1.10.15

¿Comuniones o pseudobodas? La edad de la primera Comunión

Leyendo el blog de mi colega Jorge González, recuerdo algo que escribi hace años a propósito del tema…

COMUNIÓN DE NIÑOS

Por motivos familiares, asistí hace poco a una tanda de primeras comuniones. Hacía años que no iba. Me sorprendió ver a los niños tan creciditos. Muchas niñas ya empezaban a transformarse en mujercitas y no digamos con la parafernalia del vestidito de novia que les ponen… En mi tiempo yo recuerdo que hacíamos la Primera Comunión más pequeños e inocentes. No sé si ando equivocado pero creo que sería mucho mejor que los niños recibieran antes a Jesús Eucaristía pues les haría mucho bien. Además serían más inocentes y angelicales. ¿Voy desencaminado?

No hace mucho leí un artículo sumamente interesante del Cardenal Castrillón, entonces Prefecto de la Congregación de Clérigos, sobre este tema. El defendía claramente la posición que usted apunta. Los niños deben recibir cuanto antes la Sagrada Comunión, decía el purpurado. Evidentemente, con una debida y apropiada preparación y que no esté subordinada a un aberrante racionalismo teológico que ha viciado tantas experiencias pastorales. Hoy los niños suelen recibir la Primera Comunión a finales de cuarto curso de primaria, cuando ya han cumplido los diez años, y, muchos, incluso la reciben más tarde. Después de varios años de constatar la actual praxis me atrevo a decir que no veo grandes frutos pastorales en la misma. La mayoría de estos niños provienen de familias que apenas practican y su perseverancia después de la Primera Comunión es casi nula. Tal vez si más pequeños, tiernos e inocentes, cuando su espíritu está más predispuesto, se les iniciara en la piedad y en una temprana formación religiosa, obtendríamos mejores frutos. Recuerdo de santos como Domingo Savio que explican con emoción su Primera Comunión en edad bien temprana. Cuanto antes se acerquen los niños al Señor, mucho mejor, y especialmente en los tiempos que nos toca a vivir. Il n’y a plus d’enfants, decía un poeta. En las Iglesias de Oriente es costumbre dar la Primera Comunión en el mismo momento del Bautismo, sin que ello obste a una Celebración  solemne de Comunión en el momento oportuno. Realmente creo que no anda usted nada desencaminado al proponer la recepción de la Eucaristía en edades bien tempranas. Estoy seguro que todo esto bien organizado daría grandes frutos de santidad en la Iglesia, cosa que nos conviene enormemente.

Post scriptum: Años después me reafirmo en esta cuestión. Personalmente, optaría por confirmar al finalizar segundo de primaria y dar la Comunión al finalizar tercero de primaria. Y, además, por supuesto, mucha catequesis a los padres que la necesiten…

24.06.15

Agua bendita

Recibía hace poco una curiosa pregunta para la sección de mi Consultorio en el semanario Cataluña Cristiana. Me preguntaban por qué los fieles ya no hallan habitualmente  agua bendita en los templos y sobre la posibilidad de que el sacerdote bendijera augua para que los fieles pudiesen llevársela a casa incluso para beberla. Considero que es una pregunta oportuna y actual. Más aún, en las circunstancias que nos toca vivir conviene, entre otras cosas, usar mucha agua bendita… Esta fue mi respuesta a la pregunta:

“Como a usted, a mi también me gusta, cuando entro en un templo, encontrar las pilas de agua bendita, bien limpia y dispuesta para el uso de los fieles. Es hermoso y significativo hacer con ella el señal de la Cruz, rememorando nuestro bautismo y recibiendo de Dios, por esta humilde creatura que es el agua, tantos beneficios. Cuando hago el señal de la Cruz con el agua bendita me gusta decir: Que esta agua bendita, me sea salud y vida.

