(InfoCatólica) El rápido descenso del número de sacerdotes y de católicos en todo occidente hace que sea necesario tomar la decisión trágica, pero a la larga inevitable, de reducir también el número de parroquias. En cierto modo, es un círculo vicioso, porque la reducción del número de parroquias hace más difícil que surjan vocaciones sacerdotales y la reducción consiguiente del número de sacerdotes requiere que siga disminuyendo la cantidad de parroquias.
En cualquier caso, la realidad es la que es y conviene ser conscientes de ella. El caso de la diócesis de Saint Cloud, en Minnesota (Estados Unidos) es un buen ejemplo de lo que antes o después sucederá en multitud de otras diócesis.
Se trata de una diócesis pequeña en número de católicos, pero bastante extensa. Se extiende hasta la frontera de Dakota del Sur y abarca unos treinta mil kilómetros cuadrados, es decir, una superficie ocho veces mayor que la de la archidiócesis de Madrid. Los católicos que viven en ella alcanzaron su número máximo en 1980, cuando eran unos 154.000. En la actualidad solo son 110.000 y el porcentaje de católicos sobre el total de la población ha caído del 42 % al 19 %.
Esos dos factores, la dispersión y la constante disminución del número de católicos, hacen necesario cerrar un gran número de parroquias. Los sacerdotes, cuyo número también ha disminuido mucho, simplemente no dan abasto a atenderlas todas. En los años sesenta, la diócesis tenía unos 189 sacerdotes diocesanos, mientras que ya solo quedan 81, y además con una media de edad avanzada. Los sacerdotes religiosos han sufrido un descenso similar.
Según el plan de la diócesis, fruto de multitud de reuniones con todas las partes interesadas, la reducción será drástica, de 131 parroquias a solo 48. Es decir, desaparecerá el 64 % de las parroquias de la diócesis.
En principio, gran parte de los templos permanecerán abiertos, pero sus actividades se harán mucho menos frecuentes. «Actualmente, nuestras 131 parroquias celebran misa todos los fines de semana», declaró Brenda Kresky, Directora de Planificación Pastoral de la diócesis al Minnesota Star Tribune. «Vamos a reducir la frecuencia en aproximadamente un tercio y les diremos que, aunque una iglesia permanezca abierta, puede que no haya Misa los fines de semana».
El proceso será muy doloroso para los parroquianos, que a menudo tendrán que desplazarse a otras poblaciones para ir a Misa y perderán parte del sentido de comunidad que aseguraba la iglesia local. «Esto es devastador para nosotros», declaró Carly Serbus, parroquiana de Santa Ana en Kimball, iglesia que probablemente se verá afectada por la reducción. «Está destrozando el corazón de nuestra comunidad».
Tanto en los Estados Unidos y Canadá como en Europa o Hispanoamérica, este proceso parece humanamente imparable. InfoCatólica ha informado de casos similares en algunas diócesis norteamericanas, holandesas, belgas o españolas, pero es una tendencia generalizada. En España, parece claro que antes o después sucederá lo mismo en casi todas las diócesis, empezando por las rurales, en las que un párroco puede estar a cargo de hasta veinte parroquias, una situación que resulta obviamente insostenible.
La reorganización de la estructura parroquial, sin embargo, solo será aplicar paños calientes mientras permanezcan inalteradas las causas de la desastrosa disminución de fieles. Aunque existen muchas opiniones diferentes sobre la naturaleza exacta de esas causas, parece claro que, ante todo, se trata de una crisis de fe.







