Determinismo, indeterminismo, azar y diseño inteligente

AzarEn este “post” comento algunos pasajes del libro de SOLER-GIL, Francisco, Mitología materialista de la ciencia, Ed. Encuentro, Madrid, 2013.

El tema general de la obra es la distinción entre los verdaderos resultados de las ciencias y el ropaje ideológico materialista con que se los suele revestir.  En ese contexto, el autor sostiene que la teoría de la evolución basada en la selección natural y el indeterminismo cuántico ofrecen una visión del mundo más armónica con la fe cristiana que la tesis del determinismo natural y la corriente actual del “diseño inteligente”. 

Me interesa realizar algunas críticas exclusivamente desde el punto de vista filosófico y teológico.

Veamos algunos pasajes del libro:

“Pues si alguna relevancia posee la teoría de la evo­lución en este ámbito es que ha servido para dibujar un escenario del despliegue de la vida en el que queda manifiesto que al menos buena parte de los males asociados con los vivientes — ¡y que se conocen desde siempre!— resultan inevitables en un orden natural que ha posibilitado la obtención de bienes tan importantes como la gran riqueza de formas de vida en el mundo, o el surgimiento de seres inteligentes y capaces de la acción moral.” (p. 59).

“Llevando más lejos esta línea de pensamiento, se pueden alcan­zar otros resultados notables. Por ejemplo, la expectativa de que la malla causal física de un mundo así no esté cerrada. Es decir, la expectativa de que se dé un cierto grado de indeterminismo a ni­vel físico. Pues, de otro modo, la correlación entre mente y cuerpo desembocaría en una predeterminación absoluta de todas las de­cisiones. Nos encontraríamos en un mundo como el descrito por la mecánica clásica, en el que no hay forma de entender la libertad (salvo presuponiendo, como Leibniz, una armonía preestablecida por Dios entre las decisiones humanas y el mundo físico).” (p. 86).

«En un universo regulado por las leyes de Newton, una física de precisión gobernaría los movimientos de los átomos lo mismo que el de las estrellas. Y esto significa que, una vez establecido el material básico de la vida, todos los eventos, pasados y futuros, podrían reducirse a una predecible malla de engranajes cósmicos. Un legislador deísta podría haber sido grande y sabio, pero, pensadas en el contexto del mecanismo de relojería newtoniano, nuestras vidas serían más o menos tan intere­santes como las bolas de billar […] Si todos y cada uno de los eventos futuros del universo fueran —en principio— predecibles, entonces el papel de cualquier Creador habría concluido en el momento en el que el universo llegó a ser. No habría para Él literalmente nada que hacer salvo observar el giro de los me­canismos de relojería. Y no habría para nosotros nada que hacer, salvo seguir ciegamente las instrucciones determinadas de las máquinas en nuestro interior. Afortunadamente, este no es el caso. La naturaleza indeterminada de la conducta cuántica significa que los detalles del futuro no están determinados estrictamente por la realidad presente. Ni el universo de Dios está abocado a un determinado futuro, ni lo estamos nosotros. Desgraciadamente, pocos teólogos aprecian hasta qué punto la física ha rescatado a la religión de los peligros de la predictibilidad newtoniana. ¡Sospecho que (aún) no saben quiénes son sus verdaderos amigos! […] Comenzábamos […] preguntando si los avances de la ciencia […] han descartado incluso la existencia de un Dios monoteísta […]. Si la física clásica reinara triunfante, tal podría ser muy bien el caso. Ines­peradamente, la física última de la naturaleza no completa una cadena de causa y efecto. Deja abierta una ventana a sucesos, una ruptura en la causalidad que es significativa no porque la ciencia no pueda dominar unos pocos y mínimos detalles del universo físico, sino porque ni si­quiera puede afrontar la cuestión de por qué tendría que estar construi­da la naturaleza siguiendo unas líneas tan elusivas. En el análisis final, el materialismo absoluto no puede explicar completamente la naturaleza de la realidad». (p. 87. El que habla es Kenneth Miller, citado por el autor).

“Dicho en otros términos: El universo podría ser, en principio, newtoniano. Pero entonces no cabría en él la existencia de seres li­bres —salvo arrojándonos en brazos de la armonía preestablecida leibniziana, que de entrada más bien parece una salida ad hoc des­esperada—. En tal caso, la hipótesis teológica cristiana sobre el cos­mos, que estamos esbozando, y que incluye como uno de sus fines la existencia de seres inteligentes y libres, quedaría en entredicho. El cosmos no sería otra cosa que un aburrido teatro de marionetas cuyo sentido, de tener alguno, se nos escaparía por completo. Sin embargo, encontramos que el universo posee exactamente el tipo de apertura causal física requerido para la existencia de seres capaces de obrar libremente el bien y el mal. Esto puede considerarse como un indicio de que la perspectiva teológica nos lleva más lejos que la materialista en la comprensión del mundo. Puesto que, para el materialismo, lo mismo tendría que dar que la física reinante fuera newtoniana o cuántica.” (p. 88).

“Pero aún hay más. Un universo regido por leyes, y por leyes como las descritas por la teoría cuántica, es un universo en el que puede desplegarse el juego de azar y necesidad que constituye la esencia del mecanismo darwinista de la selección natural. De ma­nera que, ajustadas las leyes y las constantes de la naturaleza de tal modo que se puedan generar piezas de construcción como las de la química del carbono, el gran despliegue de la complejidad y de la vida puede comenzar.” (p. 88).

“Hasta aquí, la interpretación teísta del escenario evolutivo se presenta como una lectura compacta, unitaria. Sin embargo, si nos planteamos ahora la cuestión de cómo actúa Dios en relación con los sucesos que en el plano físico son considerados aleatorios, se abre una gama de posibilidades, que convierte la perspectiva teísta en una familia de interpretaciones. Las opciones que se nos presen­tan son tres: O bien Dios determina todos los sucesos aleatorios del universo (con lo que sería más preciso hablar de «providencia» que de «azar»), o bien no determina ninguno sino que deja el azar como fuente de libertad genuina de toda la creación, o bien Dios determi­na algunos sucesos aleatorios, pero no todos.” (p. 90).

“Sin embargo, una dependencia así nos condu­ce de nuevo a la imagen de un universo plenamente determinado (aunque no sea ya por las leyes físicas), en el que a duras penas se puede entender la libertad humana. Pues si todos los movimientos de todas las partículas del cosmos dependen, en última instancia, de la decisión divina, y si tenemos en cuenta la estrecha correlación entre la mente y los estados fisico-químicos del cerebro humano, no parece que se pudiera salvar la libertad, salvo postulando de nuevo una especie de armonía preestablecida. Es decir, habría que pensar que Dios actualiza justo aquellos estados físicos que su presciencia conoce como asociados con las decisiones de los seres libres.” (p. 91).

“«Uno podría decir que el azar es una ilusión; que, de hecho, todo es controlado por la mano de Dios. […] Pero la mayor parte de la gente encontraría perturbadora esta idea. Dejando a cargo de Dios cada tras­pié y cada tropiezo de nuestra vida cotidiana se elimina del cuadro el azar, ¿pero a qué precio? Dios es ahora responsable de la caída de las ramas y los cables de alta tensión, de la enfermedad de tu hija, e incluso del autobús escolar lleno de niños que se desliza fuera de una carretera helada»” (p. 93. El que habla es Kenneth Miller, citado por el autor).

“Por eso, tal vez el modelo más consistente con la imagen cristiana de Dios sea el que propone que las indeterminaciones cuánticas, que están en la base de las variaciones genéticas sobre las que tiene lugar el proceso de la selección natural, constituyen uno de los puntos en los que la divinidad puede intervenir sin violar las leyes que ella misma ha impuesto a la naturaleza. Y subrayo que «puede», es decir, que no necesariamente interviene en todas ellas, aunque es de suponer que lo haga en aquellas requeridas para garantizar la consecución de los fines particulares buscados en la creación.” (p. 96).

“«Yo sugeriría una visión alternativa. Podríamos concebir a Dios como actuando en todos los sucesos cuánticos en el curso de la evolu­ción biológica hasta la aparición de organismos capaces de algún nivel de conciencia, por primitivo que sea. A partir de ahí, Dios podría con­tinuar obrando en términos del dominio cuántico-genético, pero Dios podría abstenerse de actuar en aquellos sucesos cuánticos que subya­cen a las disposiciones corporales, permitiendo así a los niveles de con­ciencia en desarrollo el actualizar somáticamente sus intenciones. Esta aproximación […] incluye la idea de una autolimitación divina, y le da a todo esto un carácter temporal. Dios nos lega no sólo la capacidad de la experiencia mental por medio de la acción especial de Dios en la evolución y el surgimiento resultante del sistema nervioso central, sino que Dios nos lega además la capacidad del libre albedrío y la ca­pacidad de expresar nuestras elecciones al proveernos de al menos un dominio de genuina indeterminación en términos de nuestras disposi­ciones somáticas»” (p. 97. El que habla es Robert John Russell, citado por el autor.)

“El tercer argumento, que hace referencia al sufrimiento en el proceso evolutivo, pasa por alto que el sufrimiento físico de anima­les y personas ya se conocía desde mucho antes de Darwin. Y que la teoría darwinista más bien ha contribuido a hacernos ver que ese sufrimiento no es un rasgo caprichoso de la naturaleza, que resulta­ría fácilmente eliminable por un Creador, sino que probablemente se trate de algo inevitable en un mundo capaz de generar, a partir de unas leyes naturales simples, una riqueza de formas de vida como la que existe en nuestro mundo.

El cuarto argumento, que emplea la explicación darwinista de las estructuras de los seres vivos para negar el diseño en el mundo, no tiene en cuenta que el mecanismo de variaciones aleatorias y se­lección natural requiere, para ser fructífero, una materia de carac­terísticas muy especiales. Y que, por tanto, el darwinismo más bien parece estar presuponiendo que negando el diseño. Vimos además que la teoría de Darwin había servido para situar el argumento del diseño en el lugar en el que debe formularse. A saber, en el ámbito cosmológico y de las leyes fundamentales de la naturaleza.

Por último, el argumento que contrapone el azar (omnipresen­te en la historia de la vida) al diseño fracasa por dos razones muy importantes: la primera, porque el azar no implica de entrada más que nuestra incapacidad de predecir ciertos resultados, pero no dice nada sobre si esos resultados han ocurrido, o no, intencionalmente; y la segunda, porque el azar puede ser empleado como un elemento más en el diseño de estructuras o procesos interesantes, por lo que no es de ninguna manera incompatible con un plan inteligente.” (pp. 76 – 77).

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Luego de esto, el autor pasa a criticar la teoría del “Diseño Inteligente” actualmente en boga sobre todo en EE.UU. Nos centramos solamente en la crítica que hace a esta corriente de pensamiento desde el punto de vista teológico (y filosófico):

“Pero es que los problemas no acaban aquí. Si la propuesta del «di­seño inteligente» resulta insostenible como hipótesis científica, sus consecuencias teológicas son aún más devastadoras. Una de ellas la acabamos de mencionar: El diseñador actúa de manera tal que pare­ce como si estuviera intentando llevarnos hacia una pista falsa sobre la historia de la vida. Dios actúa como si quisiera engañarnos. Pero aún hay más. El diseño directo de las especies por parte de Dios no sólo elimina la ayuda que el marco evolucionista-darwinista nos ofrece para comprender la compatibilidad de un Creador bueno con la presencia de sufrimiento en el mundo —y que he mencionado en el apartado anterior—, sino que agudiza hasta lo insoportable este problema capital de la teodicea. Y esto al menos por dos motivos: en primer lugar, porque Dios crea entonces directamente especies dotadas de estructuras que no pueden funcionar bien; y en segundo lugar, porque Dios crea asimismo directamente las estructuras cor­porales y los instintos de los que se deriva la violencia en el mundo de la vida.” (p. 110).

“Puesto que desde el marco de la teoría sintética de la evolución los males indicados en las citas ad­quieren el carácter de sombras inevitables en un mundo dotado por el Creador de un diseño global tendente a la consecución de grandes bienes. Pero si sustituimos este marco por la hipótesis de un dise­ñador de estructuras particulares, ¿cómo evitaremos las acusaciones de incompetencia y crueldad?” (p. 112).

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 Según estos autores, entonces, o bien hay determinismo natural, o hay indeterminismo cuántico. En el primer caso, perece, según ellos, la libertad humana. En el segundo caso, o bien Dios no interviene nunca para determinar el indeterminismo cuántico, o interviene siempre, o interviene a veces. En el primer caso, ni siquiera es seguro que la evolución produzca seres humanos. En el segundo caso, perecen tanto la libertad humana como el azar. En el tercer caso, Dios interviene en todos los casos, o en muchos de ellos, menos en los procesos cerebrales que tienen que ver con el libre albedrío. De esto se sigue que Dios no puede evitar los males que proceden del libre albedrío, y al parecer, tampoco otros males naturales que derivarían del azar, consecuencia del indeterminismo cuántico, pues Dios, estableciendo solamente las grandes leyes y constantes de la naturaleza,  debe dejar también un margen de azar, en esta hipótesis, en todo el mundo de la vida, para que sea posible la selección natural, de modo que el mismo azar sería el responsable, vía selección natural, de la aparición de una gran variedad de especies naturales. O bien entienden que “libre albedrío” y “conciencia” son de algún modo inseparables, de modo que los males naturales, que quedarían restringidos al mundo animal, se explicarían todos por el mal uso de “libre albedrío”.

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Frente  a esto:

O hay determinismo, o no lo hay, e igualmente, o existe el azar, o no existe. En ambos casos, o son universales, o no lo son. No pueden ser ambos universales: donde hay determinismo, no hay azar, y viceversa. Si se dan ambos, entonces, ni todo es determinismo, ni todo es azar.

Si hay azar, pero no es universal, o bien alcanza las naturalezas mismas de las cosas, o bien sólo sucede por fuera de esas naturalezas, en el plano de lo accidental. Veremos que sólo esta última opción es posible.

Si el determinismo es universal, no hay libre albedrío, pero la existencia del libre albedrío no niega al determinismo natural no universal, salvo que se afirme el libre albedrío universal, que no es necesario afirmar.

Si el azar es universal, no hay libre albedrío, porque éste supone el propósito deliberado y voluntario, que es contrario al azar. Si existe el libre albedrío, entonces, el azar, o no existe, o no es universal. Por eso, si el libre albedrío fuera universal, no habría tampoco azar.

Estas tres modalidades, entonces, se excluyen formalmente entre sí, en el mismo sujeto, al mismo tiempo, y bajo el mismo aspecto: determinismo, libre albedrío, y azar.

Ahora bien, si las cosas tienen una esencia o naturaleza, existe el determinismo, al menos parcial, y por tanto, ni el libre albedrío ni el azar son universales.

En efecto, las naturalezas de las cosas son internamente necesarias, y por tanto, no pueden deberse ni al azar ni al libre albedrío, que son contingentes. Y como el obrar sigue al ser, para cada cosa dotada de su esencia o naturaleza hay operaciones que brotan necesariamente de la misma, aunque pueda haber también, en el caso de los seres racionales, otras operaciones que son libres.

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El error de estos autores está en no distinguir entre lo natural y lo azaroso.

Aceptan el postulado darwinista, según el cual las especies naturales son fruto del azar.

Pero eso es imposible. En toda explicación por el azar tenemos que suponer una cierta pluralidad de elementos que se unen de un modo, justamente, “azaroso”. Por ejemplo, los átomos de Demócrito.

Es decir, todo lo que deriva del azar es compuesto, de algún modo.

Ahora bien, es imposible que esos elementos también sean fruto del azar, de tal modo que dependan a su vez, entonces, de otros elementos más básicos, también azarosamente reunidos, y para estos valga lo mismo, y así, “in infinitum”.

Porque retroceder infinitamente en busca de una explicación no es dar una explicación.

Tampoco lo es hacer de toda explicación posible algo en el fondo idéntico a aquello que debe ser explicado, y necesitado de explicación de la misma forma que ello,  y eso es lo que sucede en tales retrocesos al infinito.

Por tanto, como tiene que haber una explicación (principio de razón suficiente) entonces, en el más azaroso de los panoramas tiene que haber elementos iniciales que no sean fruto del azar.