Santa Teresa de Jesús decía que de nada huye tanto el demonio como del agua bendita. Podría parecer una expresión exagerada, pero si leemos con atención el ritual de la bendición del agua, entenderemos perfectamente la expresión y el aprecio que tenía la Santa por el agua bendita. El agua evoca limpieza, pureza, claridad, vida. Es la materia del gran sacramento del Bautismo.

No dude en pedir a su párroco que la tenga siempre a disposición de los fieles en la iglesia y, si fuera necesario, ayuden a su digno mantenimiento limpiando periódicamente las pilas y renovando el agua. No olvidemos que usada con fe y devoción sirve para obtener el perdón de los pecados veniales. En mi parroquia, por semana santa, hacemos una solemne bendición del agua y los fieles la llevan a casa para bendecirla y para su uso devocional. Sin duda que usted puede solicitar a su párroco o a cualquier sacerdote que le bendiga agua para tenerla en casa. Puede usarla para bendecir las estancias, para sus oraciones y también para beberla, implorando a Dios la salud del alma y del cuerpo.

Hace unos días pude realizar un viaje por tierras de Rusia y constaté el gran  aprecio que tienen los fieles ortodoxos por el agua bendita. Me llamó la atención ver en las iglesias, al entrar, unos enormes depósitos de más de quinientos litros con agua bendita. Los fieles venían con garrafas, las llenaban y se las llevaban a casa. Un monje me explicó que el uso del agua bendita es muy popular y que los fieles la utilizaban mucho y, por supuesto, la bebían. También que dedicaban solemnes ceremonias para la bendición, especialmente por Epifanía. Me pareció una forma muy original de llevar la bendición de Dios a cada familia y santificar tantos ámbitos de la vida ordinaria. No iría mal que, en este punto, los católicos aprendiéramos un poco de nuestros hermanos ortodoxos".

2.03.15

La religión a palos...

Eso parece ser, según la progresía de turno, la adaptación del currículum de la enseñanza de religión y moral católicas en los centros educativos. Duras acusaciones: retorno al pasado más rancio, alumnos amedrantados obligados a rezar, manipulación ideológica…

¡Qué cantidad de despropósitos hemos leído estos días en tantos y variopintos medios de comunicación tan excitados como poco documentados! Y, ignorancia aparte, algo, a mi parecer, mucho más grave: una oposición rabiosa y una intolerancia radical a la legítima posibilidad de proponer de manera metódica y razonada a las nuevas generaciones la visión del hombre y del mundo que dimana de la fe cristiana. Y todo esto, en unos momentos decisivos en que se van a incoar las preinscripciones para el nuevo curso escolar.

¿Qué ha pasado? Pues, simplemente, una adaptación del currículum de la materia, como sucede en tantas asignaturas. Y yo creo que ha sido en su conjunto una buena adaptación. Durante varios años me dediqué a la enseñanza de la religión en institutos de bachillerato, en unos momentos más gloriosos para la enseñanza en general. Recuerdo gratamente aquellos años y el encuentro con tantos alumnos en unos momentos decisivos para sus vidas en la adolescencia y primera juventud. Estoy convencido que la asignatura de religión, debidamente impartida, puede hacer mucho bien a nuestros jóvenes, no sólo enriqueciéndolos culturalmente sino también en su maduración humana y cristiana.

El currículum de la asignatura lo ha establecido quien tiene competencias para ello, es decir, nuestros Obispos. La clase de religión no es catequesis ni pretende serlo. Es un importante ámbito donde los alumnos pueden conocer de manera sistemática los contenidos fundamentales y la misma razonabilidad de la experiencia cristiana, así como las claves imprescindibles para entender nuestra cultura y nuestras raíces de identidad. La clase de religión, tanto en la escuela pública como en la católica es impartida por excelentes profesionales que la Iglesia trata de cualificar continuamente y, ciertamente, todos los esfuerzos en este sentido, constituyen la mejor inversión en el proyecto de evangelización de la cultura. Sin duda alguna enriquece notablemente a nuestros alumnos. También hay que recordar que para los alumnos creyentes esta asignatura constituye la oportunidad de una evangelización de la inteligencia y del corazón del todo necesaria para una vivencia adulta y madura de la fe.

