(Riposte Catholique/InfoCatólica) En la pequeña diócesis francesa de Mende, que agrupa a unos sesenta mil fieles en solo cinco parroquias, el pasado mes de diciembre de 2025 se ordenó un diácono, Gabriel Bonnefoy.
El acontecimiento fue una gran alegría para una diócesis tan pequeña, que apenas cuenta con vocaciones, pero no resultaría noticioso fuera de las fronteras diocesanas de no ser por unas interesantes declaraciones realizadas por el nuevo diácono y que son de validez universal.
Cuando la prensa local le preguntó si usaría sotana una vez ordenado, respondió afirmativamente: «la Iglesia pide a los sacerdotes y a los diáconos que se preparan para el sacerdocio que lleven un símbolo distintivo. Personalmente, lo veo como una forma de obediencia a lo que la Iglesia pide».
En efecto, el canon 284 establece que «Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar».
Para don Gabriel, no se trata, sin embargo, de la mera obediencia a una norma, sino de parte de la propia vocación sacerdotal. «Creo que hoy en día es muy importante ser visible, porque vivimos en un mundo de comunicación, donde la gente necesita ver. Mucha gente no me conoce de vista. Es importante que reconozcan que hay un sacerdote, para que puedan acercarse a él, hacerle preguntas y confiarle sus necesidades».
La idea no ha surgido de sus especulaciones sobre el futuro, sino de la larga experiencia de muchos otros clérigos: «Tengo muchos amigos sacerdotes que llevan sotana o cuello romano y los paran en la calle: así surgen conversaciones, y es muy hermoso».
Frente a los que consideran que el uso de la sotana o la camisa clerical son una antigualla o una barrera para conectar con las personas, el nuevo diácono señala que la realidad es justo la contraria: «Ser sacerdote, estar entregado a todos, también significa aceptar que te paren en cualquier momento, quizás en un momento inconveniente, porque uno se ha entregado. Por eso, debemos ser visibles, estar entregados a todos».
«No veo el uso de la sotana como un reflejo identitario ni un retroceso», concluye. «En mi caso, es precisamente para estar cerca de la gente por lo que vestiré como un sacerdote».