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Lo que no es azaroso, o es natural, o es libre. Pero si estos elementos iniciales dependen de una libertad, entonces no son lo absolutamente primero. Lo absolutamente primero, entonces, es natural.

Lo natural, entonces, o no es compuesto de ningún modo, o, si es compuesto, sus partes componentes guardan entre sí una relación que no es azarosa.

Es decir, esas partes están mutuamente ordenadas las unas a las otras, como los órganos de un animal.

En cambio, lo azaroso es siempre compuesto de partes que no están, además, mutuamente ordenadas entre sí.

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Evidentemente, en el Universo coexisten lo natural y lo azaroso, y no se identifican entre sí. Si lo hicieran, no tendríamos un concepto y un término particular para el “azar”, porque todo sería azar.

Y en definitiva, ya vimos que es imposible que todo sea azaroso, porque eso nos llevaría a un retroceso al infinito. ¿Habría que distinguir, entonces, entre naturalezas azarosas y naturalezas no azarosas? Es claro que eso no tendría sentido, y que la distinción correcta es entre lo azaroso y lo natural.

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Para entender esto, hay que entender la distinción entre la causa “per se” y la causa “per accidens”.

La “causa per se” es aquella que tiende de por sí al efecto que produce, sea que lo produzca necesaria o libremente. La causa “per se” tiende a la realización de su efecto, está finalística o teleológicamente orientada a la misma.

En efecto, incluso si una causa “per se” produce necesariamente su efecto en virtud de lo que ella misma es, por ejemplo, el fuego cuando quema,  eso quiere decir, justamente, que está determinada a producir ese efecto y no otro, y eso quiere decir, que tiende a la producción de ese efecto determinado aún desde antes de prorrumpir en la acción misma, o sea, finalística o teleológicamente.

No hay en la naturaleza del fuego como tal una indiferencia respecto de quemar o no quemar o de hacer otra cosa distinta de quemar. Esa “no indiferencia” es lo mismo que la tendencia natural del fuego a quemar. 

Pero que lo quemado sea una novela de Dickens en vez de una novela de Cervantes no se sigue necesariamente de la naturaleza del fuego ni del quemar como tales, ni es el efecto “per se” al que tiende la quemadura como tal,  y sin embargo, es también un efecto del fuego, pues éste quema la novela de Dickens y no la de Cervantes.

Es un efecto “per accidens” de una causa “per accidens”. El fuego es causa “per se” de la quemadura, y es causa “per accidens” de la quemadura de una obra de Dickens.

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La causa “per accidens” de un efecto es la causa que produce ese efecto sin tender a él y sin estar en sí misma determinada a la producción del mismo, y en forma concomitante a la producción de un efecto natural, para lo cual sí está en sí misma determinada.

Por ejemplo, en el caso del sorteo de lotería, que tales y tales bolillas sean seleccionadas es una consecuencia natural, “per se”, de las condiciones iniciales del sorteo más las leyes de la naturaleza, pero que tales y tales números estén escritos en tales y tales bolillas no lo es, y por eso, que tal número salga seleccionado es un efecto “per accidens”, es decir, azaroso.

Así, la causa “per accidens”, como tal, no está teleológicamente orientada a la producción de su efecto, por eso decimos que el azar es “ciego”. Es indiferente que la novela quemada sea de Dickens o de Cervantes.

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Por eso Aristóteles dice algo así como que el músico produce música “per se” y construye una casa “per accidens”. La casa es efecto “per accidens” por relación al músico, pero es efecto “per se” por relación al arquitecto, porque accidentalmente resulta en este caso que el músico es arquitecto y viceversa.

Hay efectos, sin embargo, que son “per accidens” absolutamente hablando, porque no hay ningún agente natural que sea “quemador de novelas de Dickens” o “causador de que Pedro y Pablo se encuentren en la carretera”.

Pero que esos efectos sean “per accidens” no quiere decir que no tengan causa, tampoco “per accidens”, ni tampoco quiere decir que esa causa no sea al mismo tiempo causa “per se” de otra cosa. Por ejemplo, el fuego, de la quemadura, y el caminar de Pedro y Pablo, de que ambos se dirijan a ese punto en el que se encuentran.

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No es verdad, por tanto, que el hecho azaroso no tenga causa, sino solamente que no tiene causa “per se”, sino sólo causa “per accidens”.

En efecto, la afirmación de una ausencia de causa absolutamente hablando implicaría la negación del principio de razón suficiente.

Incluso si la causa consiste en una pluralidad de elementos, pero naturalmente relacionados entre sí, es una causa “per se”, y no “per accidens”.

Así, los gametos masculinos y femeninos tienen por sí mismos una relación inteligible, necesaria, con la generación de una nueva vida, a lo cual están ordenados y tienden.  El hijo no resulta de la unión de los gametos como resulta de la acción del fuego la quemadura de una obra de Dickens en vez de una de Cervantes.

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Sobre esta base, el argumento es que lo natural es necesario, lo azaroso, contingente, lo natural es teleológico, lo azaroso es ciego, lo necesario es más que lo contingente, lo necesario no puede proceder de lo contingente como tal, ni lo más de lo menos.

Y por tanto, lo natural no puede proceder del azar.

Por eso, entiendo que son erróneos los argumentos de los autores contenidos en la cita arriba dada, que dicen:

1) Que el azar es una cuestión meramente epistemológica, no ontológica,

Respecto de lo primero, si no hay distinción real, ontológica, entre lo azaroso y lo que no es azaroso, lo natural, entonces da lo mismo decir que todo es azaroso que decir que todo es natural. En el primer caso perdemos el concepto del “azar”, y en el segundo caso, perdemos el concepto de lo “natural”.

Porque evidentemente, si es “natural” que sea yo y no mi vecino el que se saque el primer premio en la lotería, entonces “natural” no significa nada.

A esto se objeta que también los procesos azarosos deben poder explicarse por leyes naturales. Han sido las condiciones iniciales del sorteo, más las leyes todas de la Naturaleza, las que han determinado que en la lotería salga mi número, en vez de salir el número del vecino. 

Pero eso no quita el carácter azaroso y no natural del proceso, porque, como ya dijimos, lo que está determinado por las leyes naturales es que salga la bolilla que sale, pero las leyes naturales no tienen nada que ver con el hecho de que en esa bolilla esté escrito ese número en vez de otro.

2) Que aun siendo algo ontológico, el azar puede explicar el surgimiento de determinadas especies naturales, quedando reservado el diseño inteligente para las grandes leyes y constantes naturales que hacen posible el surgimiento azaroso de las especies naturales particulares,

3) Que el hecho de que nosotros podamos utilizar procedimientos azarosos para lograr resultados diseñados prueba que Dios ha podido utilizar el azar para producir inteligentemente especies naturales.

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El determinismo físico natural no se opone al libre albedrío de la voluntad humana.

Cuando se dice que si “todo” sucede según leyes naturales necesarias, entonces no hay libre albedrío, se dice una gran verdad, pero el asunto es que el determinismo natural no puede consistir en que “todo” esté determinado por leyes naturales necesarias, porque dentro de ese “todo” habría que poner al ser humano y sus facultades espirituales, que no están determinadas por esas leyes ni puede la ciencia demostrar que lo estén, porque no se ocupa de lo espiritual.

Se objeta que a menos que se profese un dualismo radical, el alma humana está íntimamente unida al cuerpo y entonces si el cuerpo está sometido al determinismo universal, el alma espiritual también lo estaría.

La respuesta es que, evidentemente, el cuerpo humano bajo algunos aspectos, concretamente, aquellos que no dependen de la inteligencia y la voluntad del hombre, está sometido al determinismo natural, y bajo otros aspectos, es decir, aquellos que sí dependen de la inteligencia y voluntad humanas, no lo está.

Por ejemplo, soy libre de decidir si levanto el  brazo o  no lo levanto. En ese punto, mi cuerpo no depende del determinismo natural. Pero una vez que tomé la decisión de levantarlo, es claro que lo voy a hacer de acuerdo con las leyes naturales, por ejemplo, voy a desplazar aire mientras lo hago, voy a tener que gastar energía para hacerlo, todo ello en una cantidad determinada, voy a poner en juego una serie de “poleas” y “palancas” musculares, etc.

La vida humana es así un continuo diálogo, por así decir, entre decisiones libres y consecuencias naturales determinísticas de esas decisiones libres.

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Habrá entonces algunas “partículas”, para hablar el lenguaje de estos autores, cuya trayectoria efectiva no podrá ser predicha en base a las leyes naturales desde el mismo “Big Bang” por una inteligencia todo lo poderosa que se quiera (recordar que Dios no prevé, sino que ve, desde su Eterno Presente), simplemente porque en dicha trayectoria efectiva intervendrán además factores espirituales, la inteligencia y voluntad del hombre, que no están contemplados en las leyes naturales ni pueden estarlo porque no son necesarios, sino libres.

Eso no quiere decir que esas “partículas” deban moverse en contra de las leyes naturales, como, para poner un ejemplo, no se mueve tampoco en contra de las leyes naturales la pelota que un jugador de fútbol patea libremente hacia arriba.

La Física moderna estudia la realidad material solamente en aquellos aspectos de la misma que no dependen de la inteligencia y la voluntad del hombre, y así, no es de extrañar que formule un principio de “determinismo universal”, que sin embargo, hay que interpretar de acuerdo con esos límites metodológicos de la ciencia física

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No se ve, por otra parte, cómo el indeterminismo físico favorecería la libertad humana, si los mismos que lo sostienen reconocen que se da solamente a nivel de las micropartículas y que a nivel macroscópico, que es el del ser humano, su inteligencia y su voluntad, reina el determinismo.

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En todo caso, el indeterminismo universal se opone al libre albedrío.

Partimos de la base de que la elección libre es un acto de la voluntad motivado por razones que presenta la inteligencia.

Si fuese un acto solamente de la voluntad, sería algo ciego, y no sería una elección libre.

Por otra parte, si la elección dependiese unilateralmente de las razones que presenta la inteligencia, no sería libre, porque, o bien seguiría siempre la razón objetivamente más fuerte, o bien el apartarse de ella sólo se debería a un error de apreciación.

La tesis tomista supera admirablemente ambos escollos: “La voluntad sigue siempre el último juicio práctico de la inteligencia, pero depende de la voluntad cuál sea el último.”

El juicio práctico al que se refiere es aquel en el que termina la deliberación antes de elegir.

Ahora bien, esto supone el determinismo. Porque el indeterminismo consiste en decir que dados todos los antecedentes, el consecuente puede darse o no darse. Si esto ocurriese en las relaciones entre inteligencia y voluntad en la elección libre, entonces dado el último juicio práctico de la inteligencia la elección correspondiente de la voluntad podría no darse, y también, dado el acto de la voluntad para detener la deliberación del intelecto un juicio práctico determinado, dicha detención podría no producirse.

La consecuencia sería que la elección libre dependería en última instancia del azar, y por tanto, no sería libre.

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Es absurdo, por tanto, querer fundamentar la posibilidad del libre albedrío en el azar, como hacen estos autores. El libre albedrío supone la contingencia de la acción, es decir, que se pueda obrar o no, hacer esto o aquello otro.

El azar también supone la contingencia, pero no se identifica con ella. Lo contingente, lo que puede ser o no ser, puede ser azaroso, y entonces es ciego y sin propósito, o puede ser libre, y entonces es todo lo contrario.

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Se puede objetar que el indeterminismo físico no supone un indeterminismo universal, o sea, también a nivel de las facultades espirituales como son la inteligencia y la voluntad. En todo caso, tampoco favorece la libertad humana, por ser físico, por un lado, y no tener vigencia en el plano espiritual, y por ser indeterminismo, por otro, por lo recién dicho.

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Un error importante de estos autores es que sustraen parte de lo que acontece en la Creación a la causalidad o permisión divinas.

No puede haber ser, acto o bien en lo creado que no sea una participación en el Ser, Acto y Bien supremos que es Dios. Sólo puede haber un Ser en Plenitud, todo otro ente sólo puede ser, por tanto, una participación en el Ser en plenitud, y por tanto, dependiente de su causalidad directa.

Sólo Dios, el Ser Subsistente,  puede hacer participar del ser. A  Dios no se le puede “robar” una participación en el ser, ni hay forma de que otro ente distinto de Dios exista sino por participación en el ser que Dios es en plenitud.

Dios no puede darle a un ente finito la capacidad de hacer participar a otros entes en el ser, porque eso sería darle la capacidad de crear “ex nihilo”, exclusiva de Dios.

Ni siquiera, según Santo Tomás, puede Dios usar de un ente finito como de instrumento para crear a otro ente “ex nihilo”, porque la razón de ser del instrumento es adaptar la fuerza del agente principal a la materia, y en la creación “ex nihilo” no hay materia de la que se haga algo.

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Por eso es absurda la propuesta de restringir la causalidad divina sobre lo creado a fin de hacer lugar al azar y a la libertad humana en la Creación.

Dios es Causa Primera “per se” de todo ser, acto y bien creado, sea natural, libre o azaroso.

En efecto, todos los sucesos azarosos están eternamente previstos por la Inteligencia divina Omnisciente, que contempla el libre decreto divino de producir tales y tales entes o eventos que tienen causas segundas “per se”, y tales y tales otros eventos que tienen causa segunda “per accidens”.

Y así está dicho en el Evangelio: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre.” (Mt. 10, 29).

Así Santo Tomás pone el ejemplo del patrón que envía separadamente a dos siervos suyos a un mismo lugar, previendo que llegarán a la misma hora y se encontrarán allí. El encuentro es azaroso desde el punto de vista de los criados, no desde el punto de vista del patrón.

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Eso quiere decir que para Dios no existe el azar. Pero eso no quiere decir que el azar no exista, simplemente hablando. Quiere decir solamente que el azar existe por relación a las causas segundas, no por relación a la Causa Primera. No se trata de diversos puntos de vista del sujeto cognoscente, sino de diversas relaciones reales, ontológicas, que el suceso azaroso tiene con las causas segundas, por un lado, y con la Causa Primera, por otro.

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No se trata de que la Voluntad divina en sí misma considerada quiera algo “accidentalmente”. Dios tiene soberano dominio de todo el objeto de su querer. Pero sí quiere que algunas cosas sean producidas por causas necesarias, “per se”, y otras, por causas azarosas, “per accidens”, todas las cuales se producirán entonces infaliblemente por relación a la intención de la Causa Primera.

O dicho de otro modo, quiere con total propósito, libertad e infalibilidad, que sucedan determinados eventos que no tienen, a nivel creado, causa “per se”, sino solamente causa “per accidens”, lo cual implica que también quiere con total propósito y libertad que sucedan los eventos que sí tienen causas “per se”, de los que se siguen los antes mencionados.

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En cuanto a los males, todo mal que se derive de la producción de algún bien creado incompatible con otro bien creado, cual es el caso del mal físico (según el dicho aristotélico: “generatio unius corruptio alterius”: la generación de una cosa es la corrupción de otra) es causado indirectamente por la causa que produce directamente y “per se” el bien en cuestión.

Por eso Dios, Sumo Bien, Causa Primera directa del bien por cuya causa sucede el mal físico, no causa ni quiere directamente el mal físico, sino que lo quiere indirectamente, así como lo causa indirectamente, en cuanto quiere y causa directamente el bien en cuestión.

El mal moral, en cambio, no tiene ese origen, sino que se origina en la falla libremente querida de la voluntad creada, más precisamente, en la libre no consideración de la regla moral por parte de la creatura racional antes de la elección, que así resulta contraria a la ley moral objetiva.

Por eso no es querido ni causado por Dios de ninguna manera, sino sólo permitido por Él, en tanto no produce como Causa Primera, precisamente, esa consideración de la regla moral (que es también ser, acto y bien) por parte de la creatura racional. 

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Cuando decimos, entonces, que Dios es Causa Primera indirecta y “per accidens” del mal físico, estamos diciendo que Dios, Sumo Bien, no puede querer directamente el mal, del tipo que sea, sino sólo, en el caso del mal físico, indirectamente, en cuanto quiere “per se” y directamente algún bien que comporta necesariamente ese mal, en la medida en que es incompatible con aquel bien del cual el mal es privación.