Conviene y mucho que los padres y madres cristianos tengan las cosas muy claras en este importantísimo asunto que concierne la educación ( en mayúsculas!) de los hijos. Si los padres no valoran lo que supone la clase de religión y no hacen todo lo posible para que sus hijos participen en la misma, muy pocos lo harán en nuestra sociedad. Me preocupa la actitud de ciertos políticos e ideólogos al respecto, pero me preocupa mucho más la dejadez de tantos  padres y madres de familia que no se implican.

Finalmente, por lo que respecta a la pretensión de  obligar a rezar a los alumnos en el ámbito de la enseñanza de la religión en la escuela pública, nada más alejado de la realidad. Lo que se pretende, y con razón, es que los alumnos sepan y comprendan los textos fundamentales de la oración cristiana en los que se expresa la fe. Lamentablemente, no se acaba de dar a la memoria el lugar que le corresponde en la enseñanza de nuestros alumnos. Que un adulto, hoy, y en nuestro contexto cultural, desconozca, por poner un ejemplo, el texto de los diez mandamientos, del Padrenuestro o del Símbolo de la fe, es, simplemente, un signo de crasa ignorancia. 

12.01.15

Matrimonio, ¿ideal o real?

He recibido una interesante pregunta a mi sección “El Consultorio” de Catalunya Cristiana y he intentado darle respuesta en el limitado espacio de la columna. Lo comparto también con los lectores del blog.

MATRIMONIO, ¿IDEAL O REAL?

¿Cree usted que la propuesta cristiana de matrimonio es hoy una propuesta realista para nuestra sociedad? No niego que un matrimonio para toda la vida, fiel y constante en el amor es un bonito ideal, ¿pero quién lo vive? La realidad va por otro camino. Yo veo que hoy la mayoría ya no se casa, conviven mientras se avienen y, si no, lo dejan. ¿No cree que la Iglesia debería ir aceptando estas nuevas modalidades de convivencia?…

Hubo un filósofo, creo que Fitche, al que le objetaban que sus teorías iban contra la realidad. El respondía diciendo que “peor para la realidad”. Bromas aparte, es un asunto serio ser consciente de la tremenda distancia que a menudo existe entre lo que es y lo que debería ser.

Su argumentación me parece falaz. Imagine que la aplicamos a otro aspecto de la “realidad”. Mire, la propuesta cristiana por lo que respecta a la economía y a la política es una propuesta de honradez, transparencia y espíritu de servicio por encima de todo. Pero como constatamos que la realidad va por otro camino y que muchos viven así, parecería que la Iglesia debería ir aceptando la corrupción, la hipocresía y el abuso de poder como nuevas modalidades de vivir la economía y la política. Ya ve que no se puede argumentar de esta forma.

La pregunta pertinente es si la propuesta cristiana, la propuesta que nos hace el cristianismo, responde a la verdad y a las exigencias del corazón del hombre que aspira a una verdadera felicidad. ¿Si o no? Para los seguidores de Cristo no hay ninguna duda. Él tiene la razón y si seguimos sus caminos aseguramos una vida feliz y llena de sentido.

También le cuestionaría y mucho su afirmación según la cual la mayoría ya no se casa. Mire más allá, mire al mundo entero y verá que es todo lo contrario: la inmensa mayoría de la humanidad todavía se casa y contrae matrimonio, funda una familia y aspira a una estabilidad.

Lo que no funciona, precisamente, es lo que está pasando en nuestras sociedades donde muchos se han cerrado no sólo a la fe sino también a la razón con un gravísimo impacto en la felicidad de las personas y las colectividades.

