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13.06.19

12 pruebas de la inexistencia de Dios... refutadas

Mientras vagaba por la selva de videos de gatos y fotos de perfil, que los nativos llaman Facebooch, se me ha aparecido un artículo titulado “12 pruebas de la inexistencia de Dios”, acompañado de la imagen que pueden ver aquí. Luego de revisarlo, he pensado que no solo sería de interés de los ateos conocer la respuesta de los creyentes a dichas pruebas, sino que además algún provecho obtendrían mis hermanos católicos, al ponderar la grandeza e inefabilidad de nuestro Dios.

A modo de introducción, anotemos que el autor original de estos 12 argumentos es Sébastien Faure (1848-1942), de quien la Wikipedia nos cuenta que de joven fue seminarista, se hizo luego socialista y acabó en el anarquismo. Pueden encontrar el libro en este enlace, pero para efectos de nuestra exposición usaremos la versión resumida de Facebook.

Comencemos pues:

1. No existe un Ser Creador, porque la acción de “crear” es inconcebible. 

Crear es formar algo a partir de nada, y nada puede producirse sin materiales. Cero más cero, siempre va a ser igual a cero. Dios no pudo haber creado de la nada.

Los cristianos solemos decir que Dios crea “de la nada", ex nihilo en latín. En su sentido original, esta expresión refuta las cosmogonías paganas, que describían al universo surgiendo de alguna materia prima, habitualmente el agua, del caos primordial, o cualquier otra entidad eterna. Contra estas ideas, el cristianismo siempre ha sostenido que Dios es el único y eterno principio de todas las cosas, y que “crear” no implica que Dios diera forma a una materia prima que coexistía junto a él.

Crear es traer un ser a la existencia. Normalmente el hombre crea algo dando forma a ciertos materiales que ya existen, y por eso nos cuesta entender que Dios no haya hecho lo mismo al crear el universo. En verdad, nunca podremos abarcar plenamente la forma en que Dios “crea", pero jamás deberíamos pensar en quien construye una casa o fabrica un mueble. Una imagen más precisa la tendríamos si evocamos a un autor que crea a los personajes de una novela, y el mundo donde ellos se desenvuelven.Es cierto que cero más cero siempre será igual a cero. De la nada, nada deviene. Al crear, sin embargo, el punto de partida no es cero… es Dios.

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7.01.19

Chile ya no es un país católico

Una encuesta publicada pocos días atrás por el Centro de Estudios Públicos indica que el número de católicos bajó del 69% al 55%, es decir, 14 puntos porcentuales en los últimos diez años.

Se mantiene así la misma tendencia desde el decenio anterior, año 1998, cuando los que se declaraban católicos  era un 73%. Es notable que en los estratos altos, que definen las leyes y dirección general del país, solo un 46% se identifica católico, mientras que el 44% (cifra que es equivalente a la anterior desde un punto de vista estadístico) dice ser ateo o agnóstico. En todo caso, esto no implica necesariamente una mayor secularización, pues incluso entre el 24% de encuestados que se identifican como “sin denominación” (ni católico ni evangélico), la mayoría de ellos (un 56%) cree en la vida después de la muerte. La confianza en la Iglesia, en tanto, solo alcanza un 13%.

A nadie puede sorprender las paupérrimas cifras que obtiene la Iglesia en esta encuesta, considerando los factores que se conjugan. Por una parte, el acceso a un mejor estándar de vida, que se asocia a una menor importancia de la religión en la vida de los individuos; y por otra, los numerosos casos de abuso cometidos por sacerdotes y religiosos, que naturalmente conlleva el rechazo a la Iglesia. Poco se puede hacer a estas alturas respecto de ambos. Se trata de un resultado esperable, que no se puede atribuir más que a la incapacidad de los católicos de encarnar su propio mensaje.

Más interesante me parece comentar la columna de Daniel Matamala en torno a la encuesta, titulada El Chile Poscatólico. Si bien el autor en general no destaca por su perspicacia o profundidad de análisis, en este caso ofrece un buen resumen de las reacciones naturales antes este nuevo escenario.

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26.09.18

Objeciones a la 2ª Vía de Santo Tomás

Teníamos pendiente continuar con el análisis de las 5 Vías para demostrar la existencia de Dios, de Santo Tomás de Aquino. En particular, nos quedó en el tintero revisar algunas respuestas comunes a la 2ª vía.