No estamos hablando, entonces, de una accidentalidad que afecte a la Voluntad divina misma en su querer indirecto del mal físico. Dios sabe eterna e infaliblemente que tal bien comporta necesariamente tal mal físico, al querer en forma directa ese bien. Pero de ahí no se sigue que quiera directamente ese mal. No se trata de que ese mal sea azaroso por relación a la Voluntad divina, cosa absurda, sino de que no es objeto directo de la misma porque, siendo un mal, no puede serlo.

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Objeción: Lo accidental se opone a lo necesario. Pero si lo accidental es un cruce de causalidades “per se”  y necesarias, entonces también es necesario, porque esas causalidades obrarán necesariamente de ese modo y no de otro, y entonces, ese resultado azaroso se dará necesariamente.

Respuesta:

El resultado azaroso se da necesariamente, pero sobre la base de datos iniciales que no son necesarios, sino contingentes, y también azarosos, porque que la bola de billar ejerza tal fuerza en tales y tales circunstancias, por ejemplo, de masa, posición, velocidad, etc.,  es “per se”, pero que se encuentre en esas circunstancias y no en otras, es “per accidens”.

Lo accidental, entonces, es lo que sólo es necesario sobre la base de datos igualmente accidentales, mientras que lo natural es lo que es necesario sobre la base, ante todo, de la naturaleza o esencia de la cosa.

Lo que no es necesario bajo ningún aspecto no es simplemente pensable. Por eso dice Santo Tomás que no hay nada tan contingente que no tenga algo de necesario.

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Respecto de esto, otro error de estos autores es suponer que la existencia fáctica del mal moral o pecado es una condición necesaria de la existencia del libre albedrío en las creaturas racionales, de modo que la única forma de evitar que hubiese pecado en el mundo habría sido que Dios no crease seres libres.

Se ignora aquí la posibilidad que tiene la Omnipotencia divina de sostener sobrenaturalmente la libertad creada para que de hecho no peque jamás, ni siquiera venialmente, lo cual según nuestra fe ha sido el caso precisamente de la Virgen María.

Es claro que lo que Dios Omnipotente pudo hacer en la Virgen puede hacerlo también en absolutamente todas las creaturas racionales de hecho existentes, sin perjudicar para nada por ello la libertad de la creatura racional, como no la perjudicó en lo más mínimo en el caso de la Madre de Dios.

Se puede objetar que sería vano crear una naturaleza para luego impedirle que funcione en algún caso al menos de acuerdo con sus capacidades y límites naturales.

Pero no se perjudica a una naturaleza por el hecho de impedirle que falle, de hecho, en María Santísima la naturaleza humana no ha sido limitada ni perjudicada, sino elevada admirablemente. Si el mal moral es permitido por Dios en el mundo, entonces, no es mirando a la sola naturaleza de la creatura racional, sino más bien al orden conjunto del Universo y a la manifestación de la Justicia y la Misericordia divinas.

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Esta idea de que el mal es inevitable en un mundo en el que hay libre albedrío puede deberse también al supuesto falso que dice que el libre albedrío es la capacidad de elegir entre el bien y el mal. Si no hay posibilidad de elegir el mal,  se dirá entonces, no hay libre albedrío.

Aquí hay que aclarar dos cosas. En primer lugar, es diferente el caso de María Santísima del caso de Nuestro Señor Jesucristo. La Virgen no pecó nunca en toda su vida, de hecho, por una asistencia especial de la gracia divina. Tuvo, entonces, imposibilidad de pecar en sentido compuesto, es decir, supuesta esa asistencia de la gracia, pero no en sentido dividido, pues efectivamente, la libertad creada (no la libertad como tal, como dice el supuesto falso recién mencionado) implica la posibilidad de pecar si se la deja a sí misma.

En cambio, Nuestro Señor Jesucristo tuvo y tiene, también en su voluntad humana, imposibilidad de pecar no solamente en sentido compuesto, sino también en sentido dividido, porque es Dios, y es metafísicamente imposible que Dios sea sujeto del pecado.

Pues por más que en Cristo hay dos naturalezas, la divina y la humana, las acciones, como dice la Escolástica, no son de las naturalezas, sino de los sujetos personales de esas naturalezas, es decir, si Pedro roba, no roba la naturaleza humana de Pedro, sino Pedro. Y en Cristo, la única Persona es la Persona divina del Verbo.

En Cristo, la libertad humana no estaba “dejada a sí misma”, ante todo, por la Unión Hipostática, que la hacía libertad humana de un Sujeto Personal divino.

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Por tanto, no es necesario que la posibilidad de pecar, en sentido dividido, sea eliminada en un Universo creado por Dios para que no haya de hecho mal moral o pecado en ese Universo, habiendo seres libres.

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Pero, en segundo lugar, hay que agregar que el libre albedrío no exige necesariamente la capacidad de elegir el mal, tampoco en sentido dividido.

Dios es Libre y no puede pecar tampoco en sentido dividido. La libertad no es la capacidad de elegir entre el bien y el mal, sino la indiferencia de la voluntad (de toda voluntad, divina o creada) ante los bienes finitos, con la consiguiente capacidad de elegir entre diversos bienes finitos, dado que el único objeto necesario de toda voluntad, divina o humana, es el bien en general.

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¿Qué pensar entonces de la proposición que dice que el mal existe en el mundo porque Dios ha elegido un método creador, el del azar y la evolución, que comporta inevitablemente ese mal?

El argumento en cuestión dice:

Tesis: “La Omnipotencia y la Bondad divina son compatibles con la existencia del mal en el mundo.”

Prueba:

“La Omnipotencia y la Bondad divinas son compatibles con todo aquello que se siga necesariamente del propósito divino de producir seres libres en un mundo caracterizado por la  gran variedad y diversidad de formas de vida que surgen del azar y la selección natural.

Pero el mal se sigue necesariamente de tal propósito divino. Ergo.”

Respuesta:

Niego la Mayor. La Omnipotencia y Bondad divinas no son compatibles con el hecho de que los seres naturales tengan como razón suficiente el azar, pues no son compatibles con lo que es absurdo, y  lo natural y lo azaroso son contrarios entre sí, de modo que lo primero no puede proceder de lo segundo.

Haciendo abstracción de lo que se refiere al azar, distingo la Mayor: De tal modo que todo lo que suceda en la Creación sea querido y causado directa o indirectamente, o de lo contrario, permitido por Dios, de modo que Dios es Causa Primera directa y “per se” de todo bien, Causa Primera indirecta y “per accidens” del mal físico, y no causa, pero sí condición primera del mal moral permitido por Él: Concedo.

De tal modo que Dios, dejando obrar al azar y a la libertad humana sin ser Causa Primera de esas operaciones en lo que tienen de ser y de bien, no puede por eso mismo evitar que sucedan ciertos males físicos y morales en el mundo: Niego.

Las especies naturales, como ya se dijo, son algo natural, y lo natural no procede del azar. Y por lo que toca al acto libre de la voluntad creada, en todo lo que tiene de ser, de acto y de bien es un efecto de la Causa Primera divina, que como dice Santo Tomás, “hace libre lo libre y necesario lo necesario.”

Niego la Menor, al menos respecto del mal moral, el cual no sería malo si no procediera de un libre albedrío, y por tanto, no necesariamente.

Y si bien es cierto que a nivel natural el mal moral es estadísticamente necesario, por así decir, en el sentido de que a la corta  o a la larga la debilidad humana termina manifestándose, también es cierto que Dios puede impedir eso mismo sobrenaturalmente, extendiendo a todas las creaturas racionales el privilegio de la “impecancia” de que dotó a María Santísima, la cual por gracia divina no cometió en toda su vida un solo pecado ni siquiera venial y no por eso vio mermado, sino todo lo contrario, su libre albedrío.

En cuanto a la Conclusión, la concedo, pero basada en otras razones, como se puede ver por lo anterior. 

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En resumen: nada sucede en lo creado si no es causado o permitido por Dios.  Si es un bien, es causado por Dios directamente, “per se”, como Causa Primera. Si es un mal físico, es causado indirectamente por Dios, Causa Primera directa y “per se” de todo bien y por lo mismo, Causa Primera indirecta y “per accidens” de todo mal físico. Y si es un mal moral, es permitido por Dios, sin lo cual no sucedería.

Por tanto, ningún mal se impone pura y simplemente hablando a la Voluntad divina, porque ningún mal se impone a la Voluntad divina consecuente.  Es erróneo buscar este camino de la “imposición involuntaria” al Creador para “disculparlo” por la existencia del mal en el mundo.

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Tampoco sirve recurrir a un “no ser”, a saber, la voluntaria no consideración de la regla moral, como hacen Marín-Solá y Maritain, que dependería solamente de la creatura y pondría en marcha el proceso del pecado.

Porque ese no ser no puede ser absoluto, la nada, sino relativo, o sea, carencia de ser en un ente dado. Y Dios puede siempre impedir la carencia de ser en un ente dado, produciendo el ser en cuestión en ese ente, concretamente, produciendo como Causa Primera en esa creatura racional la consideración de la regla moral, que es algún ser, acto y bien. Por tanto, si ese no ser se da en ese ente, eso depende también de Dios que no ha querido producir en dicho ente el ser, acto y bien contrario.  

En todo caso, vemos como existe una conexión inevitable entre el problema filosófico del mal y la controversia teológicade auxiliis”.

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Todavía hay que señalar otro error al menos posiblemente latente en esta forma de ver las cosas que ejemplifican estos autores, que es pensar que Dios necesita de algunas realidades creadas como medios para alcanzar los fines que Él se propone, de modo que si Dios quiere A, va a tener hacer o permitir inevitablemente B.

Eso no es así, porque la Causa Primera puede por sí sola todo lo que pueden las causas segundas, e infinitamente más.  Si los  fines del obrar divino se alcanzan, entonces, por medio de algunas realidades creadas, es que Dios ha querido que esos fines se alcancen por esos medios, y que esos medios se ordenen a esos fines, como dice Santo Tomás: “Non propter hoc vult hoc, sed vult hoc esse propter hoc”: no quiere esto a causa de aquello, sino que quiere que esto sea a causa de aquello. La Voluntad divina está siempre por encima de sus creaturas y nunca sujeta a las mismas.

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Para terminar, entonces, la crítica que estos autores hacen a la teoría del “diseño inteligenteno es concluyente, pues se basa en todos los supuestos que acabamos de criticar.

Eso no quiere decir que la teoría del “diseño inteligente” tal como se la explica hoy día sobre todo en EE.UU. no tenga otros puntos criticables desde el punto de vista filosófico y teológico, pero ver si es así o no ya sería cuestión de otro análisis.

En cuanto al argumento que dice que Dios no puede ser el diseñador directo de unos órganos tan defectuosos como los que a veces se ven en los seres vivos, hay que recordar primero la cautela con que se debe proceder en estos casos, pues lo que hoy nos parece inútil o menos apropiado mañana puede resultar que sí tenía utilidad.

Todo lo que se deriva necesariamente de la naturaleza o esencia de un ente es máximamente apropiado para ese ente, por definición, aunque considerado en forma aislada de ese mismo ente, se pudiese pensar en algo más perfecto.

A nivel de las esencias de las cosas y lo que se sigue necesariamente de ellas no puede haber errores, porque algo es un error en la naturaleza precisamente porque se aparta del tipo esencial.

Salvo el caso de que la forma, determinante de la esencia, no sea plenamente recibida por la materia, como cuando un artista no logra vencer la resistencia de los materiales sobre los que trabaja y comete una chapuza.

También pueden darse anomalías y defectos en el plano de los accidentes metafísicamente contingentes, pero que se siguen de la naturaleza de las cosas con necesidad natural, no metafísica. Por ejemplo, que el hombre tenga dos brazos o dos ojos.

Pero en todo caso,  eso no puede sucederle por definición al Creador, a la Causa Primera, sino a las causas segundas mediante las cuales la Causa Primera produce sus efectos en la naturaleza.

En cuyo caso la misma Causa Primera produce indirectamente y “per accidens” ese defecto, del modo ya dicho, si es un mal físico, o simplemente lo permite, sin causarlo ni producirlo, si es un mal moral, como se ha dicho. 

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Pero ¿se puede afirmar que la excesiva cantidad de dientes para el tamaño de nuestra mandíbula, o el excesivo tamaño de la cabeza del feto humano por relación al canal de nacimiento de la mujer, que son  casos que cita el autor, sean errores de la naturaleza,  males y defectos naturales?

¿Por relación a qué naturaleza distinta de la humana, que evidentemente incluye esas cosas, y no como fallos, sino “siempre o las más de las veces”, como dice Santo Tomás hablando de lo que es natural, serían errores, males y defectos?

En realidad, al hablar así se estaría abriendo la puerta al error maniqueo según el cual algunas cosas son esencialmente malas.

Y si no se trata de errores ni de males, es claro que tampoco hay problema en que esos organismos hayan sido “directamente” diseñados por Dios.

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Por otra parte, ese “directamente” se las trae.

Dios es Causa Primera de todo ser, acto y bien fuera de Dios. “Primera” quiere decir “Incausada”.

Esa causalidad primera divina puede ejercerse sin la mediación de ninguna causa creada, o mediante las causas segundas creadas.

En el primer caso, por ejemplo, Dios da el comienzo de la existencia al universo material, “ex nihilo”.

En el segundo caso, por ejemplo, Dios es Causa Primera del hijo de dos padres humanos.

Pero estos autores parecen entender el “no directamente” como si Dios dejase que las creaturas produjesen por sí mismas algún ser, acto y bien, sin ser para ello movidas por la Causa Primera, y por tanto, sacando exclusivamente de sí mismas ese ser, acto y bien que comunicarían a sus efectos.

Eso es absolutamente imposible. Todo ser, acto y bien que haya en una causa creada cualquiera es finito, y como tal, es una participación en el Ser, Acto y Bien Infinito, que es Dios. Las creatura no puede ser en ningún caso fuente última del ser, el acto y el bien, pues todo lo que tiene de ser, acto y bien lo recibe continuamente del Creador.

Por eso hablábamos de las controversias “De Auxiliis”: la postura de estos autores en el fondo es una especie de “molinismo radicalizado“: Dios establece algo así como las líneas generales de la Creación y después deja que las causas segundas aporten desde sí mismas, sin depender de Él, el ser, acto y bien que comunican  a sus efectos. 

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En cuanto a “las estructuras cor­porales y los instintos de los que se deriva la violencia en el mundo de la vida”, el argumento parece confundir el mal moral con el mal físico. La violencia entre los animales no es pecado, porque sin uso de razón y libre albedrío no hay ni bien ni mal moral

Sí comporta esa violencia animal males físicos, pero respecto de ellos ya hemos dicho lo suficiente.

 

44 comentarios

  
JUAN NADIE
MUCHAS GRACIAS, por ilustrarnos. ¿no se podría hacer una versión b FOR DUMMIES, de estos artículos? me refiero. Es buenísimo, pero si a mi me cuesta leerlos al completo, creo que a la mayoría de la gente también. Yo creo que es necesario hacer esa versión b con un lenguaje mas llano, para una mejor comprensión general.

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Vamos a ver si en estos días podemos hacer un resumen de esto que ya es un resumen. Lo del "lenguaje llano" me hace acordar a la vez que le preguntamos al informático en la oficina porqué había dejado de trabajar la computadora y nos dio una explicación de algunos minutos que si algo nos quedó claro, es que no se podía decir en lenguaje llano :)

Es cierto, sí, que la filosofía y la teología no son del todo como la informática. Así que veremos.

Porque además, y en un punto en el que toda modestia es poca, las palabras usadas en el "post", en conjunto, no es que sean raras o esotéricas, sino que son precisas, y eso hace que la lectura necesariamente requiera mucha concentración, en un tema en el que la precisión es todo, siendo así que la precisión es lo primero que se suele sacrificar en los intentos de hablar "llanamente".

Más aún, además de ser precisas, son abstractas, pertenecen al plano de la metafísica, que es el único en que se puede tratar decentemente estos temas, sin caer en los embrollos mentales tan habituales cada vez que se pretende hacer economía de ese esfuerzo abstractivo, y de los cuales son ejemplo la mayoría de las propuestas actuales.

Pero bueno, sí podemos intentar un resumen que muestre el hilo general de la argumentación.

