¡Muchas gracias a Usted, Santidad…!

Queridos lectores, el pasado miércoles, Su Santidad el Papa, en su catequesis semanal, ha dado, de nuevo, las gracias a España por la acogida de que ha sido objeto durante su reciente visita a nuestro país y por la impresionante respuesta que ha recibido, por parte de pueblo español, a lo largo de su estancia entre nosotros. La verdad es que al Papa se le vio muy a gusto durante todo el viaje o, al menos, a mí así me lo pareció. La fotografía que ilustra la cabecera de este artículo, tomada durante la vigilia de oración con los jóvenes en Madrid, creo que refleja bien uno de los varios momentos en que una sincera y honda emoción embargó al Papa durante su visita a España. No es para menos. Como he dicho, la respuesta del pueblo español a la visita de León XIV ha sido formidable. Como siempre, en realidad. Ya lo decía San Juan Pablo II, que visitó nuestro país en cinco ocasiones: “España siempre es España”.

Son numerosos los analistas católicos que se han llevado una impresión francamente positiva respecto a la visita de León XIV a España. También yo la tengo y agradezco mucho, a mi vez, al Papa que haya querido venir, en viaje apostólico, a nuestra Patria y la prontitud con que lo ha hecho. Además, soy consciente del enorme esfuerzo que ha tenido que suponer el viaje para Su Santidad. Han sido muchos los eventos que ha presidido; aquí, allá… Con sus correspondientes discursos, con las cámaras enfocándole constantemente y saludando a las multitudes durante la mayoría de sus desplazamientos (esto último es algo que, al tiempo, sin duda habrá resultado muy reconfortante para Su Santidad); y no estamos hablando de un hombre joven. Así es que, sí, es para estarle al Papa muy agradecidos.

También está, por supuesto, lo que el Papa nos ha dicho a los españoles (y no sólo a nosotros, en realidad; pero, principalmente, a nosotros). Nos ha dicho muchas cosas, que hay que repasar con calma. Tiempo habrá de referirse a ellas, si hace el caso. Especialmente llamativo, sin duda, ha sido su discurso ante los miembros de las Cortes Generales. Un discurso francamente bueno, en su conjunto, la verdad. Sobre todo, teniendo en cuenta la clase de auditorio al que se estaba dirigiendo. Un auditorio plagado de enemigos de Dios y de la Iglesia, los cuales, gracias a Dios, se comportaron con corrección ante el Papa (no obstante, los parlamentarios del BNG y de Podemos, si no estoy equivocada, no asistieron; allá ellos; ni se notó, el Congreso estaba a rebosar). No obstante, como la naturaleza humana herida por el pecado, a veces, es como es, durante el mismo viaje del Papa se llevó a cabo la inicua introducción de unas máquinas en el Valle de los Caídos, para, según se ha dicho, hacer unas catas, lo cual ha constituido una villanía horrenda. Como también lo ha sido que, tres días después de la visita del Papa, el Gobierno que padecemos, junto con sus socios, hayan aprobado, en el Congreso, tramitar una proposición de ley para facilitar, aún más, que los ancianos y/o enfermos se suiciden con ayuda de “sanitarios”, por medio de la eutanasia. ¿A qué tanta prisa? Coletazo del Infierno, llamo yo a eso. Y, aunque el PP y VOX han votado en contra de esta perversidad horrenda, mucho ojo, porque el Sr. Núñez Feijóo, en una muy reciente entrevista en el programa El Hormiguero, ha dejado claro que también él – y, con él, su partido – es partidario de la eutanasia. Y, asimismo, del aborto, claro. Que no falte. Con los patéticos matices que siempre le gusta añadir a ese partido profundamente anticristiano que es el PP, no vaya a ser que los votantes católicos que, sorprendentemente, todavía tiene, pongan el grito en el Cielo.

