(InfoCatólica) Continuando con su catequesis sobre el Concilio según sus textos, León XIV, en la audiencia general celebrada este miércoles 4 de febrero de 2026 en el Aula Pablo VI, ha dedicado su catequesis a profundizar en la Constitución conciliar Dei Verbum, insistiendo en que la Sagrada Escritura debe leerse en su contexto histórico y literario, sin caer en interpretaciones fundamentalistas ni espiritualistas.
El Pontífice ha subrayado que Dios habla en términos humanos a través de las Escrituras y que su anuncio no puede desligarse ni de su origen divino ni de las esperanzas y sufrimientos concretos de los creyentes, evitando un lenguaje anacrónico que resulte ineficaz.
La Escritura, espacio de encuentro vivo con Dios
El Papa ha inaugurado su reflexión recordando que la Constitución Dei Verbum señala en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, «un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos». León XIV ha invitado a redescubrir la centralidad de la Palabra de Dios en la vida eclesial, no como un texto del pasado, sino como un acontecimiento vivo capaz de interpelar la existencia concreta de los fieles en el presente.
El Pontífice ha insistido en que los textos bíblicos no fueron escritos en un lenguaje celestial o sobrehumano, sino en palabras comprensibles para el hombre. «Dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación», ha observado, añadiendo que hacerse comprender por el otro constituye ya «un primer acto de amor». Por ello, Dios ha elegido hablar mediante lenguajes humanos, sirviéndose de distintos autores inspirados por el Espíritu Santo para redactar los libros sagrados.
La condescendencia divina en el lenguaje humano
Citando la Constitución Dei Verbum, León XIV ha explicado que «las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana», del mismo modo que el Verbo eterno del Padre «se hizo semejante a los hombres». De este modo, ha precisado el Papa, «no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse cercano a ellos».
El Santo Padre ha repasado la evolución de la reflexión teológica sobre la relación entre el Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados. Durante siglos, ha recordado, se insistió casi exclusivamente en la inspiración divina, llegando a considerar a los hagiógrafos como meros instrumentos pasivos del Espíritu Santo. Sin embargo, la reflexión contemporánea ha revalorizado su contribución, tal como reconoce el Concilio Vaticano II al afirmar que Dios es el autor principal de la Sagrada Escritura, pero llamando también a los hagiógrafos «verdaderos autores» de los libros sagrados.
El riesgo del fundamentalismo y la lectura anacrónica
«Rebajar la operación humana a la de puro amanuense no es glorificar la operación divina», ha advertido León XIV, añadiendo con firmeza: «Dios no mortifica nunca al ser humano ni sus potencialidades». De este equilibrio entre lo divino y lo humano, el Papa ha derivado una conclusión práctica fundamental: toda lectura de la Escritura que descuide una de sus dos dimensiones resulta parcial y, por tanto, errónea.
El Pontífice ha señalado que «una correcta interpretación de los textos sagrados no puede prescindir del ambiente histórico en el que estos han madurado y de las formas literarias utilizadas». La renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios se ha servido, ha advertido, «corre el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado».
Un lenguaje encarnado en la historia
Este principio hermenéutico, según León XIV, tiene consecuencias directas para el anuncio evangelizador. «Si pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz», ha aseverado el Papa. Por ello, «en cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones».
En este contexto, el Santo Padre ha evocado las palabras del Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual».
El doble peligro: fundamentalismo y reduccionismo
Al mismo tiempo, León XIV ha alertado contra una lectura reductiva que olvida el origen divino de la Escritura y la trata únicamente como «un texto del pasado» o como mero objeto de análisis técnico. Especialmente cuando se proclama en el contexto de la liturgia, ha explicado, «la Escritura pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir». Esto sólo es posible, ha precisado, «cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró».
Recurriendo a san Agustín, el Pontífice ha recordado que quien no edifica el amor a Dios y al prójimo a partir de la Escritura «aún no la ha entendido». El origen divino de la Palabra, ha insistido León XIV, recuerda además que el Evangelio confiado al testimonio de los bautizados no puede reducirse a un mensaje meramente filantrópico o social, sino que constituye «anuncio alegre de la vida plena y eterna» donada por Dios en Jesucristo.
Un llamado a la coherencia entre palabra y vida
Al concluir su catequesis, el Papa ha invitado a dar gracias al Señor porque, en su bondad, «no permite que en nuestras vidas falte el alimento esencial de su Palabra». Asimismo, ha exhortado a los fieles presentes en el Aula Pablo VI a orar «para que nuestras palabras, y más aún nuestras vidas, no oscurezcan el amor de Dios que en ellas se narra».
Esta audiencia general se enmarca en el ciclo de reflexiones dedicadas al Concilio Vaticano II que León XIV inauguró el pasado 7 de enero, y que tiene como objeto profundizar en los documentos conciliares para su adecuada recepción y aplicación en la vida de la Iglesia contemporánea.







