(InfoCatólica) Un equipo de investigadores estadounidenses asegura haber hallado indicios de una estructura artificial bajo la formación geológica de Durupınar, en la Turquía oriental, que desde 1959 alimenta la hipótesis de que podría albergar los restos del Arca de Noé. Los datos, obtenidos mediante georradar y termografía infrarroja, revelan una red de túneles subterráneos que, según sus autores, serían incompatibles con una formación natural.
Túneles, vigas y materia orgánica
Andrew Jones, fundador de Noah's Ark Scans, ha presentado los resultados de las últimas prospecciones realizadas en el yacimiento, situado a escasa distancia del macizo del monte Ararat y a apenas un kilómetro y medio de la frontera con Irán. Según ha declarado a Fox News, los escaneos han detectado túneles a unos cuatro metros de profundidad y aproximadamente dos metros de altura que recorren el centro de la formación y bordean el interior de lo que él interpreta como el casco de una embarcación. Todos convergerían en una cámara interna.
«Creemos firmemente que esta planimetría, que muestra túneles y posibles vigas y muros de soporte, sugiere que se trata de una obra artificial y no de una formación natural», ha afirmado Jones. El investigador ha añadido que los análisis del suelo arrojan tres veces más materia orgánica en el interior de la formación que en el terreno inmediatamente circundante, lo que a su juicio apuntaría a restos de sustancias biológicas o artificiales antiguas.
Además, según recoge Il Timone, en el yacimiento se han localizado fósiles marinos, entre ellos corales y conchas que, a la altitud a la que se encuentra el enclave, sugerirían que el área estuvo sumergida en épocas remotas.
Un debate que dura más de seis décadas
La historia del yacimiento se remonta a 1959, cuando el capitán del ejército turco İlhan Durupınar identificó durante un vuelo de reconocimiento una formación irregular en las montañas de la Anatolia oriental cuya silueta recuerda a una embarcación. La semejanza, visible incluso a simple vista, ha alimentado durante décadas la especulación de que se trataría del lugar donde encalló el Arca bíblica.
A la sugestión visual se suma una coincidencia dimensional: el yacimiento mide aproximadamente 157 metros de longitud, cifra próxima a los 300 codos (unos 133 metros) que el capítulo sexto del Génesis atribuye al Arca. No obstante, buena parte de la comunidad científica considera la cuestión zanjada desde 1996, cuando el geólogo Lorence Collins publicó, junto con David Fasold (quien inicialmente había defendido la tesis del Arca), un artículo en el Journal of Geoscience Education en el que concluían que los supuestos componentes artificiales del yacimiento, como residuos de hierro y otros metales, no eran sino minerales volcánicos oxidados y sedimentos naturales.
Próximos pasos: un robot en los túneles
Pese al escepticismo dominante entre los geólogos, Jones se muestra convencido. «Tenemos la forma de la nave, estamos en la ubicación correcta y ahora vemos además que el suelo interior es distinto del exterior», ha subrayado. La siguiente fase de la investigación consistirá en introducir un robot en los túneles para filmar su interior y recoger muestras, antes de cualquier excavación. Según explica la propia web de Noah's Ark Scans, «la arqueología es una ciencia destructiva» y resulta imprescindible disponer de los mejores datos posibles antes de excavar.
El yacimiento de Durupınar ha seguido generando interés a lo largo de los años. En 2017, el cineasta Cem Sertesen estrenó el documental Noah's Ark, que reunía 22 años de investigaciones en la zona. Si los nuevos hallazgos de Jones y su equipo resisten el escrutinio científico, el viejo debate podría cobrar un impulso renovado.