Esa es, en su gran mayoría, la clase de auditorio al que se dirigió León XIV en las Cortes. También a mí me llamó la atención que los diputados y senadores aplaudieran al Papa, tras su discurso, durante siete minutos (que hubieran sido, sin duda, más, si no llega a ser porque la Presidenta del Congreso invitó al Papa a retirarse). Sin embargo, en ningún momento dudé de que, a la gran mayoría de nuestros legisladores, las palabras del Papa les entraron por un oído y les salieron por el otro, sin dejar prácticamente nada en medio. No está hecha la miel para la boca del asno. Por desgracia para nuestro desdichado país. No obstante, el discurso del Papa ante los parlamentarios españoles ha constituido un estupendo y elevado testimonio de fe, que Dios quiera que dé mucho fruto, cuando y como el Señor disponga.

Por otro lado, los responsables de la organización del viaje merecen, también, una elogiosa mención, porque lo cierto es que el balance de su labor resulta claramente positivo. No voy a decir que absolutamente todo salió impecablemente, porque no fue del todo así. Yo soy una de las personas que ha sufrido algún que otro fallo organizativo de cierto nivel durante la visita del Papa y no voy a mentir: El tema no me hizo mucha gracia (y, sobre el asunto de los “centros de escucha” en la vigilia de Madrid con los jóvenes, ya me pronuncié en mi post anterior, disculpen la autocita; es de destacar la labor de algunos sacerdotes que, según tengo entendido, por propia iniciativa, se pusieron a confesar a la gente a pie de calle, durante la vigilia; Dios les bendiga). Sin embargo, es cierto, también, que los eventos tuvieron lugar con la puntualidad de un reloj y que salieron muy bien, teniendo en cuenta la magnitud del reto y el escaso tiempo que hubo para prepararlo todo. Así que, lo dicho: Balance claramente positivo de la organización de la visita en Madrid, Barcelona y Canarias. Si me permiten, un detalle que me impresionó bastante fue el canto de los tres chicos solistas ante el Papa, tras la bendición de la Sagrada Familia. Me pareció, sencillamente, formidable (y también lo fue el espectáculo de luces que siguió después, sin lugar a dudas; dicho sea, sin desmerecer otros eventos vividos durante el viaje del Papa, por supuesto). Mi enhorabuena a aquellos tres muchachos cantores y al resto de personas, coros y orquestas que han cantado durante los eventos de la visita del Papa, ha sido todo muy hermoso.

Asimismo, también me agradó, de modo especial, el testimonio de un muchacho en Madrid, durante la reunión de un gran conjunto de miembros de las diócesis de Madrid, Alcalá y Getafe con Su Santidad en el estadio Santiago Bernabéu. Les dejo la siguiente frase que dijo el chico, muy sencilla y que a mí me agradó mucho: “Os animo a ir a Misa, a rezar y a hacer el bien, porque eso es lo que le gusta a Dios”. Me parece una buena definición de lo que es la santidad, ¿No les parece? Hacer lo que le gusta a Dios y porque le gusta a Dios. Eso es la santidad. Muy bien, chaval.

