Madonnelle
Mayo es el mes de María. Pero, en realidad, a ella están dedicados todos los días y todos los lugares. En la hermosa ciudad de Roma es imposible transitar por sus vías, al menos por las más cargadas de historia, sin encontrarse con alguna de las llamadas “Madonnelle”. Se trata de hornacinas con la imagen de María colocadas en los ángulos de las calles o adosadas a los muros de los antiguos edificios. Expresan una profunda religiosidad popular “di strada”, en plena calle. Parece que su uso tiene precedentes en la antigua Roma pagana, donde se encomendaba a los “Lares Compitales” – los dioses de los lugares- la protección de los cruces de caminos.
En un tiempo había en Roma miles de “Madonnelle”. En la actualidad se conservan unas quinientas. Pintadas al fresco o al olio, esculpidas sobre mármol o terracota, realizadas en mosaico…, suelen estar rodeadas de exvotos dejados por los fieles; muchos de estos exvotos son pequeños corazones plateados. Hasta comienzos del siglo XX eran los habitantes de los barrios los que se ocupaban de ellas, procurando dejar siempre encendidas candelas y lámparas, que tenían la virtualidad añadida de iluminar las calles por la noche para hacerlas más seguras.
He visto muchas de estas imágenes. Me voy a referir, a modo de ejemplo, a cuatro de ellas que se pueden encontrar en un breve paseo romano. Si uno accede a la “Via de’ Cappelari”, una calle del gremio de los sombrereros, que se sigue reivindicando hoy como “strada d’arte e artigianato”, puede contemplar, al borde de la desembocadura en el célebre “Campo de’Fiori”, una preciosa Madonnella, representación de la Inmaculada. Se trata de una pintura del siglo XVIII de la Virgen, a la que le han añadido dos coronas doradas sobre su cabeza y, sobre el cristal que la protege, varias cadenas con corazoncitos votivos. La pintura está inserta en un marco fastuoso, decorado con ramas, hojas, cintas, lirios, conchas y otras flores en estuco de bajo relieve. Debajo, dentro de una pequeña cartela de mármol, se lee: “Tota pulcra es et macula no est in Te” (“Eres toda bella y no hay mancha en ti”). Siempre hay flores frescas adornando el cuadro.
Algo más adelante, en el cruce entre la “Piazza del Teatro di Pompeo” con la “Via dei Baullari”, de los fabricantes de baúles, hallamos otra Madonnella, a mayor altura del suelo y más discreta. Data de finales del siglo XVIII y es conocida como “Madonna della Pietà”.
Ya en la “Piazza Navona”, el antiguo estadio de Domiciano y uno de los lugares más bellos - si no el que más - de toda Roma, podemos descubrir en el edificio que está situado detrás de la “Fontana de Neptuno”, que representa al dios del mar luchando con un pulpo, un fresco de la Virgen sosteniendo al Niño que bendice el mundo. La imagen está protegida por un cristal y rodeada por un marco barroco de estuco. En el pergamino que se encuentra sobre la imagen se lee: “Advocata nostra”, y en el que está debajo: “Ora pro nobis”.
Y una última parada en el “Vicolo della Pace”- que conduce a la preciosa iglesia de “Santa Maria della Pace” -. Adosada sobre un muro lateral de la impresionante iglesia de “Santa Maria dell’Anima” encontramos un relieve del siglo XIX de la Virgen con el Niño, que fue mandado colocar allí por Luis de Baviera con ocasión de una visita a Roma. A los pies de la escultura reza: “Maria Mater Dei ora pro nobis”.
Juan Pablo II, que era muy devoto de la Virgen y que estaba dotado de una enorme sensibilidad pastoral, se extrañó de que en la Plaza más importante del catolicismo, la de san Pedro, no hubiese ninguna imagen de la Virgen. Hizo colocar, en un lugar bien visible en la fachada del Palacio Apostólico, un mosaico que representa a María como “Mater Ecclesiae”. No podía ser que allí faltase su “Madonnella”.
Guillermo Juan-Morado.
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