InfoCatólica / Palabra de Obispo / Archivos para: Octubre 2008, 13

13.10.08

Discurso ante el Sínodo del archimandrita Ignatios D. Sotiriadis

Alguno preguntará porqué pongo en Palabra de Obispo el discurso del representante de la Iglesia Ortodoxa de Grecia ante el Sínodo de los obispos que está teniendo lugar en Roma. La razón es que creo que puede convertirse, de lejos, en el discurso más importante de todo el Sínodo en cuanto a su valor ecuménico. Ver a un obispo ortodoxo decir lo que dice el archimandrita Sotiriadis es algo que a muchos nos hace tener una cierta esperanza de que la unión entre católicos y ortodoxos no está tan lejos como pueda parecer.

Luis F. Pérez

Intervención del archimandrita Ignatios D. Sotiriadis, delegado fraterno de la Iglesia Ortodoxa Griega

La Iglesia Ortodoxa de Grecia, Iglesia de origen apostólico, como fruto de la predicación del apóstol de las gentes en Europa, e hija de la Iglesia Madre de Constantinopla, saluda cordialmente al Sínodo de los Obispos católicos sobre la Palabra de Dios y desea pleno éxito a sus deliberaciones.

Santidad:

En la oscuridad profunda y en la desesperación del pensamiento filosófico del mundo antiguo, el “Dios desconocido” envió a la humanidad a su Hijo unigénito, quien “por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María y se hizo Hombre… por nuestra salvación". Desde ese momento, la historia se dividió en antes y después de Cristo, el mundo cambió y se transformó en Iglesia. Magistra en el camino de la Iglesia, la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios, vivifica en todo tiempo, si es interpretada según la sagrada Tradición, a todo fiel y le conduce a la Eucaristía, es decir, a la unión personal con el Dios-Logos.

Sin embargo, la historia de la cristiandad está llena de crímenes, pecados y errores. ¡Entonces, se plantea siempre el problema de la interpretación auténtica de la Palabra de Dios! No son suficientes, por desgracia, las buenas intenciones para guiar al pueblo de Dios hacia el Reino prometido. Es necesaria la metanoia y la metamorfosis de nuestros débiles corazones.

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