Católicos todoterreno
Al leer esta mañana la semblanza que tan acertadamente hacía el padre Jorge sobre los buenos colaboradores parroquiales, se me vino a la mente una expresión que me es muy querida, con la cual me gusta describir a tantos buenos colaboradores de todas las latitudes que, por gracia de Dios, me han acompañado en todos mis años de sacerdocio.
Yo los llamo CATÓLICOS TODOTERRENO. Y para que se comprenda bien lo que quiero decir, no encuentro mejor fórmula que contarles cuándo se me ocurrió por primera vez la expresión.
Fue en una capilla que estaba surgiendo en Paraná, puesta bajo la protección de Madre Teresa de Calcuta, el día en que celebrábamos la fiesta patronal.
Habíamos estado desde muy temprano y durante toda la mañana haciendo y vendiendo empanadas (para los que no son argentínos, es una de nuestras típicas comidas) para pagar las deudas contraídas en la construcción del salón.
Por la tarde era necesario limpiarlo a fondo, ya que presidiría la Misa el obispo auxiliar… y porque era nuestra fiesta, claro.
La “católica todoterreno” que inspiró este título estuvo trabajando toda la mañana, como cada sábado desde que arrancamos las tareas pastorales en ese barrio, dando catequesis al principio sin techo y sin piso…
Y luego de almorzar algo rapidito en su casa, la señora volvió al salón para dejar todo impecable: barrer, echar agua, poner sillas, ornamentar, preparar el altar, echar a los inoportunos perros que querían ingresar, etc.

Cuando fui ordenado sacerdote, solía pensar que estaba bastante preparado para afrontar la vida pastoral con relativa solvencia. Poco a poco, y de las maneras más diversas, el Padre Providente me fue haciendo ver que mi formación sólo se había iniciado. Y que había varios aspectos para los cuales no estaba suficientemente listo.
El segundo aporte que quiero hacer es compartir con ustedes 






