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22.12.24

23.04.24

De los máximos excesos celestiales y la épica sacerdotal

De los máximos excesos celestiales y la épica sacerdotal[1]

I. No hay mejor lugar que el Paraíso

El Evangelio de hoy, III Domingo de Pascua, nos habla del Cielo cuando dice «vuestra alegría nadie os la podrá quitar» (Jn XVI 22). Digamos entonces, dos palabras sobre el Cielo ya que la mayor parte del tiempo hablamos de la tierra, lo cual no tiene mucho sentido ya que, como decía Santa Teresa, esta vida es “una mala noche en una mala posada”.

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8.04.24

De la Misericordia Infinita y la Confianza Radical

Hace medio milenio en el norte de Europa un hombre cometió un asesinato.

Para escapar de la justicia, se refugió en un convento, se hizo religioso e incluso fue ordenado sacerdote. Evidentemente no tenía vocación, pero esa fue la vía que ese miserable homicida encontró para huir de la justicia.

Desde su noviciado, ese hombre estaba atormentado y nunca pudo superar sus horribles inquietudes interiores que carcomían su alma, generándole sentimientos de angustia y temor desmedido, estando siempre triste y melancólico sin poder librarse de aquella tristeza, como se escribió.

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25.12.23

Navidad, Santidad y Secreto

Navidad, Santidad y Secreto

(Misa de Gallo MMXXIII, Xaverianum - P. Federico Highton, SE)

Hoy es Navidad. Navidad, en la concepción popular, evoca esperanza, amor, esto es, caridad, fe, paz, amistad, perdón y, en definitiva, alegría o, más bien, felicidad, todo lo cual es cierto, plenamente cierto. Ahora bien, es oportuno preguntarse qué es lo más propio de la Navidad, esto es, cuál es el bien más directamente relacionado con la Navidad. 

Si tenemos en cuenta que de las siete cosas mencionadas, tres son virtudes, las virtudes más importantes y decisivas, otras tres son como efectos de las mismas y la última, esto es, la felicidad (que no consiste sino en la misma santidad) es como el fin de las seis anteriores, a riesgo de decir algo radicalmente evidente, podemos concluir que lo más propio de la Navidad es la Santidad. 

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo, el Buen Jesús, que es la Santidad por esencia, que nació en carne de la Reina de Todos los Santos, la Virgen Santísima.

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo, el Buen Jesús, que nació para que nosotros, los pobres pecadores, tiremos a la basura el hombre viejo (Col III 9-10) y nazcamos a la vida sobrenatural. 

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo (Apoc IV 8), el Buen Jesús, el Divino Niño, que nació para que seamos santos. Es más, podemos osadamente afirmar que Dios nació en el tiempo para que el hombre se haga Dios ya que, como enseña osadamente San Agustín, “Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea Dios”. 

Pero, ¿cómo es esto de que el hombre está llamado a hacerse Dios? ¿Acaso estamos promoviendo el pecado gnóstico expresado en la fórmula del “sereis como dioses” (Gen III 5) que describe el pecado adámico? ¿Acaso nos volvimos seguidores de los gnósticos Basílides, Moisés de León, Maestro Eckhardt, Jorge Hegel, Karl Gustav Jung, Anselmo Grun o los jesuitas Teilhard de Chardin, Karl Rahner o Pablo D’Ors? No. Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea Dios, pero no para que sea Dios por esencia, sino, como enseña San Juan de la Cruz, “Dios por participación”, esto es, Santos.

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo, que nació para que seamos santos. 

Pero, ¿cómo alcanzar la Santidad? ¿En qué consiste la Santidad? ¿Cómo podemos superar el quedarnos en el archi-repetido lugar común que nos dice “Todos estamos llamados a la Santidad” estancándonos sin progresar ni dos metros en la vida espiritual (haciendo de cuenta que la podemos medir métricamente)? 

Hay bibliotecas de Ascética y Mística que lo explican en largos tomos, pero, para terminar este breve sermón navideño, que debe acabar ahora ya que nos esperan los villancicos, el pan dulce y los fuegos artificiales, sólo por hoy, en esta fascinante noche de Navidad, de la mano del Padre Castellani, haremos un resumen en sesenta segundos sobre cómo alcanzar la Santidad.

Empecemos a contar el minuto. Como dice Castellani, “todo hombre debe hacer para Dios una cosa inimitable, aquello que él solo puede dar, aquello para lo cual, de la Noche del No-Ser [1], el Ser Supremo lo suscitó, con el grito de un Nombre propio que Él solo sabe… En suma, la Moral íntegra es viva: comprende además de la parte negativa, que nos veda tal y tal acto esencialmente desordenado, una parte positiva que es más importante, cuyo primer precepto nos ordena ‘llegar a ser lo que somos’, edificar nuestro destino, devenir lo que Dios soñó de nosotros, es decir, obedecer a nuestra vocación, a nuestro particular llamado de arriba. Todo el Evangelio rebosa esta verdad” (2). 

Ésto es lo que dice Castellani y ésto es lo que rezan los Estatutos Eliatas en su sexto artículo cuando habla del secreto místico citando 1 Cor VII 7 donde el Espíritu Santo nos revela que “cada uno recibe del Señor su don particular: unos este, otros aquel”. 

