Dios nos sorprende, todo el tiempo, a sus hijos sacerdotes. Y en su desborde de amor con nosotros nos regala, a cada paso, renovadas muestras de su predilección.
- ¡Padre! ¡Dios lo puso en mi camino! ¡Hoy estoy muy necesitado de hablar con un cura! -, me dijo Matías; un muchacho que se gana la vida juntando cartones, en pleno centro platense.
- ¡Que Jesús te colme de su Paz, hijo! ¡Padre Christian, para servirte! ¿En qué puedo ayudarte?
- ¡Padre! Estoy volviendo a la Iglesia; después de muchos años. Fui una oveja muy perdida. Y cuando estaba a punto de tocar fondo, fui «rescatado» por un «pastor» de estas sectas que se dedican a quitarle la fe y la plata, a la pobre gente… Fui un mal católico, que se dejó lavar la cabeza por la televisión; y, de pronto, me vi solo, lleno de vicios, y encima con un odio furioso contra ustedes los curas…
- ¿Y ahora, vas sanando de a poco?
- Sí, padre. Una noche, después de volver del falso culto del «pastor» trucho, tras enterarme de que él seguía siendo «transa» (vendedor de droga), me quedé llorando, en mi pieza, junto a mi mujer, y mis hijitos. Prácticamente, no teníamos para comer. Los últimos pesos se los había dado como «diezmo». Y así, solos, estafados, y con hambre, Dios hizo que revisando el ropero me encontrara con las fotos de mi Bautismo, Confirmación y Primera Comunión. Y me pregunté: ¿si fui tan feliz, entonces, por qué no puedo serlo ahora?
- ¿Y cómo fue el retorno a Casa? ¿Te encontraste con un buen cura?
- Sí y cercano a la zona, padre, por donde usted estuvo tanto tiempo. Después me enteré de ello. Y hoy, de a poco, voy volviendo. Me tiene el cura una enorme paciencia. A veces me rebelo, y me vuelvo muy arisco. El odio contra los curas es una de las armas preferidas de las sectas. Y, por eso, hay momentos en que todos parecen lo mismo… Pero me terminó de caer la ficha cuando el padre me mostró que, en la Iglesia, tenemos toda la Verdad, y todos los medios para salvarnos. Y que todo es gratis. Y que nadie me meterá la mano en los bolsillos. Y que, por supuesto, hay que aportar para mantener el culto. Pero se da de lo que se puede, y no de lo que no se puede…
El rostro de Matías, a esta altura de la charla, se encendió especialmente. Y con evidente esfuerzo para contener las lágrimas, agregó: «Encontré en el padre Domingo un hombre de Dios. Me confesé con él varias veces; lloré más que un niño, y sentí todo el abrazo de Dios y de la Virgen. Además, me ayudó con los trámites para empezar la escuela de oficios. Estoy cursando para ser plomero y gasista matriculado. La salida laboral es enorme. Y, mientras tanto, camino las calles, juntando de la basura. No me sobra nada, pero, de a poco, algo ahorro y me voy comprando las herramientas. Sé que me espera mucho sacrificio. Pero quiero lo mejor para mi esposa y mis hijos. Y yo creo que, también, puedo empezar de nuevo…
- ¡Ya comenzaste de nuevo, hijo! ¡Y estás en las mejores manos! Ha sido un gusto conocerte. Dale mis saludos al querido padre Domingo. Y, por si lo llegases a necesitar, aquí tienes mis señas para saber dónde ubicarme.
- ¡Padre! ¡Le repito, Dios lo puso en mi camino! Mañana cumple tres años Marcos, mi hijo menor. Lo que hoy saque de la recolección será para su festejo.
Le di algo de dinero. Y le regalé uno de los rosarios «luminosos» (que brillan en la oscuridad), que traje del Vaticano. «Entrégaselo a Marcos, de mi parte. Le pusiste un gran nombre. San Marcos es el autor del Evangelio más breve; que se caracteriza por su sencillez y claridad. Te pido un gran favor: reza por otros Matías, como vos; otros hijos de la Iglesia, cuyo regreso a Casa estamos aguardando.
- Hasta que se lo dé a Marcos, me llevo el rosario puesto sobre mi cuello. ¿Me lo puede colocar, padre?
- Con todo gusto, hijo. ¡Que el Señor y la Virgen sean, siempre, tu consuelo y alegría!
Un fuerte bocinazo, acompañado de estruendosos gritos de «gol», perforó el piadoso momento. Matías no pudo ocultar su molestia. Pero vio, también, una buena oportunidad para reafirmarse en su camino de conversión. «Para mí –remató-, el mundial es entre la Iglesia, la escuela y los cartones. Así seré, seguramente, un ganador»
Claro que sí, querido hijo. De hecho, ya Jesús va ganando tu corazón por goleada. Como lo realiza Él. En el silencio; con su sobriedad llena de detalles. Con la finura y contundencia de Quien hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).
+ Pater Christian Viña.
La Plata, viernes 19 de junio de 2026.
Mes del Sagrado Corazón de Jesús. –