No lo dude, la disolución de la familia es uno de los más graves dramas que estamos viviendo. El camino: mostrar nuevamente la belleza del proyecto de Dios. El Papa Francisco lo expresaba en una hermosa oración: “Sagrada Familia de Nazaret, que el próximo Sínodo haga tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios”.

¿Ideal versus real? No. En el fondo, cuanto más lo pienso, sólo el “ideal” me parece verdadero y real. ¿O acaso es más real que el Evangelio nuestras escuálidas vivencias del mismo?

14.12.14

La oración y los problemas de la vida...

LA ORACIÓN Y LOS PROBLEMAS DE LA VIDA

 

Me comentaba hace poco tiempo una persona que había dejado desde hacía años la oración y que, últimamente, gracias a un grupo de oración a la que fue invitada, volvía a rezar, pero, con gran sorpresa por su parte, nunca había tenido tantos problemas (de salud, familia…). Esta persona, perpleja, me preguntaba cómo sucedía esto y qué sentido tenía entonces rezar. Mi respuesta fue la siguiente:

 

Observe a su alrededor: ¿Quién no tiene problemas en un momento u otro de su vida? La vida conlleva dificultades, contratiempos y problemas. La diferencia la marca cómo los afrontamos, con qué espíritu los asumimos. Ser cristiano, tener fe, rezar, no nos exime de los problemas que sufren la mayoría de los mortales. Pero la fe y la oración nos hacen verlos y vivirlos de forma diferente. Los transforma. La unión con Dios nos permite afrontar los contratiempos y dificultades con mucha paz y esperanza, sabiendo que siempre estamos en manos de Dios y que los problemas nunca tendrán la última palabra. San Pablo escribía a los cristianos de Tesalónica, angustiados por el gran problema de la muerte, que “no lloraran sin esperanza”. No les dice que no lloren, sino que lo hagan con esperanza.  No le quepa a usted ninguna duda que todos estos problemas que tiene ahora rezando los tendría igual sin rezar. Mejor dicho, los tendría peor sin rezar porque la oración cuando es auténtica nos ayuda a afrontar los problemas con sentido y esperanza. Como sacerdote, visito a menudo enfermos y personas que pasan por grandes tribulaciones. Son muchos los que me dicen que sin el recurso a Dios por la oración, no lo soportarían. El sufrimiento forma parte de la vida en este mundo pero nada hay peor que sufrir sin sentido ni esperanza. No podemos confundir la oración con una especie de mantra o talismán que nos evita las contrariedades y el esfuerzo de afrontarlas cristianamente, eso es, perseverando en conocer y hacer la voluntad de Dios en las circunstancias que el Señor determine.

Hace poco, el Cardenal Barbarin declaraba que “la oración no es el último recurso de la Iglesia sino el primer deber del cristiano”. ¿Qué sentido tiene rezar? Todo. Tal vez si en la oración, en lugar de buscarnos a nosotros mismos, buscáramos a Dios y su designio, entenderíamos mejor este aspecto fundamental de la vida cristiana. Nos preocupamos excesivamente por la oración de petición, limitándola a menudo a aspectos muy secundarios y olvidamos dimensiones tan fundamentales como la adoración y la alabanza que debemos tributar constantemente a Dios, así como la acción de gracias. Con esto no digo que no debamos pedir, pero pidamos lo que Dios mismo nos sugiere en el Padrenuestro y no olvidemos implorar dos cosas fundamentales: la luz del Espíritu Santo para conocer qué quiere el Señor de nosotros y la fuerza necesaria para llevarlo a cabo. Todo lo demás se nos dará en añadidura. No deje de rezar e implore la fuerza del Espíritu Santo para hacerlo correctamente. Y me atrevería a decir, que ante muchos y gravisimos males que nos afligen actualmente casi sólo nos queda rezar intensamente… La fuerza de la oración es extraordinaria.