(Die Tagespost/InfoCatólica) El liturgista Helmut Hoping, catedrático de Ciencias Litúrgicas en la Universidad de Friburgo de Brisgovia, ha calificado de «motivación eclesiopolítica» la nueva ofensiva de los obispos alemanes para obtener de la Santa Sede un indulto que permita a los laicos predicar la homilía en la Misa, en una entrevista con Regina Einig en Die Tagespost.
La valoración llega después de que el Vaticano rechazara ya en 2023 la resolución correspondiente del Camino Sinodal, y se produce en el contexto de una carta del Dicasterio para el Culto Divino que recuerda al episcopado alemán la vigencia plena de la reserva clerical.
El marco canónico, una y otra vez reafirmado
El Código de Derecho Canónico vigente desde 1983 ya contempla la predicación laical en determinados supuestos (can. 766), como las celebraciones de la Palabra. Lo que el canon 767 §1 reserva expresamente a los ministros ordenados es la homilía en la celebración de la Santa Misa. Esta distinción no es nueva ni discutida: la Pontificia Comisión para la Interpretación del Código la refrendó en una declaración de 1987, precisando que ni siquiera un obispo puede dispensar de esa norma apelando al canon 87 §1.
La instrucción Ecclesiae de mysterio (1997), sobre la colaboración de los laicos en el ministerio de los sacerdotes, volvió a confirmar la reserva clerical de la homilía. Lo mismo hizo la instrucción Redemptionis Sacramentum (2004) sobre el orden de la Eucaristía, que mencionó expresamente a los asistentes y referentes pastorales, así como a los candidatos al sacerdocio que aún no han recibido la ordenación diaconal (n. 66).
En este contexto, el Cardenal Arthur Grech, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, dirigió una carta al presidente del episcopado alemán recordando que la homilía «está reservada a quienes han sido investidos con el sacramento del orden» y que quedan excluidos los laicos «aunque desempeñen funciones de "asistentes pastorales" o catequistas en alguna comunidad o asociación». La carta precisa que «no se trata de una mera disposición disciplinaria, sino de una ley que afecta a las tareas de enseñar y santificar, íntimamente unidas entre sí», y que «ni siquiera el obispo diocesano está facultado para dispensar de la norma del canon».
La razón teológica: unidad de Palabra y Sacramento
Hoping detalla el fundamento teológico de la reserva. No se trata, explica, de que solo el sacerdote pueda presidir la Eucaristía, argumento que no daría cuenta del caso del diácono. La razón de fondo es la unidad entre Palabra y Sacramento: los presbíteros y los diáconos son ordenados para servir a la vez en la mesa de la Palabra (proclamación del Evangelio y homilía) y en el altar (oblación eucarística). Es precisamente para ese ministerio articulado para lo que reciben el sacramento del orden, en el que participan sacramentalmente del sacerdocio ministerial de Cristo, más allá de su sacerdocio bautismal común (cfr. Lumen Gentium 10 y 41).
La estrategia de los hechos consumados
El liturgista de Friburgo apunta sin ambigüedad a la táctica de fondo. «Oficialmente, la predicación laical en la Misa no ha sido introducida en ninguna diócesis alemana», precisa. Sin embargo, el texto del Camino Sinodal sobre la proclamación del Evangelio aprobado en 2023, al que respaldaron el 89 % de los obispos alemanes, afirma que en muchas diócesis del país existe ya «una práctica de larga data» de conceder a teólogos laicos licencia para predicar en la Eucaristía.
Según Hoping, la mayoría del episcopado alemán «apuesta por la fuerza normativa de los hechos»; una estrategia que, advierte, también se aplica en el caso de las bendiciones de parejas del mismo sexo, pese a las precisiones formuladas en reiteradas ocasiones por el Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sobre los límites establecidos por la declaración Fiducia Supplicans (2023).
Hoping descarta, además, que los argumentos aducidos para solicitar el indulto sean convincentes. El texto sinodal invoca la ausencia de un sacerdote o diácono «física o moralmente» capaz de predicar, así como posibles barreras lingüísticas de los sacerdotes extranjeros. Para el liturgista, ninguna de las dos razones es sólida: «Habida cuenta de la creciente reducción de las Misas dominicales y del aumento de las celebraciones de la Palabra, debería ser posible preparar lingüísticamente a los sacerdotes extranjeros antes de su servicio litúrgico». Y quien es capaz de presidir la Eucaristía, añade, debería ser físicamente capaz también de predicar.
«No quedarse con las manos vacías»
La valoración global del teólogo es contundente. «Si se pide ahora a la Santa Sede que, mediante un indulto para la Iglesia católica en Alemania, autorice la predicación laical en la celebración de la Misa, me parece que eso está motivado eclesiopolíticamente». Tras no haber logrado sus objetivos centrales, los obispos alemanes «no querrán al final quedarse con las manos vacías».
Llama la atención al liturgista que el texto sinodal justifique la predicación laical no solo por la falta de sacerdotes, sino también por «la garantía y optimización de la calidad de la homilía» (n. 5). Si la situación predicatoria de sacerdotes y diáconos fuera tan deficiente como ese argumento sugiere, señala Hoping con precisión, «habría una necesidad urgente de actuar» en otra dirección.
Una alternativa dentro del derecho: los catequistas
Frente a la vía del indulto, Hoping propone desarrollar el ministerio del catequista, instituido por el Papa Francisco mediante el documento Antiquum Ministerium (2021), así como promover nuevas vías de cualificación para laicos que deseen ejercer ese ministerio de manera ordenada. Los laicos ya pueden explicar la Escritura en celebraciones de la Palabra, actos de devoción, cultos ecuménicos y la catequesis. En ese marco, el liturgista señala como referencia el programa de bachillerato de la Hochschule für Katholische Theologie de Colonia, parcialmente en formato digital, orientado a la catequesis misionera y al servicio pastoral.
La referencia al Concilio de Pablo VI resulta significativa a este respecto: algunos episcopados obtuvieron entonces indultos para la comunión en la mano, que el propio Pablo VI llegó a lamentar. «La comunión en la mano no ha fomentado precisamente la reverencia ante el Santísimo», concluye Hoping, antes de señalar que hoy son sobre todo los jóvenes quienes redescubren la comunión en la boca.







