una diócesis que bajo el episcopado de Mons. Juan Rodolfo Laise se había distinguido precisamente por su defensa de la comunión en la lengua.

La instrucción Redemptionis Sacramentum, publicada en 2004 por la entonces Congregación para el Culto Divino, establece con claridad que «cada fiel tiene siempre derecho a recibir la Sagrada Comunión en la lengua» y que «no es lícito negar la Sagrada Comunión a ningún fiel únicamente por el hecho de que desee recibir la Eucaristía de rodillas o de pie».

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