“Oye, pero esto es lo mismo que la 1a Vía”

Hay un parecido evidente en la estructura con que Santo Tomás explica las dos primeras vías. Comienza con un dato empírico verificable (que existe el cambio, o un orden de causas eficientes), luego establece que ese dato se explica por una serie de entes, para luego descartar que esa cadena pueda extenderse infinitamente. Esa estructura ha llevado a que muchos crean que se trata del mismo argumento, que se nos “pasa gato por liebre” al presentar dos argumentos que en realidad no es más que lo mismo con diferentes palabras. Richard Dawkins lo dice así: “Las tres primeras [pruebas de Tomás de Aquino] son solo formas distintas de decir lo mismo y pueden ser consideradas en conjunto” (El Espejismo de Dios, Cap. 3, R. Dawkins, Espasa Calpe 2007))

Es cierto que hay parecidos, pero solo una lectura superficial llevaría a concluir que hablan de lo mismo. La 1ª y la 2ª vía se parecen entre sí tanto como una rueda y una pizza: ambas pueden tener la misma forma, pero a nadie se le ocurriría ponerle una pizza a un carro o darle un mordisco a una rueda.

El punto de partida es diferente para ambas demostraciones (la realidad del cambio en la 1a, las cadenas causales en la 2ª) y discurren también en terrenos filosóficos diferentes (Las paradojas de la escuela eleática, por un lado; y las cuatro causas de Aristóteles, por otro), y por lo mismo es evidente que no son el mismo argumento.

Encuentro fascinante que el marco filosófico de ambas vías no sea religioso, ni siquiera tiene que ver con la teología natural. La doctrina del acto y la potencia resuelve el problema del cambio planteado por Parménides. La teoría de las cuatro causas nace para entender la realidad física. A primera vista, ninguna de las dos tiene nada que ver con Dios o la espiritualidad.

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15.02.18

¿Qué ofrece la Iglesia al mundo?

En el año 42 del imperio de Octaviano Augusto, en una lejana provincia del imperio, nació el Salvador.

El mundo donde nació Jesús, a ojos del hombre moderno, solo podría calificarse de brutal. El aborto y el infanticidio eran tan comunes que los cuerpos de bebés tapaban las cloacas de las ciudades, y los niños juzgados como defectuosos eran pasto para las fieras. Las hijas de familias poderosas eran prometidas en matrimonio a los 7 u 8 años, como monedas de cambio sexual para alianzas políticas, habitualmente a sus tíos o primos; en tanto que a las de familias pobres podían esperar poco más que la prostitución. La poligamia era una práctica aceptada como la cúspide de la decencia, y sin embargo nadie esperaba que el hombre fuera fiel, pues podía además tener las concubinas o esclavas sexuales que pudiera mantener. Al mismo tiempo, el adulterio de la mujer se castigaba con la muerte. Por cierto, la muerte era el castigo común para toda clase de crímenes, desde la falsificación de moneda hasta la sedición contra el emperador. La única diferencia con relación a la gravedad del hecho radicaba en el método con el cual se aplicaba, más o menos lento y doloroso. Los acusados de un delito menor podían languidecer por años y morir en calabozos infectos, sin que nadie prestara mayor atención a su situación, hasta que alguien necesitara la celda.

Así era el mundo nació Jesús de Nazaret.

Tampoco era el peor de los mundos. NSJC nació “estando todo el mundo en paz", durante la Pax Romana, la cúspide de la civilización conocida por el hombre hasta ese entonces. La vida entre las tribus de los “bárbaros” era todavía peor a la que existía dentro de las fronteras del imperio. Ahí la ley del más fuerte era apenas suavizada por la superstición y la brujería.

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29.12.16

¿Por qué los jóvenes son de izquierda?

Esa fue la pregunta que me hizo mi hija de 14 años hace un par de meses, cuando íbamos en el auto. Tema muy interesante, desde luego, pues siendo obvio que las ideas de la izquierda política (incluso la más radical) parecen estar firmemente asentadas entre los jóvenes, ese fenómeno no se aprecia en la política a nivel nacional, donde derecha e izquierda compiten palmo a palmo en las elecciones.

¿Por qué esa diferencia? ¿A qué se debe esa especie de burbuja de radicalización que existe entre los jóvenes?

Algunos explican la afinidad entre izquierdas y jóvenes por el idealismo, por la energía e impaciencia juveniles que desea resolver todos los problemas rápidamente, y asume que si nadie lo ha hecho hasta ahora es solo por falta de voluntad. Esto es cierto, pero solo en cierta medida. Si solo fuera una cuestión del ímpetu de la juventud, uno esperaría encontrarla también en grupos de derecha, o de otro signo político, incluso en las religiones o movimientos como la masonería. Sin embargo, no es así. Otros han dicho que cada generación intenta construir su identidad por oposición a la que la precedió, y eso explicaría que los jóvenes fueran de izquierda. Si bien eso se observa en algunos casos especiales, no es necesariamente una tendencia general. Los hijos de la revolución sexual de los ’60, lejos de repudiarla, la han profundizado, llevándola en direcciones que incluso sus padres repudiarían.

No, lo que falta para explicar la afinidad entre jóvenes e izquierda es observar la espiritualidad que prevalece entre ellos.

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