(ACN/InfoCatólica) Parece que con el cese de hostilidades «lo de Gaza» se ha resuelto y pasado al olvido. Pero la crisis humanitaria en la Franja de Gaza continúa agravándose a pesar del alto el fuego establecido el pasado 10 de octubre de 2025. El padre Gabriel Romanelli, párroco católico de Gaza, ha descrito a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) una situación sin precedentes que afecta a los 2,3 millones de habitantes del enclave palestino.
La guerra no ha terminado
«La situación sigue siendo gravísima en toda la Franja de Gaza», adelanta el párroco de la parroquia católica de Gaza. Aunque los grandes bombardeos han cesado oficialmente, la violencia persiste. «Los bombardeos continúan, especialmente detrás de la llamada Línea Amarilla. Sigue habiendo destrucción de casas, muertos y heridos», asegura el sacerdote.
La Línea Amarilla designa la frontera militar establecida durante el alto el fuego que separa las zonas controladas por Israel, al este y al sur, de la zona controlada por Hamás, al oeste, donde se encuentra la parroquia de la Sagrada Familia de la ciudad de Gaza, dependiente del Patriarcado Latino de Jerusalén.
«La guerra no ha terminado, aunque los medios de comunicación den a entender lo contrario», insiste el párroco de Gaza. El padre Romanelli hace un triple llamamiento: «Seguir rezando, promover la paz y la justicia y apoyar materialmente a las poblaciones afectadas».
Condiciones de vida extremas
Las infraestructuras básicas han quedado completamente destruidas. Las fronteras permanecen cerradas y los sistemas de electricidad y agua potable están devastados. El agua disponible suele estar mal tratada, mal almacenada o se contamina durante su transporte o distribución, lo que favorece la propagación de enfermedades.
La mayoría de la población vive actualmente en tiendas de campaña, expuesta a la humedad y a un invierno especialmente lluvioso y duro. «Las enfermedades respiratorias y digestivas se multiplican. Todos hemos enfermado, y más de una vez», afirma el sacerdote de origen argentino, que se ha visto afectado recientemente también por una gripe virulenta.
Las lluvias torrenciales han agravado dramáticamente la situación, provocando el desmoronamiento de edificios. «La mayoría de los edificios están demolidos, y los que siguen en pie son muy frágiles», constata el padre Gabriel. «Uno de nuestros maestros escolares ha perdido a cinco miembros de su familia en un derrumbe», añade.
Tragedia infantil
La situación de los niños resulta especialmente alarmante. Según las informaciones de Unicef citadas por el párroco de Gaza, 100 niños gazatíes han muerto desde el inicio del alto el fuego, lo que supone casi un niño al día. «No han muerto por causas naturales», precisa, refiriéndose no solo a los bombardeos, sino también al frío y a las condiciones de vida insalubres.
«Aquí, las epidemias se agravan por la falta de calefacción, de refugios dignos y de medicamentos», explica el religioso, quien subraya que el sistema hospitalario es prácticamente inexistente. Muchos enfermos y heridos no tienen acceso a una atención médica adecuada o esperan poder salir del enclave para ser curados.
Ayuda humanitaria vital pero insuficiente
En este contexto, la ayuda humanitaria se ha vuelto indispensable, pues la mayoría de los habitantes lo han perdido todo: trabajo, casa y recursos. «Desde la tregua llegan mercancías, pero estas son inaccesibles para una población sin recursos económicos», subraya el padre Gabriel.
«Por lo tanto, la ayuda es indispensable y debe intensificarse: alimentos, mantas, productos de primera necesidad, medicamentos… La necesidad es inmensa», alerta. El sacerdote se muestra agradecido porque, gracias al Patriarcado Latino de Jerusalén, ha podido entrar ayuda. «El patriarcado sigue haciendo un gran bien a miles de familias en Gaza», destaca, dando las gracias a amigos y socios internacionales.
Educación en crisis
La educación ha sido otra gran perjudicada por el conflicto. Antes de la guerra, los tres centros católicos, los del patriarcado latino y el de las Hermanas del Rosario, acogían a unos 2.250 alumnos. En la actualidad, solo 162 niños han podido volver a la escuela.
«El principal problema es el espacio, ya que los desplazados se alojan en los edificios escolares», explica el sacerdote. En estos momentos, siguen refugiadas en el complejo parroquial unas 450 personas, mientras que 100 han decidido regresar a sus hogares.
Como la educación sigue siendo un acto de esperanza, la parroquia ayuda en su barrio de Zeitun a dos grandes escuelas privadas independientes distribuyendo cuadernos, bolígrafos y material básico, ya que carecen de todo. Antes de la guerra, una tenía 1.400 alumnos y la otra, 1.500.
Fe en medio de la adversidad
En medio de estas dificultades extremas, la vida espiritual sigue siendo un pilar fundamental para la comunidad. «El centro de nuestra vida sigue siendo nuestro Señor en la Eucaristía», asegura el padre Gabriel.
El mensaje del párroco es claro y directo: «Es absolutamente necesario que cese la guerra. Sin embargo, parece que nadie en el mundo está luchando realmente de manera eficaz por ello. Los 2,3 millones de gazatíes deben disponer al menos de las condiciones humanas mínimas para poder reconstruir sus vidas».







