Valle de los Caídos: la hora de los pastores

Valle de los Caídos: la hora de los pastores

Hay momentos en la vida de la Iglesia en los que no sucede nada visible y, sin embargo, todo está en juego. No se discuten dogmas ni se convocan concilios, pero algo más silencioso --y no por ello menos decisivo-- se pone a prueba: la capacidad de quienes han recibido la misión de guiar para ofrecer una palabra que no vacile.

El creyente, en el fondo, no vive de teorías. Vive de signos, de gestos y, sobre todo, de voces. Hay una voz que reconoce como propia, no porque le resulte cómoda, sino porque le resulta verdadera. Cuando esa voz se hace presente, aunque lo haga sin ruido, introduce una claridad que no se aprende, sino que se reconoce. Es la voz de los pastores; las voces que la Iglesia precisa.

No es una claridad que simplifique la realidad ni que la haga más liviana. Es otra cosa: una luz que permite mirar sin desorientarse. Cuando falta, no se produce necesariamente el error, pero sí algo más inquietante: la sensación de que nadie termina de decir qué está ocurriendo.

Evangelii Gaudium insiste en que el anuncio cristiano no puede quedar reducido a fórmulas ni a respuestas previsibles. Habla de una palabra que nace de dentro, que toca la vida y que, al hacerlo, no se vuelve más complicada, sino más reconocible. Y eso exige algo que no siempre resulta fácil: que quien habla lo haga sin reservas, sin esconderse en matices que diluyen lo esencial.

El tiempo presente, tan proclive al enfrentamiento, parece haber convertido la palabra en un instrumento de desgaste. Se habla mucho, pero se ilumina poco. En ese contexto, la Iglesia está llamada a no confundirse con ese ruido. Su lugar no es el de quien se suma a la discusión, sino el de quien la atraviesa con una palabra que no necesita imponerse para ser escuchada.

Por eso, cuando esa palabra no llega, el desconcierto no tarda en aparecer. No como reproche, sino como desorientación. El fiel no busca un posicionamiento táctico ni una respuesta calculada. Busca saber si aquello que ha creído sigue siendo afirmado con la misma firmeza con la que lo recibió.

La reciente convocatoria del consistorio por parte de Papa León XIV, para dar impulso a las orientaciones de Evangelii Gaudium, parece señalar precisamente hacia ahí: hacia una Iglesia que no se encierra ni se diluye, sino que se hace presente en medio del mundo con una palabra que no se repliega.

La elección de León XIV ha sido percibida, en muchos ámbitos, como un momento propicio para retomar ese impulso. No tanto por lo que introduce, sino por lo que puede reordenar. Porque hay etapas en las que lo más necesario no es avanzar más deprisa, sino recuperar la dirección.

En ese horizonte se sitúa, con una fuerza singular, el caso del Valle de los Caídos. No como un episodio aislado, sino como un punto de confluencia en el que se cruzan miradas muy distintas. Una comunidad que reza sin hacerse visible. Un poder que actúa con determinación. Un conjunto de fieles que observa con una mezcla de fidelidad y perplejidad. Y una Iglesia que, sin pretender ocupar el centro, no puede dejar de ser referencia.

Allí no se dirime únicamente una cuestión jurídica o patrimonial. Se pone en cuestión algo más difícil de formular: el sentido mismo de lo que ha sido consagrado. Y cuando eso ocurre, no basta con confiar en que las cosas se ordenen por sí solas. La claridad no se produce por inercia.

En ese mismo lugar, además, se ha producido un hecho que no puede ser ignorado. La firma de un acuerdo por parte del cardenal Cobo con el Gobierno --un gesto que ha sido percibido por muchos como un error-- ha introducido involuntariamente una sombra donde debería haber claridad. No se trata aquí de juzgar intenciones, sino de reconocer que cuando lo sagrado aparece expuesto a interpretaciones ajenas a su naturaleza, algo se resiente. Y es precisamente en estos momentos cuando la comunión episcopal adquiere todo su sentido: no para encubrir, sino para sostener; no para dejar intacto el error, sino para ayudar a que sea reconocido y corregido. La fidelidad a una basílica consagrada --y, con ella, a lo que representa-- pide ese gesto discreto y firme de los hermanos en el episcopado.

Quienes han recibido la misión de pastorear saben que su palabra no es una entre otras. No porque sea más fuerte, sino porque está llamada a ser más limpia. Y esa limpieza no se mide por su ausencia de conflicto, sino por su fidelidad a lo que no puede cambiarse sin perder su identidad.

Mientras tanto, el desconcierto se extiende de forma callada. No estalla, no se manifiesta con estridencia, pero se instala. Muchos fieles --no solo en un lugar concreto, sino en distintos ámbitos-- perciben que algo no termina de encajar. Y no pocos sacerdotes, acostumbrados a sostener a otros, experimentan ahora la dificultad de encontrar una referencia que les confirme en lo que ellos mismos anuncian.

No se trata de exigir explicaciones detalladas ni de pedir posicionamientos exhaustivos. Bastaría con algo más esencial: que se diga lo que es. Que se recuerde, con la serenidad propia de quien no necesita elevar la voz, que hay realidades que no se ajustan a las circunstancias, sino que las atraviesan.

