16.09.11

Lealtad de un carismático

El Señor desaprueba en una parábola, según el Evangelio del XXIV Domingo de Tiempo Ordinario [11.09.2011], de la conducta de un siervo que al ver a otro que le debía muy poco: “agarrándolo, lo estrangulaba” (Mt. 18, 28). Demostró la falta de caridad y paciencia que puede desgarrar la unidad que el Señor desea entre los hijos de Dios, al juzgar mal lo que le debía el otro siervo y al menospreciar la gracia que le había concedido el rey.

Por amor a Dios, que instituyó a la Iglesia Católica como administradora de toda gracias necesaria para la salvación (incluyendo el perdón de nuestros pecados), le debemos una obediencia filial a la Iglesia. Como afirmó recientemente el Papa: “Ningún carisma dispensa de la referencia y la sumisión a los Pastores de la Iglesia”. Eso incluye a los movimientos reconocidos por la Santa Sede, como lo es la Renovación Carismática Católica, cuyos miembros a veces sufren malentendidos y prejuicios.

Así comparte por correo electrónico Miguel Ángel (un lector del blog), su vuelta a la Iglesia por medio de la Renovación Carismática:

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15.09.11

Las ventajas de tener una Confraternidad de Madres Cristianas en la parroquia

El 1 de mayo de 1850, Louise Josson de Bilhem, la mujer de un oficial de la corte francesa, fundó la Confraternidad de Madres Cristianas (una organización católica) [enlace en inglés], que obtuvo la aprobación de obispos y se ha extendido por todo el mundo. Hoy en día existen seis Archiconfraternidades de Madres Cristianas en Paris (Francia), Roma (Italia), Regensburg o Ratisbona (Alemania), Cracovia (Polonia), Einsiedeln (Suiza) y Pittsburgh (EE.UU.).

A pesar de haber participado en actividades parroquiales a lo largo de los años, he sido muy reticente a unirme a organizaciones parroquiales y nunca lo había hecho, quizá por la frecuencia con la que me he estado mudando, quizá por tardar en discernir si esa fuera la Voluntad del Señor. Pero, cuando se reestableció una Confraternidad de Madres Cristianas el año pasado en una parroquia local, decidí unirme y no me arrepiento nada de haberlo hecho. Todo lo contrario, recomiendo de todo corazón que se establezcan más Confraternidades de Madres Cristianas por todo el mundo.

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14.09.11

¿Cuánto pesaba la Cruz de Jesús?

Dice el Antiguo Testamento sobre Dios: “Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso” (Sb 11,20). No sorprende, entonces, que el Señor dijera con tal precisión en el Evangelio del XXIV Domingo de Tiempo Ordinario [11.09.2011] que el siervo: “le debía diez mil talentos” (Mt. 18, 24) a su rey. Recordemos que en esos tiempos esa cantidad representaba el salario de 150 mil años. Cuando Roma le exigió a Cartago esa cantidad al final de la II Guerra Púnica (201 a.C.), 10.000 talentos eran unas 270 toneladas de plata.

Tan imposible era que alguien pagara esa suma por su cuenta, como que un ser humano corriente pudiera reparar a Dios la ofensa cometida por un solo pecado. Sin embargo, Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo para que el Señor “pagara” nuestra deuda con su propia sangre sobre la cruz que llevó Él mismo al Calvario. ¿Cuánto pesaba la Cruz de Jesús?

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13.09.11

Cómo comencé a "perdonar" a mis padres

El Señor nos dice bien claro en la parábola del Evangelio del XXIV Domingo de Tiempo Ordinario [11.09.2011] que la Justicia de Dios nos castigará: “si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mt. 18, 35). Al decir “hermano” quiere decir a nuestro prójimo, incluyendo a nuestros propios padres, a pesar de las diferencias entre generaciones, o quizá a causa de esa misma diferencia.

No es ningún secreto que no fui una adolescente ideal, sino más bien una bastante rebelde y que podía volver loca a mis padres con mi comportamiento en casa (ya que en el colegio lograba comportarme muy bien). Pues con mi punto de vista adolescente, no me parecía que tenían ellos que perdonarme, sino que me hacía la víctima…

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10.09.11

Planificación familiar para tener niños multimillonarios

El Señor, con gran generosidad, nos anima en el Evangelio del XXIII Domingo de Tiempo Ordinario [04.09.2011] a: “pedir algo” (Mt. 18, 19) a Dios Padre, prometiéndonos que nos lo concederá si nos ponemos de acuerdo con otros en qué pedirle. Pero un obstáculo, según S. Pablo es que: “…no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom. 8, 26).

Para darnos cuenta de ello, no hay que ir más lejos que cualquier anuncio de la “teología de la prosperidad”, aunque hasta allí se puede aprender algo. Simplemente, se toma uno de esos anuncios [me encontré uno en inglés] y se cambia “el dinero” por “la santidad” y “ricos” por “santos” y alguna cosilla más y se puede conseguir algo tan llamativo como esto:

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