Saludos cordiales.
06/02/16 6:17 PM
  
JUAN NADIE
preguntas y cuestiones:

- ¿Acaso puede alguien dudar que algo escapa a la voluntad o el poder de dios aunque sea el giro de spin de un electron?
- El sufrimiento siempre va a ser uno de los grandes misterios del universo. Existe desde siempre y existira aunque lo mitiguemos. Y DIOS no se lo ahorró ni a su propio hijo, a si mismo. Da igual si la teoría cuantica permite imaginar un universo darwiniano en el por el azar cuantico se explica el sufrimiento como algo ajeno a Dios.
- Si Terencio decía nada humano me es ajeno, Dios bien podría decir nada me es ajeno, nada ni siquiera el sufrimiento. Aunque no creo que Dios se complazca en el.
- La mecánica cuantica es una explicación física una teoría,una modelización matemática estadística de la realidad que funciona muy bien, para explicar fenómenos demasiado pequeños o demasiado grandes para los que no tenemos herramientas adecuadas como para ver una bacteria al microscopio. tal vez en el futuro la tecnología nos permita dar un paso mas allá y se avance en el conocimiento eliminando parcelas de estadística y probabilidad y aumentando las certezas claras. En ese caso se podría producir un acercamiento que explicase porque la mecanica newtoniana no funciona a nivel subatomico. Tal vez es porque hay cosas que desconocemos o no consideramos.

Es decir no hay que considerar la mécánica cuantica como algo definitivo por buena que sea, es una explicacion util, pero perfectible y por tanto no se puede anclar a ella ningun conocimiento teologico que aspira a la permanencia y a la totalidad. Es mas segura la simple razón.

Estas dando por bueno que la evolución de las especies funciona según el azar y la necesidad, pero en realidad los únicos experimentos serios que se han hecho muestran que no funcionan hacia la calidad sino hacia la divergencia.
Es cierto que hay evolución, problema es que no sabemos exactamente porque y como. Ya se que la radiación solar influye en la variación genética y que la reproducción sexuada hace la mezcla, pero es que todo eso es insuficiente para explicar una evolución tan compleja y especializada. No esta explicado científicamente el fenómeno, esta mostrado,pero no demostrado.
La evolución darwniniana o cualquiera de sus seguidoras, explica pero no demuestra porque y sobre todo como se produce esa variación evolutiva que ha dado lugar a las especies actuales, y por contra estudios en ciertas especies muestras lo contrario que si eso fuese cierto se tendría que percibir esa especialización, pero lo que se aprecia es lo contrario una "dispersión" que no cuadra con esa evolución ascendente.

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Más bien sostengo que el azar y la necesidad NO pueden ser las causas únicas o principales de la evolución, porque las especies son naturales y lo natural no procede del azar.

Entiendo que para poder afirmar la descendencia de las especies vivientes unas de otras es necesario recurrir a transformaciones puntuales producidas por una causa sobrenatural, es decir, Dios o los ángeles.

Saludos cordiales.
06/02/16 6:39 PM
  
Daniel Riquelme
O sea, según esto:

" Si es un mal físico, es causado indirectamente por Dios, Causa Primera directa y “per se” de todo bien y por lo mismo, Causa Primera indirecta y “per accidens” de todo mal físico."

Si siguieramos en el Paraíso, los leones seguirían comiéndose ciervos, o recibirían estocadas de los ñues al defenderse estos, que luego les matarían (a los leones) por la infección de sus heridas. Pero no habría asesinatos.

¿Es correcta esta conclusión?

Saludos.

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Sobre cómo sería si siguíésemos en el Paraíso sólo podemos especular, basados en los datos de la fe.

O bien no habría carnívoros (de todos modos los vegetales morirían para servir de alimento a los herbívoros) o bien sí los habría, pero sobrenaturalmente podrían prescindir de alimentarse de carne, lo cual me parece bastante rebuscado y poco probable, o bien sería como ahora y los carnívoros se alimentarían de carne como de hecho lo hacen, de acuerdo a su naturaleza.

Puestos a elegir, yo elegiría la última.

Obviamente, no puede haber pecado ni crimen donde no hay inteligencia, ni voluntad ni libre albedrío. Los tigres devoradores de hombres no son condenados por la ley, simplemente se los mata para que no nos devoren más.

Saludos cordiales.
06/02/16 10:47 PM
  
Juan Argento
Con respecto al primer comentario de Daniel Riquelme, sabemos positivamente lo que pasa en un ecosistema sin carnívoros: es el caso de los renos de St Matthew Island, una isla deshabitada en el mar de Bering en Alaska.

En 1944, 29 renos fueron introducidos en la isla, la cual estaba cubierta con una gruesa capa de liquen en ese tiempo. Con la abundancia de forraje de alta calidad, la población de renos se incrementó rapidamente debido a la alta tasa de nacimientos y a la baja mortalidad (no tenían depredadores), llegando a 1.300 animales en 1957 y a 6.000 en el verano de 1963. Para 1963 el liquen, normalmente el forraje invernal más importante, había sido casi completamente agotado por la sobrepastura, y juncias (sedges) y pastos se estaban expandiendo en los sitios previamente ocupados por líquenes. La creciente dificultad para obtener alimento adecuado era evidente en el hecho de que los renos de 1963 eran considerablemente menores tanto en masa corporal como en tamaño del esqueleto que los animales de 1957: en 1963 el peso promedio había disminuido respecto a 1957 en 38 % para las hembras adultas y 43 % para los machos adultos.

Con la población de renos ya en una pobre condición física como resultado de la escasez de forraje de alta calidad durante el verano de 1963, la profunda acumulación de nieve durante el invierno de 1963-64 restringió aún mas la disponibilidad del ya agotado forraje invernal, y casi toda la población de renos murió de hambre, sobreviviendo solamente 42 animales.

Es evidente que la causa de esto no fue una supuesta baja tasa de crecimiento del liquen, porque si la eficiencia del liquen para crecer a partir del sol y los nutrientes se duplicase, la única diferencia con el caso fáctico sería que la población de renos habría llegado a 12.000 en 1966 para casi extinguirse el proximo invierno crudo. Esencialmente, los renos actuaron exactamente como la levadura en medio de cultivo en un disco de Petri, la cual duplica su población una y otra vez hasta que los nutrientes se agotan y luego muere en su totalidad.
07/02/16 12:19 AM
  
Juan Argento
Puede ser útil notar que el filósofo estadounidense Edward Feser, tomista de línea tradicional si los hay, es totalmente crítico del Diseño Inteligente desde un punto de vista estrictamente filosófico, sin que intervenga ninguna consideración a nivel de la física cuántica.

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Sobre la teoría llamada del "diseño inteligente" hay mucho para aclarar y decir, me gustaría tratar de hacerlo en un "post" futuro, Dios mediante.

Saludos cordiales.
07/02/16 12:27 AM
  
Juan Argento
Néstor, el libre albedrío por un lado y el determinismo y el azar por el otro, están a niveles distintos.

El libre albedrío obviamente está a nivel espiritual, porque es lo mismo que la voluntad (ST I, q.83, a.4), la cual es, al igual que el intelecto o entendimiento, una potencia cuyo sujeto es el alma espiritual y no el compuesto alma-cuerpo (ST I, q.77, a.5).

El determinismo y el azar, por otro lado, se refiere a la evolución del universo físico, prescindiendo de la existencia en él de seres dotados de libre albedrío. O sea, cómo evolucionaba el universo antes de la creación de Adán y Eva.

Ahora bien, dado que el alma espiritual dotada de libre albedrío informa un cuerpo físico, ¿qué marco descriptivo del universo FISICO, el determinista de la mecánica clásica o el indeterminista de la mecánica cuántica, permite explicar satisfactoriamente cómo las decisiones libremente tomadas por el alma se traducen en acciones del cuerpo? Obviamente el segundo, postulando que las decisiones libremente (no al azar!) tomadas por el alma llevan a la actualizacion de determinados estados cuánticos en nuestros sistemas neuronales, estados que, en cuanto a las leyes de la mecanica cuantica concierne, podrian evolucionar en un sentido o en otro, dado que estas leyes son probabilisticas, no deterministicas.

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Digamos que una pelota de fútbol podría evolucionar espacialmente de muchas maneras, pero su trayectoria fáctica viene dada por la patada que le pega un jugador. ¿Hace falta el indeterminismo para entender esto? ¿Lleva el determinismo natural a la conclusión de que el jugador no pateó libremente?

El determinismo natural no se opone al libre albedrío, porque como digo en el "post", nos hemos dejado hipnotizar por esa palabra "todo" que se cuela en las descripciones del determinismo natural, y que implica una petición de principio: no hay libre albedrío porque "todo" está determinado por las leyes naturales, y "todo" está determinado por las leyes naturales porque no hay libre albedrío.

Esa palabra "todo" sería válida en todo caso en un Universo sin seres libres. Pero donde hay almas espirituales animando cuerpos, en vez de ser las partículas necesariamente sometidas al determinismo universal las que arrastran a las almas a la esclavitud del no libre albedrío, son las almas espirituales las que hacen que ciertas partículas se muevan como la pelota de fútbol del ejemplo, a impulsos del libre albedrío, sin negar por ello las leyes naturales necesarias, que no las niegan las pelotas de fútbol.

Porque las leyes naturales, además, en vez de afirmar algo tan pretencioso como un encadenamiento universal, se limitan a enunciados condicionales, que suponen condiciones iniciales fácticamente dadas: "si sucede A, sucede B." Que A sea suministrado por una causa que sigue leyes naturales o por una causa libre, cae fuera de la formulación de la ley.

Y además, no sirve el recurso al indeterminismo cuántico para apoyar el libre albedrío, porque aquel va unido a la idea de que a nivel macroscópico sí se cumple el determinismo, es decir, sí tiene que ser posible prever el futuro en base a leyes. Y nuestras acciones y opciones libres transcurren a nivel macroscópico.

Saludos cordiales.
07/02/16 1:04 AM
  
Juan Argento
Creo que puede ser util copiar a continuación un comentario que hice en un blog católico en octubre pasado, en un hilo de discusión en el que intervenía el Profesor Soler Gil, bajo uno de los artículos que publicó como autor invitado en ese blog.

En primer lugar, hay que distinguir entre la causalidad por la que Dios, el Ser Subsistente, da el ser y "sostiene" en el ser a la totalidad de los seres contingentes, espirituales y materiales, y la causalidad por la que Dios conduce y gobierna el devenir del universo. En segundo lugar, incluso en esta segunda causalidad "providencial", Dios no actúa en lo creado al mismo nivel que las criaturas actúan unas sobre otras, sino a otro nivel, "desde dentro".

Claramente la acción providencial divina puede resultar en un comportamiento del sistema creado que esté de acuerdo con las leyes que Dios "imprimió" en ese sistema o que no lo esté, porque Dios puede pasar por encima de esas leyes cuando y cuanto quiera. El punto es que el carácter probabilístico y no determinístico de la mecánica cuántica da amplio campo de acción a Dios para guiar la evolución del sistema sin violentar las leyes que Él dio a ese sistema. Por sistema podemos entender el universo, el cerebro de un pez que va a tragarse una moneda y luego ir al lugar donde Pedro va a echar el anzuelo (Mt 17,27), etc.

Desde la perspectiva de la ciencia, mal que le pese a Einstein, el devenir de los acontecimientos en el mundo físico es el resultado de la tira de dados. Es desde la perspectiva de la filosofía, y mucho más aún de la teología, que sabemos que Dios hace que salgan los números que El quiere, porque El los maneja "desde dentro".

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Es que en el supuesto del determinismo natural (no "universal") Dios no violenta las leyes naturales al actuar sobrenaturalmente. No se trata de leyes metafísicas, basadas en el principio de no contradicción, sino de leyes que son necesarias solamente en el plano de la naturaleza creada, o sea, en el supuesto de que la Causa Primera no interviene sobrenaturalmente. Cuando esta Causa interviene sobrenaturalmente, estamos fuera del supuesto de aplicación de estas leyes, por tanto, no se aplican, y por tanto, tampoco son violentadas.

Es decir, no se violenta una ley que dice que no se puede comer ravioles los Martes comiéndolos los Miércoles.

En cuanto a los dados, la necesidad de que todo evento contingente tenga causa, y de que dadas las causas, formalmente tales, se sigan necesariamente los efectos, deriva del principio de razón suficiente. Si decimos que es solamente la causalidad divina la que hace que ese principio en última instancia se cumpla respecto de los eventos naturales creados, estamos diciendo que no hay causas naturales creadas, sino que Dios es la única Causa, que es lo que sostiene el error ocasionalista de Malebranche.

Saludos cordiales.

07/02/16 3:44 AM
  
Daniel Iglesias
Tal vez yo sea muy simplista, pero no veo dificultad en postular que los seres espirituales pueden actuar en el mundo a través de fuerzas físicas generadas por ellos. El origen de esas fuerzas sería inexplicable para la ciencia empírica, pero una vez originadas, las mismas fuerzas podrían ser estudiadas por la ciencia al igual que cualquier otra fuerza.

Por otra parte, no veo en qué cambiarían las cosas considerando la física cuántica. ¿Quién o qué decide si un electrón se mueve en una dirección o en otra? Si es Dios, volvemos al determinismo. Si son los ángeles (mensajeros y agentes de Dios) también. ¿Entonces qué? ¿Los electrones deciden por sí mismos? ¿O hacen un concilio de quarks? ¿O nadie ni nada decide sino que se dan todas las posibilidades a la vez, y así el electrón se mueve a la derecha en un mundo o dimensión y a la izquierda en otro? ¿Pero cómo se coordinan o combinan entonces todas las "decisiones" de todas las partículas? ¿El mundo es un gran "gato de Schrodinger"?
07/02/16 12:31 PM
  
Daniel Iglesias
En la cita de la p. 110 hay un pasaje que no logro comprender: "[En la hipótesis del diseño inteligente] el diseñador actúa de manera tal que pare­ce como si estuviera intentando llevarnos hacia una pista falsa sobre la historia de la vida. Dios actúa como si quisiera engañarnos."

A mi modo de ver la cosa es exacta y patentemente al revés. Es en la hipótesis del "darwinismo cristiano" que Dios parece querer engañarnos, puesto que crea los seres vivos mediante un mecanismo aleatorio que parece poder prescindir de Él, tanto que la gran mayoría de los darwinistas (de Darwin en adelante) son no creyentes.
07/02/16 12:36 PM
  
Antonio1
Muy interesante...los pasajes de Soler-Gil.
Con mucha diferencia lo mejor del post.
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Los gustos son así, variables.

Saludos cordiales.
07/02/16 12:46 PM
  
Pepito
Profesor Néstor: En base a la doctrina que Vd. da en este magnífico post, ¿que habría que decir respecto a que Dios pudo formar al primer hombre, Adán, infundiendo el alma humana espiritual e inmortal en un animal evolucionado preexistente a dicha infusión?

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Muchas gracias. Pienso que esa sería la explicación correcta en el caso de que se admitiese el origen de la especie humana a partir de una especie anterior no humana. No en el sentido de que el alma espiritual preexistiese a dicha infusión, sino que habría sido creada-infundida, de modo análogo a como es creada-infundida en el momento de la concepción de un nuevo ser humano. Habría sido un caso especial de cambio sustancial en el que la antigua alma no humana se habría corrompido para dar paso al alma humana espiritual, ya que un ser vivo no puede tener dos almas. Caso especial, digo, porque su Causa sería sobrenatural, al tener como término de llegada algo superior a todo lo que hasta ese momento existía en el universo material.

Saludos cordiales.
07/02/16 8:57 PM
  
Ramontxu
Pretender, como pretende Soler-Gil, que la mecánica cuántica abre una puerta al libre albedrío es, simplemente, ridículo.

En primer lugar, es equivocado afirmar que el "azar" en el comportamiento, por ejemplo, de los electrones, del que habla la mecánica cuántica significa ausencia de determinismo, "Al azar" quiere decir, simplemente, imposible de predecir, no que no se mueva según unas leyes fijas y deterministas.

Cuando lanzamos un dado, por ejemplo, decimos en lenguaje habitual que el resultado depende del azar, pero en realidad sabemos que se mueve según leyes físicas, newtonianas, totalmente detérministas. Lo que ocurre es que los factores a considerar para predecir el resultado son tantos y tan difíciles de observar, dominar y computar, que, en la práctica, la predicción es imposible. Bueno, pues ningún físico ha dicho que no ocurra lo mismo con los electrones.