También en la relación con las autoridades civiles esa claridad es necesaria. El entendimiento no es solo posible, sino deseable. Pero no todo puede integrarse en un acuerdo. Hay ámbitos que no dependen de la negociación porque no proceden de la voluntad de las partes. Y eso, lejos de dificultar el diálogo, lo hace más verdadero.

En definitiva, no se espera una reacción extraordinaria, sino una fidelidad reconocible. No se espera una solución brillante, sino una palabra que no llegue tarde. Porque hay palabras que, cuando se retrasan, pierden su fuerza. Y hay otras que, incluso pronunciadas con sobriedad, son capaces de devolver a muchos la certeza de que no están caminando a oscuras.

Andrés García Lorca
Catedrático de Universidad

10 comentarios

Salvador Ferrer de Torres
Magnífico y respetuoso artículo, yo sólo puedo añadir que, cuando la Iglesia Católica está necesitada de fieles, viene quién por sus, seguramente ambiciones,pone palos en la rueda, cuando por intereses los anteponemos al Sr nuestro Dios, mal potaje de está haciendo, son los sacerdotes y párrocos de apie, quienes hoy, están sosteniendo y fortaleciendo, las creencias del católico, pero también la base puede tambalearse, cuando el mando que manda, se desvirtúa.
Un cordial saludo
21/04/26 1:44 PM
Jose Luis
De catedrático a catedrático, hay que hacer un esfuerzo sobre los textos IA,aunque su contenido sea certero, el estilo IA está lleno de isocolones, eparnotasis, Dicotomía conclusiva
Paralelismo antitético
Correlación binaria enfática
Antítesis dialéctica
Antítesis valorativa
Antítesis paratáctica
Tricolon / isocolon
Tricolon oracional
Cadencia isocrónica
Homeóptoton rítmico
Enumeración abstracta isocólica
Ritmo escalonado artificial
Isocronía oracional etc. etc.
Por lo demás bien
21/04/26 6:45 PM
Ugar
¿Alguien me puede decir qué aporta este artículo? A mí, sinceramente, nada.
21/04/26 9:35 PM
Virginia Miró Quesada Rivera
Gracias por esta información es una gran verdad que tenemos poca información sobre la Iglesia , El Vaticano Etc., sobre todo en temas que son demasiado importantes para los Católicos españoles.
No deja de sorprenderme el Artículo del Dr.. García Lorca....muy definido y muy claro.
Tengo un especial cariño y respeto por Su Santidad Papa León , pero la Política y la Iglesia son lamentablemente diálogos opuestos , ahora más que minca por el sin número de grupos con ideologías diversas. ..Que terminarán desuniendo a los católicos.... Orar es la única fuerza que tenemos.





.
21/04/26 10:49 PM
Edgar O Mora G.
Si el valle de los caidos es destruido, muchos Españoles aparte de la jerarquía de la Iglesia darán cuenta de esta profanación.



22/04/26 5:37 AM
Ego
Lo Q demuestra este asunto es q los obispos españoles son indignos, cobardes, miserables y no tienen fe
22/04/26 12:54 PM
José Herrera
Puf. Vamos, que la Conferencia Episcopal se ha equivocado y tiene que rectificar impidiendo que parte de la basílica se desacralice. El comentario de José Luis me ha sorprendido por cantidad de tecnicismos de la retórica clásica, pero traducidos a un lenguaje sencillo describen bastante acertadamente el texto de García Lorca, Andrés.
22/04/26 3:50 PM
Lobo Feroz
Aqui hay que dejarse de medias palabras, lo que succede con le Valle no tiene nombre,es una verguenza, miseria y cobardia absoluta, la Conferencia Episcopal y el Obispo que la preside que firma semejante barbaridad como la que ha firmado sin tener competencia para ello, el resto de los obispos mudos, los sacerdotes mudos, solo algunos laicos se mueven desesperados,, ultimos catolicos que deben de quedar en Espana sin que nadie praticamente les apoye, un horror en lo que se ha convertido este pais nuestro!!! Ahora, se presenta una ultima oprtunidad, el Papa viene y es el que en este assunto tiene la ultima palabra, aprovechemosla, salgamos a su encuentro todos con un cartel en la mano con la frase escrita: -Santo Padre salve el Valle de los Caidos—
23/04/26 2:15 AM
José Herrera
Virginia, la política y la religión siempre han ido de la mano, en alianza o en forma conciliadora, y cuando van en confrontación entre ambas también hay política. Es inevitable. Piensa que el Vaticano tiene un estado, una secretaría de Estado y una red de nunciaturas repartidas por todo el mundo para defender sus derechos e intereses haciendo política con los gobiernos, mediante concordatos, acuerdos y otros actos políticos. No todas las religiones tienen ese modelo, pero todas hacen también política, de una u otra forma. Por otra parte, la verdad es que no sé a cuántos católicos españoles les preocupa mucho el futuro del Valle de los Caídos, pero no hay duda de que aquellos a quienes les importa, levantan su voz.
23/04/26 9:00 AM
María Hernández
En Canarias aconsejan las inscripciones a las misas por grupos parroquiales, congregaciones, pero no individualmente. Me da a mí que para que no haya carteles disonantes.
24/04/26 9:06 PM

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.