Y, luego, están las grandes multitudes. La verdad es que la respuesta del pueblo español a las visitas de los Papas a nuestra Patria es, siempre, impresionante y muy esperanzadora. Por supuesto, sé que no estaba allí toda España y que hay muchos españoles que, tristemente, no tienen fe en Jesucristo, ni le aman. No obstante, tras cincuenta años de constante y perseverante labor descristianizadora de España por parte de la mayoría de la clase política y mediática de nuestro país, resulta muy reconfortante haber podido contemplar a tantas multitudes recibiendo y acompañando, con gran entusiasmo y cariño, al Papa durante los distintos eventos y a lo largo de nuestras calles; y así ha sabido verlo y valorarlo Su Santidad, como él mismo ya ha manifestado. Si me permiten, queridos lectores, yo quiero, desde aquí, animar a todas esas personas a no bajarse de “la ola” de fe que han vivido estos días, sino a continuarla, con constancia, en su vida cotidiana y a profundizar en ella; pues, si ha resultado conmovedor tener con nosotros, durante unos días, al Vicario de Cristo, mucho más lo es el hecho de que al mismo Cristo lo tenemos, todos los días, en nuestras iglesias, en sus sagrarios; y que, si estamos en gracia de Dios, podemos recibirle y tenerle, físicamente, en nosotros y con nosotros por medio de ese grandísimo e insondable misterio que es el Sacramento de la Eucaristía. No cabe duda de que Jesucristo es, con toda verdad, el Emmanuel, esto es, Dios con nosotros, en todo el sentido y plenitud de la expresión. Les confieso que yo misma, a veces, pido perdón al Señor cuando le recibo o le contemplo en la Eucaristía, porque está tan “escondido” allí que no termino de darme bien cuenta de ello, aun cuando lo creo, con todo mi corazón. Si los católicos supiéramos, cabalmente y con plena conciencia, lo que recibimos cuando comulgamos y lo que contemplamos cuando rezamos ante el Señor Sacramentado, creo que la impresión sería tan fuerte que casi nos mataría; ¡Tan grande es Dios, Nuestro Señor…! ¡Y le tenemos junto a nosotros, cerquísima, todos los días…! Procuremos valorar esta inmensa gracia en lo que vale y actuar en consecuencia, acompañando con nuestra oración, con frecuencia, a Nuestro Señor, a fin de darle la gloria, adoración y acción de gracias que le son debidas.

Es junto a Nuestro Señor, pues, como podremos seguir viviendo nuestra fe con fidelidad y alegría, aprovechando la impresión tan positiva que nos ha dejado a los católicos el viaje de León XIV a España; pues nuestra fe es, tiene que ser, ante todo, alegría y esperanza. No en vano al Evangelio se le llama “la Buena Noticia”. A fe que lo es. Y esa alegría y esperanza hay que seguir viviéndolas en lo cotidiano; y, en el fondo de nuestro corazón, también, cuando llegan los momentos de cruz y de tinieblas, porque Dios nos ama muchísimo y no nos abandona jamás. Todo se vive distinto cuando se tiene a Dios, se le ama y se está en comunión con Él. Toda la vida y, también, la muerte. La fe y el amor a Dios son lo que más merece la pena en esta vida y no hay tesoros mayores en este mundo. Tengámoslo siempre muy presente, siempre.

Por otro lado, a quienes acudieron a ver y escuchar al Papa sin, quizá, tener mucha fe, o aunque solo haya sido por mera curiosidad, les animo a acercarse y conocer más a Cristo, ya que han querido acercarse a su Vicario. Como acabo de decir, merece la pena absolutamente. Jesucristo es ese gran tesoro de que habla el Evangelio, por el cual merece la pena dejarlo todo, si necesario fuera, para tenerlo.

Finalmente, recemos mucho por el Papa, por los Obispos, sacerdotes, religiosos, familias… Por toda la Iglesia. Y por España. Como ha dicho el Papa, ¡Que Dios bendiga siempre a España! Y que esté siempre con nosotros, pase lo que pase y venga lo que venga. Así sea.

PD: Me van a permitir que ponga de manifiesto que también a mí me hubiera encantado que Su Santidad hubiera visitado el Valle de los Caídos, durante su visita a Madrid. No obstante, visto el odio perenne que tienen contra ese santo lugar los enemigos de Dios y de España que copan el Gobierno, comprendo que no era un asunto nada fácil. No obstante, suplico a Su Santidad que, por favor, defienda la integridad del Valle de los Caídos todo lo que pueda. Es de los mayores favores que puede hacernos a los españoles, tras su visita a nuestra Patria. Este asunto no es, de ninguna manera, un tema menor, ni secundario. Sinceramente, creo que la Iglesia Católica y España se juegan mucho en este envite. Los enemigos de Dios y de España lo saben y, de ahí, su encono. ¡Ayúdenos, por favor, Santidad, defienda el Valle de los Caídos y a los benedictinos que allí rezan por todos nosotros…! Y que Dios guarde e, igualmente, bendiga siempre a Su Santidad.

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