En segundo lugar, aunque los electrones aparecieran y desaparecieran realmente al azar, es decir, sin ningún orden ni sentido, ese azar está limitado a los electrones mismos, sin que haya ninguna razón para pensar que ese hecho tiene influencia alguna en el comportamiento del átomo del que forman parte y menos aún en el objeto del que ese átomo forma parte.

Y en tercer lugar, aún suponiendo que el azar de los electrones sí se manifestara de alguna manera en azar para los átomos y para los objetos, el resultado sería eso, azar, sinsentido. Nunca libre albedrío.

Efectivamente, si los electrones de los átomos de las neuronas tuvieran alguna influencia en el comportamiento de las neuronas y, por lo tanto, en las decisiones que toma el cerebro, el resultado sería decisiones al azar, sin sentido, nunca decisiones libres, porque éstas, por definición, tienen una orientación y un sentido. Son lo contrario del azar.

Esto de agarrarse a la mecánica cuántica para explicar realidades de orden trascendental es agarrarse a un clavo ardiendo. Para alquien que reconoce el determinismo de la materia y cree en la libertad del espíritu actuando a través de la materia, es imposible explicar la compaginación de las dos realidades y cae fácilmente en el error de pensar que es más fácil obrar el milagro si sólo se trata de manejar unos electrones pequeñitos que, además, se mueven al azar.

Esto me recuerda lo que ocurrió cuando se hizo pública la teoría del Big Bang. Hubo muchos cristianos, incluido algún papa, que cayeron en el error de pensar que eso hacía más fácil la creación por parte de Dios. Claro, cuesta un poco imaginarte a Dios creando de uno en uno todos esos planetas, estrellas, galaxias y, en la Tierra, cada especie animal, cada piedra y cada ser humano, pero si se trata sólo de crear un punto infinitesimal del que sale todo de manera natural, parece un milagro más fácil de llevar a cabo. Un clavo ardiendo.

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Coincidimos en algunas cosas y discrepamos en otras. No es que sea imposible coordinar el determinismo natural con el libre albedrío de la voluntad humana, a eso me refiero en el "post" y en alguna respuesta dada antes. Básicamente, que la palabra "todo" en "todo está determinado" sólo puede sostenerse por un círculo vicioso, y que las leyes naturales son hipotéticas, condicionales, y como tales, no dicen nada acerca de la causa del antecedente del condicional en cuestión, si es una causa que actúa necesaria o libremente.

En cuanto al azar, ciertamente, el efecto azaroso se debe a las leyes naturales, pero "per accidens", no "per se". Es decir, el azar no es solamente una cuestión epistemológica, de nuestra ignorancia; es también ontológico, porque la causa del efecto natural tiene una ordenación real a ese efecto natural, que no tiene la causa del efecto azaroso al suyo. Hay una ley natural que dice que el fuego quema, no hay una ley natural que dice que el fuego quema novelas de Dickens en vez de novelas de Cervantes.

Pero en un mundo en el que no hubiese seres humanos, una inteligencia suficientemente poderosa habría podido calcular, partiendo del Big Bang, por ejemplo, todos los efectos azarosos (no la quema de una novela de Dickens, en este ejemplo, pues suponemos que no habría seres humanos ni tampoco por tanto Dickens).

Lo que los creyentes sostenemos acerca del Big Bang, en todo caso, no es que hace la Creación más fácil, sino que la hace más evidente para nosotros, pues evidentemente, todo lo que comienza a existir tiene causa, y entonces, si el Universo material ha comenzado a existir, ha de tener una Causa, que ya no puede ser material, pues todo lo material, por definición, se incluye en el Universo material.

No todos los católicos están de acuerdo en que la teoría del Big Bang tenga ese efecto epistemológico, o en que lo tenga tan acentuadamente, pero en todo caso, la discusión va por ese lado, si hace o no más evidente para nosotros la Creación del mundo por Dios, no si la hace más fácil, porque creemos en la Omnipotencia divina, frente a la cual las palabras "fácil" y "difícil" no tienen sentido.

Saludos cordiales.
09/02/16 12:52 PM
  
Néstor
El azar es el resultado de que operen "per se" varias causas naturales que comparten el mismo espacio físico, en el cual por necesidad deberán producirse encuentros entre esas series causales "per se", que no son ellos mismos "per se", sino "per accidens", pero que podrían ser calculados a priori por una inteligencia que conociese todas las leyes y todos los datos fácticos en un momento dado - en un mundo en el que no hubiese seres corpóreos dotados de libre albedrío, en cuyo caso, dado el tamaño inmenso del cosmos, habría un 0,000...1 % de eventos que no podrían ser calculados de ese modo.

Saludos cordiales.
09/02/16 4:06 PM
  
Juan Argento
"Y además, no sirve el recurso al indeterminismo cuántico para apoyar el libre albedrío, porque aquel va unido a la idea de que a nivel macroscópico sí se cumple el determinismo, es decir, sí tiene que ser posible prever el futuro en base a leyes. Y nuestras acciones y opciones libres transcurren a nivel macroscópico."

El determinismo macroscópico se cumple en los seres inanimados, no en los seres vivos dotados de sistema nervioso central. El evento macroscópico de que un pájaro levante vuelo hacia un lado, o hacia otro, o se quede quieto, depende de procesos neuronales, que son eléctrico-químicos, involucrando el movimiento de electrones e iones, y resultan del agregado de miles o millones de eventos cuánticos.

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O sea que a nivel macroscópico estamos de acuerdo: el determinismo natural es compatible con el libre albedrío (para ceñirnos solamente al caso del ser humano), porque no se cumple, precisamente, en los casos de libre albedrío, en cuanto tales, pero sí en todos los demás.

Lo de los eventos cuánticos subyacentes, por otra parte, no veo que aclare nada, porque se supone que subyacen a todos los fenómenos, se trate de vivientes o no. Por tanto, o no anulan nunca el determinismo macroscópico, y negamos el libre albedrío del hombre, o lo anulan siempre, y entonces negamos el determinismo macroscópico en general.

Saludos cordiales.

09/02/16 4:54 PM
  
Juan Argento
A mi juicio, y Daniel dirá si entiendo correctamente su posición, la divergencia entre él y Soler Gil con respecto a este pasaje del segundo:

"[En la hipótesis del diseño inteligente] el diseñador actúa de manera tal que pare­ce como si estuviera intentando llevarnos hacia una pista falsa sobre la historia de la vida. Dios actúa como si quisiera engañarnos."

se debe a que uno y otro se focalizan en conjuntos diferentes de observaciones:

- Soler Gil se focaliza en las observaciones que apuntan a que la evolución de los seres vivos es el resultado de procesos probabilísticos, y en base a ellas afirma, con razón, que si la hipótesis del diseño inteligente es verdadera, Dios parece querer engañarnos, puesto que en realidad está diseñando directamente todo, pero dando la impresión de que ese diseño es el resultado de un proceso aleatorio.

- Daniel se focaliza en las observaciones que apuntan a que la evolución de los seres vivos es el resultado de un diseño inteligente, y en base a ellas afirma, con razón, que si la hipótesis del "darwinismo cristiano" fuese verdadera, Dios parecería querer engañarnos, puesto que en realidad estaría creando los seres vivos mediante un proceso aleatorio, pero dando la impresión de que los diseña directamente.

Mi percepción, no siendo biólogo, es que de hecho existen ambos tipos de observaciones, y que la explicación más elegante de ese hecho es la posición de "intervención estratégica" tal como la expliqué en mi comentario de hoy 09/02/16 en el blog de Daniel.

(Cambié el nombre de "conducción estratégica" a "intervención estratégica" para reflejar que Dios conduce todos los eventos, pero interviene en los mecanismos aleatorios solamente en aquellos casos que, a su juicio, ameritan su intervencion. Mantener bajo el porcentaje de redundancia del genoma de Pinus Taeda no lo amerita.)

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Esa idea de "intervención estratégica" implica negar que la Providencia divina se extienda a todos los casos particulares. Eso es absurdo, porque ninguna causa segunda actúa sino en tanto que es movida por la Causa Primera. Dios es Causa Primera de todo lo que hay de ser, acto y bondad en cualquier evento creado. Y lo que hay de mal moral, tiene que ser permitido por Dios para que pueda existir. Y como obviamente no es una Causa ciega ni involuntaria, sino Inteligente y Libre, no hay nada en lo creado que no esté contenido en el libre decreto de la Voluntad divina que quiere o permite. Por eso es que para Dios no hay azar, y no solamente porque él conoce todo desde la Eternidad. Por eso también, Dios no conduce el mundo solamente queriendo o permitiendo, aunque sea en algunos casos nada más, los resultados estadísticos, y no también los eventos concretos individuales. Porque entonces esos eventos concretos e individuales, en cuanto tales, deberían suceder al margen de la Causalidad Primera inteligente y libre de Dios, o de su permisión igualmente inteligente y libre, lo cual es absurdo.

Saludos cordiales.
09/02/16 5:38 PM
  
Néstor
Ver este pasaje del Concilio Vaticano I, donde aparece tres veces la palabra "todo":

D-1784 [Consecuencia de la creación]. Ahora bien, todo lo que Dios creó, con su providencia lo conserva y gobierna, alcanzando de un confín a otro poderosamente y disponiéndolo todo suavemente [cf. Sap. 8, 1]. Porque todo está desnudo y patente ante sus ojos [Hebr. 4, 13], aun lo que ha de acontecer por libre acción de las criaturas.

(Concilio Vaticano I, Constitución “Dei Filius”).

Saludos cordiales.
09/02/16 7:38 PM
  
Juan Argento
Yo sostengo totalmente lo afirmado por ese pasaje de Dei Filius (y por el resto del documento también, obviamente), y de ninguna manera niego que la Providencia divina se extienda a todos los casos particulares!

Me sorprende que interpretes así mi posición. Tal vez se deba a que usé el adjetivo "estratégica", que como acabo de escribir en el blog de Daniel, reconozco ahora que es inapropiado, porque se entiende usualmente en el sentido de prestar atención solamente a las grandes líneas y no a los eventos particulares. El nombre apropiado de mi posición (tentativa) sería "intervención directa selectiva". Refinando su concepto:

Dios conduce el devenir del universo a todo nivel, desde las grandes líneas hasta cada uno de los eventos particulares, y realiza esa conducción interviniendo directamente en los procesos regidos por leyes probabilísticas solamente en aquellos casos que, a su juicio, ameritan su intervención. En los otros casos, simplemente hace que los resultados de las "tiradas de dados" correspondientes estén distribuidos de acuerdo a las probabilidades determinadas por las leyes que Él estableció.

Por supuesto que Dios conoce de antemano el resultado de todas y cada una de las tiradas de dados, tanto de aquéllas en las que interviene directamente como de aquéllas en las que no lo hace, así como las consecuencias inmediatas y mediatas de ese resultado.

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Como digo en el "post", ese "directamente" es confuso. Dios puede producir un efecto sin mediación de las causas segundas, o con mediación de esas causas. En este último caso, la interpretación correcta es que Dios mueve determinadamente a las causas segundas a la producción de ese efecto determinado y no de otro. La interpretación incorrecta es que Dios deja que las causas segundas se muevan a sí mismas a la producción de un efecto determinado sin ser movidas a ello por Dios.

Esto es imposible. El movimiento es un pasaje de potencia pasiva a acto y la potencia pasiva no puede darse el acto a sí misma, porque éste la supera. Por eso todo lo que es movido, es movido por otro: nada puede moverse a sí mismo, y en los seres vivos, por eso mismo, es una parte en acto la que mueve a las otras partes que están en potencia respecto de ese movimiento.

Y si esa parte a su vez no se mueve, es el Primer Motor Inmóvil, lo que es absurdo, por tanto, esa parte del ser vivo también se mueve al mover, y depende por tanto también de una causa.

Cuando la potencia natural está en potencia para distintos actos posibles, entonces, necesita de una causa no solamente para pasar al acto, sino también para pasar a este acto determinado en vez de aquel otro, y por eso, la causa debe estar proporcionada a ese efecto determinado y no a otro, y debe mover determinadamente hacia ese efecto y no hacia otro, pues de lo contrario no tendría razón suficiente el hecho de que en la potencia se actualizase este acto más bien que aquel.

E igualmente, si son varias potencialidades creadas que pueden producir un efecto determinado, la producción del mismo sólo es posible si una determinada de ellas es movida a producirlo.

Pero si decimos que en algunos casos Dios "simplemente hace que los resultados de las "tiradas de dados" correspondientes estén distribuidos de acuerdo a las probabilidades determinadas por las leyes que Él estableció", estamos diciendo lo que ya escribí en una respuesta anterior, que Dios no causa el hecho de que tal mutación, por ejemplo, se dé en tal individuo, sino solamente el hecho de que se dé, en los individuos que sea, la cantidad de mutaciones estadísticamente previsible.

Y entonces tenemos una pluralidad de potencialidades creadas de la cual sale un efecto determinado sin que Dios haya movido a ninguna de esas potencialidades en particular a producirlo, y sin que ninguna otra causa lo haya hecho, conforme a los postulados del indeterminismo.

Con ello negamos el principio de razón suficiente, porque una pluralidad de potencialidades capaces de producir un efecto dado no es por sí misma razón suficiente de la producción de ese efecto, porque no es por sí misma razón suficiente de que el efecto proceda de esta potencialidad particular y no de aquella, y el efecto sólo puede proceder determinadamente de una de ellas cada vez. Y se niega en esta teoría que haya otra causa responsable de ello.

Con lo cual ya no es posible demostrar la existencia de Dios, pues dicha demostración se apoya toda ella en el principio de causalidad, a su vez basado en el de razón suficiente.

Y además, es absurdo decir que Dios es causa de la distribución estadística, pero no es causa de cada evento particular dentro de esa distribución. Lo que existe son los eventos particulares, la distribución estadística resulta de ellos, no al revés. No es posible, por tanto, causar dicha distribución sin causar dichos eventos en cuanto particulares, que es del único modo en que existen.

Y en el caso de los males morales, que Dios no causa, sino que permite, sucede lo mismo, porque permitir es no impedir, y no se puede no impedir el pecado en general o estadísticamente, porque tampoco se puede impedirlo de ese modo, sino en concreto y en particular.

Saludos cordiales.
09/02/16 8:22 PM
  
Juan Argento
Sobre el comentario de Daniel de 07/02/16 12:31 PM:

Si el mundo físico estuviera regido exclusivamente por leyes determinísticas a todo nivel, entonces las acciones libres de los seres compuestos de alma espiritual y cuerpo físico implicarían una permanente violación de las leyes del mundo físico. El indeterminismo a nivel físico propio de la mecánica cuántica hace posible que el alma espiritual pueda regir libremente el cuerpo sin violar las leyes del mundo físico.

Por otro lado, el caso en que Dios decidiese directamente el comportamiento de cada electrón en cada momento sería exactamente lo contrario a determinismo, porque Dios es sumamente libre. Cuando hablamos de determinismo nos referimos a que la evolución de un sistema en el futuro está completamente determinada por las leyes físicas a partir de la historia pasada y el estado presente de ese sistema.

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Si el mundo físico estuviese regido por leyes determinísticas "a todo nivel", entonces no habría seres libres en ese universo, y no habría tampoco violación alguna de las leyes naturales.

Ese "a todo nivel" es ambiguo e implica el mismo círculo vicioso que la palabra "todo" en "todo está determinado por las leyes naturales": suponer que en la naturaleza no hay seres libres.

Lo único que dicen las leyes naturales es que si en la naturaleza se da tal antecedente, se producirá tal consecuente

Ninguna ley natural dice que el antecedente de toda ley natural se tiene que verificar solamente como resultado de una ley natural y que no puede verificarse en virtud de una acción libre.

El hecho de que B se siga necesariamente de A no quiere decir que siempre que se dé B tenga que haberse dado A, de la cual B se haya seguido necesariamente. De "Si A, entonces B", no puede derivarse "Si B, entonces A".

Por eso no puede deducirse, de la existencia de leyes naturales, el determinismo universal en el Cosmos, salvo que se suponga la inexistencia de seres libres en la naturaleza.

