InfoCatólica / La Puerta de Damasco / Archivos para: Febrero 2010

28.02.10

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Si cabe el “sub specie hilaritatis” puede caber, sin que la excepción aspire a ser norma, el “sub specie frivolitatis”, o como se diga. Lo frívolo, lo ligero, lo insustancial, ha de tener también su espacio. El suyo. Ni más ni menos.

Noticias frívolas son publicadas cada día. Al igual que una larga jornada de trabajo merece unas pausas de descanso – un “recreo”, como decíamos en la etapa de la escuela – también un blog puede ceder a esa tentación, en sí benigna. Una dosis justa de ligereza permite resaltar, por contraste, la gravedad de lo grave.

He leído esta tarde – tarde de domingo, “ergo” de recreo, de reposo, de tregua en la batalla de la “productividad” – un suplemento de un conocido periódico. Informa, el suplemento, de una red social – me niego a participar en ninguna de ellas, por manías personales, no por objeción de principio – que sólo admite a [email protected]: “Las otras redes son como selvas de hipopótamos y jabalíes. La nuestra es para leopardos y gacelas”, dicen que dice el director de la web.

Nunca había pensado en los leopardos y las gacelas como prototipo de la belleza humana, pero se ve que soy yo el que está desfasado. El mundo animal te enseña, el mundo animal te entretiene… La zoología como canon. Novedoso, sí, hasta cierto punto.

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27.02.10

La luz que confirma la fe

Homilía para el Domingo II de Cuaresma (Ciclo C)

La Transfiguración del Señor tiene lugar después de la confesión de fe de San Pedro (cf Lc 9,20). Jesús es reconocido por sus discípulos como Mesías y les revela cómo va a realizarse su obra: su resurrección tiene que pasar por el sufrimiento y por la muerte. Por eso elige como testigos de la Transfiguración a los que serán testigos de su agonía: Pedro, Santiago y Juan.

La fe, la adhesión personal a Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador del mundo, inaugura, para los primeros discípulos y para nosotros, el camino del seguimiento. Y este itinerario que hemos de recorrer tras los pasos de Cristo incluye, como un momento necesario suyo, el Via Crucis, la ruta dolorosa que conduce al Calvario: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23).

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21.02.10

Arte y Teología

Me han pedido, para el catágolo de una exposición conmemorativa del Cincuenta Aniversario del Seminario Mayor de Vigo, un texto sobre “Arte y Teología". El comisario de la exposición es el Vicerrector del Seminario, D. Santiago Vega, Licenciado en Bellas Artes. Más adelante, daré más detalles sobre este acontecimiento. Adjunto ahora el texto que he preparado:

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20.02.10

No nos dejes caer en la tentación

Homilía para el Primer Domingo de Cuaresma (ciclo c)

Jesús, el Ungido por el Espíritu Santo, inaugura, en su bautismo, su misión de Siervo doliente. Se deja conducir por el Espíritu Santo, “que lo fue llevando por el desierto” (Lc 4,1) y, a la vez, se deja tentar por el diablo. Jesús, que permitió ser contado entre los pecadores, quiere afrontar también el combate contra la tentación. Como leemos en la Carta a los Hebreos: “No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado” (Hb 4,15).

Cada uno de nosotros podemos ver reflejada nuestra propia vida en la vida del Señor. Por el sacramento del Bautismo hemos sido hechos templos del Espíritu Santo, quien, si no ponemos obstáculos, nos guía con suavidad y firmeza en el camino del seguimiento de Cristo. Un camino de obediencia, de confianza, de fe en la bondad de Dios, porque “nadie que cree en Él quedará defraudado” (cf Rm 10,11).

Como a Jesús, también a nosotros el diablo nos tienta. Quiere poner a prueba nuestra condición de hijos de Dios, quiere sembrar en nuestra alma la desconfianza hacia Dios y busca, para ello, las ocasiones de mayor debilidad, como buscó el momento en el que Jesús, después de un ayuno prolongado, “sintió hambre”. La debilidad, la vulnerabilidad, es una característica de nuestra condición humana que se manifiesta con múltiples rostros: el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, las fragilidades inherentes a la vida y la concupiscencia, la inclinación al pecado.

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16.02.10

Cuaresma

El miércoles de ceniza comienza el tiempo de Cuaresma, un itinerario que tiene una meta muy clara: la conversión a Dios, la vuelta a Él, la toma de conciencia de que en Él encontramos nuestro eje y nuestro centro.

¿Cuáles son las ayudas que la Iglesia nos propone para realizar este camino? Basándose en el Evangelio, nos indica fundamentalmente tres: el ayuno, la oración y la limosna.

El ayuno no es sólo privarse de un poco de alimento, sino prescindir de ciertas cosas que, aunque buenas, no son necesarias, porque el Único Necesario es Dios.

La oración es el trato con Dios, el diálogo sostenido con Él, que puede versar sobre nuestra propia vida, sobre nuestros aciertos y nuestros errores, nuestros deseos y nuestras carencias, tratando de ver cómo Dios habla a través de todo lo que nos acontece.

Y la limosna es la caridad, la apertura a los demás.

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