(InfoCatólica) Un interesantísimo artículo que acaba de ser publicado en The European Conservative analiza algunas de las razones que han llevado a la situación actual en Alemania, una situación que presagia un posible cisma de la Iglesia germana. Para comprender el presente, hay que profundizar un poco en las características particulares de la Iglesia en el país germano.
El artículo, firmado por Gaetano Masciullo, periodista y filósofo italiano, señala la relevancia de la dualidad en el gobierno de la Iglesia en Alemania, al menos desde el punto de vista práctico. En efecto, además de la Conferencia Episcopal Alemana, tiene también un papel fundamental en la organización eclesial el Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK), «un organismo único en el mundo».
El ZdK se creó con otro nombre en 1848 para representar a los católicos en la esfera pública y coordinar el apostolado seglar. A estos objetivos, se añadió posteriormente la finalidad de proteger a la minoría católica en un ámbito mayoritariamente protestante, especialmente durante la Kulturkampf o lucha cultural contra el catolicismo político en tiempos de Bismark. El problema es que, en el postconcilio, «el ZdK degeneró en un órgano casi parlamentario y fue explotado por los progresistas para intentar impulsar reformas democráticas dentro de la Iglesia».
Como indica Masciullo, hay otro aspecto que hace única a la Iglesia en Alemania: es la Iglesia más rica del mundo. En 2025, los activos de la Santa Sede ascendían a unos 4.000 millones de euros, mientras que la Iglesia alemana poseía activos estimados en 250.000 millones de euros. Esta riqueza no explica todo, pero es un factor importante e incluso fundamental. Por ejemplo, arroja luz sobre un enigma: ¿por qué el Vaticano ha tolerado durante décadas la herejía rampante en Alemania (incluidos numerosos obispos), el desprecio de la moral católica, el concubinato habitual de muchos clérigos y una actitud antirromana muy marcada? Parece claro que «el Vaticano es muy cauteloso a la hora de romper vínculos con una Iglesia local que […] representa un importante pulmón financiero» para la Iglesia universal. «Y los obispos alemanes son muy conscientes de ello».
El llamado Camino Sinodal de la Iglesia Católica en Alemania (Der Synodaler Weg) comenzó el 1 de diciembre de 2019, con un debate en torno a cuatro temas principales: la separación de poderes dentro de la Iglesia, la moral sexual, el ministerio sacerdotal (especialmente el celibato) y el papel de la mujer en la Iglesia. Conviene señalar que estos cuatro elementos son precisamente los que el cardenal Carlo Maria Martini, «pionero del progresismo católico bajo Juan Pablo II», había presentado a los obispos europeos en 1999.
El detonante del proceso fueron los casos de abuso sexual, aprovechados por los medios de comunicación y los sectores progresistas para arremeter contra el catolicismo y, en la medida de lo posible, «desprestigiar el giro conservador que el papa Benedicto XVI había dado al gobierno de la Iglesia». Esta reacción fue especialmente virulenta en Alemania y presentada como un fracaso no solo de la disciplina eclesial, sino de la misma doctrina y moral de la Iglesia, presentadas como causa de los abusos en vez de como lo que son: la mayor defensa contra ellos. Para el Camino Sinodal, la Iglesia debía cambiar por completo su enseñanza, especialmente en todo lo relacionado con la sexualidad.
El cardenal elegido en 2013 para ser el nuevo Papa, Jorge Mario Bergoglio, era «el candidato clave del llamado Grupo Reformista de San Galo», liderado precisamente por el cardenal Martini hasta su muerte. Aunque los objetivos del Grupo de San Galo coincidían en buena parte con los del Camino Sinodal alemán, el Papa Francisco mantuvo importantes diferencias con la agenda alemana.
Es cierto que «Francisco también decidió introducir gradualmente el ‘método sinodal’ en la Iglesia», destinado a democratizarla y a actualizar su doctrina moral, pero, según Masciullo, con una gran diferencia con respecto a los obispos alemanes: la rapidez de su aplicación. En efecto, los obispos alemanes propusieron «reformar la Iglesia mediante votación, es decir, de forma inmediata y democrática». En cambio, el Papa Francisco deseaba introducir las reformas de otra manera: «con actos no democráticos, ciertamente decisivos, pero graduales», entre los que se pueden contar Amoris Laetitia, Fiducia Supplicans, Fratelli Tutti, la postergación de los obispos resistentes a los cambios o la inconclusa reforma de la curia romana, entre otros muchos.
Esta diferencia de velocidades llevó a «la inevitable fricción entre la Iglesia alemana y la Santa Sede en cuestiones de moralidad y doctrina». En 2019, cuando se lanzó el Camino Sinodal Alemán, Mons. Filippo Iannone escribió al cardenal ultraprogresista Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Freising, advirtiéndole que temas como el diaconado femenino, el celibato sacerdotal y la separación de poderes no podían ser decididos por una iglesia en particular, ya que concernían a la Iglesia universal. Posteriormente, en 2021, el Papa emérito Benedicto XVI escribió también a Marx para expresarle su «gran preocupación. Como es sabido, «los obispos alemanes lo ignoraron y continuaron su camino», algo bastante comprensible teniendo en cuenta que el cardenal Marx se sentía seguro como miembro del exclusivo grupo de nueve cardenales creado por el Papa Francisco para la reforma de la Iglesia, donde chocaba a menudo con el cardenal Pell y, en menor medida, también con el cardenal Parolin. El hecho de que el Papa Francisco no aceptara la renuncia del cardenal Marx ocasionada por un tema de abusos probablemente contribuyó a reafirmar aún más su seguridad de que nadie podía hacerle sombra.
En 2023, el Camino Sinodal Alemán pasó a la segunda fase, cuyo objetivo es «preparar la futura estructura permanente de la Iglesia alemana», mediante la formación del Consejo o Conferencia Sinodal (Synodalkonferenz), un órgano permanente compuesto por laicos y obispos con poder de decisión organizativa y doctrinal en la Iglesia en Alemania.
Los tiempos, sin embargo, han cambiado. La elección de León XIV en mayo de 2025 parece hacer menos probable la aquiescencia de la Santa Sede a los designios alemanes. Así lo indica, al menos, el hecho de que Mons. Filippo Iannone, que fue quien advirtió en 2019 a los obispos alemanes de que no podían actuar en solitario, haya sido nombrado Prefecto del Dicasterio para los Obispos por León XIV. Su nombramiento es muy significativo y muestra que el nuevo Papa, que busca la unidad de la Iglesia a toda costa, claramente es consciente del gran peligro de cisma que hay en Alemania.
En cualquier caso, los obispos alemanes (con algunas excepciones muy poco numerosas) continúan su camino. El mismo hecho de que León XIV quiera la unidad a toda costa, aunque sea una «unidad de los opuestos» les da la seguridad de que no actuará drásticamente contra ellos. Además, están en una posición de fuerza, porque la Iglesia en Alemania, «de hecho, ya opera de forma autónoma sin que ninguna autoridad vaticana haya mostrado la valentía de tomar medidas serias, como una visita apostólica o la administración de diócesis o seminarios». Es significativo que, en el último consistorio del 7 y 8 de enero, el cardenal Marx interviniera para insistir en la introducción del diaconado femenino y expresando su intención de extender el «modelo sinodal alemán» a toda la Iglesia, al margen de la agenda del consistorio.
El periodista italiano concluye con «una amarga paradoja»: el papa León XIV, «elegido con la intención de unir a los opuestos, corre el riesgo de ser recordado como el pontífice bajo el cual maduró el cisma católico más grave desde la Reforma luterana».