Saludos cordiales.
09/02/16 8:40 PM
  
Juan Argento
Néstor, vos escribís:

Pero si decimos que en algunos casos Dios "simplemente hace que los resultados de las "tiradas de dados" correspondientes estén distribuidos de acuerdo a las probabilidades determinadas por las leyes que Él estableció", estamos diciendo lo que ya escribí en una respuesta anterior, que Dios no causa el hecho de que tal mutación, por ejemplo, se dé en tal individuo, sino solamente el hecho de que se dé, en los individuos que sea, la cantidad de mutaciones estadísticamente previsible.

Yo digo lo primero pero decididamente no estoy diciendo lo segundo. Dios es siempre la causa primera de que tal mutación se dé en tal individuo. El tema es de teleología, nivel en el cual podemos partir de dos hipótesis:

1. Dios decide positivamente el resultado de todos y cada uno de los eventos de la naturaleza. En cada evento, Dios mueve determinadamente a las causas segundas a la producción del efecto determinado por Él y no de otro.

Ej: Dios decide positivamente que la mutación A debe darse en el individuo 1, la B en el 2 (hijo del 1) y la C en el 3 (hijo del 2), y dispone el resultado de cada evento constituyente del proceso de manera de realizar ese designio detallado.

2. Los resultados de algunos eventos de la naturaleza no son relevantes para Dios. En esos casos, Dios mueve a las causas segundas para que se comporten de acuerdo a las probabilidades determinadas por las leyes que Él estableció.

Ej: Dios dispone los resultados de cada uno de los eventos constituyentes del proceso de manera que sigan las probabilidades determinadas por las leyes respectivas, sabiendo que el resultado final es que la mutación A se producirá en el individuo 1 y la C en el 3.

En este ejemplo, basado en la suposición de que para Dios no es relevante en cuál individuo ocurre cada mutación ni el hecho de que la mutación B ocurra o no, queda claro que Dios es la causa primera de que la mutación A ocurra en el individuo 1 y la C en el 3.

En resumen, en ambas hipótesis, Dios es causa primera de cada evento particular y conoce el resultado inmediato y remoto de él. En la hipótesis 1, Dios siempre mueve a las causas segundas para producir un resultado particular deseado positivamente. En la hipótesis 2, Dios en algunos casos mueve a las causas segundas para que su comportamiento siga las leyes probabilisticas.

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Es que no se puede mover a una causa para que siga el comportamiento de las leyes probabilísticas sin moverla a un resultado determinado.

Mover es hacer pasar de potencia a acto, pero el acto nunca es algo abstracto y general, es siempre un acto particular y concreto.

No se puede mover algo sin moverlo en una dirección determinada. En potencia, un objeto puede estar en muchas lugares distintos, pero en acto sólo puede estar en un lugar determinado y no en los otros a la vez. Ahora bien, "mover" no es hacer pasar de la potencia a la potencia, sino de la potencia al acto.

No tiene sentido decir que Dios mueve al acto en general y que el azar determina el acto en particular. El acto en general no existe ni puede por tanto ser término de movimiento alguno. Ni puede hablarse de "movimiento" si pensamos en una tendencia hacia varios términos posibles e incompatibles entre sí, pues ni "tendencia" es.

No existe el movimiento indeterminado, que tendería al mismo tiempo a varias direcciones distintas.

Y de nada sirve decir que unas de ellas son más probables que otras, salvo que se diga que el movimiento tiende determinadamente a ellas y no a las otras. Y si entre las que quedan hay distintas probabilidades, se vuelve a repetir el razonamiento, hasta que quede una sola. Y si tienen todas la misma probabilidad, entonces volvemos a que es absurda una tendencia a varios resultados distintos e incompatibles entre sí.

El resultado probabilístico, entonces, viene de que Dios ha movido determinadamente a tantos casos particulares de un modo y a tantos otros de otro modo diferente.

Por eso, si decimos que

"En este ejemplo, basado en la suposición de que para Dios no es relevante en cuál individuo ocurre cada mutación ni el hecho de que la mutación B ocurra o no, queda claro que Dios es la causa primera de que la mutación A ocurra en el individuo 1 y la C en el 3."

¿estamos diciendo que Dios no es Causa primera de que la mutacion B ocurra o de que en su lugar ocurra el proceso normal, sin mutación? En ese caso, estamos diciendo que "Dios no causa el hecho de que tal mutación, por ejemplo, se dé en tal individuo, sino solamente el hecho de que se dé, en los individuos que sea, la cantidad de mutaciones estadísticamente previsible."

¿estamos diciendo que Dios sí es Causa Primera de que la mutación B ocurra o, si en su lugar ocurre el proceso normal, sin mutación, de ese mismo proceso? En ese caso, sólo puede serlo si mueve determinadamente a las causas segundas a la producción de B o las mueve determinadamente a la producción de su contrario.

Saludos cordiales.
10/02/16 5:09 AM
  
Juan Argento
En el primer párrafo de mi comentario de 09/02/16 8:40 PM:

"el mundo físico" = "el mundo puramente físico" = el universo antes de la creación de Adán y Eva

"a todo nivel" = "tanto a nivel macroscópico como microscópico"

Editando en base a esto la primera oración:

Si el mundo puramente físico estuviera regido exclusivamente por leyes determinísticas tanto a nivel macroscópico como microscópico, entonces las acciones libres de los seres compuestos de alma espiritual y cuerpo físico (una vez creados los cuales el universo deja de ser "puramente físico") implicarían una permanente violación de las leyes físicas.

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Justamente, no hay violación alguna de esas leyes, porque el universo en cuestión "deja de ser "puramente físico"". Es lo que vengo diciendo. Una vez creados esos seres, el mundo deja de estar regido exclusivamente por leyes determinísticas, no porque haya indeterminismo, sino porque hay libre albedrío.

O si se quiere, porque hay en algunos casos el "indeterminismo" espiritual que es la indiferencia de la voluntad ante los bienes particulares, raíz del libre albedrío.

El "todo" ya no vale, porque ahora hay seres dotados del libre albedrío. Y entonces, si no vale, tampoco es transgredido ni violado. Porque esas leyes no pretenden ni pueden establecer que sus antecedentes deban cumplirse siempre en virtud de leyes naturales, como ya vimos.

Si en la semana hubiese sólo Martes, la ley que dice que no se puede comer ravioles los Martes querría decir que no se los puede comer nunca. Si agregamos más días a la semana, al mismo tiempo caen el "nunca" y la posibilidad de violar esa ley comiendo ravioles los Miércoles.

Saludos cordiales.
10/02/16 5:21 AM
  
Ramontxu
Néstor,

En una de tus respuestas a Juan Argento dices:
"Ese "a todo nivel" es ambiguo e implica el mismo círculo vicioso que la palabra "todo" en "todo está determinado por las leyes naturales": suponer que en la naturaleza no hay seres libres. "

¿Quiere decir que identificas "ser libre" con "ser capaz de violar las leyes naturales"?

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Al contrario, identifico "ser libre" con "no estar sujeto, en tanto que libre, a las leyes naturales", y por tanto, ser incapaz de violarlas, como yo no puedo violar las leyes españolas, al menos en tanto no valen para los no españoles.

Por eso, para decir que "todo" está determinado, o que la naturaleza está determinada "a todo nivel", hay que suponer que en ella no hay seres libres, o sea, que todo el mundo es español.

Saludos cordiales.
10/02/16 12:42 PM
  
Néstor
Por supuesto que lo anterior es un ejemplo y que no hay que inferir de ahí que yo afirmo que los españoles no son libres !! :)

Saludos cordiales.
10/02/16 1:41 PM
  
Ramontxu
Bien, entonces, podemos decir que todo en la naturaleza está determinado excepto los hipotéticos seres libres.

Por otra parte, creo que podemos estar de acuerdo en que todo lo que es material está determinado.

Lo cual implica que los hipotéticos seres libres son inmateriales.

Y si, según tus palabras, los seres libres no pueden violar las leyes naturales, se deduce que no pueden actuar de ninguna manera sobre la naturaleza, porque cualquier actuación por parte de un ser libre, implicaría violar dichas normas.

Con lo que la libertad de los hipotéticos seres libres será útil y aplicable en un hipotético mundo espiritual, pero no en el material, sobre el que no puede actuar su libertad.

Frrente a eso, cuando dices en el artículo "soy libre de decidir si levanto el brazo o no lo levanto" estás dando por supuesto que tu, en cuanto hombre libre y, por lo tanto, espiritual, puedes actuar sobre el mundo material y romper sus leyes. A menos, claro, que digas que tu voluntad siempre coincide exactamente con lo que las leyes naturales dictan.

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El problema es que sí, los seres libres son inmateriales, pero no totalmente. Están compuestos, los humanos al menos, de alma espiritual y cuerpo. Y el alma es la que mueve al cuerpo.

Por eso es que tampoco se puede decir sin más que todo lo material está determinado, en el sentido usual "determinista", porque el cuerpo humano es material y es movido por el alma espiritual, que posee libre albedrío.

Otra vez la palabra "todo" y el círculo vicioso al que suele ir unida en estos temas.

Sin duda, una vez que la voluntad humana libre inicia un proceso físico, éste se despliega mediante las leyes físicas. Pero el inicio de ese proceso no se deriva de un estado anterior de la naturaleza mediante leyes físicas.

Es como cuando el jugador de fútbol le pega a la pelota porque quiere; luego la pelota se mueve de acuerdo a las leyes físicas.

Y de hecho, ninguna ley física ni química nos permite predecir con certeza la conducta futura de un ser humano determinado.

Por otra parte, como ya expliqué, los seres libres no pueden violar las leyes de la naturaleza, no porque no puedan actuar en la naturaleza sin ser determinados a ello por las leyes naturales, sino porque para ese actuar libre de estos seres en la naturaleza no valen las leyes naturales. Y no se viola una ley a la que no se está sujeto, como en el ejemplo de los españoles.

En definitiva, en el mundo material hay dos clases de naturalezas: las que están determinadas a una sola operación en circunstancias dadas, y las que no. Estas últimas o algunas de estas últimas son las que poseen libre albedrío. A partir de ahí, hay que recordar que cuando hablamos de "leyes naturales" estamos hablando de las leyes del primer grupo de naturalezas, en cuanto tal.

A fuerza de estudiar solamente el primer grupo de naturalezas, y a todo lo demás solamente en tanto tiene las mismas características de este primer grupo, los científicos modernos llegan a olvidar la existencia del otro grupo, y a tratarlo como si no fuese distinto del primero. De ahí la famosa palabra indemostrada "todo" y sus consiguientes círculos viciosos.

En el caso del hombre, tenemos la complejidad de que participa de ambos reinos: en cuanto tiene un cuerpo, está sometido a las leyes naturales, en cuanto tiene un alma espiritual, no lo está. Eso quiere decir que ciertas leyes naturales se cumplen en el hombre independientemente de su libre albedrío, como la de la gravedad, y otras, solamente en el supuesto de ciertas decisiones libres que no dependen de ley alguna, como las que rigen el movimiento del brazo que he decidido mover, y las consecuencias de ese movimiento.

Por eso hay que distinguir entre "leyes naturales" y "determinismo universal". Lo segundo no se sigue de lo primero, porque las leyes naturales ponen necesidad, y por tanto, quitan libertad, en el consecuente de las mismas, pero no dicen nada sobre si el antecedente es libre o no lo es. Tanto si alguien patea una pelota por libre decisión como si la golpea una roca que cae de la montaña, la pelota se va a mover siempre según las leyes físicas.

Saludos cordiales.
10/02/16 4:19 PM
  
Juan Argento
Néstor, resumo mi entendimiento de tu posicion según tus últimos comentarios dirigidos a mí y a Ramontxu:

Las leyes físicas describen el comportamiento de los sistemas puramente materiales. La presencia del alma humana hace que el cuerpo humano no sea un sistema puramente material. Por lo tanto el funcionamiento del cuerpo humano no viola estrictamente las leyes físicas porque el cuerpo humano está fuera del campo de aplicación de esas leyes.

Hasta aquí estamos de acuerdo. Mi punto es que un diseño del universo en el que, en los seres compuestos de alma espiritual y cuerpo material, el alma espiritual puede mover (en términos aristotélicos) libremente el cuerpo (interactuando con los eventos cuánticos que constituyen los procesos neuronales) sin violar las leyes propias del mundo puramente material, manifiesta mucha mayor sabiduría divina que un diseño en el que la acción del alma sobre el cuerpo implica una permanente violación de esas leyes, lo cual ocurriría necesariamente de modo permanente si esas leyes fuesen determinísticas también a nivel microscópico.

Creo que mi punto no es menor, dado que "el mundo ha sido creado para la gloria de Dios", "no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla" (Catecismo #293, citando al Concilio Vaticano I y a S. Buenaventura), y teniendo en cuenta que:

- los atributos divinos como sabiduría, bondad, gloria, vida, etc. no se distinguen realmente de la esencia divina, porque Dios es absolutamente simple;

- para que se realice esta manifestación y comunicación de parte de Dios se requiere como contrapartida de nuestra parte percepción y recepción respectivamente.

Por otro lado, que el progreso de la ciencia, con el desarrollo de la mecánica cuántica, haya permitido una mayor percepción de la sabiduría divina manifestada en la creación es totalmente razonable. Más aún, es análogo a que el progreso de la filosofía, con la distinción entre esencia y acto de ser por S. Tomás, haya permitido un entendimiento a nivel filosófico de la unión hipostática en términos de que el Verbo, Quien al igual que cada Persona divina es el Acto de Ser Subsistente, es el acto de ser de la humanidad de Jesús, lo cual explica a nivel filosófico por qué la naturaleza humana de Jesús no es una persona humana.

Así como el entendimiento filosófico tomista de la unión hipostática no es necesario para la fe cristiana (porque nada faltó a la fe de los cristianos anteriores a S. Tomás), pero sí es útil, la mayor percepción de la sabiduría divina manifestada en la creación posibilitada por la mecánica cuántica no es necesaria para la fe, pero sí es util.

Aplicando esto al párrafo de Dei Filius que citaste en tu comentario de 09/02/16 7:38 PM, la mecánica cuántica provee una entendimiento científico del "suavemente", tanto referido al gobierno del universo por parte de Dios, como referido al gobierno del cuerpo humano por parte del alma espiritual.


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"Por lo tanto el funcionamiento del cuerpo humano no viola estrictamente las leyes físicas porque el cuerpo humano está fuera del campo de aplicación de esas leyes.Hasta aquí estamos de acuerdo."

"Mi punto es que un diseño del universo en el que, en los seres compuestos de alma espiritual y cuerpo material, el alma espiritual puede mover (en términos aristotélicos) libremente el cuerpo (interactuando con los eventos cuánticos que constituyen los procesos neuronales) sin violar las leyes propias del mundo puramente material, manifiesta mucha mayor sabiduría divina que un diseño en el que la acción del alma sobre el cuerpo implica una permanente violación de esas leyes, lo cual ocurriría necesariamente de modo permanente si esas leyes fuesen determinísticas también a nivel microscópico."

No veo cómo no hay contradicción entre esos dos párrafos. Si el libre albedrío pone al cuerpo humano, en tanto depende de él, fuera del campo de aplicación de las leyes físicas, lo hace tanto a nivel macroscópico como a nivel microscópico.

Porque además no es que el cuerpo humano esté simplemente hablando fuera del campo de aplicación de esas leyes, sino que lo está en la medida en que depende del libre albedrío de la voluntad humana, y no lo está en la medida en que no depende de él. Por ejemplo, mover o no mover el brazo depende del libre albedrío y no está sujeto, como tal, a las leyes naturales, pero todo lo que se sigue físicamente de la decisión de mover el brazo sí está sujeto a esas leyes.

Saludos cordiales.
10/02/16 7:41 PM
  
Ramontxu
Pero el ejemplo del pie y la pelota no vale porque ambos son materiales.

La cuestión es cómo el alma (espiritual) mueve el cuerpo (material). Decir que el hombre "participa de ambos reinos" no parece explicación suficiento. ¿Cómo se relacionan los dos reinos?

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En cuanto al ejemplo del pie y la pelota, el punto de comparación es que una iniciativa libre, que no depende de antecedentes físicos según leyes naturales, desencadena un proceso que se ajusta a las leyes naturales.