Que en esta santa noche de Navidad, el Niño Dios le conceda a cada uno de nosotros el insuperable regalo de hacer aquella sublime e inimitable contribución personal en pro de la edificación del Cuerpo Místico de Cristo que cada uno está misteriosamente llamado a hacer, esto es, que cada uno haga para Dios esa cosa inimitable y absolutamente extraordinaria que Dios dispuso que cada uno haga y que nadie salvo uno mismo puede conocer y hacer, mas que solo se puede conocer y hacer con la gracia de Dios, como instrumento de Dios, esto es, si usamos la analogía de la Patrona Misional, como si fuésemos una pelota con la que juega el Niño Dios, que hoy nace en el tiempo para que los hombres nazcamos en la Eternidad y nos matemos de risa por los siglos de los siglos, después de que nos hayamos empleado a fondo en la breve aventura de un empinado y cada vez más riesgoso destierro militante.

¡Feliz y Santa Navidad!

(1) Esta expresión entre comas la movimos de lugar.

(2) L. Castellani, Prólogo en Palacio, E., “La Historia Falsificada”, Difusión, Buenos Aires 1939, 25-26, cit. en L. Castellani, Domingueras Prédicas II, C. Biestro (ed.), Jauja, Mendoza 1998, 327, n. 6.

24.12.23

¿Bendiciones al "concubitum ad non debitum sexum"?

En los confines del ciberespacio, nos encontramos con un pío y útil formulario deprecatorio ad libitum para parejas que caen bajo lo que Santo Tomás de Aquino llama “concubitum ad non debitum sexum, puta masculi ad masculum vel feminae ad feminam, ut apostolus dicit, ad Rom. I, quod dicitur sodomiticum vitium” (S.Th. II-II, q. 154, a. 11). A continuación, adjuntamos el mismo en sus versiones castellana y latina. Prosit!

S. El Señor esté con vosotros. 

R. Y con tu espíritu. 

S. Oremos. 

Señor, que observando la tierra de Sodoma y Gomorra (Gn 18, 20-21),  repugnaste a esos pésimos hombres (Gn 13, 13) y les enviaste fuego y  azufre (Gn 19, 24-25) para borrar su memoria de la tierra (Sal 34, 17). Señor, que ordenaste antiguamente a tu pueblo dar muerte a todo aquel  que durmiera con varón copulando como mujer, pues ambos son  abominables (Lv 20, 13) 

Señor, que por medio de tu Apóstol enseñaste que las parejas de  hombres o sodomitas no poseerán el reino de los cielos (1Co 6, 9-10). Señor, que no quieres la muerte del pecador sino mejor que se convierta  y viva (Ez 33, 11). 

Pon tus ojos, te pedimos, Señor Dios, en tus hijos aquí congregados y,  compasivo, no tengas en cuenta sus pecados. Envía tu Espíritu y dales  un corazón nuevo (cf. Ez 33, 26-27), para que sus almas se conviertan a  ti y sus vidas se reformen conforme a las perennes enseñanzas de la  santa Iglesia Católica. Dirígelos por tus sendas para que no caminen  continuamente en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1, 79).  Conmínalos para que no se presenten indignos ante tu trono en el día de  la ira y sean arrojados a las llamas eternas. Aparta tu ira y concédeles la  gracia de dirigir sus pasos según a ley natural y, en el último día,  congrégalos en el seno de Abraham junto con todos tus fieles, para que  con ellos te alaben por los siglos de los siglos. Amén. 

Os bendiga Dios todopoderoso, +Padre, +Hijo y +Espíritu Santo. Amén. 

S. Id, y en adelante no pequéis más (cf. Jn 8, 11). 

R. Demos gracias a Dios.

 

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Versión en latín:

S. Dóminus vobíscum. 

R. Et cum spíritu tuo. 

S. Orémus. 

Dómine, qui aspíciens super terram Sodomórum et Gomorrhórum,  despexísti illos péssimos hómines et ignem sulfúrque missísti, ut perdas  de terra memóriam eórum. 

Dómine, qui olim præcepísti pópulum tuum mortem effícere  quibuscumque dórmiant cum másculo coitu femíneo, quia utérque  operáti sunt nefas. 

Dómine, qui per Apóstolum tuum docuísti quod masculórum  concubitóres seu páthici regnum cælórum non possidébunt. Domine, qui non vis mortem peccatóris sed ut magis convertátur et vivat. 

Réspice, quǽsumus, Dómine Deus, in fámulis tuis hic congregátis et,  clementer, ne despícias peccáta sua. Emítte Spíritum tuum et da eis cor  novum, ut ánimas suas ad te convertántur, et vitas suas secúndum  perénnes doctrínas sanctæ Ecclésiæ Cathólicæ reforméntur. Dírige eos in  vias tuas ne in ténebras et in umbra mortis contínuo ámbulent. Commína  eos ne indígne ante thronum tuum in die irae adstent et in flammas  ætérnas ejiciántur. Avérte iram tuam et concéde eis grátiam secúndum  legem naturálem gressos suos dirigendi, atque, in último die, congréga  eos in sinu Abrahae cum omnibus fidélibus tuis ut cum eis te láudent, in  sǽcula sæculórum. Amen. 

Benedícat vos omnípotens Deus, + Pater, et +Filius, et +Spíritus Sanctus.  Amen. 

S. Ite, et nolíte ámplius peccáre.  

R. Deo grátias.