En el sufrimiento, abiertos a la esperanza. Por Saiz Meneses
Estamos en pleno tiempo de Pascua, los cincuenta días en que celebramos la resurrección del Señor. Y hoy, este sexto domingo de Pascua, coincide con el Día del Enfermo, que entre nosotros tiene un nombre muy adecuado a este tiempo litúrgico: la Pascua del Enfermo. En este día recordamos a los enfermos y a los profesionales, los voluntarios y los familiares que tienen a su cargo la asistencia humana y también la atención pastoral que los enfermos merecen como miembros sufrientes de la comunidad cristina. El lema escogido para este año es muy explícito y claro: “En el duelo, abiertos a la esperanza”. De esto se trata sobre todo: que nuestros hermanos enfermos, en medio del sufrimiento, encuentren en Jesús resucitado su fortaleza. Jesucristo da sentido al sufrimiento humano. También en la experiencia del sufrimiento él es nuestro Señor y nuestro Buen Pastor.
La luz de la Pascua de Cristo ilumina los aspectos más oscuros de la condición humana, como el dolor y la muerte, porque Cristo nos dice que no nos encaminamos hacia la nada y la extinción definitiva sino hacia el encuentro con él, que es la resurrección y la vida.
El realismo cristiano no ha escondido nunca los aspectos más oscuros de la vida, pero les ha dado un sentido en Cristo. Por esto, me complace, en este día de la Pascua del Enfermo, dar las gracias e impulsar el trabajo de todos aquellos que están cerca de los miembros sufrientes de nuestras comunidades. Estas personas hacen que sea una realidad lo que nos hemos propuesto todos en el Plan Pastoral Diocesano para los años 2007-2010, en el que tiene un lugar muy propio lo que hoy llamamos la pastoral de la salud, que promueve la delegación diocesana encargada de este ámbito de la acción de la Iglesia.
