(InfoCatólica) Se veía venir. Como señalaba el director de la agencia Zenit, P. Jorge Enrique Mújica:
No estoy sorprendido. El punto no era si pasaba, sino cuándo. En los muchos años que tengo observando el fenómeno de los sacerdotes influencers (y hoy cada vez más de seminaristas con visibilidad digital), llama la atención la relación que hay entre sobreexposición (videos,post, comentarios, etc) y el punto de llegada (salvo contadas y honorables excepciones). Mucho qué reflexionar.
Corresponde a un perfil de influencer consagrado que no hay más que verlo para intuir cómo va a acabar. En España hay alguna plataforma de consagrados que ya ha pasado por esta experiencia y concentra más futuribles casos. No hace mucho también en Italia conocíamos el caso de Cristina Scuccia, la monja que ganó «La Voz» y que todavía meses antes suscitaba admiración.
Una actividad que durante el pasado pontificado epataba a la jerarquía, baste recordar el «Jubileo de los influencers». Representan un modo de llegar y estar presente en un ambiente y de un modo que no es para cualquiera (hay honrosas exepciones) y que requeriría un reflexión más profunda por parte de la jerarquía y no la banalidad de entregarles parcelas de poder en el pasado Sínodo de la Sinodalidad.
Según informa Il Mensaggero, Alberto Ravagnani, don Alberto Rava, el conocido sacerdote influencer italiano de 32 años, ha dejado de ejercer el ministerio presbiteral, según ha confirmado oficialmente la Archidiócesis de Milán.
La decisión, comunicada por el propio Ravagnani al arzobispo, supone su cese inmediato como vicario parroquial de San Gottardo al Corso y como colaborador de la pastoral juvenil diocesana. El anuncio, hecho público el pasado 31 de enero mediante un comunicado firmado por el vicario general monseñor Franco Agnesi, marca un punto de inflexión para una de las figuras más reconocibles de la llamada «Iglesia digital» y reabre el debate sobre los riesgos de la sobreexposición de los sacerdotes en las redes sociales.
Una figura de lo que algunos han reducido a la evangelización digital
Ravagnani, nacido en 1993, se había convertido en uno de los primeros sacerdotes influencers de Italia, alcanzando más de medio millón de seguidores entre Instagram y YouTube. Ordenado en la diócesis de Milán, construyó su popularidad hablando de fe, jóvenes y temas sociales con un lenguaje directo y contemporáneo, alejado de los códigos tradicionales del clero.
Su capacidad de convocatoria entre los jóvenes era notable: movilizaba a miles de personas en propuestas de oración, encuentros y adoraciones, convirtiéndose para muchos en un referente espiritual de su generación. En 2023 había sido asignado a la parroquia de San Gottardo al Corso, en Milán, donde desarrolló un estilo pastoral no convencional que generó tanto consensos como críticas. Ese mismo año participó como uno de los protagonistas del primer Jubileo de los influencers católicos y misioneros digitales, celebrado en Roma en el verano de 2025.
La polémica por la publicidad de suplementos alimenticios
La decisión de abandonar el ministerio llega meses después de una controversia surgida en septiembre pasado, cuando Ravagnani utilizó su cuenta de Instagram para promocionar suplementos nutricionales deportivos mediante una colaboración pagada, incluyendo enlaces comerciales en su perfil personal. El diario italiano Avvenire recordó entonces el canon 286 del Código de Derecho Canónico, que prohíbe a los clérigos ejercer actividades comerciales sin la debida licencia eclesiástica.
Según señaló el citado medio, el arzobispo de Milán, monseñor Mario Delpini, habría convocado a Ravagnani para escuchar sus explicaciones y manifestarle su malestar. Tras las críticas de numerosos seguidores, especialmente del público católico que consideraba incompatible este tipo de actividad con el rol sacerdotal, llegó también un llamamiento informal de la Curia, señal de un malestar que nunca llegó a resolverse completamente.
Las advertencias del arzobispo de Milán sobre las redes sociales
El propio arzobispo Delpini había expresado en meses anteriores, sin citar casos específicos, sus perplejidades sobre el uso de las redes sociales por parte de los sacerdotes. Aunque reconocía la necesidad de hablar el lenguaje de los jóvenes, el prelado había reiterado que las fragilidades adolescentes requieren sobre todo relaciones directas y presencia concreta, no solo comunicación digital.
Esta postura refleja una preocupación creciente en la jerarquía eclesiástica sobre los efectos de la exposición digital en el ministerio sacerdotal. Obispos y formadores alertan desde hace años de que la lógica del éxito digital, la visibilidad y la adulación de los seguidores puede desplazar el núcleo del ministerio sacerdotal, que es el trato personal, discreto y constante, no la construcción de una marca personal.
El momento de la elección
La coincidencia temporal entre el anuncio de la Curia y la actividad del propio Ravagnani en redes sociales no ha pasado desapercibida. En las mismas horas en que la archidiócesis hacía pública la decisión, el ya ex sacerdote publicaba contenido promocional de su último libro, titulado precisamente La elección, un nombre que hoy adquiere un significado inevitablemente más amplio.
En uno de los vídeos compartidos, Ravagnani repasaba su propio camino: la entrada en el seminario, la idea de un sacerdocio «no convencional», la renuncia al alzacuellos, la apertura a los nuevos medios. «La elección más importante es la que aún no hemos hecho», escribía, dejando espacio a múltiples interpretaciones.
La llamada al acompañamiento
El comunicado de la archidiócesis de Milán invita a los fieles a vivir este paso como un momento de reflexión y acompañamiento, subrayando la necesidad de continuar apoyando los caminos espirituales y educativos compartidos a lo largo de los años, en particular aquellos nacidos en torno a la parroquia de San Gottardo al Corso. El texto reconoce el sufrimiento que una decisión así provoca en muchas personas y llama a la oración por Ravagnani.






