2009, el Año de la Vida
La Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha un año de oración por la vida; exactamente, el año actual: 2009. Para ayudar a la celebración de este año ha preparado una serie de materiales que ayuden a orar por esta causa a las diversas parroquias, y a otras entidades eclesiales, de las diócesis españolas.
Bienvenida sea esta iniciativa. A mí me parece que la “lex orandi”, en este punto concreto, va por detrás de la “lex credendi”. Y esta lejanía no es buena, no es coherente. La doctrina de la Iglesia es muy clara sobre el respeto a la vida. Basta leer la encíclica “Evangelium vitae” de Juan Pablo II. Pero la “lex orandi”… Eso es otra cosa.
No encuentro, en el Misal – quizá se deba a que no he buscado bien – una “Misa por la defensa de la vida”. Y, puestos a buscar formularios, aparecen muchos, y de todo tipo: “Por la paz y la justicia”, “por la santificación del trabajo humano”, “por los enfermos”, por citar sólo algunas de las “diversas necesidades”. No entro ya en las “Misas exequiales”, en las que, junto a la Misa por los niños, se echa en falta una Misa por los niños que han sido eliminados antes de nacer… Aunque las Misas sean por los bautizados; pero existe el bautismo de deseo y el bautismo de sangre… Incluso una Fiesta de “Los Santos Inocentes, Mártires”; es decir, de aquellos niños que no pudieron confesar a Cristo de palabra, pero lo confesaron con su martirio.

Zapatero se ha revelado, una vez más, como un positivista. No como alguien atento a la realidad de los hechos; sobre los que tiende a no pronunciarse: “¿Es el feto una persona humana o no lo es?” Tal pregunta no obtiene respuesta. El positivismo de Zapatero es un positivismo jurídico, que no se para a pensar sobre la deseable vinculación entre moral y derecho. Lo que importa no es la realidad, sino lo que el derecho positivo; es decir, las leyes vigentes, admiten. Sólo desde esta lógica se comprende que la toma de posición sobre el carácter humano del feto se desplace en favor de una vaga alusión a una sentencia del Tribunal Constitucional.
Además de las cuestiones litúrgicas, en las que se ha producido un mayor acercamiento al reconocer la posibilidad de celebrar la Santa Misa según la llamada “forma extraordinaria”, algunos otros temas dividen a los seguidores de Mons. Lefebvre de las autoridades doctrinales de la Iglesia Católica. Dos de ellos revisten gran importancia teórica y no carecen, obviamente, de repercusiones pastorales. Me refiero a la doctrina de la “Dignitatis humanae” sobre la libertad religiosa, que los lefebvrianos juzgan antropocéntrica, humanista y en discontinuidad con el magisterio católico de siempre, así como a la cuestión del ecumenismo, cuyos principios se exponen en el decreto “Unitatis redintegratio” del Concilio Vaticano II; doctrina sospechosa, para ellos, de desdibujar la identidad de la Iglesia.
El teólogo alemán Metz ha popularizado la expresión “reserva escatológica” para aludir a la relación dialéctica que existe entre las promesas de Dios y la realidad histórica. Toda realización intramundana es provisional; ningún logro político, social o económico es, sin más, “el Reino de Dios”.
Hoy se ha hecho pública una buena noticia para los que amamos la unidad de la Iglesia: El Papa Benedicto XVI, mediante decreto de la Congregación para los Obispos de 21 de enero de 2009, “remite la excomunión que gravaba sobre los (…) Prelados” de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.












