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5.04.09

La Passio Granatensis, un canto a la misericordia y a la dignidad humana

Carta del Arzobispo de Granada a todos los fieles cristianos granadinos, y a todos los hombres y mujeres que buscan a Dios.

Queridos hermanos y amigos:

Se acerca la Semana Santa, ese último eslabón antes de la fiesta grande de la Pascua. En ella recordamos —o hacemos memoria, que es algo más fuerte que sólo recordar; o celebramos, que sería la expresión más justa— que Dios es tan grande en su misericordia que no se ha echado atrás ante el océano de la miseria humana. Al contrario, se ha abrazado a ella —esto es, a nosotros—, de tal modo que, por una parte, la ha experimentado hasta el fondo de su ser. Ha bebido hasta el fondo esa copa de la soledad de la traición, y de la soledad del sepulcro. Por eso, desde aquella primera Pasión, no hay soledad humana, no hay tristeza humana, no hay pobreza humana de la que Dios esté ausente. No hay pecado por el que el Hijo de Dios no haya ofrecido su vida, ni pecador que no haya amado hasta la muerte, que no ame —¡hoy mismo, ahora!— con un amor infinito. Tú y yo, y todos, somos el objeto de ese amor.

Y por otra parte, como fruto de ese abrazo a nuestra condición mortal y pecadora —hasta hacerse uno con cada uno de nosotros—, nuestra humanidad ha sido ensalzada más allá de lo que nadie, en ninguna cultura, podría haber soñado o imaginado. Por eso, en la redención de Cristo, más que en ningún otro lugar, se revela la verdadera grandeza y la trascendencia de Dios. Y al mismo tiempo, y por eso mismo, se revela el fundamento más firme —en realidad, el único fundamento suficientemente firme— para afirmar la dignidad sagrada de todo ser humano, sin excepción, y desde el momento de su concepción hasta su muerte natural.

Celebrar la Semana Santa, celebrar el acontecimiento único de la muerte de Cristo y de su triunfo sobre la muerte y sobre el pecado, es, pues, celebrar también el valor de nuestra vida. Tal vez cuando acompañamos las estaciones de penitencia de nuestras hermandades y cofradías no siempre somos conscientes hasta el fondo de todo esto. Pero su belleza proclama a gritos esa otra belleza, sin la cual lo demás no sería más que una distracción vacía y sin sentido: la belleza de haber encontrado en Cristo una misericordia, una gracia, que “vale más que la vida”, sencillamente porque la vida sin esa misericordia no tendría más valor que el que nos asignaran los poderes del mundo, en función de sus intereses.

Este año, y coincidiendo con el centenario del Desfile Antológico de 1909 de la Pasión de Nuestro Señor, el día de Sábado Santo, el próximo 11 de abril, va a tener lugar en la ciudad de Granada una celebración extraordinaria de la Pasión del Señor. Con el nombre de Passio Granatensis (la Pasión Granadina), 22 pasos de gran belleza en los que se conmemoran diversos momentos de la Pasión de Nuestro Señor, recorrerán las calles de Granada, siguiendo una preciosa iniciativa de la Real Federación de Hermandades y Cofradías, que yo he recogido con gusto y que hoy quiero agradecer públicamente.

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