El alma, según Aristóteles, es "el acto primero de un cuerpo orgánico que tiene vida en potencia".

Todos los seres materiales se componen de materia y forma. No son dos sustancias, sino dos principios constitutivos de la única sustancia corpórea, por ejemplo, un ser vivo cualquiera. La materia es potencia respecto de la forma, que es su acto. La forma sustancial es el "acto primero" del cuerpo, porque le da el ser: el perro es perro porque su materia está actualizada por la forma sustancial que lo hace ser perro en vez de gato.

Cuando una cosa se transforma en otra distinta es que pierde la forma sustancial de A al recibir la de B, de modo que la potencialidad de su materia de ser A pierde su actualidad, al pasar a ser actualizada la potencialidad que su materia tiene de ser B.

La forma sustancial, entonces, le da el ser a la cosa, y como dice Aristóteles, "la vida es el ser del viviente", porque un perro muerto no es un perro sino un cadáver. Por eso, la forma sustancial del ser vivo,a diferencia de la forma sustancial de los inanimados, es principio de vida, y se llama "alma".

El movimiento de los seres vivos, me refiero al que procede de ellos mismos, es una manifestación vital, y por tanto, su principio radical es el alma, pues el obrar sigue al ser. Lo cual no quita que el alma no cause directamente ese movimiento, sino mediante las facultades operativas: locomotrices, nutritivas, sensitivas, y en el caso del ser humano, intelectivas y volitivas.

Por tanto, hablando en rigor, más que decir que el alma mueve al cuerpo, hay que decir que el cuerpo viviente se mueve a sí mismo (por eso para Aristóteles la vida es "automovimiento"), de modo tal que el principio radical de ese movimiento es su forma sustancial o alma.

Porque también enseñan Aristóteles y Santo Tomás que el automovimiento simplemente dicho es contradictorio, ya que moverse es pasar de potencia a acto y la potencia no puede darse a sí misma el acto de que carece. Lo que sucede en el caso de los vivientes, dicen, es que una parte que está en acto mueve a las otras que están en potencia, y eso es lo que hace el alma con el organismo viviente en su conjunto. Pero como son partes de la sustancia, y no sustancias completas ellas mismas, se puede decir que la sustancia viviente completa se mueve a sí misma mediante una de sus partes.

De todo eso se sigue que el alma siempre es más que la materia, pues el acto es más que la potencia, como ser es más que poder ser.

Y de ahí se sigue que el alma espiritual, que es la humana, por ser inmaterial no es menos que la materia, sino mucho más que ella, más actual, menos potencial aún que las almas de los irracionales que no son inmateriales.

Y así se disipa un error muy frecuente en nuestros días que es pensar que el sumo grado de realidad y "densidad" ontológica es lo material, y que a alguno puede obstaculizarle el entender cómo lo inmaterial puede mover a lo material.

Saludos cordiales.
10/02/16 8:19 PM
  
Horacio Castro
Muy interesante post y muy necesario. “El efecto azaroso se debe a las leyes naturales, pero "per accidens", no "per se". () Hay una ley natural que dice que el fuego quema, no hay una ley natural que dice que el fuego quema novelas de Dickens en vez de novelas de Cervantes”. Hay cierta analogía,- entre la permisión divina del pecado, en el orden moral con consecuencias en el orden sobrenatural-, con el azar que Dios permite como causa inmediata, por la interacción de leyes físicas que crea para el orden natural. Me ‘encanta’ el párrafo que dice acerca del Big Bang, “todo lo que comienza a existir tiene causa, y entonces, si el Universo material ha comenzado a existir, ha de tener una Causa, que ya no puede ser material, pues todo lo material, por definición, se incluye en el Universo material”. Si se pudiera asemejar el Plan con un catálogo o manual, estaría fuera del conjunto. La Creación temporal y como conjunto material e inmaterial, no incluye a Dios. Si, incluye a Dios, la realidad natural y sobrenatural, en la que Él es Incausado con razón suficiente para ser por sí mismo, y es causa de todo lo creado y principio de lo posible. Siempre se entiende que ¿Quién o qué más para que en su plan Dios tenga todo previsto y creado? La libertad y la voluntad son su creación, y también la interacción de sus leyes físicas (pero sin ser Dios “causa del mal”, por el seísmo con víctimas que construyeron sobre una falla geológica). No conocemos todos los detalles, pero por la Revelación conocemos preceptos y finalidad correspondientes a la Creación. Saludos.
11/02/16 2:33 PM
  
Ramontxu
Mi pregunta era ¿Cómo se relacionan los dos reinos? y no me has respondido.

Cuando hablas de "materia y forma" para los seres inanimados o de "alma y cuerpo" para los animados, estás haciendo una distinción puramente conceptual. Sólo son dos aspectos de la misma entidad. No es necesario explicar la relación entre ambos, como sería el caso si se trataran de dos entidades distintas.

Sin embargo, cuando hablas del hombre, dices, como si nada, que su alma es espiritual. Esto hace que carezca de sentido todo lo que habías dicho hasta ese momento porque empiezas a hablar de algo radicalmente distinto de lo anterior. Un espíritu y un cuerpo material no pueden ser dos aspectos de la misma entidad sino que son dos entidades distintas que, además, pertenecen a universos distintos, el espiritual y el material. Esto convierte al hombre en una entidad compuesta y es necesario explicar en qué consiste la relación entre los dos componentes y cómo se lleva a cabo.

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La distinción entre acto y potencia, en general, y materia y forma, es real, es decir, independiente de nuestro pensamiento.

Pero no son dos sustancias distintas, sino dos componentes realmente distintos de una única sustancia.

Es el único modo en que la sustancia corpórea puede ser compuesta sin perder su unidad sustancial. Un conjunto de partículas, por ejemplo, es una pluralidad de sustancias, no una sustancia sola.

Es decir, además de las sustancias, se dan en la realidad los principios metafísicos componentes de las sustancias, al menos si se habla de sustancias finitas y creadas.

Estos principios metafísicos no son sustancias, porque siendo realmente distintos entre sí, son mutuamente relativos entre sí, de modo que no pueden existir, en cuanto tales principios, separados el uno del otro.

Así, el ser o la existencia, simplemente hablando, le corresponde solamente a la sustancia, mientras que a estos principios sólo bajo cierto aspecto, según el dicho de Santo Tomás: "Más que decir que son, hay que decir que por ellos la cosa es."

Así que la diferencia entre el alma espiritual y las otra formas sustanciales de cuerpos no humanos no es la que hay entre lo que se distingue realmente de la materia y lo que no, sino la que hay entre lo que puede existir separado de la materia, y lo que no.

Porque el alma inmaterial, por serlo, no se agota en ser principio constitutivo del compuesto humano, sino que puede también existir separada de la materia. En cuanto "forma" y "alma", es relativa a la materia que actualiza, pero en cuanto "inmaterial", no lo es.

Saludos cordiales.
11/02/16 8:54 PM
  
Juan Argento
No había contradicción entre esos dos párrafos en mi mente, porque al redactar el segundo tenía en mi mente una cláusula que omití explicitar.

Donde escribí:

manifiesta mucha mayor sabiduría divina que un diseño en el que la acción del alma sobre el cuerpo implica una permanente violación de esas leyes, lo cual ocurriría necesariamente de modo permanente si esas leyes fuesen determinísticas también a nivel microscópico.

Debí haber escrito (de paso eliminando el segundo "permanente", que era redundante):

manifiesta mucha mayor sabiduría divina que un diseño en el que la acción del alma sobre el cuerpo humano, si se presupusiese que éste está dentro del campo de aplicación de las leyes que rigen el mundo puramente material, implicaría una permanente violación de esas leyes, lo cual ocurriría necesariamente si esas leyes fuesen determinísticas también a nivel microscópico.

En otras palabras, manifiesta mucha mayor sabiduría divina un diseño en que el alma humana ejerce su libre albedrío sobre el cuerpo mientras éste sigue cumpliendo las leyes del mundo puramente material a todos los niveles (macro y micro), que un diseño en que el libre albedrío debe ejercerse a través del cese de cumplimiento de alguna de esas leyes en el cuerpo.

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Es que no hay cese del cumplimiento de las leyes naturales en mi tesis. Las leyes naturales dicen que todo evento físico tiene consecuencias físicas, no que todo evento físico es consecuencia de otro evento físico. Es lo que digo en el "post" que sigue a éste.

El alma humana produce estados físicos que no se derivan de otros estados físicos, de los cuales se siguen las consecuencias normales según las leyes de la física.

Si fuese una ley física que todo evento físico se sigue de otro evento físico, la Creación del mundo con comienzo temporal violaría las leyes físicas, lo que es absurdo.

En cuanto a la aplicación de las leyes naturales, como digo en el "post" siguiente a éste, no se aplican en el mismo acto de la voluntad libre, que es inmaterial, tampoco en el hecho de que este acto produce un estado físico que no procede de otro estado físico anterior, sí en el hecho de que de este estado físico se siguen consecuencias físicas.

Pero eso no tiene nada de raro, ya que el acto de la voluntad libre, siendo inmaterial, cae por eso mismo fuera del ámbito de aplicación de las leyes físicas.

Saludos cordiales.
12/02/16 12:07 AM
  
Gustavo Lino
El error de todo esto es que todavía no sabeís qué es el pecado original.

(Editado).


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Toca muchos temas, todos interesantes, pero no relacionados con el tema del artículo. Para responderle habría que escribir un manual de Teología, pero no hace falta. Lea con atención la Suma Teológica de Santo Tomás y seguramente algunas de esas dificultades encontrarán solución.

Saludos cordiales.
12/02/16 1:44 AM
  
Felipe
Qué pena que una mente tan brillante como Soler confunda el Diseño Inteligente con el fijismo. Y qué pena que se haga eco de las barbaridades de Ayala y su teodicea de pacotilla.
El DI no es sino la manifestación contemporánea del tradicional argumento por el orden en la Naturaleza. Podemos rastrearlo desde Sócrates hasta la actualidad pasando por Cicerón, Santo Tomás o Paley.
Basta con leerse el primer párrafo de los comentarios de Sto Tomás a la Ética de Aristóteles para entender el argumento. El orden es el "negocio" del sabio; orden e inteligencia van de la mano. Y la vida es orden en su más extraordinaria expresión.

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Como pienso decir en el siguiente "post", muchas veces los argumentos del estilo del de Paley no coinciden del todo con la Quinta Vía, porque se basan en considerar a los seres naturales como si fuesen artefactos, es decir, entes artificiales, dotados, por tanto, de unidad puramente accidental. Eso es así, porque muchos de esos autores son "mecanicistas teístas", que basan su teísmo en sostener que el Reloj (artefacto) que es la naturaleza tiene que tener un Autor inteligente, porque entienden que los seres naturales son agregados de átomos en vez de ser sustancias unitarias.

Contra esto, sostengo que los entes naturales tienen unidad sustancial, no accidental, y que en eso se distinguen de los artefactos humanos.

Saludos cordiales.
12/02/16 7:24 AM
  
Alvaro
Antes de nada, visto que el artículo no parece incluir la "ficha" del libro que se comenta:

Mitología materialista de la ciencia
Francisco José Soler Gil
Colección: ENSAYO
Materia: CIENCIA
336 páginas
15x23.
ISBN: 978-84-9920-187-0

www.ediciones-encuentro.es/libro/mitologia-materialista-de-la-ciencia.html

Un saludo.
12/02/16 5:15 PM
  
Eduardo
Muy buen Post.

Me gustaría, que en algún momento como indica en los comentarios, explique detalladamente la Quinta Vía de Santo Tomas.

Saludos.

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Muchas gracias. Lo intentaremos, Dios mediante.

Saludos cordiales.
13/02/16 5:14 PM
  
gringo
Qué significa que las almas de los irracionales no son inmateriales? .
Quiere decir que las almas de los animales son materiales, que están hechas de átomos?

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Quiere decir que en general, las almas son las formas sustanciales de los cuerpos vivos, pero hay dos clases. Algunas de ellas, que son las almas de los irracionales, agotan todo su ser y capacidad en la información de la materia, de modo que separadas de ella no pueden existir y sólo son principio de actos del compuesto de materia y forma, como son por ejemplo los actos que tienen que ver con la nutrición o con la percepción sensible.

Otras, que son las almas humanas, no agotan su ser en la información de la materia, sino que tienen una realidad propia y positiva aparte del hecho de informar la materia del cuerpo, y por eso mismo, son principio de actos inmateriales, los de la inteligencia y la voluntad, que tienen por sujeto al alma sola, no al compuesto de alma y cuerpo. Más precisamente, tienen por sujeto al hombre, pero considerado solamente en su alma espiritual, y no en la unión de ésta con el cuerpo.

Por supuesto que los actos de la inteligencia y voluntad tienen como presupuesto la dimensión material del hombre, pues la voluntad sigue a la inteligencia, y ésta abstrae todo su conocimiento de la experiencia de los sentidos, cuyo acto sí es acto del compuesto de alma y cuerpo, y que por tanto sí se realizan en cierto sentido, a diferencia de los actos de la inteligencia, mediante el cerebro. Y por eso, no porque el cerebro piense o pensemos mediante él, es que también la inteligencia necesita del cerebro para pensar.

Saludos cordiales.
13/02/16 5:33 PM
  
Renzo
Leyendo a Néstor hablar de las clases de alma existentes, como si fuera algo probado y empíricamente vetificado, no ya la existencia de las clases que propone sino la de la propia alma, uno recuerda los libros de mitología o la genealogía de los personajes de las obras de Tolkien. El problema es que Néstor nos quiere vender como real lo que tiene tanto de realidad como la ficción más fantástica.

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Y leyéndote a tí opinar sobre estos temas filosóficos, uno se imagina a un ciego de nacimiento disertando sobre los colores. Pero en fin.

Saludos cordiales.
13/02/16 7:39 PM
  
Gonzalo Génova
Néstor escribe: “Por otra parte, si la elección dependiese unilateralmente de las razones que presenta la inteligencia, no sería libre, porque, o bien seguiría siempre la razón objetivamente más fuerte, o bien el apartarse de ella sólo se debería a un error de apreciación. La tesis tomista supera admirablemente ambos escollos: “La voluntad sigue siempre el último juicio práctico de la inteligencia, pero depende de la voluntad cuál sea el último.” El juicio práctico al que se refiere es aquel en el que termina la deliberación antes de elegir.”

¿Sería tan amable de citar el lugar donde Aquino dice esto?

En cuanto al adjetivo “último”, sospecho que no hay que entenderlo en sentido puramente temporal, es decir, “el último juicio práctico” no es simplemente el último temporalmente en una cadena de razonamientos, en el que la voluntad decidiera cuándo parar; sino más bien el “último” en un sentido de primacía, como cuando se habla del principio o causa última de algo. ¿Estoy equivocado?

Gracias

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Por ejemplo, este pasaje de I-IIae q. 13 a1 c:

"La palabra elección comporta algo que pertenece a la razón o entendimiento y algo que pertenece a la voluntad, pues dice el Filósofo en el VI Ethic. que la elección es entendimiento apetitivo o apetito intelectivo. Ahora bien, siempre que concurren dos cosas para constituir una sola, una de ellas es como lo formal respecto de la otra. Por eso Gregorio Niseno dice que la elección no es apetito en sí misma ni sólo consejo, sino algo compuesto de ambos. Pues igual que decimos que un animal está compuesto de cuerpo y alma, pero no que es cuerpo en sí mismo ni tampoco que sea sólo alma, sino ambas cosas, lo mismo también la elección. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, en los actos del alma, el acto que es esencialmente de una sola potencia o hábito recibe la forma y la especie de una potencia o hábito superior, puesto que lo inferior es ordenado por lo superior; pues si alguien ejecuta un acto de fortaleza por amor de Dios, el acto es materialmente de fortaleza en efecto, pero formalmente es de caridad. Pero es claro que la razón precede de algún modo a la voluntad y ordena su acto, puesto que la voluntad tiende a su objeto según el orden de la razón, porque la fuerza aprehensiva proporciona su objeto a la apetitiva. Por consiguiente, el acto por el que la voluntad tiende a algo que se propone como bueno, por estar ordenado al fin por la razón, es materialmente un acto de la voluntad ciertamente, pero formalmente es de la razón. Pero en estos casos, la sustancia del acto se comporta materialmente con respecto al orden que le impone la sustancia superior y, en consecuencia, la elección no es sustancialmente un acto de la razón, sino de la voluntad, pues la elección se termina de realizar en el movimiento del alma hacia el bien que se elige. Por consiguiente, es claramente acto de la potencia apetitiva."

Y ahí mismo, ad 2um:

"También la conclusión del razonamiento que se hace acerca de las cosas realizables pertenece a la razón, y se llama sentencia o juicio, al que sigue la elección. Y por eso la misma conclusión parece pertenecer a la elección, como a lo consiguiente."

Más ese pasaje de Ia IIae q. 13 a3 c:

"Como se observó (a.1 ad 2), la elección sigue a una sentencia o juicio, que es como la conclusión de un silogismo operativo. Por eso entra en la elección lo que se comporta como conclusión en un silogismo de lo realizable. Ahora bien, el fin se comporta como principio en las cosas realizables, no como conclusión, según indica el Filósofo en el II Physic. Luego el fin en cuanto tal no entra en la elección."

Se refiere, entiendo, al último juicio práctico temporalmente hablando, porque sólo ahí termina la deliberación, de modo que ese juicio en que se detiene la deliberación mueve a la voluntad a elegir lo que en ese juicio se contempla.

El libre albedrío está en que a su vez la voluntad es la determina que ese juicio y no otro sea el último, de modo que hay una mutua causalidad, en diverso sentido, entre inteligencia y voluntad, como también dice Santo Tomás en Ia IIae q. 9 a. 1 c:

"Respondo: Una cosa necesita ser movida por otra en la medida que está en potencia para muchas cosas, pues es necesario que lo que está en potencia pase a acto mediante algo que esté en acto; y esto es mover. Ahora bien, se encuentra que una potencia del alma está en potencia para cosas diversas de dos modos: uno, en cuanto a hacer y no hacer; el otro, en cuanto a hacer esto o aquello. Por ejemplo: la vista unas veces ve en acto y otras veces no ve; y unas veces ve blanco y otras veces ve negro. Por consiguiente, se necesita algo que mueva para dos cosas: para el ejercicio o uso del acto y para la determinación del acto. La primera de ellas procede del sujeto, que unas veces se encuentra obrando y otras no obrando; la otra procede del objeto, y por ella se especifica el acto.
Pues bien, la moción del sujeto procede de algún agente. Y como todo agente obra por un fin, como se demostró (q.1 a.2), el principio de esta moción procede del fin. Y por eso el arte a la que pertenece el fin mueve con sus dictámenes al arte a la que pertenece lo que es para el fin: Como el arte de navegar dictamina a la constructiva, según se dice en el II Physic. Ahora bien, el objeto de la voluntad es el bien en común, que tiene razón de fin. Por eso, desde él la voluntad mueve las otras potencias del alma a sus actos, pues las usamos cuando queremos; porque los fines y las perfecciones de todas las otras potencias están incluidos en el objeto de la voluntad como bienes particulares, y siempre el arte o la potencia a la que pertenece el fin universal mueve a obrar al arte o a la potencia a la que pertenece un fin particular incluido en el universal. Por ejemplo: el caudillo de un ejército, que pretende el bien común, es decir, el orden de todo el ejército, mueve con sus órdenes a alguno de los tribunos, que pretende el orden de una sección.
Por su parte, el objeto mueve determinando el acto, como un principio formal, que especifica la acción en las cosas naturales, igual que el calor al calentar. Ahora bien, el primer principio formal es el ente y lo verdadero universal, que es el objeto del entendimiento. Luego, con este tipo de moción, el entendimiento mueve a la voluntad, presentándole su objeto."

Saludos cordiales.
13/02/16 10:47 PM
  
Renzo
Hombre Néstor ya sabe usted que la Filosofía no es ni mi fuerte ni algo que me apasione, en varias ocasiones he recurrido a usted para que me explique conceptos que no veo claros.
Pero en este caso usted no se limita a hacer una interpretación filosófica del alma, le confiere propiedades físicas, aunque según usted es inmaterial, o que le permiten interactuar con los sistemas físicos. Como lo hace con aseveraciones rotundas, debo suponer que tiene pruebas empíricas de lo que afirma que pueden ser verificadas y contrastadas por cualquiera de nosotros, y le pido que las presente, o bien tiene usted una imaginación desbordante.

Saludos.

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Pues no, empíricas, en ese sentido de empíricas, no. La Filosofía no se basa en ese tipo de pruebas empíricas que permiten una verificación empírica.

Le explico: el azul es un color que suele encontrarse en el cielo, a veces en las aguas marinas, y los ojos de algunas personas, sobre todo nórdicas.

Es decir, la filosofía prueba mediante razones necesarias que se deducen de la experiencia y de un principio filosófico. La experiencia sirve de base a la prueba, pero lo medular de la prueba se hace con el razonamiento.

Y por tanto, no se hace con una verificación empírica.

¿Pero entonces no hay pruebas "empíricas" de la existencia del alma?

El azul puede hallarse también en las camisetas de algunos cuadros de fútbol.

Saludos cordiales.
15/02/16 2:04 AM
  
Renzo
Pero, Néstor, el azul, como cualquier otro color, se corresponde con una determinada longitud de onda dentro de la parte que es visible para nosotros del espectro electromagnético. No puedo "coger" el azul del cielo, ni de las aguas, ni aunque sea causado por la radiación de Cherenkov, pero sí podemos medirlo, compararlo,... ¿Cómo se mide el alma?

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"Comparatio non tenet in omnibus", que no quiere decir que no hay que hacer comparaciones en los ómnibus, sino que ningún ejemplo se aplica en todos los aspectos.

El alma humana es inmaterial, así que medirla es más imposible que morderse la oreja.

Y para seguir con la comparación, hasta donde llegue, hay que hacer notar que informarle al ciego de nacimiento la longitud de onda del azul no lo acerca una micra a la percepción de ese color particular.

Saludos cordiales.
15/02/16 7:28 AM
  
Renzo
"...que informarle al ciego de nacimiento la longitud de onda del azul no lo acerca una micra a la percepción de ese color particular."

Informarle no, pero tenga por seguro que las neurociencias y la tecnología permitirán que pueda experimentar lo mismo que experimentamos usted o yo ante la visión del color, y, no tengo duda, será antes de que usted me pueda aportar pruebas de la existencia del alma o de Dios que no pasen del puro discurso filosófico y del trabalenguas metafísico.

Saludos.

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La palabra "puro" no es un argumento y menos "trabalenguas". Querer pruebas de la existencia del alma o de la existencia de Dios que no sean filosóficas es como querer ver los sonidos u oír los colores.

- Es que las pruebas filosóficas no sirven - ¿Porqué? - Porque no se verifican en la experiencia - ¿Y quién dijo que las únicas pruebas que sirven son las que se verifican en la experiencia? - Mi filosofía - Ah.

Saludos cordiales.
15/02/16 11:43 AM
  
Renzo
No se trata de que no sirvan, no les niego la utilidad como herramientas de conocimiento...teórico de determinadas cuestiones. Es como aprenderse el manual de pilotaje de una aeronave sin llegar a pilotar ni siquiera un simulador de la misma. ¿Se trata de conocimiento?, sí. ¿Proporciona el mismo conocimiento que pilotar en la realidad, o en una simulación?, obviamente no.
Las ideas, como el papel, lo aguantan casi todo, pero cuando se afirma que algo, sea el alma o Dios, actúa sobre lo físico, la demostración pasa por aportar pruebas tangibles sobre cómo se produce ese efecto, de qué forma se establece esa relación causal. Y para ello se precisan evidencias verificables empíricamente o, por lo menos, que puedan ser medidas directamente o infirectamente por sus efectos físicos, o, si nada de lo anterior fuera posible, que se puedan realizar predicciones comprobables. Si ninguna de esas opciones resulta aplicable, es absurdo hablar de demostración o de prueba de nada, todo se queda en palabras y en las creencias personales de cada cual.
Si no fuera así, se debería tener en cuenta cualquier idea que a uno se le ocurra, con tal de que resulte logicamente razonable y con un discurso suficientemente atractivo, aunque vaya en contra del conocimiento científico.
Si mañana me levanto con una elaborada "teoría" sobre los agujeros negros que afirma que son producidos por gigantes inmateriales que están fuera del espacio y del tiempo y que juegan con unas peonzas, inmateriales como ellos, provocando los agujeros, debería tenerse en cuenta esa posibilidad o, al menos, no recharzarla hasta que se demuestre su imposibilidad. Dado que las propiedades de esos seres y sus peonzas quedarían fuera de la física, la Ciencia no debería pronunciarse al respecto y estaría todo en manos, o en la cabeza, de sesudos filósofos que rebuscarían en la metafísica hasta discernir si mi afirmación es cierta o falsa, y todo sin moverse de un sillón.
Qué quiere que le diga Néstor, entre Aristóteles y Santo Tomás, me quedo con el CERN, LIGO,...

Saludos.

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La filosofía demuestra conclusiones mediante el razonamiento, partiendo de la experiencia más principios evidentes y necesarios de la razón. Al ser mediante el razonamiento, eso quiere decir que no hay verificación empírica. Ni falta que hace, porque si A es condición necesaria de B, que está dado en la experiencia como real y existente, entonces A es real y existente, porque lo real y existente no puede tener como condición necesaria de su realidad y de su existencia algo que sólo existe en nuestra mente. La Filosofía parte de hechos empíricos, y mediante principios necesarios de la razón, llega a la conclusión de que la existencia de determinados entes es condición necesaria de la existencia misma de esos hechos empíricos. Con lo cual la existencia de los entes en cuestión queda demostrada.

Estoy explicando cómo funcionan esas demostraciones y porqué no caben en ninguna de las categorías que se señalan en el comentario.

O sea, que la Filosofía existe y es distinta de la ciencia experimental. Es decir, existen los colores, por más que algunos no los vean. Y no los ven, porque no saben o no quieren o no pueden pensar las cosas en términos de "ente", a la luz pura y simple del ser y el no ser, que sin embargo es la tendencia natural de la inteligencia humana, pero que en ellos está mortificada por años de formación en filosofía nominalista y empirista contrabandeada junto con el aprendizaje (en los mejores casos, al menos) de alguna disciplina científica.

La filosofia y las ciencias experimentales no pueden chocar nunca, porque hablan de cosas distintas, es decir, incluso cuando hablan de las mismas cosas, lo hacen desde distintos puntos de vista, por eso, incluso conociendo las mismas cosas, tienen objetos de conocimiento diferentes, como la psicología, la moral, la política, la anatomía y la fisiología, por ejemplo, que estudian todas al ser humano.

Del mismo modo que una ley comprobada y verificada de la fisiología no puede entrar en conflicto con otra ley comprobada y verificada de la psicología y o de la física o de la química, del mismo modo no puede haber conflicto entre los verdaderos conocimientos científicos y los verdaderos conocimientos filosóficos. Es claro que cuando se interpone el error, entonces todos los conflictos son posibles.

Lo que impide a algunos seguir a la filosofía escolástica no es ninguna verdad científica, sino la filosofía nominalista y empirista que los tiene más agarrados cuanto más se empeñan en desconocer la importancia de la Filosofía.

Saludos cordiales.
15/02/16 4:11 PM
  
Horacio Castro
La imaginación nos permite combinar formas conocidas. Sin embargo es imposible imaginar un color (que predomine) “inexistente”. Sí, los colores existen y se puede trabajar sobre ellos sin que sean el color de algo.

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En realidad, todo color es el color de algo, como todo accidente, naturalmente hablando al menos, supone un sujeto. No vemos colores, sino cosas coloreadas. Incluso imaginar un color, por más separado que se lo quiera imaginar, es imaginar una superficie coloreada.

Saludos cordiales.
16/02/16 5:13 AM
  
Horacio Castro
Es cierto, pero aunque el modo de ser es en otro, los colores existen. Intenté una analogía con la afirmación sobre la existencia del alma. Sería ajeno al tema del post extendernos en que podemos trabajar imaginándolos como colores sin superficie geométrica. En la realidad excluyendo la imaginación, por supuesto 'ni loco' voy a discutirle que "no existe un color por sí solo sino que siempre será el color de algo". Muchas gracias.

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Un color sin superficie es inextenso, y por tanto, no es un color.

Saludos cordiales.
16/02/16 1:09 PM
  
Renzo
"...porque si A es condición necesaria de B, que está dado en la experiencia como real y existente, entonces A es real y existente,..."

Debería definir a qué se refiere usted cuando habla de experiencia. Ver , oír o tocar algo es una experiencia sensorial ( sujeta a las limitaciones de nuestros sentidos que no son especialmente fiables en contra de lo que se piensa). Imaginar algo conscientemente, es otro tipo de experiencia, soñar o tener alucinaciones son experiencias distintas a las anteriores. La única cosa en común es que todas son interpretaciones de nuestra mente. Julio Verne "viajo" y ha hecho experimentar sus viajes a miles de personas, a pesar de no haber ido a la mayoría de los lugares que narró en sus obras (a la Luna no fue seguro). Desde el análisis filosófico debe ser apasionante debatir sobre el centro de la Tierra o la Atlántida..., pero las conclusiones "filosóficas" no cambian el conocimiento real que tenemos de ello.

"La Filosofía parte de hechos empíricos..."

Pues eso es precisamente lo que le pido que me muestre esos hechos empíricos que evidencian la existencia del alma o de Dios. ¿No será que usted interpreta a conveniencia determinados hechos empíricos para llegar a las conclusiones filosóficas que busca?.

"Del mismo modo que una ley comprobada y verificada de la fisiología no puede entrar en conflicto con otra ley comprobada y verificada de la psicología y o de la física o de la química,..."

Eso no es del todo cierto en la ciencia positiva y en especial en la Física. La mecánica clásica y la mecánica relativista son un ejemplo, la mecánica cuántica otro aún mejor (ya sé que usted considera que la dualidad onda-partícula es una "boutade" y que el espacio-tiempo no es nada real, o al menos así lo había manifestado en otros debates tiempo atrás, pero la Ciencia es mucho más persistente que Néstor, sobre todo cuando las pruebas son tan contundentes) . Lo que sucede es que en Ciencia no es un problema que una hipótesis sea descartada o que una teoría se vea superada por otra de mayor alcance, al contrario, cuando eso sucede, el conocimiento siempre sale beneficiado y la Ciencia avanza. El problema sólo se da en aquellas disciplinas que basan sus principios en dogmas, revelaciones o en elucubraciones y especulaciones que no van más allá de la mente de quienes las elaboran.

Saludos y buen debate, creo que, salvo alusiones, ya no hay mucho más que decir por mi parte.

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Al hablar de "experiencia" me refiero a la experiencia sensible.

Fíjese en los "posts" que publiqué acerca de las pruebas de la existencia de Dios para ver un modelo de prueba filosófica y de qué hechos empíricos se habla. En este "post" discutimos otra cosa.

Y sí es cierto que las ciencias no pueden admitir teorías que se contradigan entre sí, sin buscar la forma de evitar por algún lado la contradicción, como cuando se dice que la física clásica es un caso particular de la física relativística, o cuando se lamenta, al menos, que la física relativista y la física cuántica se contradigan entre sí y no sean por ahora unificables.

Obviamente, si una hipótesis es descartada o una teoría es superada, es porque no se aceptan hipótesis o teorías contradictorias entre sí.

Saludos cordiales.
16/02/16 1:13 PM
  
Horacio Castro
Ah, buehnoo... Me dejó anonadado... eso debe corresponder a un curso superior. Tiene que ver con Berkeley y con el cuestionamiento de la geometría euclidiana. Gracias pese al golpe.

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Me parece que tiene que ver con los datos elementales de la experiencia. Si a un color le quitamos toda extensión, no queda nada que pueda ser coloreado, obviamente.

Saludos cordiales.
16/02/16 1:30 PM
  
Horacio Castro
Verdadero y más simple que lo de Berkeley. Si alguna vez Ud. vuelve sobre este filósofo/teólogo tan difícil de clasificar con precisión, le voy a consultar algunos detalles. Gracias.
16/02/16 2:47 PM

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